¡Las noches tempestuosas, las noches tempestuosas!
Si estuviera contigo,
nuestro lujo serían
las noches tempestuosas.
Los vientos qué le importan
al corazón llegado a puerto,
qué le importa la carta
ni la brújula.
Ya en el Edén remando.
¡Ah, el mar!
Que pueda yo esta noche
morar en ti.
Tomado de Poemas de Emily Dickinson, Integraf editores, Medellín, 1994, pág. 37.
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
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