lunes, diciembre 26, 2005

EL METRO Y EL AZAR

Ese martes de diciembre salí temprano de casa porque tenía una entrevista de trabajo a las 11 de la mañana. Así que después de abrigarme lo necesario para hacer frente al frío húmedo que parecía meterse en los huesos, me dirigí hasta la estación de metro más cercana. Y mientras me aproximaba hasta allí con paso ligero, observaba a la gente enjuta casi comprimida sobre si misma. Todas las personas parecían ir de prisa y con la misma cara de frío. Antes de llegar a la estación me fijé en un hombre que iba delante de mi. Era moreno y de estatura media y llevaba una caja azul en la mano.

Bajé las escaleras para adentrarme en el subterráneo, compré un ticket de 10 viajes y procedí a validarlo; ya en el andén donde se agarra el metro volví a ver el hombre de la caja azul. Tenía las cejas pobladas y unos ojos profundamente negros. Llevaba vaqueros desgastados y una chaqueta en tonos negros y azules. Parecía de la india o de Pakistán.

Cuando llegó el metro ambos corrimos hacia la misma dirección pero yo giré la perilla para abrir la puerta y entrar. Ví dos asientos desocupados en el costado izquierdo. Me senté en el del pasillo. No me quité el abrigo porque me bajaba pronto, así que me acomodé como pude mientras puse el bolso en el regazo y cogí uno de los libros que siempre porto conmigo para leer cuando viajo en el subway. Esta vez llevaba las Ciudades Invisibles de Italo Calvino. De repente me fijé en la persona que se había sentado a mi lado. Era un hombre joven, moreno y llevaba una caja azul en el regazo. Tenía unas manos grandes y unas uñas descuidadas. Miraba hacia la negrura de la ventana. Propera parada Rocafort, dijo la voz gangosa que se escuchaba por los altoparlantes.

Alisté mis cosas mientras me levantaba para buscar la salida. El hombre de la caja azul hizo lo mismo. Salió detrás de mí pero en el pasillo me rebasó. Lo pude ver nuevamente de espaldas con sus pasos seguros y ligeros.

Una vez afuera busqué la dirección de la empresa en la cual tenía la entrevista de trabajo -a la que llegué después de dar unas vueltas de más. Me esperaba una joven de hierros en los dientes y aliento de cocodrilo. Me llamo Montse, me dijo con una voz que intentaba ser cálida. La entrevista fue un monólogo y el trabajo era una mierda (muy a tono con la precariedad laboral de este país). Así que después de unos cuantas preguntas yo me dí cuenta que estaba en el lugar equivocado y ella, que yo era la persona equivocada. Un curriculum demasiado brillante para una labor que solamente exigía dos cosas: hablar fluidamente el catalán y tener un sentido muy alto de resignación - o mucha necesidad- para aceptar una situación de flagrante explotación.

Salí con un nudo en el estomágo y con ganas de estrangular a todos los empresarios sin escrúpulos, a los que trazan las políticas laborales, a los que dicen que, en efecto, España es un país desarrollado con uno altos índices de bienestar social. Pero sobre todo salí con una rabia inmensa y con la convicción de que en lo posible no engrosaría las listas de la vergüenza, aquellas que hablan de una precariedad laboral aguda que se nutre, sobre todo, de jóvenes preparados y preparadas como yo, sean autóctonos o extranjeros (claro, haciendo la salvedad de que estos últimos tenemos más posibilidades de hacer parte de ellas).

De vuelta a la estación de metro para regresar a casa, me fijé en las calles adornadas con motivos navideños, en los hombres y mujeres vestidos con ropas de tonos oscuros que entraban o salían de las tiendas y centros comerciales cargados con bolsas de compras. "Falda ibicenca, 25 euros". "En liquidación por jubilación". "Todo a 60 y más". Caminé despacio mirándolo todo con curiosidad y con una sonrisa de escepticismo en los labios. Me gustó sentir el frío en la cara, escuchar el ruido de los coches, el murmullo de la gente, y la musiquilla de un papa noel (que se está apoderando de las fiestas decembrinas de esta ciudad), puesto en la puerta de una tienda de ropa formal, que tenía unos cascabeles en la mano y hacía un incesante movimiento de péndulo.

Crucé una calle antes entrar en la boca del metro. Validé el ticket y esperé al gusano de los agujeros oscuros. Venía vacío. Abrí la puerta y me senté en uno de los asientos. No quise sacar el libro sino que me dediqué a mirar por enésima vez el esquema de las paradas de esa lína del metro, pintado encima de las puertas. Me envolvía una sensanción extraña de cansancio y hastío. De repente miré hacia la ventana oscura y percibí que venía una persona a mi lado. Era un hombre joven, moreno y llevaba una caja azul en el regazo.
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Fue un momento extraño. Me fijé en la caja azul (pude darme cuenta que contenía un decodificador de televisión digital terrestre -TDT) y casi inconscientemente fuí subiendo la mirada hasta toparme con los ojos del hombre. Ambos nos observamos con un gesto de sorpresa. Me dí cuenta que era el mismo hombre que había compartido conmigo dos horas antes el asiento y él, seguramente, también se percató de que yo era la misma chica del abrigo negro y la bufanda rosa y lila, al lado de la cual se había sentado. Era, en efecto, una rara coincidencia, una de esas situaciones azarosas que suceden una vez cada millón de veces; era algo así como acertar con un número de la lotería. La voz gangosa anunció la parada Can Serra y me dispuse a bajar. El hombre salió corriendo y subió por las escaleras mecánicas...
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Situación curiosa y extraña que sin embargo me iluminó el día y me devolvío la fe en los imposibles. Y es que sólo en el espacio público pueden suceder esos encuentros entre extraños, esas situaciones azarosas increíbles. Pues allí todo es especulación: de usos, de sentidos, de situaciones, de encuentros, de movimientos...
Martha Cecilia Cedeño Pérez

NI GUERRA NI GUANTÁNAMO GLOBAL

Manifestació, 18 de març de 2006: Ni guerra ni Guantánamo global

A l’assemblea especial de la Plataforma Aturem la Guerra, el 15 de desembre, hi van participar, en total, unes 25 persones, de partits i sindicats, així com de diversos col·lectius i entitats.

El tema central va ser la mobilització internacional del cap de setmana del 18 i 19 de març, el tercer aniversari de l’inici de la guerra contra l’Iraq.

L’última crida per aquesta acció ha estat la conferència internacional per la pau, celebrada a Londres el 10 de desembre, on unes 1.500 persones del moviment antiguerra de Gran Bretanya, així com d’EUA i arreu del món, van reunir-se amb representants de la resistència iraquiana. És una mostra més que el moviment internacional contra la guerra a l’Iraq segueix viu, actiu, i és totalment necessari.

A l’assemblea de la plataforma, vam acordar els següents punts:

Manifestació, el dissabte 18 de març, a la tarda.Demandes (encara s’han de polir els lemes exactes): aturem la guerra; fora les forces d’ocupació/retirada immediata de les forces d’ocupació; no als vols de la tortura/no al Guantánamo global.
Jornades, probablement el dissabte 25 de febrerPer escalfar motors per a la mani. Proposem dues sessions.1. Sobre la situació a l’Orient Mitjà (Robert Fisk no pot venir; estem buscant altre ponent semblant). 2. Sobre el moviment antiguerra, incloent un(a) ponent d’EUA (encara estem negociant per veure si pot venir la Cindy Sheehan; si no pot ser ella, sembla que sí tindrem un altre representant del moviment d’allà).
Accions locals (on sigui possible) la nit del divendres 17 de març.A proposta dels representants de la Plataforma de Molins de Rei, vam acordar animar als grups locals a reactivar-se, on han deixat de reunir-se, i a convocar concentracions la nit del divendres 17 de març.
Celebrarem la propera assemblea general de la Plataforma el dijous 19 de gener, a les 19.30h, a Sodepau, (Ptge. del Crèdit 7, pral. Metro Liceu o Jaume I)
Es celebrarà una comissió per avançar detalls de les jornades, el dimecres 11 de gener, també a les 19.30h, a Sodepau.

Per resumir:

La guerra continua matant gent, nosaltres també continuem mobilitzant-nos.
Hi ha molta gent a Barcelona i comarques que s’oposa a la guerra. Si comencem a treballar ara (o sigui, des de principis d’any), el 18 de març tindrem una bona manifestació a favor d’un món més just i en pau.

jueves, diciembre 22, 2005

ELOGIO AL CAGANER


Mi primera visión del Caganer fue en un belén (léase pesebre, nacimiento) que había en un conocido centro comercial de la zona alta de Barcelona (Pedralbes). Recuerdo exactamente el momento porque mi esposo y yo acabábamos de llegar a la ciudad y nos sentíamos unos completos extraños, outsiders en unas calles perfectas con sus coches de lujo y sus mujeres con abrigos de visón. En esas circunstancias nos dedicábamos a pasear por los alrededores mientras ojeábamos escaparates y nos torturábamos haciendo la conversión de pesetas a nuestros modestos pesos colombianos (una conversión 12 a 1: por un peso 12 pesetas), teniendo la absoluta certeza de que jamás podríamos comprar alguno de esos abrigos o zapatos que estaban expuestos sin condenarnos a vivir en la mendicidad.


Así que los días previos a esa navidad de cambio de milenio fueron muy prolijos para los ojos. Éramos, en efecto, flâneurs recién llegados dedicados completamente al ejercicio de la observación silenciosa y comentada, a mirar los cuerpos y los rostros de la gente siempre de prisa y ocupada con bolsas de compra. Siempre nos sorprendíamos y acabábamos comentando sobre el ímpetu consumista de nuevos ricos de esa sociedad en la que nos encontrábamos. En realidad sentíamos una profunda decepción por la superficialidad que parecía llenarlo todo, por la falta de calor humano, por la ausencia de ese espíritu navideño al que estábamos acostumbrados.


Por fortuna, mientras realizábamos unas de esos paseos por los alrededores, nos topamos con aquel belén aparentemente similar al que se hacía en nuestro país. “Es muy plano, faltan las montañas”, decía mi esposo. “Sí faltan más animales, más ambientación”, decía yo. Y fue entonces cuando vimos la maravilla: una figura con barretina y traje de pastor que estaba haciendo sus necesidades fisiológicas, es decir, cagando. Y estaba puesta allí, en medio de las imágenes tradicionales y las ovejas. Mira esto ¿no es fantástico?, exclamábamos los dos mientras nos reíamos. Fue un descubrimiento estupendo que nos llevó a realizar toda suerte de interpretaciones sobre el significado de esa figura totalmente humana y real en medio de un paisaje “santificado”. “Este hombre se caga en todo”, dijo mi esposo. “Si, y a la vez lo salva todo”, dije.

En ese entonces no sabíamos que el Caganer está presente desde hace más de cinco siglos en los pesebres de Catalunya, como lo demuestran las representaciones de su figura en algunas esculturas religiosas catalanas. El Caganer también aparece en la obra de Joan Miró, y en belenes de Murcia, Portugal o Nápoles desde tiempo lejanos (allí son conocidos como cagones, cagoes y cacote o pastore que che caca).

En Catalunya es inconcebible un pesebre que no tenga la figura del Caganer, ese pastor que abona la tierra devolviéndole lo que ésta le ha dado, y que bien puede tomar la fisonomía de políticos, deportistas, o de príncipes, todos ellos en la misma posición que los iguala con los demás mortales. Gente que caga.

Pero esa figura tradicional también tiene sus detractores: personas que consideran que es una imagen de mal gusto, de irreverencia religiosa… o políticos (de derechas, de izquierdas y de centro) que piensan que va en contravía de la cacareada ordenanza cívica que prohíbe hacer las necesidades en la vía pública y que seguramente se aprobará, pese al inconformismo de la mayoría de la población de Barcelona. Esa era la razón que alegaban para que no se pusiera el Caganer en el pesebre de la plaza de Sant Jaume que depende del ayuntamiento barcelonés. Para evitar la mierda nada mejor que eliminar todo lo que incite a ella, así no cundirá el mal ejemplo y la gente no cagará en la calle. Se elimina por decreto, sin los Mossos, lo escatológico que simboliza el Caganer. Por fortuna primó la razón sobre la estupidez y finalmente, el humilde pastor está allí haciendo las necesidades a la vista de todos, recordando también uno de los rasgos más importantes del carácter catalán: esa tendencia a una escatología que lo subvierte todo, en cuyo fondo está vivo un profundo sentido desmitificador.

Yo confieso públicamente mi admiración por el Caganer. ¡Me encanta! Tanto que, desde el momento de conocerlo, le hemos reservado un lugar destacado en el pesebre que cada año hacemos en casa. Ah, y también lo hemos llevado a otras latitudes. ¡Aún recuerdo la cara de nuestros familiares cuando pusimos uno en aquel Belén que hicimos en casa de mi hermana en el año 2001! Era una sensación extraña por toda la paradoja que implica allí, en Colombia, donde todavía se está lejos de una visión laica de la realidad, y donde se habla de los fluidos, despojos y ciertas partes corporales con eufemismos (por ejemplo no se dice cagar sino “hacer del cuerpo”, “ensuciar”; no se dice culo sino “cola”, “rabo”, “trasero”). Así que poner el Caganer en ese pesebre era literalmente cagarse en todo, en el sentido de que se desmitificaba el paisaje tradicional de la Sagrada Familia. Era también poner un toque de la más elemental humanidad que nos acerca y nos iguala a todos y a todas.


Confieso también que me identifico con el Caganer y que, desde que lo conozco, quiero más a esta nación que nos acogió sin reverencias.



¡Visca el Caganer!
¡Visca Catalunya!
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miércoles, diciembre 21, 2005

NAVIDAD - NADAL - CHRISTMAS: ¿FELICES COMPRAS?


Confieso que me agobian las fiestas de fin de año con sus luces superficiales, sus abrazos fingidos, sus deseos de prosperidad, paz y felicidad. Palabras manoseadas, torturadas, abandonadas, huecas. Me agobian los centros comerciales atestados, las calles llenas de bolsas de compra que llevan cuerpos cuya alma es el consumo desaforado. Detesto el aroma rancio de los regalos que se dan por cumplir o por impresionar o por llenar el agujero de la existencia.
Me niego a hacer parte de la fiesta del consumo, por eso no compro, no vendo, no regalo. Me niego a llevar siempre la risa de felicidad impuesta y los buenos deseos en los ojos. Me niego a olvidar las noches estrelladas en que el Niño Dios bajaba por una cuerda y llegaba hasta mi cama (mi padre en calzoncillos no hizo que yo dejara de creer en ese ser fantástico que siempre atendía mis peticiones de chiquilla). Me niego a olvidar también que hubo una época en que no existía la barbie, ni los muñecos que mean, ni los ordenadores con ranas saltarinas. Me niego a dejarme llevar por el vértigo de los objetos materiales. Me niego a celebrar una fiesta global signada por la ley de la oferta y la demanda.
Celebro, sin embargo, el canto de mi Luna y su risa que ilumina las noches de diciembre; la mirada de mi compañero-cómplice de viaje y una cena para tres a la luz de las velas; el abrazo a tiempo; el vino que calienta el cuerpo y el ánima; la palabra que llega desde la distancia para afinar los días.
Celebro estar viva, sentir, y, porqué no, hablar con la nostalgia que se niega a abandonarme después de seis largos años de ausencia.
Celebro tener memoria y recordar los colores vitales de mi infancia, el olor de la noche buena, las risas de padre, los ojos de madre, la música de Guillermo Buitrago, los buenos deseos de los vecinos, los vallenatos de César, el baile de Juancho, la risa de Lina, la ternura de Mariela y los ojos claros de la abuela espantando las penas en el marco de la puerta.
Célebro el poder de la simplicidad, de esas cosas elementales que nos recuerdan que una vez fuimos humanos, y que ahora parecen reposar en el fondo de los bolsillos.

martes, diciembre 20, 2005

MONTERREY

Ana Zuleika hace una pausa y nos envía, a Gabriela de la Peña Astorga y a mí, este poema que ambas publicamos seguras de que su autora se sentirá, como mínimo, complacida. Desde su casa al pie de los acantilados, mientras mira el horizonte azul, Ana espera con paciencia que sus palabras no sean borradas por la lengua de los tiempos rotos.
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Monterrey
Ana Zuleika
15 dic. 2005
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Quiero ver el paso del tiempo
quiero palpar, escuchar
oler, gustar
los días idos
las tardes muertas
el reloj avanzando sin mi presencia.
Es extraño este aire
de ayer y de mañana
un hoy extraviado
que no atino a descifrar.
No, No vuelvo,
No a ese dolor.
Tengo
en otro lado
otros latidos
y otros verbos
otros retos
y otras ventanas
para mirar el horizonte.
Lo mismo y diferente,
Lo mismo y sin espacio.
Mi espacio...ese viaja conmigo
despierta y bosteza
desde mi cama,
una cama pequeña con su almohada.
Qué gracioso,
todo ha cambiado.
La vida es sin duda un juego de azar.
El punto de partida
se pierde en el pasado
en el punto de mi tiempo otro
en que hubo coincidencias
que no pude ver
en plenitud en su momento.
Quedarse, irse
partir, volver:
es todo la misma cosa.
No me importa más
tener claro para mis entrañas
en cuál de estos estados estoy.
ESTOY
eso es ya suficiente.
Estoy:
Yéndome
regresando
de partida
de vuelta.
In between
In the meanwhile
en transición
en trance
en camino
sobre la carretera.
¿Hay un momento en el que se sienta
que se ha pisado tierra,
se ha tocado puerto,
se ha arribado, finalmente,
a algún lado?
Romper el cordón de oro
migrar definitivamente
hacer la vida en otro lado...
Nacer, ¿porqué no? de nuevo
a un nuevo mundo
y en un nuevo paisaje.
Vida otra
en lugar otro
que nada tenga que ver
con lo que he conocido
u olido
tocado
soñado
abandonado
con el corazón en mil pedazos.
Basta de sueños rotos,
de amaneceres que no culminan,
de realidades postergadas
y esperanzas resucitadas.
Good bye, my dearest everything.
I used to love you,
but pain is not the way.

SEDUCCIÓN

Clau: te dije que publicaría tus versos pese a que dijiste que te daba vergüenza que alguien los leyera. Creo que no tienes razón. Son preciosos. Y en especial este poema. Amiga, la muerte también es la vida. Y ella es lo único cierto en medio de tanta realidad de hojalata, de tantas palabras desgastadas, de tanto consumo hiperbólico, de tanta banalidad. O si no que lo diga Ana Zuleika o Gabriela de la Peña o tantas otras mujeres y hombres que escriben para exorcisar a la famélica que vigila detrás de la puerta.


SEDUCCIÓN
Claudia Fernanda Rivera


Acaricio la muerte.
Se sienta al lado
y me seduce...
Le doy un sí incierto
y desaparece.
Me asalta en los autobuses,
se balancea en las ramas de los árboles,
en los balcones de la vida,
fisgonea tras las ventanas,
acecha mi soledad.
Duerme a mi lado y espera...
A veces se irrita y amenaza con no volver,
la tomo en mi regazo,
suspira en el entresueño,
porque, sabe,
ya tiene la partida ganada
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sábado, diciembre 17, 2005

DE EXILIOS Y PARTIDAS

Buscando entre notas, hojas sueltas y algún que otro recuerdo, encontré estos poemas que hablan sobre la partida, sobre el dolor de la ausencia y el desdoblamiento que experimentamos quienes nos sentimos de todas partes y de ninguna. Ese raro sentimiento que nos deja casi en un intersticio, en un entredos, no somos de aquí ni somos de allá, como dice la canción de Facundo Cabral.

OTREDAD

Eres extranjero en tu casa
y sombra en la calle
lejana.
Transeúnte silencioso
con su exilio a cuestas.


HUELLAS

Las calles de la infancia
sólo existen en los recuerdos
oxidados
y en el olor antiguo de los cuadernos
deshechos.
Al otro lado del tiempo
ya no somos hijos de la
casa

Nuestros pasos borrados
yacen al filo del olvido.


VOLVER


Planeamos sobre los recuerdos
y no hay olores de infancia
ni manos que abrasen el tiempo
ni risas que orienten las
esquinas
sólo calles plenas de cuchillos
y miradas rotas
Perfiles muertos en la
memoria
y el exacto sentido de ser
Intrusos en la casa.

Martha Cecilia Cedeño Pérez

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...