La mujer se dirige al carnicero y pide que le ponga unos filetes de ternera. Tiene la voz recia y firme pese a los años que se marcan en las hondas depresiones de su rostro. Huellas que dibujan un ayer de miserias, guerras e incertidumbres. "La quiero tierna para hacerla a la plancha". "Esta que usted ve ahí, es la mejor" le contesta el hombre con una voz seca y cortante que recuerda los aires porteños. "Bueno, pues pónme de esa". El hombre agarra con diligencia el trozo de carne y lo coloca sobre una tabla de madera. Luego pone el cuchillo brillante y de hoja ancha sobre ella y hace el gesto de empezar a cortar como adivinando el grosor que le vendría bien a la mujer. Pero antes de decidirse del todo pregunta con una voz mecánica y plana "¿Así está bien o la quiere más fina? "Así está bien. A mi me gusta más el cerdo pero ahora con lo de la gripe porcina pues compro ternera. Y cuando había lo de las vacas locas compraba cerdo. Con tantas pestes y virus no se a dónde iremos a parar. Antes no había nada porque tampoco había nada qué comer". El hombre de vez en cuando la mira sin emoción como si no hablase con él, como si las palabras de la mujer fueran ecos lejanos que nada tuviesen que ver con su realidad, con su presente, con su mundo de exilios. Sin embargo, cuando ella termina de hablar, en la carnicería se levanta un coro de voces. "Si es cierto, esa gripe porcina es terrible" "Mi hija llegó hace 15 días de México y está encerrada en la casa aunque ya le han hecho pruebas y no tiene nada" "Pues tendremos que usar también mascarillas" "Todo esto es un invento para que no comamos cerdo" "La culpa la tienen los gobiernos debieran prohibir la entrada de todos los inmigrantes para que no traigan enfermedades" "Ya no podemos estar tranquilos" "Aquí ya hay varios casos y uno de ellos no estuvo en México..."
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
viernes, mayo 01, 2009
domingo, abril 26, 2009
Pelotas o el canto a las minucias cotidianas
Soy poco seguidora de los programas de televisión en general excepto de según qué telediario, película o documental interesante que, a veces, por una especie de milagro suelen presentar en alguna cadena, eso sí en los horarios más imposibles. Sin embargo, desde hace algunos días, estoy “enganchada” a una serie que me parece espléndida: Pelotas. Y lo estoy no sólo porque de alguna manera percibo su génesis (era aquella película que según mi hija estaban filmando en su colegio y los alrededores que supuestamente se llamaba Las pelotas y sobre la que hice una entrada en este blog hace algún tiempo) puesto que se ha grabado en la ciudad en que resido, en mi barrio, en aquellos lugares que frecuento a diario y a los que conozco por sus formas, sus olores, sus atmósferas, sino porque trata justamente de la vida cotidiana, casi intrascendente desde ópticas mayores, de seres vulgares (comunes y corrientes) en su trajinar diario.
Hombres y mujeres de a pie en una ciudad y un sector idem: periférico, intenso, múltiple. Y justo por ello, esos personajes son también como la urbe donde se mueven: intensos, vitales, contradictorios. Son esos vecinos y vecinas con las que me cruzo en la calle, en el bar, en la panadería, en el parque, en las terrazas donde disfrutan de una caña y unas tapas motivo suficiente para recomponer el mundo mientras se habla de las peripecias de los equipos de fútbol, de los amores difíciles, del tiempo, de las repeticiones y minucias de una vida cotidiana sin aspavientos. Y todo ello matizado por un humor fluido y limpio que nos muestra que la realidad por más prosaica o cruel o desesperanzadora que sea, tiene intersticios en los que es posible la risa, la burla, el sarcasmo como elemento transgresor y al tiempo, recuperador de esas existencias que de otro modo perecerían en el círculo anodino de lo común.
Pelotas es, de otra parte, la prueba de que se pueden hacer buenas producciones sin acudir a grandes presupuestos ni a grandes temáticas que de ninguna manera aseguran la calidad. Y no podía ser de otro modo si tenemos en cuenta que los realizadores son justamente José Corbacho y Juan Cruz, los mismos de la película Tapas ganadora de un Goya a la mejor dirección novel . De hecho, me parece que la esencia de lo que se plantea en este filme es lo que se desarrolla en Pelotas no sólo por mostrar la vida cotidiana de seres inmersos en un sector barrial cualquiera sino por abordar las miserias, victorias, incertidumbres, derrotas cotidianas de seres vulgares en un entorno urbano obrero, precario y periférico. Pero más allá de eso lo que se evidencia en esta serie es la capacidad de volver la mirada hacia esas historias mínimas y, en apariencia, intrascendentales que reflejan la condición humana en su sentido más pleno.
Hombres y mujeres de a pie en una ciudad y un sector idem: periférico, intenso, múltiple. Y justo por ello, esos personajes son también como la urbe donde se mueven: intensos, vitales, contradictorios. Son esos vecinos y vecinas con las que me cruzo en la calle, en el bar, en la panadería, en el parque, en las terrazas donde disfrutan de una caña y unas tapas motivo suficiente para recomponer el mundo mientras se habla de las peripecias de los equipos de fútbol, de los amores difíciles, del tiempo, de las repeticiones y minucias de una vida cotidiana sin aspavientos. Y todo ello matizado por un humor fluido y limpio que nos muestra que la realidad por más prosaica o cruel o desesperanzadora que sea, tiene intersticios en los que es posible la risa, la burla, el sarcasmo como elemento transgresor y al tiempo, recuperador de esas existencias que de otro modo perecerían en el círculo anodino de lo común.
Pelotas es, de otra parte, la prueba de que se pueden hacer buenas producciones sin acudir a grandes presupuestos ni a grandes temáticas que de ninguna manera aseguran la calidad. Y no podía ser de otro modo si tenemos en cuenta que los realizadores son justamente José Corbacho y Juan Cruz, los mismos de la película Tapas ganadora de un Goya a la mejor dirección novel . De hecho, me parece que la esencia de lo que se plantea en este filme es lo que se desarrolla en Pelotas no sólo por mostrar la vida cotidiana de seres inmersos en un sector barrial cualquiera sino por abordar las miserias, victorias, incertidumbres, derrotas cotidianas de seres vulgares en un entorno urbano obrero, precario y periférico. Pero más allá de eso lo que se evidencia en esta serie es la capacidad de volver la mirada hacia esas historias mínimas y, en apariencia, intrascendentales que reflejan la condición humana en su sentido más pleno.
martes, abril 21, 2009
Poema de José Agustín Goytisolo
El aire huele a humo
A Gabriel Celaya y a Amparo Gastón,
Que tanto le quiso y le quiere todavía.
¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?
¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?
¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?
¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?
¿Qué hacer? ¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.
José Agustín Goytisolo (1928-1999)
A Gabriel Celaya y a Amparo Gastón,
Que tanto le quiso y le quiere todavía.
¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?
¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?
¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?
¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?
¿Qué hacer? ¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.
José Agustín Goytisolo (1928-1999)
jueves, abril 16, 2009
Mediodía de Granizo
Este mediodía mientras escribía una nota sobre Semana Santa sucedió algo que cambió de manera rotunda el carácter de esta entrada. De repente se oscureció, empezó a tronar de forma insospechada y a los pocos minutos llovieron vidrios del cielo. Fueron cinco minutos veloces en los que el granizo golpeó con ferocidad las ventanas de casa y los tejados, dejando una breve estela blanca (aquella que tanto añoramos en el invierno). Y justo esa ruptura de un día anodino de primavera me hizo reflexionar acerca de las grietas por las que a veces es posible escabullirse de la rutina cotidiana. Una jornada sosa y repetitiva de manera insospechada se puede convertir en un prodigio que nos recuerda, efectivamente, que la belleza se puede encontrar en cualquier resquicio. La belleza y el quiebre en los ojos del azar. Así que el texto que estaba escribiendo se convirtió en una salida al balcón para sentir el enfado del hielo en las manos y el estertor llenando los edificios y las antenas y los árboles lejanos con sus brotes nuevos. Después bajé a la calle para ver cómo ésta cedía a las caricias del intruso que más tarde se convertiría en agua esquiva para limpiar los pasos de los sorprendidos transeúntes y la inmundicia y las hojas muertas. Y por un instante fue posible la armonía y también la claudicación. Me abandoné al momento sin concesiones pero con la certeza de que, efectivamente, la belleza y la armonía casi siempre se esfuman cuando aparecen (como la felicidad, dirían los/as pesimistas).
A continuación presento un video, no muy bueno, que encontré en Youtube sobre esta granizada; rescatable: el sonido de los fríos cristales sobre el tejado.
lunes, abril 06, 2009
Poema de Alejandra Pizarnik
Amantes
una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.
Alejandra Pizarnik (1936-1972)
jueves, abril 02, 2009
Noche de palabras y comunión
Escribo estas palabras insomne y bajo los influjos de la emoción. Y no podía ser de otra manera porque anoche, en el recital de poesía que ofrecí en la biblioteca La Bòbila, fue posible algo parecido a una comunión a través de las palabras. Allí estaba la gente que quiero y que me quiere, mis amigos y amigas, mis conocidos y conocidas y unas personas lindas que asistieron al acto por su amor a la poesía y permanecieron ahí absortas en el río de versos que brotaba de mi boca. Cuando miraba sus rostros, sus ojos, concentrados en mi voz, una energía potente se apoderaba del espacio. No hicieron falta más personas: estaban las justas y necesarias para un acto tan cercano y cálido como éste. Y también habían niñas y niños que sentados en primera fila contemplaban estoicamente a la mujer que leía un mar de poemas inacabables. "Luna, ya van cincuenta ¿crees que faltan pocos para que tu madre termine de leer?" preguntó la niña Irene a mi hija.
Y sí, ahora que lo pienso creo que me pasé un poco. ¡Casi una hora de lectura! pero la culpa no es mía: es de las personas presentes que no transmitían ninguna señal de cansancio o hastío y que, al final, de manera espontánea, me hicieron preguntas y hasta me pidieron que leyera un poema que hice a la Ciudad de la Habana. Así que, como en los conciertos, terminé leyendo "Habanera" y "Deslizamientos", un poema dedicado a L'Hospitalet de Llobregat, mi ciudad.
Olvidaba mencionar que mi hija Luna también quiso hacer su primera presentación pública como escritora y leyó su cuento "La equivocación del sol y la luna" que además lo tiene publicado en su blog. Ella también quería hacer parte activa de esa noche mágica en que hasta el tiempo conspiró en mi favor, en nuestro favor.

Y la noche terminó con sonrisas y abrazos y con un brindis con un buen cava catalán y con los niños y niñas corriendo de aquí para allá convirtiendo el espacio en un mundo lúdico de alegría. Una estupenda manera de cerrar una noche intensa y armónica.
Foto 1: Jordi Canal y Manuel Delgado presentando a la poetisa
Foto 2: la poetisa y su hija Luna
Foto 3: Vista parcial de los asistentes
Foto 4: Amigas y amigos que me acompañaron hasta el último segundo en el pica pica
Fotos hechas por Juan Carlos Ruiz Vásquez
martes, marzo 31, 2009
Recital de poesía
Mañana 1 de abril ofreceré un recital poético en la biblioteca La Bòbila de L'Hospitalet de Llobregat, centro que dirige con diligencia, constancia y mimo Jordi Canal. Esta biblioteca cumple un papel fundamental dentro del tejido barrial en el que se asienta. Se ha convertido durante estos 10 años de vida en un importante referente cultural que ofrece a los distintos colectivos sociales la oportunidad de asomarse al mundo de los libros, la música, el cine y el arte en general. Es un lugar de convergencia y encuentro, como bien lo señala Jordi. Allí es posible advertir la presencia de distintos colectivos sociales que coinciden e interactúan en un propósito esencial: la aprehensión del conocimiento en todos los sentidos de la palabra. Conocimiento que los hará más abiertos, más críticos, más libres, más respetuosos en las diferencias.
Pues bien, allí estaré leyendo mis poemas, los que he escrito durante los últimos 9 años y que hacen parte de tres libros inéditos. También leeré aquellos que obtuvieron el segundo premio en el III Certamen Internacional de Poesía que convoca el Laboratorio de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Almería. Gracias a Jordi por ofrecer este espacio para mis palabras y mis versos.
Podéis leer la noticia sobre este recital en el siguiente link de La Vanguardia.es:
Bueno y como hoy estoy hablando de mi, me tomo la licencia de transcribir un texto que escribió Manuel Delgado Ruiz a propósito de este recital:
"Existe un territorio sin forma en el que las palabras se convierten en lo que dicen. En otros sitios y épocas le llamaron magia o milagro. Esa comarca es la que, hoy, la poesía nos abre a la percepción. Es la poesía la que nos depara la oportunidad de dar con nosotros en otros mundos reales, pero invisibles, que están ahí, tras todos los espejos, a la vuelta de cualquier esquina, agazapados bajo todas las pequeñas cosas. Porque es en eso en lo que consiste eso que damos en llamar poesía, una manera de redimir al lenguaje de todas sus miserias, de rescatarlo de la promiscuidad de los usos que lo ensucian y lo convierten en lacayo.
Por ello merece la pena escuchar lo que Martha Cecilia Cedeño tiene que contarnos en clave de poesía. Es de su mano, de su voz y de sus palabras que acaso nos sea dado agujerear los muros que nos separan de la vida, que continua ahí detrás, esperando nuestro regreso.
Interesante el caso de Martha. Poetisa, es cierto, pero –acaso no por casualidad– persona entrenada en una disciplina –la antropología– cuyo asunto ha sido siempre el de advertirnos de cómo de cercano puede sernos lo exótico, pero también cuán extraña y sorprendente es, o podría o debería ser, nuestra vida cotidiana. La poeta y la antropóloga que se reúnen en Martha juegan a eso y a eso nos invitan a jugar: a convertir en asombroso lo que nos rodea y a demostrar que nunca nada, nada, está realmente a lo lejos".
Por ello merece la pena escuchar lo que Martha Cecilia Cedeño tiene que contarnos en clave de poesía. Es de su mano, de su voz y de sus palabras que acaso nos sea dado agujerear los muros que nos separan de la vida, que continua ahí detrás, esperando nuestro regreso.
Interesante el caso de Martha. Poetisa, es cierto, pero –acaso no por casualidad– persona entrenada en una disciplina –la antropología– cuyo asunto ha sido siempre el de advertirnos de cómo de cercano puede sernos lo exótico, pero también cuán extraña y sorprendente es, o podría o debería ser, nuestra vida cotidiana. La poeta y la antropóloga que se reúnen en Martha juegan a eso y a eso nos invitan a jugar: a convertir en asombroso lo que nos rodea y a demostrar que nunca nada, nada, está realmente a lo lejos".
Lugar: Biblioteca La Bòbila
Plaza de la Bòbila, Metro línea 5 parada Can Vidalet
19:00 horas
Entrada libre.
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