viernes, octubre 19, 2007

William Ospina

Y después de tantos años, por fin, pude escuchar a William Ospina. Conocía su obra desde mis tiempos de estudiante universitaria y sobre todo su posición vital sobre la terrible realidad colombiana.

Y anoche estaba allí, en la mesa principal, con el gesto sereno de quien ha escudriñado en la condición humana, de quien ha re-creado un mundo a través de la palabra.

El mundo está callado esta noche,
las grandes rocas de la eternidad se yerguen entre las
estrellas,
el pensativo enjambre de los mundos pasa sobre las
ciudades dormidas,
en donde ansiosos y desnudos se desvelan los rojos
amantes.
(Fragmento del poema "Lo que piensa el viajero en un cuarto de hotel", en El país de viento, Norma, 2000)

No hace falta decir que William Ospina es una de las voces colombianas y latinoamericanas más importantes. Poeta, ensayista y novelista, deambula por los resquicios del mundo para nombrarlo, para mostrar lo que esconde las palabras o más bien para hacer de ellas un mundo. Y el maestro como su obra están a tono. Anoche en la presentación de su libro Auroras de sangre para España su mirada cálida y serena sin pretensiones dibujaban al hombre, al ser humano sensible y cercano que está más allá de los halagos, más allá de la parafernalia de los medios y los miedos.

Hiere aprisa las aguas, amigo,
de tí dependo ahora para llegar a las riberas del día.
Ya muchos meses estuviste inmóvil
bajo los pies del pájaro.
Ahora es tuya la forma de la hoja,
y el viento es más espeso y tiene peces,
y atrás la oscuridad se está llenando
de garras y de gritos y de puntas de hierro.
(Fragmento del poema "invocación sobre el Río Negro", El país del viento, Norma, 2000)

Voz de tierra, de hoja, de noche quebrada, de amaneceres rojos, de hierros que hieren las entrañas. Voz crecida como río parido por cielos desbocados. Voz que recupera voces venidas de otros tiempos: cronistas de conquistas y asombros, bandoleros abandonados a la intemperie, luchas centenarias junto al árbol: la imponente ceiba, el alegre gualanday, el triste sauce, el cantarino guadual...

sábado, octubre 13, 2007

Ángela

Angela es alta, tiene labios carnosos y un cuerpo armónico de curvas vertiginosas. Camina ritmicamente por las calles y mientras lo hace muchos ojos la miran, la recorren, la inquieren. Ella se desplaza despacio, segura, con la frente altiva. Parece no importarle que todos y todas se fijen en su figura aunque, en el fondo, le gustaría pasar desapercibida. Le encantaría poder ejercer el derecho a la indiferencia, al anonimato, a que nadie repare en ella; a ser un cuerpo más que se desplaza entre los vericuetos de la calle, del parque, de las esquinas...
Porque Ángela es como cualquiera. Trabaja, compra en el super, se pone camisetas de Zara, decora el piso con Ikea (¡la república independiente de tu casa!), y lleva a su hija al parque. Bueno, a ella también le gustan las tapas y durante el verano se sienta en una terraza de barrio y disfruta de unos chocos, unos boquerones, un cochinillo. Angela hace las mismas cosas que hacemos todos y todas. Ah, se me olvidaba decir que a Ángela también le descuentan el IRPF... bueno, trabaja y contribuye al desarrollo del país. Pero Ángela no puede, no debe, pasar desapercibida...
Ayer, Ángela, fue hasta un conocido centro comercial. Allí se encontró con unos amigos y realizó algunas compras para su hija. Después de un rato decidió volver a casa. Estaba un poco cansada, así que lo mejor era coger el metro, pensó. Angela caminaba con parsimonia; las bolsas que llevaba en la mano se balanceaban al compás de sus pasos. El viento movía con delicadeza su pelo negrísimo que horas antes la peluquera había puesto en su sitio. Ángela, estaba contenta, en casa la esperaba Mireia, su nena. ¡Seguro que le quedarían preciosos los jerseis que había comprado para ella!.
Angela llega a la estación y baja los escalones con cuidado (había llovido hace poco y estaban todavía mojados). De repente una voz altisonante la detiene.
-Quitate de aquí, negra, déjame pasar. Ángela levanta la mirada y observa a una mujer de unos 60 años, con el pelo teñido de rubio y unos ojos marrones vidriosos.
-Señora, pase usted por ahí. Dice señalándole el gran espacio que hay justo a la derecha de la mujer.
-¿No me vas a dejar pasar?
-Pero si tiene usted todo ese espacio, señora. Yo estoy bajando por la derecha, por mi derecha.
La mujer chilla y mientras lo hace un hombre que la acompaña -seguramente su marido-, se abalanza sobre el cabello de Ángela, tirándolo con fuerza.
- Por que no os marchaís a vuestro país, negra. ¡Iros todos de aquí!
Grita el hombre descompuesto mientras los demás transeúntes miran la escena, miran a Ángela como si no pasara nada.
-Vamos a llamar a la policía, negra miserable. Fuera de aquí todos vosotros. ¡No os queremos!
Ángela se defiende como puede. Mueve las bolsas alrededor suyo para protegerse y gira hacia su izquierda para soltarse de las manos del hombre que tira con fuerza su pelo (Ángela recuerda que en la mañana se ha puesto las extensiones y le han costado mucho), cuando lo hace deja el espacio a la mujer que la mira con odio mientras lanza toda clase de improperios sobre la chica.
Una vez libre de la acción de la pareja de desquiciados, Ángela acaba de bajar los escalones con rapidez. Le tiemblan las piernas y la voz. Se siente vulnerada, vejada, impotente. No acaba de entender la situación, la agresión inesperada que ha sufrido sin más. Sin buscarla. Sólo por ser. Ángela no puede evitarlo y llora. Y siente la mirada acusadora de la gente, sus ojos plenos de desdén.
Ángela llora.
Ángela quisiera caminar por las calles sin que nadie la viera, Ángela piel de azabache quisiera ser invisible, Ángela mujer quisiera ir al trabajo, al parque, al metro, al super y ser otra más... Ángela no reclama su derecho a la diferencia, Ángela reclama su derecho a la Indiferencia, su derecho a Ser, su derecho a Estar.
.....................
(Ángela existe -me ha contado su caso-. Pero Ángela, además, metaforiza a los advenedizos, a los extranjeros "exóticos", a los "inmigrantes" de segunda, a aquellos que venimos de los países del sur: maltratados, explotados, vulnerados, saqueados... Ángela mujer negra africana... ¡cuatro veces discriminada!)

jueves, octubre 11, 2007

Octubre: pueblo, calle, grito, resistencia...

Llegó el momento de alzar el grito
y las manos
y los sueños
y la esperanza rota en el invierno
escarlata...
Llegó octubre
con los pies macerados
que claman la derrota del tirano:
pájaro nocturno,
canto de motosierras,
árbol de hojas rojas,
paisaje de zumbidos metálicos,
casas abandonadas en la aurora
de un siglo eterno...

(A todos y todas los que luchan, creen, sueñan, bailan, vibran, aman, resisten... A todas y todas los que se toman las calles para afianzar la vida)

domingo, octubre 07, 2007

Celebración

Quiero agradecer a todas las personas que durante estos dos años han navegado por este blog. Ya son más de 3000 visitas, cifra ínfima si se compara, por ejemplo, con un blog recientemente restringido (http://www.escepticismocriminologico.blogspot.com/) que en el lapso de un mes tenía más de 400.00. Pero la verdad no me importa. En este caso me gusta más la calidad que la cantidad.

Sé que esta ventana tiene seres cautivos que siempre se asoman a ella desde los lugares más lejanos pero también de los más cercanos. Para vosotros sigo escribiendo estas minucias que encierran la vida cotidiana de aquí y de allá, del recuerdo y la calle, del amanecer y la noche, de la distancia y el tiempo.

Y quiero celebrarlo con un poema de Emily Dickinson, poeta de sensibilidad plena y lenguaje nítido como un cielo después de la lluvia.

327

También a mí, cuando tenía ojos,
me gustaba ver
como a otras criaturas que los tienen
y no conocen otro modo.
Pero si ahora me dijeran
que va a ser mío el cielo,
me estallaría el corazón
de puro gozo.

Míos los prados
y las montañas mías,
los bosques, las estrella incontables,
todo lo que pudiera tomar de mediodía
en mis ojos estrechos.

El vuelo de los pájaros, la ruta
ámbar de la mañana, todo
para mirarlo cuando quisiera:
esa nueva me mataría.

Es más seguro, pues, que la mente adivine,
junto al cristal de la ventana,
lo que otros seres tocan con los ojos
sin advertir el sol.


Tomado de: Emily Dickinson, En mi flor me he escondido. Versiones de José Manuel Arango, Integraf editores, Medellín, 1994.

miércoles, octubre 03, 2007

Un debate anti-monárquico

No cabe duda que los últimos acontecimientos en Catalunya reflejan algo más que una gamberrada (como lo quieren hacer creer muchos). Son la expresión de un malestar que ya se empieza a notar en algunos segmentos de la sociedad española. Malestar que se ve agravado por las medidas extremistas que desde algunas esferas del Estado se quieren aplicar a quienes se manifiestan en las calles.
Y sorprende leer en los periódicos que a quienes hayan quemado fotos de su eternísima majestad les pueden caer hasta tres años de prisión. Por favor. ¿Estamos hablando de un país "terecermundista", quizá de aquel que refleja García Márquez en el Otoño del Patriarca? No. Estamos hablando de la milagrosa España, aquella que promueve y respeta el ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, con medidas como las anteriores se está vulnerando uno de los derechos humanos fundamentales que más se proclama en la "civilizada" europa occidental: la libertad de expresión. Sin entrar a debatir el anacronismo de la monarquía y el parasitismo que ello implica, el hecho per se lleva a cuestionarse muchas cosas. El debate ya está en la calle...

jueves, septiembre 20, 2007

Poema desde Grecia

Y mi amiga me escribe desde el Olimpo donde los dioses reposan de su última fiesta:

Ayer, la luna, rodaja de mango
fue engullida por el Mar Egeo.


Gracias, Pili, por hacerme partícipe de la magia...

miércoles, septiembre 12, 2007

Miércoles de Tango


Nostalgias de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración
angustia de sentirme abandonado y pensar que otro a su lado
pronto, pronto le hablará de amor.
Hermano yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir
desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud...
(Fragmento de Nostalgias, interpretada por Carlos Gardel)


Mientras escribo una ponencia para presentar en unas jornadas de antropología que se llevarán a cabo en Bilbao, las notas de ese hermoso tango se cuelan en las palabras y no puedo continuar. ¿Cómo hacerlo con la voz de Gardel penetrando el alma sin más? ¿Cómo obviar la nostalgia que a veces embarga de manera tan rotunda que casi no deja respirar?

El tango me recuerda a mi padre y su radio rojo las madrugadas de los domingos. Entonces era una niña que corría por el campo y subía a los árboles. Y la casa se llenaba con las notas que hablaban del arrabal, del mundo "fue y será una porquería", de las madreselvas en flor, de volver con la frente marchita.

En mi primera juventud me molestaba esa música mañanera después de una noche de rumba y discoteca. Entonces pensaba que Padre siempre ponía tangos para fastidiar (ya me gustaban algunos pero me apasioné por el bolero).

Ahora, después de partidas y encuentros, el tango ha vuelto con toda su fuerza y se constituye en parte fundamental de mi vida. Es un espacio más allá del recuerdo, el olvido, la distancia, el desamor: es el espacio del ser. Y ahora entiendo a Padre y coincido con él en la distancia y lo siento cerca cuando escucho algo como esto:

Yo adivino el parpadeo de las luces
que a lo lejos van marcando mi retorno
son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor
y aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer amor...

Volver con la frente marchita
las nieves del tiempo platearon mi sien
sentir que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada errante en la sombra
te busca y te nombra...
(Fragmento de Volver interpretado por Carlos Gardel)

El tiempo que pasa con crueldad, la partida que nos aleja pero que siempre promete el regreso, los amores difíciles que como una espina sangrante se quedan en el corazón, la nostalgia profunda que embarga el alma y que parece aprisionarnos sin remedio, la vida palpitando en cada gesto, cada palabra, cada acción; y la pasión nítida, plena, lascerante que nos lleva por senderos dísimiles a veces dando tumbos con heridas hasta el fin, y a veces ebrios de momentos brillantes en los cuales la armonía es posible... Eso es el tango y mucho más, como un vino rojo este miércoles de septiembre. ¡Va por tí, Padre!
Foto: Alirio, mi viejo.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...