viernes, mayo 01, 2009

La carne y el miedo

La mujer se dirige al carnicero y pide que le ponga unos filetes de ternera. Tiene la voz recia y firme pese a los años que se marcan en las hondas depresiones de su rostro. Huellas que dibujan un ayer de miserias, guerras e incertidumbres. "La quiero tierna para hacerla a la plancha". "Esta que usted ve ahí, es la mejor" le contesta el hombre con una voz seca y cortante que recuerda los aires porteños. "Bueno, pues pónme de esa". El hombre agarra con diligencia el trozo de carne y lo coloca sobre una tabla de madera. Luego pone el cuchillo brillante y de hoja ancha sobre ella y hace el gesto de empezar a cortar como adivinando el grosor que le vendría bien a la mujer. Pero antes de decidirse del todo pregunta con una voz mecánica y plana "¿Así está bien o la quiere más fina? "Así está bien. A mi me gusta más el cerdo pero ahora con lo de la gripe porcina pues compro ternera. Y cuando había lo de las vacas locas compraba cerdo. Con tantas pestes y virus no se a dónde iremos a parar. Antes no había nada porque tampoco había nada qué comer". El hombre de vez en cuando la mira sin emoción como si no hablase con él, como si las palabras de la mujer fueran ecos lejanos que nada tuviesen que ver con su realidad, con su presente, con su mundo de exilios. Sin embargo, cuando ella termina de hablar, en la carnicería se levanta un coro de voces. "Si es cierto, esa gripe porcina es terrible" "Mi hija llegó hace 15 días de México y está encerrada en la casa aunque ya le han hecho pruebas y no tiene nada" "Pues tendremos que usar también mascarillas" "Todo esto es un invento para que no comamos cerdo" "La culpa la tienen los gobiernos debieran prohibir la entrada de todos los inmigrantes para que no traigan enfermedades" "Ya no podemos estar tranquilos" "Aquí ya hay varios casos y uno de ellos no estuvo en México..."
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