sábado, octubre 30, 2010

Para construir espacio público

Os comparto mi columna "Desde Barcelona" que escribo semanalmente para el  periódico El Líder, del Departamento del Caquetá, Colombia.


Para construir espacio público

Resulta inquietante la manera cómo en América Latina y Colombia se concibe el espacio público por parte de quienes dirigen el destino de las ciudades. Salvo contadas excepciones lo ven como un espacio que debe tener ciertas características formales adaptadas sobre todo a las necesidades del tránsito vehicular y, también, como un territorio que debe ser controlado, vigilado y, si hace falta, construido de acuerdo a unos ítems indiscutibles y en los cuales no participa la ciudadanía.
Existe la creencia generalizada que se construye espacio público cuando se pavimenta una calle o cuando se persigue y se saca a los vendedores ambulantes del centro de la ciudad. Y lo mismo se piensa cuando se amplía una acera para permitir más fluidez de los tránsitos peatonales pero se olvida hacer gradas o rampas para poder bajar del andén sin morir en el intento. Dicen los políticos que piensan en el espacio público cuando reforman un parque sin tener en cuenta las necesidades de la gente que lo usa, que lo transita, que lo vive. Y que se interesan por este tópico cuando gastan cantidades impresionantes de dinero en diseñar nuevas estrategias para limpiar este territorio de formas y seres indeseables.
Pero se equivocan. Construir espacio público significa, sobre todo, retomar los presupuestos básicos que lo definen; esto es, concebirlo como una comarca accesible para todas las personas. Un territorio abierto, despojado de obstáculos que impidan que aquellos seres que lo comparten (extraños, conocidos de vista o conocidos) puedan transitar por ellos con libertad y en igualdad de condiciones y en donde sea posible no sólo las derivas, los cruces sino también los encuentros y los azares. Si partimos de esa premisa encontramos que en nuestro contexto no existe un espacio público como tal sino un territorio fragmentado y caótico en el que reinan los vehículos. No existe un espacio pensado para los y las urbanitas pues por una parte, la calles, los pocos parques, los lugares comunes no están acondicionados debidamente para el acceso de todas las personas (mayores, individuos con alguna discapacidad física o motora, mujeres con cochecitos de bebé, etc.). Y por la otra, no existe una voluntad política para construir un espacio público democrático y abierto en el que sea posible también la circulación de ideas, de cuerpos, de pasos, de opiniones, de miradas…
*Doctora en antropología social y cultural.

miércoles, octubre 27, 2010

Presentación de Transmutaciones. Literatura Colombiana Actual

Antonio Maria Flórez es un poeta y narrador colomboespañol que deambula por las esferas de la palabra con fluidez y solvencia.  Recuerdo que la primera vez que supe de él fue hace un año en la Biblioteca de la Bòbila a través de su director Jordi Canal. Entonces leí algunos poemas suyos que me impresionaron gratamente. Luego volvimos a coincidir este marzo pasado en la premiación del premio de novela L'H Confidencial.  Hablamos y quedamos de encontrarnos de nuevo en nuestros respectivos espacios pero no fue posible porque Antonio se mudó a su tierra primera: Don Benito (Extremadura).
Nos vimos justo antes de su partida; entonces me obsequió varios textos dentro de los cuales estaba Transmutaciones, literatura colombiana actual.  En este libro se dibuja parte de ese mapa de las letras colombianas de hoy a través de la voz de cinco autores y autoras: Andrea Cote Botero, Adalberto Agudelo Duque, Triunfo Arciniégas, Octavio Escobar Giraldo y Orlando Mejía Rivera.
Y es justo este libro el que mañana  jueves 28 de octubre se presenta en la Biblioteca Tecla Sala de L'Hospitalet. Me pasaré por allí para saludar a Antonio y ponernos al día en nuestros particulares asuntos literarios. La noticia completa  ha sido también reseñada en La Vanguardia por el periodista  Juan Carlos Ruiz Vásquez. Se puede leer en el siguiente link:

Ni por edad ni por afinidades estéticas, como señala el prologuista, pueden ser considerados estos escritores integrantes de una generación, aunque sobre ellos pesan las mismas circunstancias históricas y un 'espíritu de época' que si bien no determina la dirección de una creación literaria sí contribuye a condicionarla. Dos fenómenos relevantes, de distinta naturaleza, han planeado sobre su tarea. Uno es el de la interminable violencia de la historia colombiana en el siglo XX, ligada en un momento a las enormes riquezas de la nación (oro, perlas, esmeraldas, canela) y, más tarde, a la suma y entrecruzamiento de la violencia de la guerrilla, del narcotráfico y de los paramilitares. Sea cual sea el tratamiento dado, la creación literaria no fue ajena a esta deriva sangrienta que se traduce en corrupción del sistema político, represión policial, expulsión de la tierra de grandes contingentes de población...El otro fenómeno fue la concesión del premio Nobel a García Márquez en 1982 que marcó con luces y sombras a toda una generación de narradores jóvenes por entonces…”. (M.S. Viola. Trazos).

lunes, octubre 25, 2010

XVI


Un halo de tu boca
aviva los sentidos
y vuelves
anca de potro
elevada hacia los montes,
péndulo de hierbas
ahorcajadas en las piernas,
cardumen de ardientes hojas.
Y eres voz
y dientes
y manos.
Se agita el monstruo
que duerme entre mis pechos.
.
Martha Cecilia Cedeño Pérez, Amores urbanos, Parnass Ediciones, Barcelona, 2010

sábado, octubre 23, 2010

Mi columna de esta semana

"La vida a través de los ojos de la infancia" así se titula mi columna de esta semana y versa sobre  una bella experiencia: la Escuela Audiovisual Infantil, de Belén de los Andaquíes, Caquetá, Colombia.  Podéis leerla aquí:
http://www.ellider.com.co/?p=1465

lunes, octubre 18, 2010

Dulce de higos

El final...

Un día espléndido. Una compañía excelente (mi entrañable amiga Isabel).  Y un árbol a orillas del río Llobregat. Lo demás es un dulce de higos hecho a fuego lento  y aliñado con canela, piel de limón y panela. Aromas y colores de infancia y tiempos en los que los días eran eternos y siempre transparentes. Como ayer domingo. Una larga jornada con un cielo límpido pese a las aguas marrones, a los aviones pendencieros, al paisaje gris que se levanta sobre el río como una maldición.  Un día espléndido pese a todo (o quizá por ello).
El comienzo...
Fotos (Martha Cecilia Cedeño e Isabel Gómez)

viernes, octubre 15, 2010

Dos mecheros por un euro

La mujer arrastra los pies y las palabras. Tiene el pelo largo y su piel luce una tersura inédita. Camina despacio. Abre la boca. Dos mecheros por un euro. Gime. Pasa por mi lado. Yo no fumo, pienso. El metro es una trampa en la que conviven cuerpos extraños. Olores a pies, sobacos y genitales sucios.  Alientos de ajo y vino trasnochado. Miradas huidizas y secas.  Pienso en la clase de cámara. Mi ejercicio fue el peor. Una luna perdida tras un zum tembloroso. Risas. A mi no me importa. ¡Qué calor! El metro apesta. Dos mecheros por un euro. Es la misma mujer del otro día; entonces llevaba una falda larga y unos zapatos abiertos. No tenía la cara de limosnera que luce hoy ¿De dónde será? Imagino que de Europa del Este. Una exhabitante de un lejano paraíso social. Recuerdos de otra historia. Víctima de nuevas historias. Dos mecheros por un euro. Tuviste dificultades técnicas para plasmar tu idea, me dice el profesor.  El metro para, el olor no se aleja. Penetra los tejidos de este viernes de calles ajenas. No dejo que me joda esta noche caústica. Hoy no he leído los ensayos de la Media Luna, ayer terminé de ler el último texto. Habla de mí. Dos mecheros por un euro. Yo no fumo. Las palabras existen como el libro de los adioses. Can Serra. El metro se detiene. Se aleja. Veo un monstruo metálico cubierto de mierda.

miércoles, octubre 13, 2010

La Plegaria del Alba

Hace milagros este amanecer. Inscribe su página de luz en el cuaderno oscuro de la noche. Anula nuestra desesperanza, nos absuelve de nuestra locura, comprueba que el mundo no se disolvió en las tinieblas como hemos temido a partir de aquella tarde en que, desde la caverna de la prehistoria, observamos por vez primera el crepúsculo. Ayer no resucita. Lo que hay atrás no cuenta. Lo que vivimos ya no está. El amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida. Lo único de verdad nuestro es el día que comienza.
José Emilio Pacheco
...
Gracias W.F por este envío...

martes, octubre 12, 2010

Parque Arqueológico de San Agustín: Huellas mágicas de un pasado histórico-natural , II

Huellas y significados

No obstante los distintos estudios que se han elaborado en torno a San Agustín, aún persisten muchos interrogantes. Se desconoce, por ejemplo, el inicio del poblamiento de las tierras del sur del Huila, las evidencias del mito de creación de la gente que dio origen a esa cultura y las causas de su desaparición muchos siglos después. Aunque se sabe que  los primeros pobladores habitaron las tierras húmedas y que allí construyeron sus viviendas, cultivaron la tierra, moldearon el barro y enterraron a sus muertos. También que cientos de años más tarde, los seres míticos fueron tallados en piedra y los jefes espirituales se convirtieron en poderosos chamanes de “cuyos conocimientos dependió el equilibrio entre las fuerzas del caos y la armonía; entre la vida y la muerte” (Llanos, 1994), que enterraban a sus muertos de acuerdo al linaje de los mismos y por último que, para elaborar su obra artística y arquitectónica fundamental debieron poseer avanzados conocimientos matemáticos.

 
 Gracias a las distintas investigaciones realizadas sabemos que el pensamiento de la cultura de San Agustín fue cosmológico. Por ello, la arquitectura del espacio funébrico, las tumbas, por ejemplo, no es una negación de la vida sino una exaltación de la misma en “un espacio objetivamente distinguible como destinado al enterramiento de los muertos se encuentra el más grande acto de apropiación de la vida” (Velandia, 1996). Además todas las imágenes que se encuentran plasmadas en cada una de las esculturas tienen que ver con ese aliento vital: úteros, falos erectos, flores, mujeres en gestación, representaciones solares, partos, coitos y animales como serpientes, ranas, lagartos, jaguares, cocodrilos, monos y pájaros.
En los vestigios agustinianos lo que podemos explorar son las huellas de una cultura que vivía en armonía con el cosmos; por ello las representaciones escultórica de alta calidad siempre remiten a la integración de los astros, los animales, vegetales, personas y demás seres de la naturaleza en un todo armónico a través del cual se percibe la realidad como un conjunto de símbolos y significados.
En el pensamiento mítico los animales son seres que actúan como los hombres, con sus fuerzas naturales que expresan el erotismo y la muerte (Llanos, 1994). Es entonces Eros y Thanatos las dos corrientes que desde siempre trazan la existencia de los seres humanos. Por eso el artes escultórico lítico –tallado en piedra- es plenamente metafórico, lenguaje figurado que señala rutas hacia la comprensión de la existencia misma. De ahí que se diga, por ejemplo, que las distintas representaciones agustinianas sean intentos de comprender y explicar la realidad para poder actual sobre ella (Velandia, 1994).
 

Desde ese punto de vista cada una de las esculturas tiene un sentido especial y se agrupan en determinados conjuntos para representar los elementos cotidianos de la naturaleza en esa misma relación de integración de la que se habló atrás.  El hombre, la mujer, el jaguar y el mono, corresponden a un primer grupo que está relacionado con la caza, la vivienda y la agricultura, fenómenos que se dan en la tierra; el caimán, la iguana o lagartos y la rana tienen que ver con el agua, al igual que la anaconda o boa, las serpientes y los peces, ambos grupos remiten a la pesca, la fertilidad, las canoas  y todas las acciones relacionadas con los ríos y las lagunas.

En términos generales, lo que podemos encontrar en los hermosos vestigios y estatuas de piedra es la vida palpitante en donde habita el trueno, el relámpago y la lluvia; los animales de la tierra y el cielo; los hombres y mujeres con su poder y fertilidad; el día y la noche; los puntos cardinales con su sol y su luna. Todos los elementos naturales integrados a la esencia del ser humano, indicadores de la raíz profunda de una cultura pensada desde la naturaleza.

Lugares y recorridos



Recorrer cada uno de los espacios de esta cultura es aproximarnos a otra manera de percibir la vida y la naturaleza. Cuando visitamos el área donde se localizan los principales sitios arqueológicos y el Museo, podemos admirar el Bosque de las Estatuas con su naturaleza exuberante y 35 exculturas de motivos diversos que remiten a la vida, los animales, la fertilidad. Luego, por ese mismo sendero nos encontramos frente  a frente con las Mesitas A, B, C y D, que son montículos artificiales con tumbas y numerosas estatuas de inigualable belleza. En las dos primeras, según los expertos, se hicieron obras monumentales de arquitectura e ingeniería diseñadas especialmente para que fuera la morada de los espíritus de los poderosos chamanes y sus familias.

La Fuente Ceremonial de Lavapatas es espacio sagrado de adoración y culto donde se realizaban baños rituales y ceremonias asociadas a los mitos de purificación de la tierra.  En ese lugar se puede percibir la  cuidadosa elaboració de canales y piletas adornadas con representaciones antropomorfas de serpientes, lagartos, salamandras, esculpidas en el lecho de la quebrada; una prueba más de la relación estrecha entre los seres de la naturaleza  y sus componentes.


Para completar este primer recorrido encontramos el Alto de Lavapatas, lugar afortunado desde donde se divisa la exuberancia del macizo pintado con los verdes más intensos; allí reposan los vestigios más antiguos entre los que sobresale una imponente estatua con el tema del Doble Yo, avizorando el día y la noche, el bien y el mal, la vida y la muerte.

Ahora bien, éste es sólo un trayecto inicial que se puede realizar caminando entre magníficos árboles y en compañía de aromas a resinas y flores y bajo el influjo del aire transparente que abriga los cuerpos y los espíritus.  Allí no sólo se puede admirar la majestuosidad de los vestigios, de cada una de las tumbas y estatuas, sino también la imponencia del paisaje, matizado de olores y formas, de presencias mágicas en donde se puede apreciar la fuerza de la naturaleza, la energía de esas huellas que han trascendido el pasado y el presente.
Ahora bien, San Agustín no es sólo ese espacio descrito anteriormente que se puede recorrer en una apacible mañana.  Hacen parte de este patrimonio arqueológico lugares como La Chaquira, figuras talladas en la roca con los brazos y los pies hacia los lados como señalando los puntos cardinales. Esta imagen corresponde a la representación de un chamán asociada a un felino y simboliza el poder de la sabiduría de los chamanes y una revelación cósmica que alude al nacimiento y ocultamiento del sol, a los ciclos de la naturaleza y su influencia en los fenómenos cotidianos.



El Tablón, La Pelota y El Purutal, son otros lugares que guardan los secretos de la cultura agustiniana. Allí también se puede apreciar magníficas estatuas que remiten a distintos orígenes, entre las cuales sobresale una hermosa figura femenina y las esculturas de los chamanes que aún conservan sus colores.



Al otro lado del río Magdalena, en el municipio de Isnos, se encuentra el Alto de los Ídolos y el Alto de las Piedras. El primero está constituido por montículos sobre los cuales fueron colocadas estatuas monolíticas con rasgos femeninos. Se cree que se trata de una necrópolis en que fueron enterrados de manera sucesiva, jefes con poderes chamánicos de un mismo Linaje (Llanos, 1994).  El segundo, es otro de los recorridos necesarios que se deben realizar para conocer la profunda sacralización de la naturaleza que profesaba la cultura agustiniana.  Allí se combina el misterio de los vestigios con el imponente saldo de Bordones que se despeña majestuoso entre rocas escarpadas y neblinas tendidas sobre la magnífica vegetación.
Además de los lugares mencionados, existen otros que también hacen parte de la Cultura Megalítica del Alto Magdalena. Se trata de El Alto de Guanacas, Naranjos, La Parada, Quinchana, El Jabón, Quebradillas, territorios en donde se han hallado esculturas de temas diversos  y tumbas.
Ahora bien, recorrer los vestigios de San Agustín implica reconocer otros sitios singulares como el Estrecho del Magdalena en donde el río se encaja entre rocas milenarias para señalar el poder del agua que se convierte en un hilo tenue, afuera y un torbellino enojado, adentro; o cascadas como el Salto de Bordones que se despeña en cordones de plata y cristal.
Gran parte de esos recorridos se pueden realizar a pie, a caballo y en carro. Sólo es necesario el deseo de dejar atrás el caos urbano, la dureza de la vida cotidiana, la sequía de la canícula para llegar hasta ese lugar mágico donde es posible lograr la armonía en un abrazo cósmico con la naturaleza.
Neiva, 1999

lunes, octubre 11, 2010

Parque Arqueológico de San Agustín: Huellas mágicas de un pasado histórico-natural , I

Hace más de diez años, justo algunos meses antes de marchar allende los mares, ofrecí una serie de charlas sobre el Parque Arqueológico de San Agustín en distintos colegios de la ciudad de Neiva. Producto de aquella experiencia es este texto que he recuperado y que está escrito con más emoción que seriedad pero que quiero compartir con la gente linda que me lee en ambos bordes del mundo.
......
Por Martha Cecilia Cedeño Pérez
Academia Huilense de Historia
“En las fuentes sagradas labradas sobre el lecho rocoso de la quebrada, en las estatuas y estelas, en los relieves de los peñones que descienden sobre profundos cauces, está presente la inspiración de este maravilloso escenario en sus expresiones estéticas, orientada a un arte que refleja sus conceptos religiosos: el héroe legendario y sus deidades protectoras, los dioses del bien y el mal, de las lluvias, de las tempestades y de los vulcanismos, en fin, la tierra, el sol, la luna…” Luis Duque Gómez

San Agustín es un lugar mágico anclado en el sur del departamento del Huila. Es una región que no sólo constituye hoy por hoy uno de los sitios arqueológicos más importantes de Colombia y patrimonio histórico de la humanidad, sino un legado cultural de belleza impresionante cuyas huellas apenas se empiezan a interpretar.
Habitada desde siempre por grupos humanos de sensibilidad plena que dejaron para la posteridad los vestigios de su pensamiento, de su manera de sentir y palpar la corriente vital de la existencia a través de su arte monumental, esta extensa zona hace parte de los símbolos de identidad de ser huilense, tan importantes como la Gaitana o los Rajaleñas.
Su ubicación afortunada, el nivel artístico de los vestigios, su extensión geográfica que cobija varios municipios, hacen de San Agustín un lugar de una riqueza extraordinaria que no sólo se puede percibir con los ojos del científico, sino también de con los de la persona común y corriente que busca encontrar tranquilidad y belleza en un espacio inventado para la contemplación y el asombro.
Por ello cuando se habla de San Agustín se piensa inmediatamente en un sitio anclado en medio de mesetas, valles y cordilleras primarias, en cuyo seno se encuentran esculturas de piedra que han sobrevivido al paso inclemente del tiempo. O se puede pensar en un paisaje de cerros bañados con todos los verdes posibles. O en el río Magdalena rugiente bajo los cañones forjados durante miles de años. O en un pueblo donde aún existen casas coloniales pintadas de verde y  blanco en cuyos balcones se descuelgan flores multicolores rebosantes de aromas, anunciando el vaho mañanero o el ocaso de una tarde de nubes y arreboles. O en la melodía nostálgica de las chirimías, voz de ancestro y de vida. O en las manos creadoras que han dado aliento a quienes tejen la existencia día a día. Eso es San Agustín: magia y vida; naturaleza espléndida y pasado pleno de significados;  silencio y agitación de energías; cultura y reconocimiento.
El parque Arqueológico de San Agustín o Cultura Megalítica del Alto Magdalena, como se le ha llamado en los últimos años, es una vasta zona de la geografía huilense, en pleno macizo colombiano, en cuyo seno se puede apreciar los vestidos de una cultura milenaria que alcanzó un grado importante de esplendor artístico.
Es, además, objeto de estudio de diversos científicos que ven en ella rastros fundamentales de un grupo humano integrado a la naturaleza y al cosmos. Por eso intentan encontrar respuestas a las múltiples preguntas que todavía persisten, no obstante los notables logros alcanzados en el complejísimo camino de la interpretación de cada una de las tumbas y esculturas.
A nivel general la exploración científica de esta cultura es reciente. Sólo hasta mediados del siglo XX surge un claro interés de estudiarla sistemáticamente para intentar descubrir sus diversos sentidos. Sin embargo, antes de esa época algunas personas ya habían visitado el lugar y elaborado sus propias descripciones alrededor de ese arte monumental.
Dice el historiador Luis Duque Gómez, uno de los principales estudiosos de San Agustín, que fue Fray Juan de Santa Gertrudis el primero en recorrer palmo a palmo lo que hoy se conoce como parque arqueológico de San Agustín y en dejar constancia de ello en la crónica Maravillas de la naturaleza, publicada en 1956 después de permanecer un par de siglos en la penumbra. 
Anota también que en el año 1797 el sabio Francisco José de Caldas visitó la región de San Agustín y presagió su grandeza y monumentalidad en un escrito publicado en el periódico Semanario del Nuevo Reino de Granada en 1808, en el que se expresa en los siguientes términos “… estatuas, columnas, adoratorios, mesas, animales y una imagen del sol desmesurada, todo de piedra y en número prodigioso, nos indican el carácter y las fuerzas del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena”
Sin embargo, fue el geógrafo italiano Agustín Codazzi quien efectuó el reconocimiento de tales vestigios en el año 1857 e hizo descubrimientos de importancia; además dejóuna interesante descripción de esos lugares con un plano en el que se ubican varias estatuas y dibujos. Posteriormente, en el año 1892, Carlos Cuervo Márquez se convierte en el primer colombiano en intentar descubrir el misterio de las estatuas y proponer una interpretación rigurosa de su significado. Fueron estas investigaciones las que cautivaron la atención del etnólogo alemán Konrad Preuss para emprender la exploración de esta cultura en las lejanas tierras del Alto Magdalena.
Las excavaciones que realizó Preuss durante los años 1913 y 1914, marcaron el inicio de la investigación arqueológica moderna de San Agustín. A partir de ese momento han sido muchos los expertos que se han apuntado al reto de desvelar el misterio de un arte monumental enclavado en el Macizo Colombiano.
Los estudios mencionados anteriormente hicieron que el estado colombiano tomara conciencia de la importancia de San Agustín e incentivara la investigación arqueológica. De ahí que a partir de 1930 se creen distintas oficinas e institutos como la Oficina de Servicio Arqueológico a cargo de Gregorio Hernández de Alba, quien en compañía de José Pérez de Barradas hizo algunas excavaciones durante  1937 y 1938, y el Instituto Etnológico Nacional, en la década de los 40, bajo la dirección de Luis Duque Gómez. Es éste uno de los estudiosos más importantes de la cultura agustiniana, quien junto con otros investigadores realizó entre los años 1943 y 1960 trascendentales descubrimiento, publicados luego en la obra Exploraciones arqueológicas de San Agustín.
Posteriormente, en el año 1966, salieron a la luz las investigacines de Gerardo y Reichel Dolmatoff; las nuevas averiguaciones de Luis Duque Gómez y Julio César Cubillos, en otra etapa de la investigación durante los años 70; las excavaciones de Héctor Llanos del departamento de Antropología de la Universidad Nacional durante los años 80 y  90, al igual que los estudios de César Velandia de la Universidad del Tolima y otros investigadores como Jorge Armando Ruiz, que se han dado a la tarea de comprender la esencia del arte monumental agustiniano, en un propósito que a veces se torna difícil por las características de los mismos vestigios y la inexistencia de otros nexos que permitan despejar las dudas que aún palpitan en cada una de las esculturas y espacios funébricos (esta expresión la utiliza el profesor César Velandia para referirse a las distintas tumbas).
Lo anterior sustenta, como lo dice el profesor Héctor Llanos (1994), por un lado que mostrar la cultura de San Agustín es hablar también de la historia de la arqueología en Colombia, desde Caldas a Preuss y desde éste a los nuevos investigadores que hoy se encuentran en el mismo empeño; y por el otro, que “el sur del Alto Magdalena es un extenso territorio donde se desarrolló durante más de dos mil años un proceso histórico, asociado a la cultura de San Agustín”.
Neiva, septiembre de 1999

sábado, octubre 09, 2010

Viaje al Sur: Cultura Megalítica del Alto Magdalena

A mediados de septiembre viajé con mi familia al Parque Arqueológico de San Agustín, Huila, un espacio pleno de significados y encanto. Un lugar en el que se encuentran las huellas pétreas de una cultura milenaria cuyo legado trasciende las fronteras del tiempo y el olvido. Allí estuvimos algunos días, disfrutando del placer de la contemplación, de la mirada lenta sobre las estatuas de piedra, de los caminos y las montañas que tocan el cielo.

Fue también un viaje iniciático para mi hija Luna que por primera vez contempló el paisaje del sur con sus formas, colores  y aromas. "Estoy en el paraíso", me dijo feliz. Y es que dejar la vieja Europa para trashumar por las entrañas de América, de Colombia, significa también un recorrido a la esencia, a aquellas cosas que nos configuran como seres humanos. Ahora Luna también se siente parte de esa tierra lejana pero ardorosamente vital.
Fueron tres días con sus noches y sus sonidos y sus atardeceres en los que fue posible encontrar aquellos hilos de armonía que nos ligan al cosmos.
Vistas desde el Alto de Lavapatas

El Huaco (de Isaías)
Disfrutando del camino con Luna
¡Qué bueno el guarapo! (zumo de la caña de azúcar)

Fuente ceremonial de Lavapatas 
Fotos: Martha Cecilia Cedeño Pérez y Juan Carlos Ruiz V.

miércoles, octubre 06, 2010

Columnista del periódico El Líder

De vuelta en mi casa de L'Hospitalet, Barcelona, me reencuentro con mis espacios, mis hábitos, mis afectos y mis circunstancias. Me reencuentro con mi ventana desde la que se observa un trozo de mar espléndido y también con mis nostalgias cada vez más profundas por todo lo dejado al otro lado del Atlántico. Así es: la vida continúa después de un breve paréntesis.
Por fortuna me quedan las palabras y todas sus significaciones. Por fortuna tengo planes y expectativas y tareas tan interesantes como la de escribir semanalmente una columna para el  periódico regional El Líder del departamento del Caquetá, Colombia, mi tierra natal, cuyo primer número salió el pasado 1 de octubre. Me siento honrada de hacer parte de ese proyecto así sea tangencialmente. Por ello agradezco  a Ricardo Areiza unos de los periodistas más serios y rigurosos del surcolombiano, quien quiso "capturarme" para esa bella tarea escribir.
Mi columna se llama Desde Barcelona y aparecerá los días viernes.  El primer artículo (que escribí el martes pasado desde la ciudad de Pereira) se titutula  "El territorio de la infancia"  y ya se puede consultar en el siguiente link:
Me hace muchísima ilusión este oficio no sólo porque es una manera de volver a mi tierra primigenia sino también por sus implicaciones: es una forma de disciplinar las palabras y el pensamiento, un ejercicio que hará muy bien a mi espirítu a veces un poco maltrecho.