miércoles, mayo 13, 2009

Totó, la primera novela de Magdalena González Acuña

El pasado miércoles 6 de mayo estuve en la presentación del libro Totó de Magdalena González Acuña. A Madi, como le decimos en confianza quienes somos sus amigas y amigos, la conocí hace ya varios años. Con ella tuvimos la fortuna de viajar a Castilla y León, en la Semana Santa de 2005. Recorrimos Valladolid y luego fuimos hasta el pueblo Villaco de Esgueva, un bello caserío en donde sobresale la iglesia parroquial de San Sebastián, un edificio gótico de piedra construido en el siglo XVI. Allí Madi tiene una preciosa casa de madera desde la que se divisan los llanos cultivados de cereales, las bodegas de vino enclavadas en las rocas. Pues bien, además de compartir con ella y su familia unos días espléndidos (inolvidable aquel cordero lechal y las salidas a Peñafiel), tuvimos la oportunidad de conocer una bella tierra que ya desde mis épocas de colegio avizoraba, alentada por aquellos Campos de Castilla a los que tan bien cantó Machado.
Lo anterior me permite hablar un poco de Magdalena, de sus orígenes, y de la agradable sorpresa que nos dio a quienes no sabíamos de su seria dedicación a las letras. Con la publicación de este su primer libro ella no empieza un recorrido, como nos lo recordó en la presentación, sino que materializa todo un proceso que comenzó hace varios años. Así pues, leeremos con mucha atención esta novela con las claves que su autora nos brindó en la presentación pero, sobre todo, con el deseo de encontrar, porqué no, un nuevo aire en las letras españolas.
Enhorabuena a Magdalena por su primer retoño literario. Quienes nos dedicamos a este inútil oficio sabemos cuán difícil es escribir cuando se tiene que sobrevivir y si además eres mujer la cosa se complica. Ser mujer, tener hijos, trabajar fuera y dentro de casa y dedicarse a las letras o la academia es casi imposible, especialmente cuando no se tiene asegurada del todo la existencia material o cuando no se posee dinero suficiente para pagar, casi siempre a otra mujer, para que haga esos oficios domésticos tan absorbentes y tan desagradecidos. Ello explica porqué tantas féminas han renunciado a esa “condición”. Y por eso mismo es más loable el trabajo de Madi: escribe los fines de semana. Yo me levanto a las cinco de la mañana para poder escribir unas cuantas líneas. Situación muy distinta a la de un gran amigo mío que puede dedicar seis o más horas al día para escribir sin ningún tipo de interrupción. Su única preocupación es publicar un libro cada año, dar conferencias por el mundo y disfrutar de sus triunfos: posee una espléndida mujer que se encarga de esos detalles tan pesados de la vida cotidiana.
Reivindicaciones aparte, es una alegría para mí hablar de Madi y de su libro que ya se puede conseguir en las librerías de Barcelona y también en la Web.
.........
Foto 1: Magdalena Alvarez en la presentación del libro.
Foto 2: portada de la novela Totó, Magdalena González Acuña, Ediciones Atlantis, Madrid, 2009. (Fotos realizadas por Juan Carlos Ruiz Vásquez).

lunes, mayo 11, 2009

Poema de Walt Whitman

Momentos elementales

Momentos elementales -cuando me sorprendéis-
¡oh, ahora estáis aquí!
Sólo os pido los goces de la lascivia,
El chorro de mi pasión, la vida exhuberante y grosera,
Hoy iré en busca de los hijos predilectos de la
naturaleza y esta noche también,
Yo soy de los que creen en goces carnales, comparto
las orgías de los muchachos a medianoche,
Bailo con los que bailan y bebo con los que beben,
Resuena el eco de nuestros gritos indecentes, elijo para
amigo preferido la persona la persona más baja,
Será rebelde, ruido, iletrado, será uno que los otros
condenan por sus delitos,
No seguiré representando, ¿por qué habré de renunciar
a mis compañeros?
¡Ah, gente a la que todos rehúyen, yo al menos no
huyo de vosotros,
Me mezclo con vosotros, seré vuestro poeta,
Será más para vosotros que para nadie!
......

Walt Whitman, Hojas de Hierba, traducción de Jorge Luís Borges, Lumen, Buenos Aires, 1969, pág. 138

viernes, mayo 08, 2009

Amanecer

A veces tenemos la fortuna de contemplar alguna de esas maravillas fugaces, breves destellos de belleza que aparecen y desaparecen como por arte de magia. Cosas sencillas que están ahí, al alcance de nuestros ojos. Como este amanecer deshilachado que me sorprendió mientras inútilmente me peleaba con las palabras. Amanecer que refleja un raro contraste: lo urbano bajo el influjo de una belleza sin artificios y sin concesiones.

lunes, mayo 04, 2009

Caminos en suspenso

VI

No eres tú
aquel de la sombra sobre el muro,
el huido,
el desplazado del viento,
el que un sábado sin nombre
cabalgó el cadáver triste
del horizonte
y encontró una tierra
de estíos perpetuos.
El que cada noche
cena sin lumbre
y ve las risas de los hijos reflejadas
en su cara
y una brizna de luz
que impávida se filtra por la ventana
pese al polvo y a las botas de los golpes
secos.
No eres tú
el nacido en la mar
Poseidón de las rocas
y las algas,
el forjador de utopías con los dedos,
el constructor de casas a prueba
de silencios,
el bucanero de paisajes áridos
y su turbante de acero,
el habitante de los bancos abandonados
de los parques
con sus palomas y sus perros felices.

No, no eres tú
el paseante de calles solitarias
cuya canción quiebra las aceras
y los cuerpos ajenos.
-No has venido hasta aquí
para abrir los ojos
de los huérfanos
ni de los que buscan el agua debajo de
las piedras-.
No hay voces que te nombren
figura sin sombra
y sin palabras.

......

Martha Cecilia Cedeño Pérez. Del libro "Poemas en suspenso con un lamento", premiado en el III Concurso Internacional de Poesía Traspasando Fronteras, Laboratorio de Antropología Social y Cultural, Universidad de Almería, Almería, España, Marzo de 2009.

viernes, mayo 01, 2009

La carne y el miedo

La mujer se dirige al carnicero y pide que le ponga unos filetes de ternera. Tiene la voz recia y firme pese a los años que se marcan en las hondas depresiones de su rostro. Huellas que dibujan un ayer de miserias, guerras e incertidumbres. "La quiero tierna para hacerla a la plancha". "Esta que usted ve ahí, es la mejor" le contesta el hombre con una voz seca y cortante que recuerda los aires porteños. "Bueno, pues pónme de esa". El hombre agarra con diligencia el trozo de carne y lo coloca sobre una tabla de madera. Luego pone el cuchillo brillante y de hoja ancha sobre ella y hace el gesto de empezar a cortar como adivinando el grosor que le vendría bien a la mujer. Pero antes de decidirse del todo pregunta con una voz mecánica y plana "¿Así está bien o la quiere más fina? "Así está bien. A mi me gusta más el cerdo pero ahora con lo de la gripe porcina pues compro ternera. Y cuando había lo de las vacas locas compraba cerdo. Con tantas pestes y virus no se a dónde iremos a parar. Antes no había nada porque tampoco había nada qué comer". El hombre de vez en cuando la mira sin emoción como si no hablase con él, como si las palabras de la mujer fueran ecos lejanos que nada tuviesen que ver con su realidad, con su presente, con su mundo de exilios. Sin embargo, cuando ella termina de hablar, en la carnicería se levanta un coro de voces. "Si es cierto, esa gripe porcina es terrible" "Mi hija llegó hace 15 días de México y está encerrada en la casa aunque ya le han hecho pruebas y no tiene nada" "Pues tendremos que usar también mascarillas" "Todo esto es un invento para que no comamos cerdo" "La culpa la tienen los gobiernos debieran prohibir la entrada de todos los inmigrantes para que no traigan enfermedades" "Ya no podemos estar tranquilos" "Aquí ya hay varios casos y uno de ellos no estuvo en México..."

domingo, abril 26, 2009

Pelotas o el canto a las minucias cotidianas

Soy poco seguidora de los programas de televisión en general excepto de según qué telediario, película o documental interesante que, a veces, por una especie de milagro suelen presentar en alguna cadena, eso sí en los horarios más imposibles. Sin embargo, desde hace algunos días, estoy “enganchada” a una serie que me parece espléndida: Pelotas. Y lo estoy no sólo porque de alguna manera percibo su génesis (era aquella película que según mi hija estaban filmando en su colegio y los alrededores que supuestamente se llamaba Las pelotas y sobre la que hice una entrada en este blog hace algún tiempo) puesto que se ha grabado en la ciudad en que resido, en mi barrio, en aquellos lugares que frecuento a diario y a los que conozco por sus formas, sus olores, sus atmósferas, sino porque trata justamente de la vida cotidiana, casi intrascendente desde ópticas mayores, de seres vulgares (comunes y corrientes) en su trajinar diario.
Hombres y mujeres de a pie en una ciudad y un sector idem: periférico, intenso, múltiple. Y justo por ello, esos personajes son también como la urbe donde se mueven: intensos, vitales, contradictorios. Son esos vecinos y vecinas con las que me cruzo en la calle, en el bar, en la panadería, en el parque, en las terrazas donde disfrutan de una caña y unas tapas motivo suficiente para recomponer el mundo mientras se habla de las peripecias de los equipos de fútbol, de los amores difíciles, del tiempo, de las repeticiones y minucias de una vida cotidiana sin aspavientos. Y todo ello matizado por un humor fluido y limpio que nos muestra que la realidad por más prosaica o cruel o desesperanzadora que sea, tiene intersticios en los que es posible la risa, la burla, el sarcasmo como elemento transgresor y al tiempo, recuperador de esas existencias que de otro modo perecerían en el círculo anodino de lo común.
Pelotas es, de otra parte, la prueba de que se pueden hacer buenas producciones sin acudir a grandes presupuestos ni a grandes temáticas que de ninguna manera aseguran la calidad. Y no podía ser de otro modo si tenemos en cuenta que los realizadores son justamente José Corbacho y Juan Cruz, los mismos de la película Tapas ganadora de un Goya a la mejor dirección novel . De hecho, me parece que la esencia de lo que se plantea en este filme es lo que se desarrolla en Pelotas no sólo por mostrar la vida cotidiana de seres inmersos en un sector barrial cualquiera sino por abordar las miserias, victorias, incertidumbres, derrotas cotidianas de seres vulgares en un entorno urbano obrero, precario y periférico. Pero más allá de eso lo que se evidencia en esta serie es la capacidad de volver la mirada hacia esas historias mínimas y, en apariencia, intrascendentales que reflejan la condición humana en su sentido más pleno.

martes, abril 21, 2009

Poema de José Agustín Goytisolo

El aire huele a humo
A Gabriel Celaya y a Amparo Gastón,
Que tanto le quiso y le quiere todavía.

¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?


¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?

¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?

¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?

¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?

¿Qué hacer? ¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.

José Agustín Goytisolo (1928-1999)

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...