lunes, abril 04, 2011


Más allá de la guerra

Martha Cecilia Cedeño Pérez
¿Qué hilos mueven a occidente, específicamente a Europa y Estados Unidos a intervenir hoy en otro territorio árabe?  La respuesta a esta pregunta pasa por reconocer que la preocupación humanitaria que han esgrimido es una falacia  a todas luces.  Si así fuese por qué no han actuado también en países como Sierra Leona en guerra atroz desde hacer varios años o en el mismo Marruecos que tiene confinado en el desierto al pueblo Saharaui en condiciones pésimas  y si vamos más allá, por qué no han hecho nada para impedir la masacre que comete Israel contra el pueblo palestino.
Recuerdo que en el caso de Irak se dijo que el motivo fundamental para la invasión era la seguridad pues allí había armas químicas que había que destruir con urgencia. Y todos sabemos lo que ha pasado: no habían armas químicas pero si mucho petróleo y otros intereses geopolíticos muy llamativos para este occidente devorador. Y esa intervención en pro de la humanidad se convirtió en un conflicto endémico que ya lleva varios años y montones de muertos.
Hoy es Libia el régimen a batir. Y una se pregunta ¿por qué ahora resulta incómodo Gadafi?  Es curioso pero hasta hace muy poco tiempo las grandes personalidades de occidente se fotografiaban con él: un sonriente Aznar estrechaba su mano con orgullo hace menos de una década y el mismo Sarkozy posaba altivo al lado del libio y el rey Juan Carlos de España, muy amigo de otros monarcas y gobernantes árabes con muchos petrodólares, también. Hasta hace poco tiempo era un amigo necesario: Libia es el octavo productor de petróleo y ya se sabe lo del apetito voraz de occidente.
Es curioso aquello de los cambios de opinión de Estados Unidos y occidente en general. Primero adiestran a militares, mercenarios y demás especímenes para derrocar gobiernos, poner otros, levantar  supuestas banderas democráticas y al cabo de un tiempo esos mismos a los que han apoyado con fervor se convierten en enemigos acérrimos a los que hay que abatir con todas sus consecuencias.  Y crean de esta manera enemigos universales cuya acción pone en peligro el bienestar de la humanidad. Esos hombres caídos en  desgracia para los intereses de Occidente personifican así el mal en todas sus facetas  y por ello mismo han de ser exterminados. Son los nuevos demonios del mundo contemporáneo.
¿Qué hay más allá de la guerra? Pregunta básica a la que no hace falta darle muchas vueltas: todos sabemos que la guerra, todas las guerras, son un suculento negocio. Un negocio en el que los ganadores son los de siempre y los perdedores, también.
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