Hago una pausa. Dejo el texto que escribo sobre los usos de los espacios públicos y miro a través de la ventana. Me quedo sin aliento ¿cuántas veces he visto un amanecer como éste? Nunca. Todos los amaneceres, como los días, son distintos. Y no puedo describirlo. El naranja oscuro que nace de las entrañas del mar y que se va difuminando en las siluetas de los edificios. Y un aro de luna. Un cuarto de luna tan fino como un relámpago. Y un pájaro que planea y el viento que mueve la ropa tendida sobre un terrado. Me quedo sin palabras. La armonía existe. La belleza se despliega ante mis ojos con tanta naturalidad que siento pena por los que duermen a esta hora de la mañana y también por los que nunca han visto una maravilla como ésta. Hoy el día será breve.
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
jueves, febrero 15, 2007
domingo, enero 28, 2007
Play Strindberg
El 18 de enero tuve la oportunidad de asistir al estreno de Play Strindberg, Dansa Macabra, en el Teatro Nacional de Catalunya. Fue una estupenda experiencia sobre todo porque era la primera vez que presenciaba un espectáculo en ese espacio cultural tan importante. Un sitio creado para la representación, para el teatro en su más alto sentido. ¡Cuán distinto de aquellos modestos lugares de mi ciudad donde un puñado de soñadores levantan los telones! Recordé entonces mi corto paso por las tablas regionales en Casateus y mi amistad entrañable con los incansables de Casateatro donde tantas palabras y emociones he compartido -la última vez fue en julio del año pasado-. Eran y siguen siendo espacios culturales sencillos pero ahí todavía palpitaba el arte, la vida y la esperanza.
Así que estar en el TNC fue muy emotivo, más aún viendo en escena a la catalana -hospitalense, por más señas- Núria Espert y a José Luís Gómez y Lluís Homar, en unas interpretaciones sobresalientes que conducen al espectador al deplorable espectáculo de un matrimonio derruido. Porque eso es Play Strindberg un recorrido despiadado por los entresijos de la convivencia cotidiana. Con una puesta en escena minimalista, casi esencial, y unos dialógos irónicos y negros poco a poco se va adentrando en la realidad de una pareja convencida de su derrota.
Pero más allá de la fábula del fracaso matrimonial se encuentra una reflexión profunda y descreída de la sociedad a través de una comedia salpicada de momentos brillantes y amargos que en últimas intentan poner sal en las heridas para mostrar esa miserable condición humana.
Estoy segura que entre las sonrisas que provocan algunos de los ácidos diálogos hay también una suerte de reflexión, de preguntarse si alguna vez en nuestra vida matrimonial existen atisbos de situaciones parecidas. Las caras de quienes asistimos al teatro mostraban algo de ello...
Martha Cecilia Cedeño Pérez
sábado, enero 13, 2007
Pintora de Arte Mayor
No era necesario que un intelectual como Gerard Vilar hiciera un comentario sobre la pintora Lina María Cedeño Pérez (mi hermana, por supuesto) para darnos cuenta del valor de su obra. Eso lo sentí desde la primera vez que ví uno de sus cuadros urbanos, aquellos donde juega con los signos y desplazamientos, con sus trazos tenues y al mismo tiempo firmes. Para mí fue un descubrimiento fabuloso percatarme de aquellas figuras citadinas que insinuan una ciudad otra, plena de sentidos y al mismo tiempo enmarañada en su propio espacio-tiempo.Y este comentario viene a raíz de aquel hecho por el profesor Vilar en la revista Disturbis, que sin duda nos llena de alegría y emoción a quienes amamos a Lina, y que ahora reproduzco con orgullo y sin el menor pudor nepótico:
"Hace unos pocos días recibí unas hermosas imágenes de Lina María Cedeño, una artista colombiana de la que casi nada sé. Tampoco necesito saber mucho para apreciar la calidad que -ninguna lengua podría decirlo mejor- salta a la vista. Se trata de un retablo titulado “Recorridos urbanos” del que cuelgo en esta página un detalle. Es fascinante: transmite una gran calidez y una equilibrada serenidad a la vez que te enfrenta a una esquiva riqueza simbólica por descifrar. Parece una invitación a celebrar que estamos aquí, que la calidez humana existe, que la comunciación, por difícil que sea, es posible y más que deseable. Lina sigue una muy vieja tradición occidental, en relaciones de mestizaje y cruzada por otras tradiciones, claro es; pero su arte tiene que ver con los grandes maestros flamencos de la baja Edad Media europea y el Renacimiento: la pintura sobre tabla. En esta época del arte en uploaded en Yotube parece algo poco arriesgado. Es cierto. Pero cuando una vieja forma estética funciona, como en este caso, tiene todos los números para resistir mucho mejor la destructividad del tiempo. Mi enhorabuena a Lina".
Esas palabras mayores son un gran aliciente para una artista como Lina, nacida en las selvas caqueteñas y criada en los estribores de la cordillera andina, que ahora está aquí, en Barcelona, donde bebe en las fuentes de los grandes: Picasso, Miró, Dalí, Tàpies... Sé también que ese contacto con la urbe mediterránea plena de contrastes e imágenes, consolidarán su obra y la abrirán a nuevas perspectivas y matices. La experiencia europea, sin duda, reforzarán la mirada de esta promesa que será una "pintora espléndida", tal como se lo dijo Luna cuando vió uno de los cuadros que está terminando en esta temporada barcelonesa. Olé, Olé, Olé!
Foto: "Recorridos Urbanos" por Lina María Cedeño Pérez
lunes, enero 08, 2007
¡Se acabaron las fiestas!
¡Por fin se acabaron las fiestas!. Fueron más de 15 días de ires y venires, de comidas y compras descomunales. Días de consumo, como lo digo en una de las entradas anteriores. Días en que la felicidad parece medirse por cuánto tienes, cúanto das, cuánto adquieres, cúanto comes, cuánto...
Es como si esta sociedad en la que vivo ahora quisiera olvidar para siempre los días terribles de la pobreza y la miseria, días aún cercanos, por cierto. De ahí, talvez, ese afán por llenar las barrigas y las tiendas.
Y ese espíritu compulsivo también parece contagiar a quienes vienen de lejos. Según una encuesta los extranjeros, principalmente los latinoamericanos, son unos de los nuevos protagonistas de esta orgía de la adquisición. Televisores de plasma, mp4 y móviles para sus hijos pequeños y toda una serie de artículos la mayoría de ellos, innecesarios pero que parecen "igualar" en gustos y comportamientos. Y toda esa feria cansa. Cansa la superficialidad, las luces impostadas, los abarrotamientos de la calle, las comilonas; cansa tanta fiesta, tanta superficialidad.
¡Se acabaron las fiestas! ¡qué bien! Aunque debo decir que en mi caso personal estas fiestas fueron una de las mejores que he pasado aquí. La presencia de mi hermana Lina y la posibilidad de volver a la infancia a través de nuestra memoria conjunta, los recuerdos de padre y madre, de hermanos, de música. Volvimos a recuperar las canciones que escuchábamos en navidad cuando éramos adolescentes, preparamos la comida que nos hacía madre, y debo decir, que muchas veces lloramos trayendo a la memoria esos viejos tiempos, "aquellos diciembres que nunca volverán". Así estos días se convirtieron ante todo en días de recuerdos, de intimidad, de compañía, de familia, de reflexión, de volver a las raíces, a los olores y sonidos de la infancia y la primera juventud. Se acabaron las fiestas nos quedan las palabras y la memoria que tanta falta parecen hacer hoy.
P.D: que este nuevo año sea mucho mejor en todos los sentidos para la gente que llevo en el corazón, para mis amigas que no olvido. Para las que están aquí junto al mediterráneo y para las que están al otro lado del Atlántico: Gabriela, Pilar O., Pilar L., Helena, Lucía, Claudia...
jueves, diciembre 14, 2006
Que no descanses en paz, Pinochet!
Tenía que escribirlo. Tenía que decir que experimento cierto alivio por la muerte de uno de los hombres más sanguinarios de América Latina. Lástima grande que no haya sido juzgado como se debiera cuando su cuerpo decrépito aún sentía... Es una pena que la justicia internacional fuese burlada y que la justicia de su país no hubiese sido lo suficientemente prístina y valiente para castigar a ese monstruo.
Ahora ya es tarde, el tirano es polvo. Y como no existe el infierno ese hombrecito sanguinario se fue con las manos manchadas de sangre y seguramente con un rictus de felicidad en la cara. Ahora nadie podrá encarcelarlo. Y ¿quién responderá por todos sus crímenes, por las desapariciones, las torturas... por toda la ignominia que creó? ¿Quién responderá por todo el dolor y el sufrimiento que ocasionó al pueblo de Chile? y ¿Quién responde por las víctimas de dictaduras similares y ciertas "democracias" fascistas en América y el mundo?
Ha muerto un personaje oscuro de Chile y América. Ahora sí deseo que exista aquel infierno del que me hablaba mi abuela con sus calderas al rojo vivo donde los malos pagan sus culpas eternamente y donde el diablo se ocupa en avivar el fuego para que nunca les falte el ardor en la piel.
Que no descanses en paz, Pinochet!
domingo, diciembre 10, 2006
El Consumo
Es diciembre. Desde hace varias semanas lo es, sobre todo aquí, en Barcelona. El calendario así lo refleja y las luces que estallan en la calle desde la última semana de noviembre, también, y la marabunta que dócil se apresta al derroche más placentero del año. Diciembre es la apoteosis de la sociedad de consumo.Hace dos días los periódicos regionales hacían eco del temporal que afectó este largo puente de la Inmaculada y de cómo la gente lo aprovechó para abarrotar las grandes superficies comerciales. Al mal tiempo buena compra, parece ser el lema de una gran mayoría de seres marcados por ese ímpetu casi salvaje que los lleva irremediablemente de tienda en tienda.
Ciencias como la antropología deberían ocuparse más a menudo de esa especie tan común en el primer mundo que tiene comportamientos similares y que acude en masa a desocupar sus bolsillos. Aquí va un ejercicio simple de etnografía callejera:
"Sábado 9 de diciembre. 6:00 de la tarde. Entrada del Centro Comercial La Farga, L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Hace frío. Parece que por fin, después de un otoño más caluroso de lo normal arriban los primeros vientos del invierno. Desde los bancos de la entrada del centro comercial se puede divisar la calle y el semáforo que está justo al frente, donde hay muchísima gente esperando que se ponga verde. Todas las personas que esperan de este lado de la calle llevan varias bolsas de compra identificadas con marcas populares (aquí no vemos a Valentino, ni a Carolina Herrera, ni a Chanel... esta ciudad todavía parece una urbe obrera pese a estar en las goteras de Barcelona). Se les ve felices: ríen, hablan, fuman y cuando cambia el semáforo cruzan rápidamente la calle. Las bolsas de Zara se contonean alegres como sus dueños/as. Las personas que esperan del otro lado se apresuran a cruzar la calle. Hombres y mujeres jóvenes y mayores se preparan para dar el salto a la felicidad. Entran al centro comercial dispuesto para la ceremonia del consumo: luces navideñas por doquier coronadas por un arbol gigante parpadeante, escaparates dispuestos para el ojo con maniquis espléndidos que muestran las últimas tendencias de una moda accesequible a una gran mayoría que seguramente no gana más de 100 euros al mes. Todo absolutamente todo en un sólo lugar. Y por supuesto no faltan las caras de arrobamiento. El detenerse frente al escaparate, dar un pequeño rodeo para comprobar detalles y finalmente entrar a la tienda. Mirar el género, los jerseys -ahora que llega el frío porque los de la temporada pasada ya no me van... y salir con la expresión del deber cumplido. Y desde el banco se observan los cuerpos en movimiento que se cruzan en los pasillos, sus bolsas que se tocan, los ojos que brillan. Cuerpos de hombres y mujeres que parecen interactuar en una armonía asombrosa en mismo espacio/tiempo. Aquí no hay conflicto ni diferencia. Los extranjeros se confunden con los nativos -llevan las mismas bolsas de compra-, los padres dialogan con sus hijos, los maridos con las mujeres, las mujeres con los niños, los novios se besan mientras compran, los ancianos observan desde los bancos ¿recordarán aquel tiempo no muy lejano de precariedad? Estoy segura que sí..."
Esto es diciembre en el primer mundo donde cosas tan elementales como solidaridad, compañía, familia, justicia, reponsabilidad... parecen reposar justo en el fondo de la bolsa de la compra.
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