domingo, diciembre 05, 2010

Selva adentro*

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

El  departamento del Caquetá es un espacio poblado por gente de aquí y de allá que se vio en la necesidad de irrumpir en una zona inhóspita, plagada de ríos y de animales magníficos pero alejada de la mano de Dios. Ese proceso colonizador empezó, según algunos estudios, en la década de los años treinta justo cuando tiene lugar la guerra contra el Perú y se comienza la explotación del caucho que se constituyó en una importante fuente de riqueza pero también un mal terrible para las numerosas tribus que habitaban estas comarcas.

Pero es a comienzos de la década de los 60 cuando se desarrolla un fuerte proceso inmigratorio debido a las condiciones de precariedad y desesperanza en las que se encontraron miles de familias colombianas, producto de las circunstancias de violencia que asolaron al país a partir de la muerte de Gaitán en 1948. Y sobre todo, a las políticas estatales implantadas a partir de la Ley 135 de 1961, por la que se creó el Comité Nacional Agrario para, entre otras cosas, proveer de tierras a campesinos carentes de ellas, adecuar dichas tierras a la producción y dotarlas de servicios sociales básicos (Pulecio Franco, 2006). Desde esa perspectiva se creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), impulsor de esas políticas de colonización, selva a dentro.

Y entre las cientos de familias desplazadas hacia esa manigua húmeda y poblada de mosquitos hambrientos, iba la de mi abuelo Miguel Ángel Cedeño. Él, junto a su mujer y sus hijos, partió en busca de esas nuevas tierras con la esperanza de hacer claros en la manigua para asegurar el futuro de su prole. Fueron años de intenso trabajo bajo condiciones infrahumanas, desbrozando montaña, aguantando estoicamente los embates de una naturaleza bravía y haciendo frente a la miseria, a la enfermedad y a la desesperanza que se sentaba junto a él todas las tardes en el corredor de la casa de su finca de Maguaré. El abuelo y mi padre como tantos otros hombres y mujeres saben de esfuerzo, de impotencias, de desesperanzas y soledad, porque la selva si acaso les deparó un trozo de tierra que más tarde, gracias al influjo de nuevas violencias tuvieron que vender al mejor postor o abandonar a su suerte o verlas decaer desde el horizonte de la pobreza. Y en muchos casos, esos hijos e hijas consumieron su juventud en trabajos agotadores sin poder acceder a la educación y por ello mismo sin otras perspectivas vitales que la de repetir la historia de precariedades de sus padres.

Sin embargo, gracias a esos colonos y colonas se erigió un departamento fuerte que planta cara a la adversidad, al abandono, a las vicisitudes. Por ello es hora de recuperar la memoria de estos hombres y mujeres que han hecho del Caquetá una tierra próspera. Su memoria no debe quedar selva adentro.

*Columna semanal publicada el domingo 27 de noviembre en el periódico El Líder, Caquetá, Colombia.
Foto:  Curillo, Caquetá. Tomada de la página http://www.skyscrapercity.com/

viernes, diciembre 03, 2010

Una pequeña crítica literaria

Mi hija Luna le envío una carta al escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño a propósito de un libro de cuentos infantil inédito que éste quiso compartir con ella y  conmigo.
Debo decir que las dos leímos cada una de sus páginas con avidez y alegría, pues es un texto divertido, gracioso, escrito con maestría y con una mirada lúdica que conecta de inmediato con todo tipo de lector o lectora.
Además debo  comentar que a ella le gustó mucho que MT escribiese en el archivo que nos mandó "edición exclusiva para Luna, hija de mi amiga Martha Cecilia"
Y Marco Tulio acabá de publicar en su blog  la carta que mi hija le envío.  
La podéis ver aquí

lunes, noviembre 29, 2010

Tres Poemas de Josep Anton Soldevila

Tarde, ¿adónde llevas
mi vida?
¿Adónde tu luz, tus horas, tus caminos
lloran?
Déjame aquí, donde soy
una piedra.
Déjame aquí, donde soy
una luna en el agua.
Tarde, la oscuridad se lleva mi alma
en la mentirosa brisa
de la soledad. Viajo
sobre pequeñas luces, profundas,
minúsculas vidas
como lágrimas.
Déjame aquí, ¿adónde llevas
mi risa?
Soltarás la cuerda
y mi cometa volará perdida
en las corrientes.
Tarde, naciste hoy y no sabes
qué remolinos cerrarán el alba.
Déjame aquí, donde soy
una piedra.
Déjame aquí, donde soy
una luna en el agua.
(De La frontera de cristal, 1977)

...

Sóc un arbre
alçat en l'estepa. Refugi i arribada
d'ales que viatgen
vers l'horizó.

Dormen en mi el seu somni
trasbalsat.
Es guareixen les ferides
amb bàlsams
de cor
i filtres d'oblit.

Dia i nit els sento
passar.
(De Ùltim Refugi, 2002)

...

Entre onades de mar d'espigues,
naveguen dies de clavells
tristos.
Presoners de solapes i gerros,
proclamen
la frase glaçada dels ulls.

En lenta, imparable i dolça
corrupció de pètals,
es desfilen tènues columnes,
infinitèssims àtoms
d'aquest esperit que no conec.

Besats per passions eternes,
són tabac oblidat
en un cendrer
o entre els dits grocs
d'una ma anònima.

Fum blanc en uns llavis color
clavell trist.
(De El llibre dels adèus, 2007)

Josep Anton Soldevila (Barcelona, 1948). Entre sus publicaciones se pueden mencionar: La Frontera de cristal (1977);  Les paraules que no has aprés a dir (1985); Un vast naufragi de somnis (1989); Cendres blanques (1991. Libro finalista del premio Carles Riba de 1990); Les aus de maig (1995); Últim Refugi (2002.   Premi Viola d'Argent dels Jocs Florals de Barcelona, 2000); la antología Poesía recollida 1985-2000 y El Lllibre dels adéus (2007).  Soldevila también hace parte de diversas antologías poéticas y  es el autor de la novela El Nudo y del libro de cuentos No será tan fácil.
Foto:  Poeta J. A.  Soldevila (suministrada por el autor).

viernes, noviembre 26, 2010

¡Mamá, quiero ser reina!

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

Es un lugar común decir que Colombia  es una  nación de reinados. Los hay de todos los motivos y colores y en distintas esferas, desde la nacional hasta la particular o local. Pero ¿qué concepciones subyacen en la proliferación de estos eventos, dejando de lado el clásico planteamiento de que es un mecanismo para evadir a la población de los intríngulis de nuestra compleja realidad cotidiana con la vieja premisa de que a la gente hay que ofrecerle, sobre todo, circo?  Y ¿Por qué no hay reinados de hombres? Quiero decir eventos en los que en lugar de mujeres que muestran sus atributos físicos sean varones los que lo hagan. Resulta cuanto menos interesante pensar en esa posibilidad. ¿Qué se valoraría en un reinado, en versión masculina, ya no de belleza sino de la ganadería, del turismo, del café,  de la panela, por ejemplo? ¿Bajo qué parámetros se medirían las virtudes masculinas. ¿Se destacaría la altura, el porte, la manera de caminar, la dureza de las abdominales, la sonrisa, la seguridad? ¿Se pediría a los candidatos que desfilaran en pequeñísimos trajes de baño para apreciar mejor sus “encantos”? O, acaso, ¿se establecerían otros baremos para medir  su competitividad en esos campos?
Sin duda lo que subyace en esta clase de eventos es un reflejo de esa cultura patriarcal tan arraigada en nuestro país. Cultura en la que cada día se refuerzan unos  roles de género asociados a uno y otro sexo con el fin de mantener la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.  Los reinados son una prueba perversa de esa realidad: por un lado, reproducen de manera descarada unos parámetros que perpetúan la concepción de la mujer como un ser pasivo, expuesto a las miradas y por ello mismo a los juicios, cuya única función es la de ser un mero objeto decorativo que, como tal, debe tener  dos virtudes fundamentales: ser bella y, por tanto, deseable. Y por otro lado, a través de los medios de comunicación, se abona el terreno para que desde muy pequeñas a las niñas se les inocule el virus de los reinados o, más bien, el de la belleza física como el único camino para triunfar y ser el centro del mundo. La expresión “¡Mamá, quiero ser reina!” es una prueba contundente de lo lejos que aún estamos de la igualdad, de la paridad elemental entre mujeres y hombres en todos los campos de la vida social. Esa frase es un lastre que nos conmina aún más en la esfera de la dependencia y la subordinación.
* Columna publicada en el Periódico caqueteño El Líder el domingo 22 de noviembre de 2010. 
Ilustración: dibujo realizado por Luna del Mar cuando tenía 5 años.

miércoles, noviembre 24, 2010

Ana María Matute, premio Cervantes 2010

Ya era hora que el premio Cervantes recayera en una escritora como Ana María Matute (Barcelona, 1925). Es magnífico que por fin se haya reconocido la labor creativa de esta gran novelista que empezó su andadadura literaria a muy temprana edad.  

Y es magnífico también que este premio se le conceda a una mujer  pues en sus 35 años de vida , además de Matute,  sólo lo han ganado dos féminas: María Zambrano en 1988, y Dulce María Loynaz en 1992.

Entre los numerosos premios recibidos por Matute se encuentra  también el Planeta de 1954, el Nacional de la Crítica en 1958, el Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa y el Nadal en 1959, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1984 o el Nacional de las Letras Españolas a toda su obra en el 2007.

Matute es además de novelista y cuentista académica de la Lengua. Dentro de sus obras más recientes se pueden destacar, entre otras,  La puerta de la luna. Cuentos completos (2010);  Paraíso Inhabitado (2008),  Cuentos de infancia (2002),   Olvidado Rey Gudú (1996), El verdadero final de la bella durmiente (1995).

Foto tomada de Justa, de lector a lector

Amor felino

En septiembre pasado mi hija Luna sorprendió a Beto y Florecita en un tierno romance. Ella les hizo estas fotos que hablan sobre lo bien que se llevan este par de animales. Son un ejemplo para muchos humanos que se comportan como bestias . Aquello de que se "pelean como perros y gatos" no tiene lugar en estas imágenes.


Fotos: Luna del Mar
Neiva, Colombia, septiembre de 2010

domingo, noviembre 21, 2010

A mi abuelo Miguel Ángel y sus 93 años

Aún no te he dicho abuelo que me complicaste la vida, de manera indirecta, desde el momento exacto en que te ví guardar esos libros debajo del colchón. Sí, ya  sé que entonces sólo tenía 7 años. Me parece que no sabías que tu nieta leía desde los cuatro. Mi padre jamás te dijo que mientras estábamos en la manigua, internados en la selva como parias expulsados del paraíso, un hombre sabio y valiente me enseñó las primeras letras.  Así que cuando te ví esconder esos libros viejos no tuve otra alternativa que sacarlos de su escondite, leerlos de cabo a rabo así mi mente incontaminada no entendiese casi nada. Y lo hice con un miedo enorme de ser descubierta por tí.  Pero me pudo más la  curiosidad, el deseo inmenso por rastrear esas palabras que tu guardabas al anochecer. Además, abuelo, si venías cansado de la faena del campo y te acostabas en la hamaca a leer un libro era porque allí habían cosas buenas. ¡Era magnífico contemplarte en ese balcón  desde donde se podía ver el horizonte más verde que una pueda imaginar! 
También me la complicaste con tu bendita manía de hacerme pruebas de conocimientos cuando te visitábamos en tus predios o cuando tú decidías darte un respiro y dejar tus campos caqueteños para viajar  hasta nuestra casa. Me encantaba verte, abuelo, pero también te temía. Eras implacable con esas preguntas sobre geografía, literatura o política  que yo intentaba responder bien pero en las que casi siempre erraba. A veces, antes de verte, repasaba las cosas más importantes aprendidas durante el curso escolar para no dejarme vencer por tí. Pero siempre ganabas y me decías que sólo habías hecho hasta quinto de primaria pero que en tu época sí enseñaban y que ahora los muchachos y muchachas salen del colegio sin saber en qué continente queda el río Nilo...  Y tenías razón.  Me pusiste a prueba hasta que terminé el bachillerato, imagino que lo dejaste porque en la última tanda de preguntas que me hiciste acerté casi en todas las respuestas.
Me la complicaste porque desde entonces naufrago cada día en las palabras y en esa inquisidora mirada que busca siempre auscultar la otra cara de la realidad. Creo que hubiese sido mejor no sucumbir a tan temprana edad en todo ese mundo de invenciones, de artilugios, de mentiras y en ese afán constante por aprender cada día cosas nuevas.   ¡Me parece que siempre me estoy preparando para que me hagas más preguntas, abuelo! 
Me gusta  saber que tienes 93 años de lucidez, de experiencia, de historias que me gustaría recuperar. Y confieso sin modestia que también me encanta saber que te sientes orgulloso de esta nieta que gracias a tí ha intentado superar cada día las fronteras de la ignorancia.  ¡Me gusta que me hayas complicado la vida, abuelo!
P.D: Espero verte muy pronto. Viajaré hasta ese pueblito inmerso en la manigua para hablar contigo. Necesito hacerlo para decirte que te quiero y que ya estoy preparada para tus preguntas. Pero también me gustaría pedirte que me cuentes tu historia vital de gestas, de esperanzas, de sueños rotos. Quiero conservar tu memoria, testimonio de una época y sus circunstancias.

Fotos: Viaje al Desierto de la Tatacoa, Neiva, Huila, Colombia, 1999. 
Las dos primeras son imágenes de mi abuelo y en última imagen estamos con él mis hermanas Mariela y Lina María y Melquisec y Juan Carlos.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...