martes, octubre 12, 2010

Parque Arqueológico de San Agustín: Huellas mágicas de un pasado histórico-natural , II

Huellas y significados

No obstante los distintos estudios que se han elaborado en torno a San Agustín, aún persisten muchos interrogantes. Se desconoce, por ejemplo, el inicio del poblamiento de las tierras del sur del Huila, las evidencias del mito de creación de la gente que dio origen a esa cultura y las causas de su desaparición muchos siglos después. Aunque se sabe que  los primeros pobladores habitaron las tierras húmedas y que allí construyeron sus viviendas, cultivaron la tierra, moldearon el barro y enterraron a sus muertos. También que cientos de años más tarde, los seres míticos fueron tallados en piedra y los jefes espirituales se convirtieron en poderosos chamanes de “cuyos conocimientos dependió el equilibrio entre las fuerzas del caos y la armonía; entre la vida y la muerte” (Llanos, 1994), que enterraban a sus muertos de acuerdo al linaje de los mismos y por último que, para elaborar su obra artística y arquitectónica fundamental debieron poseer avanzados conocimientos matemáticos.

 
 Gracias a las distintas investigaciones realizadas sabemos que el pensamiento de la cultura de San Agustín fue cosmológico. Por ello, la arquitectura del espacio funébrico, las tumbas, por ejemplo, no es una negación de la vida sino una exaltación de la misma en “un espacio objetivamente distinguible como destinado al enterramiento de los muertos se encuentra el más grande acto de apropiación de la vida” (Velandia, 1996). Además todas las imágenes que se encuentran plasmadas en cada una de las esculturas tienen que ver con ese aliento vital: úteros, falos erectos, flores, mujeres en gestación, representaciones solares, partos, coitos y animales como serpientes, ranas, lagartos, jaguares, cocodrilos, monos y pájaros.
En los vestigios agustinianos lo que podemos explorar son las huellas de una cultura que vivía en armonía con el cosmos; por ello las representaciones escultórica de alta calidad siempre remiten a la integración de los astros, los animales, vegetales, personas y demás seres de la naturaleza en un todo armónico a través del cual se percibe la realidad como un conjunto de símbolos y significados.
En el pensamiento mítico los animales son seres que actúan como los hombres, con sus fuerzas naturales que expresan el erotismo y la muerte (Llanos, 1994). Es entonces Eros y Thanatos las dos corrientes que desde siempre trazan la existencia de los seres humanos. Por eso el artes escultórico lítico –tallado en piedra- es plenamente metafórico, lenguaje figurado que señala rutas hacia la comprensión de la existencia misma. De ahí que se diga, por ejemplo, que las distintas representaciones agustinianas sean intentos de comprender y explicar la realidad para poder actual sobre ella (Velandia, 1994).
 

Desde ese punto de vista cada una de las esculturas tiene un sentido especial y se agrupan en determinados conjuntos para representar los elementos cotidianos de la naturaleza en esa misma relación de integración de la que se habló atrás.  El hombre, la mujer, el jaguar y el mono, corresponden a un primer grupo que está relacionado con la caza, la vivienda y la agricultura, fenómenos que se dan en la tierra; el caimán, la iguana o lagartos y la rana tienen que ver con el agua, al igual que la anaconda o boa, las serpientes y los peces, ambos grupos remiten a la pesca, la fertilidad, las canoas  y todas las acciones relacionadas con los ríos y las lagunas.

En términos generales, lo que podemos encontrar en los hermosos vestigios y estatuas de piedra es la vida palpitante en donde habita el trueno, el relámpago y la lluvia; los animales de la tierra y el cielo; los hombres y mujeres con su poder y fertilidad; el día y la noche; los puntos cardinales con su sol y su luna. Todos los elementos naturales integrados a la esencia del ser humano, indicadores de la raíz profunda de una cultura pensada desde la naturaleza.

Lugares y recorridos



Recorrer cada uno de los espacios de esta cultura es aproximarnos a otra manera de percibir la vida y la naturaleza. Cuando visitamos el área donde se localizan los principales sitios arqueológicos y el Museo, podemos admirar el Bosque de las Estatuas con su naturaleza exuberante y 35 exculturas de motivos diversos que remiten a la vida, los animales, la fertilidad. Luego, por ese mismo sendero nos encontramos frente  a frente con las Mesitas A, B, C y D, que son montículos artificiales con tumbas y numerosas estatuas de inigualable belleza. En las dos primeras, según los expertos, se hicieron obras monumentales de arquitectura e ingeniería diseñadas especialmente para que fuera la morada de los espíritus de los poderosos chamanes y sus familias.

La Fuente Ceremonial de Lavapatas es espacio sagrado de adoración y culto donde se realizaban baños rituales y ceremonias asociadas a los mitos de purificación de la tierra.  En ese lugar se puede percibir la  cuidadosa elaboració de canales y piletas adornadas con representaciones antropomorfas de serpientes, lagartos, salamandras, esculpidas en el lecho de la quebrada; una prueba más de la relación estrecha entre los seres de la naturaleza  y sus componentes.


Para completar este primer recorrido encontramos el Alto de Lavapatas, lugar afortunado desde donde se divisa la exuberancia del macizo pintado con los verdes más intensos; allí reposan los vestigios más antiguos entre los que sobresale una imponente estatua con el tema del Doble Yo, avizorando el día y la noche, el bien y el mal, la vida y la muerte.

Ahora bien, éste es sólo un trayecto inicial que se puede realizar caminando entre magníficos árboles y en compañía de aromas a resinas y flores y bajo el influjo del aire transparente que abriga los cuerpos y los espíritus.  Allí no sólo se puede admirar la majestuosidad de los vestigios, de cada una de las tumbas y estatuas, sino también la imponencia del paisaje, matizado de olores y formas, de presencias mágicas en donde se puede apreciar la fuerza de la naturaleza, la energía de esas huellas que han trascendido el pasado y el presente.
Ahora bien, San Agustín no es sólo ese espacio descrito anteriormente que se puede recorrer en una apacible mañana.  Hacen parte de este patrimonio arqueológico lugares como La Chaquira, figuras talladas en la roca con los brazos y los pies hacia los lados como señalando los puntos cardinales. Esta imagen corresponde a la representación de un chamán asociada a un felino y simboliza el poder de la sabiduría de los chamanes y una revelación cósmica que alude al nacimiento y ocultamiento del sol, a los ciclos de la naturaleza y su influencia en los fenómenos cotidianos.



El Tablón, La Pelota y El Purutal, son otros lugares que guardan los secretos de la cultura agustiniana. Allí también se puede apreciar magníficas estatuas que remiten a distintos orígenes, entre las cuales sobresale una hermosa figura femenina y las esculturas de los chamanes que aún conservan sus colores.



Al otro lado del río Magdalena, en el municipio de Isnos, se encuentra el Alto de los Ídolos y el Alto de las Piedras. El primero está constituido por montículos sobre los cuales fueron colocadas estatuas monolíticas con rasgos femeninos. Se cree que se trata de una necrópolis en que fueron enterrados de manera sucesiva, jefes con poderes chamánicos de un mismo Linaje (Llanos, 1994).  El segundo, es otro de los recorridos necesarios que se deben realizar para conocer la profunda sacralización de la naturaleza que profesaba la cultura agustiniana.  Allí se combina el misterio de los vestigios con el imponente saldo de Bordones que se despeña majestuoso entre rocas escarpadas y neblinas tendidas sobre la magnífica vegetación.
Además de los lugares mencionados, existen otros que también hacen parte de la Cultura Megalítica del Alto Magdalena. Se trata de El Alto de Guanacas, Naranjos, La Parada, Quinchana, El Jabón, Quebradillas, territorios en donde se han hallado esculturas de temas diversos  y tumbas.
Ahora bien, recorrer los vestigios de San Agustín implica reconocer otros sitios singulares como el Estrecho del Magdalena en donde el río se encaja entre rocas milenarias para señalar el poder del agua que se convierte en un hilo tenue, afuera y un torbellino enojado, adentro; o cascadas como el Salto de Bordones que se despeña en cordones de plata y cristal.
Gran parte de esos recorridos se pueden realizar a pie, a caballo y en carro. Sólo es necesario el deseo de dejar atrás el caos urbano, la dureza de la vida cotidiana, la sequía de la canícula para llegar hasta ese lugar mágico donde es posible lograr la armonía en un abrazo cósmico con la naturaleza.
Neiva, 1999
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