viernes, octubre 17, 2008

Vidas cruzadas

A veces, por esas cosas que sólo pueden ocurrirnos en el amplio espectro de la calle, sucede que coincidimos con otras y otros en el mismo espacio tiempo de manera reiterada. Son esas situaciones azarosas que hacen que identifiquemos a los demás más allá de lo categorial para entrar en el terreno de un cierto reconocimiento visual, que aunque en primera medida parece ignorado por ambas partes implica un silencioso distinguimiento mutuo. Eso es exactamente lo que me ha sucedido en estos días en que por cuestiones laborales tengo que coger el metro y el tren de cercanías.
El primer caso es el de un hombre de mediana edad con el que coincido en la estación de metro cerca de casa. Me fijé en él por su apariencia de caricatura y porque siempre lleva puestos los audífonos a un volumen altísimo. Es de baja estatura, tiene el cabello largo y un poco rizado que a veces suele peinar en una desvencijada cola de caballo. También usa gafas y el otro día me fijé en sus uñas: las tiene sucias y desarregladas. Hemos coincidido muchas veces durante este mes. Es como si nos conociéramos. Así me he dado cuenta que justo cuando yo bajo a la estación del metro el ya está ahí con su mirada de pájaro. Casi siempre nos subimos al mismo vagón porque nos quedamos en la misma estación pero mientras él sale a la calle yo tomo el enlace que me lleva a mi lugar de trabajo; entonces el hombre detiene su marcha un momento para ver cómo yo paso la máquina registradora y me encamino a la vía del tren. En uno de esos encuentros azarosos dentro del vagón quedamos frente a frente y le miré directamente a los ojos como diciendo ¿Te conozco de algo?
El otro caso es el de una mujer de edad indeterminada. Es alta, tiene el pelo ondulado entre castaño y rubio y una piel de porcelana. Con ella coincido en el vagón del metro y después en el trayecto que hacemos para coger el ferrocarril y también dentro de éste. La última vez que coincidimos fue ayer: llevaba unas faldas largas negras y una blusa estampada con flores de un rosa pálido. Ya no leía "Los hijos de Lázaro" de Robert Mawson sino una revista que tenía doblada por la página 45. Me pareció una publicación científica, exactamente de geología. Aunque parezca tonto me habría decepcionado ver a esta mujer leyendo una de esas revistas del corazón. En efecto, en estos encuentros nó sólo me he hecho una imagen de ella sino que hasta podría adivinar su profesión no sólo por el tipo de lectura sino por un cierto aire de seguridad y displicencia que la acompaña.
Pues bien: el hombre, la mujer y yo hemos coincidido varias veces en el mismo vagón del metro. Uno al lado de las otras: la mujer absorta, aparentemente, en el texto; el hombre absorto, aparentemente, en mi presencia y yo absorta en mis observaciones y cavilaciones con respecto al uno y a la otra y deteniéndome en los detalles del entorno: un hombre duerme con la boca abierta, una pareja de jóvenes se besa con pasión, un hombre mayor habla por el móvil, dos chicas rien y hablan de salir el sábado de copas... No sé si el hombre y la mujer se han dado cuenta de estos encuentros azarosos. Al primero lo veo muy elemental pero seguro que la mujer no sólo lee las palabras sino también las imágenes, como yo. Pues bien, hoy no he visto ni al uno ni a la otra y he extrañado sus presencias anónimas en esta cotidianidad donde en un breve espacio/tiempo nuestras vidas se cruzan...

miércoles, octubre 08, 2008

María

María

Una mujer moldea figuras de arcilla
Para no repetir la historia
de siempre,
servidumbre cotidiana de los vencidos.
Sus manos buscan hendiduras
promontorios
ángulos
matices.

Repasa la historia de las horas:
la abuela de ojos verdes
sentada en el marco de la puerta
con sus tres hombres
y su risa siempre inocente;
la madre de mirada triste
agotada por un destino circular

de agua y de lentejas;
la hermana de padre perdida
en los recovecos de la vida
(su hija la busca con un hombre mayor
y su coche de muchos ceros a la derecha,
jura no repetir su historia);
La bisabuela fue bella y contundente
y no tuvo libertad
(cuando tenía 13 años la casaron con un
hombre de cabeza blanca y cinco hijos
que la ataba a la cama para que no se
escapara)
y murió de olvido en un geriátrico;
la amiga de libros y tertulias
vivió su propia noche atosigada por un
amor patológico de golpes y besos
y palabras como cuchillos.
Y así se repite el ciclo:
calladas y mustias
entre la rutina y el deber
entre la invisibilidad y la
muerte.

Una mujer moldea figuras

de arcilla
para no repetir la historia de
siempre.

Barcelona, noviembre de 2007
..............
María se bebe las calles es una bellísima canción interpretada por Pasión Vega, que se puede ver en Youtube y que habla justo de todas esas mujeres que un día despiertan y se dan cuenta de que otra vida es posible.


sábado, octubre 04, 2008

Samarkanda y poemas de Ó

Samarkanda es un lugar maravilloso donde es posible la armonía. Allí todo es antiguo y nuevo. Horizonte azul y cumbre vestida de primavera. Lugar de palabras y música y aromas. En ese espacio abierto y pleno habita Ó. Poetisa del silencio y la brevedad (Oriente y la luna perfilan su canto). Aquí van dos poemas de Ó que me han conmovido. Podéis verlos también en http://www.queeslavidaunailusion.blogspot.com/

Quidam

Un guerrero olmeca
reposa su cansancio de siglos
en el metro de Barcelona.

Ó

Adiós Nonnino

LLora, Ahmed el egipcio:
la música del bandoneón
empapó su hígado de nostalgia
por una ciudad que no conoce.

Ó

lunes, septiembre 29, 2008

Nostalgias

Un tango como la vida misma con sabor a Andrés Calamaro y que a mi me encanta. Sentimiento, emoción, pasión, saudade todo junto en una canción que llega siempre a lo más profundo. Una preciosa versión que está en Youtube y que ahora comparto con vosotras/os. También os presento la versión original con la música de Juan Carlos Cobián y letra de Enríque Cadícamo, que podréis escuchar en:

http://dev.todotango.com/spanish/las_obras/letra.aspx?idletra=30

Y esta es la letra completa:

Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas...
Si su amor fue "flor de un día"
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.
Nostalgiasde escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...

¡ Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez...
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar"
por los fracasos del amor"...

miércoles, septiembre 24, 2008

Ayer

Ahora, volviendo sobre los recuerdos, descubro un poema publicado en el libro Duermevela. Amores, símbolos y muerte (Samán Editores, Neiva, 1997). Es un texto de aquellos que se escriben en esos momentos mágicos en que todo suele parecer más bello. Eran los comienzos de 1995, acaba de llegar de mi prime viaje a la Habana y el mundo parecía transparente y lleno de promesas.
Ayer
Mordí el sabor de tus besos
en copas de ocho velas
ardiendo la oscuridad de los caminos.
¡Cómo trazaban los senderos!
¡Cómo sucumbían al destello!
Líquido rugiente de tus manos,
plena luna de alquimia,
de hechizo de labios,
de latidos reventados con la vida,
de gemidos arrancados de un soplo,
de gigantes mordiendo las entrañas.
¡Cómo bebí tu piel de musgo maduro!
¡Cómo vislumbré la sed adivinada desde siempre!
¡Cómo vibró esta magia de latidos y palabras y sentidos!
...
(Se nota que cuando escribí este poema tenía 13 años menos. Me ruborizo no tanto por el sentimiento sino por la forma, por el acabado de las palabras. Me avergüenzo pero, ya lo véis, no me importa)

martes, septiembre 23, 2008

El mal

Hoy, no sé porqué motivo, desperté pensando en uno de los poemas de Rimbaud. ¿Será porque ya es otoño y llueve y hay guerras y hambre e injusticias y desequilibrios y contaminación y mentira y muertes impunes y dioses opacos y ... ¿Será? ¿Tendrá razón Enrique Santos Discepolo y su tango Cambalache: "Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé..."? Bueno, aquí van estos versos de Rimbaud:


El mal

Mientras los escupitajos rojos de la metralla
silban todo el día en el infinito del cielo azul;
mientras escarlatas o verdes, junto al rey burlón
se desploman en masa los batallones bajo el fuego;

Mientras una espantosa locura machaca
y hace de cien millares de hombres una pila humeante
-¡Pobres muertos!-, en el verano, en la hierba, en tu alegría,
¡Oh, naturaleza!, tú que hiciste estos hombres
santamente!-,

hay un Dios que se ríe de las telas adamascadas
de los altares, de los inciensos, de los grandes cálices de oro;
un Dios que con el balanceo de las hosannas se duerme

y sólo se despierta cuando algunas madres, recogidas
en su angustia y llorando bajo su vieja toca negra,
le dan una perra gorda liada en su pañuelo.

domingo, septiembre 21, 2008

Último día de verano

Hoy domingo 21 de septiembre es, astronómicamente, el último día de verano. El cielo ceniza sobre los tejados y la línea borrada del mar así lo confirman. Se acaba el calor y con él las piel desnuda, las terrazas de los bares abarrotadas, el murmullo de gente en la calle en la última hora de la tarde. Se acaban los días interminables en que todo parecía posible... Pero también se acaban las noches insoportables con la humedad en el cuerpo y la canícula del medio día que nos condena a quedarnos en casa o bajo una sombra protectora. Y me gusta que se termine el verano porque empieza un ciclo nuevo con su cielo y sus colores intensos. Es como regresar a la tranquilidad de las horas. A los tiempos lentos de la lectura, a los paseos tranquilos por los parques y las calles, a las confidencias de las palabras, al hechizo de la noche que se hace más larga y misteriosa. El otoño es una manta caliente y un café y un poema de Vallejo. Otoño es la complicidad con las cosas esenciales. Me gusta el otoño aunque a veces escriba cosas como éstas:

OTOÑO

Murmullo de hojas
secas
y pájaros enlutados
en un fondo siempre azul.
Luz blanca y negra
en su concha de plata,
leve presagio de la muerte
callada.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...