domingo, enero 11, 2009

Flores de invierno


Después de unos días de frío y lluvia nada es tan reconfortante como aprovechar el sol que hoy, por fin, ha vuelto a brillar con intensidad. Así que una magnífica opción es salir de casa sin destino fijo, sólo con las ganas de dejarse llevar por el azar y por la calle que promete. Reencontrarse con esos placeres básicos de la contemplación y la deriva. Ora esta calle, ora este parque, ora esta plaza, ora este banco. Recorrer sin aspavientos la ciudad cercana y luminosa y redescubrir esas pequeñas maravillas que se encuentran en aquellos lugares casi anodinos por los que trasegamos cotidianamente. Unas flores espléndidas escondidas, una línea magnífica en aquel puente, un toque especial de aquellos edificios que en otras condiciones parecen fábricas postmodernas, un gato callejero en el parque… y la luz mediterránea que todo lo matiza y lo ilumina. Hoy los sentidos reviven en cada rincón de esta ciudad plena de formas y colores y aromas y movimiento. Domingo de sol que nos regala flores de invierno, que aquí os presento.

sábado, enero 10, 2009

Un poema de León de Greiff

RELATO DE SERGIO STEPANSKY

¡Juego mi vida!
¡Bien poco valía!
¡La llevo perdida
sin remedio!

Erik Fjordsson.


Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida…

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…

La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
-en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo…-

Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me da lo mismo:
lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo…

Todo, todo me da lo mismo:
todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.

Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil:
por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota nubia;
la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por una anilla de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo
que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola…

Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar
que le pintaron al gordo Capeto;
o por la ducha rígida que llovió en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio por un soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca…

o por esa muñeca que llora
como cualquier poeta.

Cambio mi vida al fiado
- por una fábrica de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra-
o por su naricilla que está en algún Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas…

¡o por dos huequecillos minúsculos
-en las sienes-
por donde se me fugue, en grises podres,
la hartura, todo el fastidio,
todo el horror que almaceno en mis odres…!

Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida.

León de Greiff (Medellín, Colombia 1895 - Bogotá, 1976)

jueves, enero 01, 2009

De balances y otras cosas

Es frecuente hacer balances cuando un año se acaba. Se vuelve la mirada, a veces profunda a veces engañosa, sobre las cosas que nos han pasado e intentamos clasificarlas dentro de unos parámetros casi siempre maniqueístas. Lo bueno y lo malo. Es como si quisiéramos hacer una taxonomía radical en la que sólo vemos las acciones, los acontecimientos, las circunstancias vividas en dos colores: blanco y negro. Lo bonito y lo feo. Lo que es digno de recordar y lo que no. ¿Existen momentos intermedios? ¿Existen matices? ¿Existen mezclas, hibridaciones, conjunciones?
Esa mirada en cuadrícula remite también a cierto cuestionamiento que a veces se nos hace: ¿Cómo ves el vaso: medio lleno o medio vacío? Si lo ves de la primera manera eres un optimista y si lo ves de la segunda, eres un pesimista. Confieso que yo siempre tiendo a verlo de la última forma. ¿Cómo ser optimista cuando en los balances generales del mundo sólo hay pérdidas para los de siempre, muerte, destrucción, odio, terror, hambre, injusticia? No obstante me parece que algunas personas dirán convencidas: eso es lo que hay (expresión que abomino porque transpira un aire de conformismo inaceptable) y no se puede hacer nada. ¿Estamos convencidas/os de ello?
Lo anterior no implica que, quienes nos interesamos por ver más allá de nuestras narices, ignoremos las maravillas que dan sentido a la existencia. Milagros cotidianos llenos de matices que nos hacen creer y crecer como personas. Eventos, emergencias, murmullos que simplemente son.
Y por ello en nuestro balance personal deben también apuntarse aquellos rescoldos en los que la vida con sus más y sus menos ha brotado. Si la muerte ha rondado nuestras querencias, si hemos perdido el trabajo, si tenemos otra arruga en el rostro, si no hemos podido viajar como hubiésemos querido, si los días pasan impávidos y tenemos la percepción de que no hemos-hecho-nada, si no podemos abrazar a la gente que amamos, si no llegamos a fin de mes, si nos hemos equivocado, si hemos abandonado nuestros sueños, si creemos que todo nos sale mal y nos llueve barro del cielo, si… Seguro que tenemos personas que nos aman y amamos; que a lo largo del año hemos trenzado lazos; que nos hemos reunidos para celebrar una boda estupenda; que hemos bailado rock, cumbia, salsa, rumba catalana, flamenco; que tenemos unas vistas magníficas desde la ventana y una calle abierta con bancos y un sol a las dos de la tarde. Seguro que hemos probado un plato magnífico y nos hemos sentidos aguzados por Baco mientras bebimos un buen vino o un cava o una copa de aguardiente; Y que hemos escuchado música gloriosa y voces del pasado y nos hemos dejado llevar por nuestra intuición y emoción. Seguro que hemos transgredido reglas y nos hemos llenado de palabras mientras leímos un libro o escribimos un poema o una carta para un amor de juventud o para una amiga o amigo. Seguro que hemos abrazado, reído, llorado, amado, soñado, des-ilusionado, enfadado… Seguro que hemos vivido minuto a minuto: el mejor balance del milagro de existir. Tributo de los dioses.
Un año nuevo pleno de matices, de buenos augurios, de muchos abrazos para todas las personas que leen este blog, aquí y allá...

sábado, diciembre 27, 2008

Terror en Gaza

Hoy, justo a la hora de comer, la tele replica su postre de sangre. Mientras los felices de la tierra descansan de los vaivenes de las fiestas (las reuniones, las comidas, las compras...), una orgía de dolor tiñe de rojo un territorio. Y tenía que ser aquel sagrado de las religiones occidentales -vaya paradoja. Allí, la muerte ronda los muros, las casas, las calles. Allí llueven gotas encendidas. Bombas que arrasan los árboles y los sueños. Y no puedo quedarme callada, ni mirar las noticias del horror. Y me enfurezco y me lleno de indignación. No comprendo el odio encarnizado contra un pueblo acorralado, vejado, expulsado sistemáticamente de una tierra que ha ocupado durante más de 2000 años. No comprendo el silencio de los poderosos del mundo que vuelven sus ojos hacia otro lado mientras un pueblo se desangra. Nada justifica el terror, la masacre, la muerte. ¿Hasta cuándo esa guerra ciega que todo lo cercena? Tengo un nudo en la garganta. No puedo comer con sangre. No puedo reir con muertos en la calle.
¡Yo también lloro por tí, Palestina!

miércoles, diciembre 24, 2008

Las navidades del recuerdo

Estos días he vuelto a recordar aquellos diciembres de mi infancia. Mi memoria se llena de imágenes bellísimas, circundadas por la magia de unos días marcados por la espera impaciente del Niño Dios (entonces no existía el horroroso Papa Noel, importado de Estados Unidos hace algunos años), que venía cargado de regalos. Coches para mis hermanos y muñecas para mí (lo típico en nuestra socialización donde se van reafirmando los roles tradicionales de género). Entonces vivíamos en el campo y junto con mi hermano Juan, cuando caía la tarde del día 24, nos echábamos en el prado para contar las estrellas y para imaginar la forma en que el Niño Dios bajaba del cielo con los regalos. Mi padre decía que utilizaba una cuerda muy, muy larga. Y nosotros le creíamos. No teníamos televisión, sólo radio. Una radio roja en donde podíamos escuchar la música de diciembre y que padre encendía a las cuatro y media de la madrugada para escuchar aquellos programas que intercalaban noticias y música. Así que no estábamos contaminados por las idioteces de la caja tonta. Y justo el día 24 nos acostábamos más temprano que de costumbre para que el Niño Dios viniese pronto con los presentes. No podíamos dormir de la ansiedad y constantemente estirábamos el brazo para tocar debajo de la almohada con la esperanza de encontrar algo. Y cuando por fín lo hallábamos, nos despertábamos del todo, felices, para ver los juguetes. Jugábamos hasta que nuestros padres nos decían que debíamos volver a la cama, que mañana habría tiempo para continuar.
Y junto con los regalos estaba también un cierto tiempo de transgresión (me parece que en el fondo, esto era lo verdaderamente mágico). El hecho de que estuviese la familia reunida, a veces con algunos amigos cercanos que tenían hijos pequeños, nos permitía escaparnos del control paterno para dedicarnos a los juegos, a escabullirnos de los deberes cotidianos. Así que durante las navidades y las fiestas de fin de año, nos dedicábamos a jugar hasta el cansancio. Hacíamos carreteras, casas para las muñecas pero también explorábamos el bosque cercano en busca de material para nuestras construcciones. Y buscábamos nidos de pájaros. Durante esos días nos acostábamos más tarde que de costumbre y nos dábamos un atracón de comida, sobre todo de dulces y caramelos. Hacíamos poco caso a nuestros padres cada vez que nos mandaban a hacer alguna cosa. Pero también andábamos descalzos por el prado y si llovía nos mojábamos y nos metíamos en el barro. Éramos libres y felices sin el peso de la vigilancia paterna.
Y cuando se acababan las fiestas, volvíamos a empezar un ciclo eterno. - Mamá ¿cuánto falta para que vuelva el Niño Dios? -Un año. -¿Y es mucho tiempo? -No, es muy poco. Pero era mentira, entonces, un año era una eternidad.

miércoles, diciembre 17, 2008

Zapatos

Confieso que no puedo evitar escribir algunas líneas sobre un hecho que, durante los últimos días, ha dado la vuelta al mundo. Porque, en efecto, hay imágenes que producen una mezcla de sorpresa y admiración. La de los zapatos volando sobre la cabeza de Bush, es una de ellas. Cuando en apariencia no hay nada qué hacer, ningún modo de reflejar la indignación, siempre quedan aquellos intersticios por donde es posible resitir o al menos demostrar la impotencia brutal en un contexto en el que exixten pocas salidas. Es tan grande el cansancio, la injusticia que se cierne sobre un colectivo, que esa salida inesperada pero cargada de sentido, se convierte, para unos, en un símbolo. Aunque a simple vista parezca, como decía mi abuelo Miguel Ángel, una "pelea de tigre contra burro amarrado" el trasfondo refleja otras cosas. De una parte, es en cierta medida la manifestación de lucha y resistencia de un pueblo masacrado, expoliado, maltratado con perversidad que clama por su autodeterminación y libertad. Y por la otra el declive de una figura -y también un imperio- que ha escenificado el peor conflicto del siglo XXI. Es una manera apropiada de despedir a un gobernante falto de miras y de neuronas, opaco y envilecido por la mentira que aún no ha reconocido sus errores y horrores; que durante los años en que ha ejercido el poder, ha actuado aplastando a los demás con la suela de sus botas de vaquero postmoderno. Los zapatos volando y el quiebre de cintura para evadirlos, metaforizan el eclipse del bárbaro y el hastío de aquellos pueblos heridos que, a pesar de todo, encuentran caminos de resitencia, aunque para algunas personas sea sólo un gesto ingenuo que no conduce a ninguna parte. A mi me basta con mirar el vídeo para tener la esperanza de que todavía es posible cambiar algunas cosas de este negro mundo.
Bueno, pues aquí va el vídeo que está en Youtube:

jueves, diciembre 11, 2008

Felices compras

Las fiestas de navidad y fin de año están a la vuelta de la esquina. O diríamos más bien, las compras. Así que ya se preparan las cartas de reyes, el calcetín del importado Papá Noel, los banquetes de la noche buena y noche vieja… Y se preparan también las exiguas carteras y las tarjetas de crédito. Así con la fría iluminación que decora las calles de la bella Barcelona y las ciudades metropolitanas, llega también el espíritu del consumo. Dios de los tiempos modernos que todo lo puede. Y eso ya se nota pese a la tan mentada “crisis”. Sólo hace falta pasearnos por los centros comerciales para darnos cuenta de ello: hombres y mujeres con cara de felicidad y con sendas bolsas de compra. Ropa, perfume, electrodomésticos, gadgets de toda índole: artículos de primerísima necesidad, sin los cuales no podríamos vivir. ¿Cómo imaginar la vida sin un televisor de plasma, una PSP, una Nintendo, un MP4? ¡Imposible!
Y esto es sólo el principio porque luego, después de reyes, vendrá lo mejor: las espléndidas rebajas. Así recibiremos el nuevo año con un gozo enorme porque podremos suplir esas necesidades vitales que nos hacen cada día mejores personas, mejores vecinos y vecinas, mejores trabajadores y trabajadores, mejores padres y madres, mejores amantes, mejores miembros del selecto grupo de consumistas.
¡Felices compras!

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...