miércoles, septiembre 24, 2008

Ayer

Ahora, volviendo sobre los recuerdos, descubro un poema publicado en el libro Duermevela. Amores, símbolos y muerte (Samán Editores, Neiva, 1997). Es un texto de aquellos que se escriben en esos momentos mágicos en que todo suele parecer más bello. Eran los comienzos de 1995, acaba de llegar de mi prime viaje a la Habana y el mundo parecía transparente y lleno de promesas.
Ayer
Mordí el sabor de tus besos
en copas de ocho velas
ardiendo la oscuridad de los caminos.
¡Cómo trazaban los senderos!
¡Cómo sucumbían al destello!
Líquido rugiente de tus manos,
plena luna de alquimia,
de hechizo de labios,
de latidos reventados con la vida,
de gemidos arrancados de un soplo,
de gigantes mordiendo las entrañas.
¡Cómo bebí tu piel de musgo maduro!
¡Cómo vislumbré la sed adivinada desde siempre!
¡Cómo vibró esta magia de latidos y palabras y sentidos!
...
(Se nota que cuando escribí este poema tenía 13 años menos. Me ruborizo no tanto por el sentimiento sino por la forma, por el acabado de las palabras. Me avergüenzo pero, ya lo véis, no me importa)
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