martes, agosto 18, 2009

Miradas agresoras

Hablaba hace algunos días con Manuel Delgado acerca la aún problemática relación mujer-espacio público. Comentábamos sobre la manera como las féminas nos vemos expuestas a todo tipo de atenciones indeseadas, a miradas y piropos que casi siempre tienen connotaciones insospechadas. Entonces recordé las veces que me he sentido realmente agredida a causa de algunas de estas acciones. Aquí va un caso:
La mujer acaba de subir al metro y descubre que sólo hay un asiento libre en medio de tres hombres jóvenes. Después de hacer una mirada panorámica para ver si queda algún lugar disponible decide sentarse, no con cierta indisposición, en ese único puesto. Mientras lo hace siente las miradas inquisitivas de los varones. Una vez allí descubre que en los asientos que están enfrente van otros cuatro hombres, tres jóvenes y uno mayor. La mujer lleva el bolso y el ordenador encima de sus piernas y se sopla con un abanico mientras realiza una exploración visual del lugar siguiendo aquellas normas básicas de la copresencia en espacios cerrados, esto es, no fijar la mirada en ningún rostro en particular ni mucho menos mirar directamente a los ojos, evitar en la medida de lo posible el contacto corporal (se comprime sobre sí para no rozar el brazo desnudo del hombre que va a su derecha y la pierna, demasiado abierta, del que va a su izquierda). Estos simples gestos de convivencia, sin embargo, no los siguen los ocupantes de los asientos cercanos. Así que ella empieza a sentir tres pares de ojos clavados en su escote. Seis ojos que sin miramientos la intimidan y la agreden. Y la mujer siente cada vez más rabia e indignación. Pero falta lo peor: el hombre que está sentado enfrente dice algo, en su idioma, al que va a la derecha de la mujer (parecen que son amigos y del mismo país) y la miran mientras sonríen. "Están hablando de mí, serán cabrones estos tíos". Ella los mira con desprecio y altivez pero no les dice nada porque sería dar importancia a un tipo de varón cuya masculinidad no es sino la suma de sus imaginarios atrofiados en los que priman ideas preconcebidas de que las mujeres, todas las mujeres, somo en esencia accesibles y más allá, de que todas las féminas estamos en posición de sumisión e indefensión respecto de los varones.
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