"La vida a través de los ojos de la infancia" así se titula mi columna de esta semana y versa sobre una bella experiencia: la Escuela Audiovisual Infantil, de Belén de los Andaquíes, Caquetá, Colombia. Podéis leerla aquí:
http://www.ellider.com.co/?p=1465
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
sábado, octubre 23, 2010
lunes, octubre 18, 2010
Dulce de higos
El final...
Un día espléndido. Una compañía excelente (mi entrañable amiga Isabel). Y un árbol a orillas del río Llobregat. Lo demás es un dulce de higos hecho a fuego lento y aliñado con canela, piel de limón y panela. Aromas y colores de infancia y tiempos en los que los días eran eternos y siempre transparentes. Como ayer domingo. Una larga jornada con un cielo límpido pese a las aguas marrones, a los aviones pendencieros, al paisaje gris que se levanta sobre el río como una maldición. Un día espléndido pese a todo (o quizá por ello).
El comienzo...
Fotos (Martha Cecilia Cedeño e Isabel Gómez)
domingo, octubre 17, 2010
viernes, octubre 15, 2010
Dos mecheros por un euro
La mujer arrastra los pies y las palabras. Tiene el pelo largo y su piel luce una tersura inédita. Camina despacio. Abre la boca. Dos mecheros por un euro. Gime. Pasa por mi lado. Yo no fumo, pienso. El metro es una trampa en la que conviven cuerpos extraños. Olores a pies, sobacos y genitales sucios. Alientos de ajo y vino trasnochado. Miradas huidizas y secas. Pienso en la clase de cámara. Mi ejercicio fue el peor. Una luna perdida tras un zum tembloroso. Risas. A mi no me importa. ¡Qué calor! El metro apesta. Dos mecheros por un euro. Es la misma mujer del otro día; entonces llevaba una falda larga y unos zapatos abiertos. No tenía la cara de limosnera que luce hoy ¿De dónde será? Imagino que de Europa del Este. Una exhabitante de un lejano paraíso social. Recuerdos de otra historia. Víctima de nuevas historias. Dos mecheros por un euro. Tuviste dificultades técnicas para plasmar tu idea, me dice el profesor. El metro para, el olor no se aleja. Penetra los tejidos de este viernes de calles ajenas. No dejo que me joda esta noche caústica. Hoy no he leído los ensayos de la Media Luna, ayer terminé de ler el último texto. Habla de mí. Dos mecheros por un euro. Yo no fumo. Las palabras existen como el libro de los adioses. Can Serra. El metro se detiene. Se aleja. Veo un monstruo metálico cubierto de mierda.
miércoles, octubre 13, 2010
La Plegaria del Alba
Hace milagros este amanecer. Inscribe su página de luz en el cuaderno oscuro de la noche. Anula nuestra desesperanza, nos absuelve de nuestra locura, comprueba que el mundo no se disolvió en las tinieblas como hemos temido a partir de aquella tarde en que, desde la caverna de la prehistoria, observamos por vez primera el crepúsculo. Ayer no resucita. Lo que hay atrás no cuenta. Lo que vivimos ya no está. El amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida. Lo único de verdad nuestro es el día que comienza.
José Emilio Pacheco
...
Gracias W.F por este envío...
martes, octubre 12, 2010
Parque Arqueológico de San Agustín: Huellas mágicas de un pasado histórico-natural , II
Huellas y significados
No obstante los distintos estudios que se han elaborado en torno a San Agustín, aún persisten muchos interrogantes. Se desconoce, por ejemplo, el inicio del poblamiento de las tierras del sur del Huila, las evidencias del mito de creación de la gente que dio origen a esa cultura y las causas de su desaparición muchos siglos después. Aunque se sabe que los primeros pobladores habitaron las tierras húmedas y que allí construyeron sus viviendas, cultivaron la tierra, moldearon el barro y enterraron a sus muertos. También que cientos de años más tarde, los seres míticos fueron tallados en piedra y los jefes espirituales se convirtieron en poderosos chamanes de “cuyos conocimientos dependió el equilibrio entre las fuerzas del caos y la armonía; entre la vida y la muerte” (Llanos, 1994), que enterraban a sus muertos de acuerdo al linaje de los mismos y por último que, para elaborar su obra artística y arquitectónica fundamental debieron poseer avanzados conocimientos matemáticos.

Gracias a las distintas investigaciones realizadas sabemos que el pensamiento de la cultura de San Agustín fue cosmológico. Por ello, la arquitectura del espacio funébrico, las tumbas, por ejemplo, no es una negación de la vida sino una exaltación de la misma en “un espacio objetivamente distinguible como destinado al enterramiento de los muertos se encuentra el más grande acto de apropiación de la vida” (Velandia, 1996). Además todas las imágenes que se encuentran plasmadas en cada una de las esculturas tienen que ver con ese aliento vital: úteros, falos erectos, flores, mujeres en gestación, representaciones solares, partos, coitos y animales como serpientes, ranas, lagartos, jaguares, cocodrilos, monos y pájaros.

Gracias a las distintas investigaciones realizadas sabemos que el pensamiento de la cultura de San Agustín fue cosmológico. Por ello, la arquitectura del espacio funébrico, las tumbas, por ejemplo, no es una negación de la vida sino una exaltación de la misma en “un espacio objetivamente distinguible como destinado al enterramiento de los muertos se encuentra el más grande acto de apropiación de la vida” (Velandia, 1996). Además todas las imágenes que se encuentran plasmadas en cada una de las esculturas tienen que ver con ese aliento vital: úteros, falos erectos, flores, mujeres en gestación, representaciones solares, partos, coitos y animales como serpientes, ranas, lagartos, jaguares, cocodrilos, monos y pájaros.
En los vestigios agustinianos lo que podemos explorar son las huellas de una cultura que vivía en armonía con el cosmos; por ello las representaciones escultórica de alta calidad siempre remiten a la integración de los astros, los animales, vegetales, personas y demás seres de la naturaleza en un todo armónico a través del cual se percibe la realidad como un conjunto de símbolos y significados.
En el pensamiento mítico los animales son seres que actúan como los hombres, con sus fuerzas naturales que expresan el erotismo y la muerte (Llanos, 1994). Es entonces Eros y Thanatos las dos corrientes que desde siempre trazan la existencia de los seres humanos. Por eso el artes escultórico lítico –tallado en piedra- es plenamente metafórico, lenguaje figurado que señala rutas hacia la comprensión de la existencia misma. De ahí que se diga, por ejemplo, que las distintas representaciones agustinianas sean intentos de comprender y explicar la realidad para poder actual sobre ella (Velandia, 1994).
Desde ese punto de vista cada una de las esculturas tiene un sentido especial y se agrupan en determinados conjuntos para representar los elementos cotidianos de la naturaleza en esa misma relación de integración de la que se habló atrás. El hombre, la mujer, el jaguar y el mono, corresponden a un primer grupo que está relacionado con la caza, la vivienda y la agricultura, fenómenos que se dan en la tierra; el caimán, la iguana o lagartos y la rana tienen que ver con el agua, al igual que la anaconda o boa, las serpientes y los peces, ambos grupos remiten a la pesca, la fertilidad, las canoas y todas las acciones relacionadas con los ríos y las lagunas.
En términos generales, lo que podemos encontrar en los hermosos vestigios y estatuas de piedra es la vida palpitante en donde habita el trueno, el relámpago y la lluvia; los animales de la tierra y el cielo; los hombres y mujeres con su poder y fertilidad; el día y la noche; los puntos cardinales con su sol y su luna. Todos los elementos naturales integrados a la esencia del ser humano, indicadores de la raíz profunda de una cultura pensada desde la naturaleza.
Lugares y recorridos
Recorrer cada uno de los espacios de esta cultura es aproximarnos a otra manera de percibir la vida y la naturaleza. Cuando visitamos el área donde se localizan los principales sitios arqueológicos y el Museo, podemos admirar el Bosque de las Estatuas con su naturaleza exuberante y 35 exculturas de motivos diversos que remiten a la vida, los animales, la fertilidad. Luego, por ese mismo sendero nos encontramos frente a frente con las Mesitas A, B, C y D, que son montículos artificiales con tumbas y numerosas estatuas de inigualable belleza. En las dos primeras, según los expertos, se hicieron obras monumentales de arquitectura e ingeniería diseñadas especialmente para que fuera la morada de los espíritus de los poderosos chamanes y sus familias.
La Fuente Ceremonial de Lavapatas es espacio sagrado de adoración y culto donde se realizaban baños rituales y ceremonias asociadas a los mitos de purificación de la tierra. En ese lugar se puede percibir la cuidadosa elaboració de canales y piletas adornadas con representaciones antropomorfas de serpientes, lagartos, salamandras, esculpidas en el lecho de la quebrada; una prueba más de la relación estrecha entre los seres de la naturaleza y sus componentes.
Para completar este primer recorrido encontramos el Alto de Lavapatas, lugar afortunado desde donde se divisa la exuberancia del macizo pintado con los verdes más intensos; allí reposan los vestigios más antiguos entre los que sobresale una imponente estatua con el tema del Doble Yo, avizorando el día y la noche, el bien y el mal, la vida y la muerte.

Ahora bien, éste es sólo un trayecto inicial que se puede realizar caminando entre magníficos árboles y en compañía de aromas a resinas y flores y bajo el influjo del aire transparente que abriga los cuerpos y los espíritus. Allí no sólo se puede admirar la majestuosidad de los vestigios, de cada una de las tumbas y estatuas, sino también la imponencia del paisaje, matizado de olores y formas, de presencias mágicas en donde se puede apreciar la fuerza de la naturaleza, la energía de esas huellas que han trascendido el pasado y el presente.
Ahora bien, San Agustín no es sólo ese espacio descrito anteriormente que se puede recorrer en una apacible mañana. Hacen parte de este patrimonio arqueológico lugares como La Chaquira, figuras talladas en la roca con los brazos y los pies hacia los lados como señalando los puntos cardinales. Esta imagen corresponde a la representación de un chamán asociada a un felino y simboliza el poder de la sabiduría de los chamanes y una revelación cósmica que alude al nacimiento y ocultamiento del sol, a los ciclos de la naturaleza y su influencia en los fenómenos cotidianos.


El Tablón, La Pelota y El Purutal, son otros lugares que guardan los secretos de la cultura agustiniana. Allí también se puede apreciar magníficas estatuas que remiten a distintos orígenes, entre las cuales sobresale una hermosa figura femenina y las esculturas de los chamanes que aún conservan sus colores.


Al otro lado del río Magdalena, en el municipio de Isnos, se encuentra el Alto de los Ídolos y el Alto de las Piedras. El primero está constituido por montículos sobre los cuales fueron colocadas estatuas monolíticas con rasgos femeninos. Se cree que se trata de una necrópolis en que fueron enterrados de manera sucesiva, jefes con poderes chamánicos de un mismo Linaje (Llanos, 1994). El segundo, es otro de los recorridos necesarios que se deben realizar para conocer la profunda sacralización de la naturaleza que profesaba la cultura agustiniana. Allí se combina el misterio de los vestigios con el imponente saldo de Bordones que se despeña majestuoso entre rocas escarpadas y neblinas tendidas sobre la magnífica vegetación.
Además de los lugares mencionados, existen otros que también hacen parte de la Cultura Megalítica del Alto Magdalena. Se trata de El Alto de Guanacas, Naranjos, La Parada, Quinchana, El Jabón, Quebradillas, territorios en donde se han hallado esculturas de temas diversos y tumbas.
Ahora bien, recorrer los vestigios de San Agustín implica reconocer otros sitios singulares como el Estrecho del Magdalena en donde el río se encaja entre rocas milenarias para señalar el poder del agua que se convierte en un hilo tenue, afuera y un torbellino enojado, adentro; o cascadas como el Salto de Bordones que se despeña en cordones de plata y cristal.
Gran parte de esos recorridos se pueden realizar a pie, a caballo y en carro. Sólo es necesario el deseo de dejar atrás el caos urbano, la dureza de la vida cotidiana, la sequía de la canícula para llegar hasta ese lugar mágico donde es posible lograr la armonía en un abrazo cósmico con la naturaleza.
Neiva, 1999
lunes, octubre 11, 2010
Parque Arqueológico de San Agustín: Huellas mágicas de un pasado histórico-natural , I
Hace más de diez años, justo algunos meses antes de marchar allende los mares, ofrecí una serie de charlas sobre el Parque Arqueológico de San Agustín en distintos colegios de la ciudad de Neiva. Producto de aquella experiencia es este texto que he recuperado y que está escrito con más emoción que seriedad pero que quiero compartir con la gente linda que me lee en ambos bordes del mundo.
......
Por Martha Cecilia Cedeño Pérez
Academia Huilense de Historia
“En las fuentes sagradas labradas sobre el lecho rocoso de la quebrada, en las estatuas y estelas, en los relieves de los peñones que descienden sobre profundos cauces, está presente la inspiración de este maravilloso escenario en sus expresiones estéticas, orientada a un arte que refleja sus conceptos religiosos: el héroe legendario y sus deidades protectoras, los dioses del bien y el mal, de las lluvias, de las tempestades y de los vulcanismos, en fin, la tierra, el sol, la luna…” Luis Duque Gómez
San Agustín es un lugar mágico anclado en el sur del departamento del Huila. Es una región que no sólo constituye hoy por hoy uno de los sitios arqueológicos más importantes de Colombia y patrimonio histórico de la humanidad, sino un legado cultural de belleza impresionante cuyas huellas apenas se empiezan a interpretar.
Habitada desde siempre por grupos humanos de sensibilidad plena que dejaron para la posteridad los vestigios de su pensamiento, de su manera de sentir y palpar la corriente vital de la existencia a través de su arte monumental, esta extensa zona hace parte de los símbolos de identidad de ser huilense, tan importantes como la Gaitana o los Rajaleñas.
Habitada desde siempre por grupos humanos de sensibilidad plena que dejaron para la posteridad los vestigios de su pensamiento, de su manera de sentir y palpar la corriente vital de la existencia a través de su arte monumental, esta extensa zona hace parte de los símbolos de identidad de ser huilense, tan importantes como la Gaitana o los Rajaleñas.
Su ubicación afortunada, el nivel artístico de los vestigios, su extensión geográfica que cobija varios municipios, hacen de San Agustín un lugar de una riqueza extraordinaria que no sólo se puede percibir con los ojos del científico, sino también de con los de la persona común y corriente que busca encontrar tranquilidad y belleza en un espacio inventado para la contemplación y el asombro.
Por ello cuando se habla de San Agustín se piensa inmediatamente en un sitio anclado en medio de mesetas, valles y cordilleras primarias, en cuyo seno se encuentran esculturas de piedra que han sobrevivido al paso inclemente del tiempo. O se puede pensar en un paisaje de cerros bañados con todos los verdes posibles. O en el río Magdalena rugiente bajo los cañones forjados durante miles de años. O en un pueblo donde aún existen casas coloniales pintadas de verde y blanco en cuyos balcones se descuelgan flores multicolores rebosantes de aromas, anunciando el vaho mañanero o el ocaso de una tarde de nubes y arreboles. O en la melodía nostálgica de las chirimías, voz de ancestro y de vida. O en las manos creadoras que han dado aliento a quienes tejen la existencia día a día. Eso es San Agustín: magia y vida; naturaleza espléndida y pasado pleno de significados; silencio y agitación de energías; cultura y reconocimiento.
El parque Arqueológico de San Agustín o Cultura Megalítica del Alto Magdalena, como se le ha llamado en los últimos años, es una vasta zona de la geografía huilense, en pleno macizo colombiano, en cuyo seno se puede apreciar los vestidos de una cultura milenaria que alcanzó un grado importante de esplendor artístico.Es, además, objeto de estudio de diversos científicos que ven en ella rastros fundamentales de un grupo humano integrado a la naturaleza y al cosmos. Por eso intentan encontrar respuestas a las múltiples preguntas que todavía persisten, no obstante los notables logros alcanzados en el complejísimo camino de la interpretación de cada una de las tumbas y esculturas.
A nivel general la exploración científica de esta cultura es reciente. Sólo hasta mediados del siglo XX surge un claro interés de estudiarla sistemáticamente para intentar descubrir sus diversos sentidos. Sin embargo, antes de esa época algunas personas ya habían visitado el lugar y elaborado sus propias descripciones alrededor de ese arte monumental.
Dice el historiador Luis Duque Gómez, uno de los principales estudiosos de San Agustín, que fue Fray Juan de Santa Gertrudis el primero en recorrer palmo a palmo lo que hoy se conoce como parque arqueológico de San Agustín y en dejar constancia de ello en la crónica Maravillas de la naturaleza, publicada en 1956 después de permanecer un par de siglos en la penumbra.
Anota también que en el año 1797 el sabio Francisco José de Caldas visitó la región de San Agustín y presagió su grandeza y monumentalidad en un escrito publicado en el periódico Semanario del Nuevo Reino de Granada en 1808, en el que se expresa en los siguientes términos “… estatuas, columnas, adoratorios, mesas, animales y una imagen del sol desmesurada, todo de piedra y en número prodigioso, nos indican el carácter y las fuerzas del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena”
Anota también que en el año 1797 el sabio Francisco José de Caldas visitó la región de San Agustín y presagió su grandeza y monumentalidad en un escrito publicado en el periódico Semanario del Nuevo Reino de Granada en 1808, en el que se expresa en los siguientes términos “… estatuas, columnas, adoratorios, mesas, animales y una imagen del sol desmesurada, todo de piedra y en número prodigioso, nos indican el carácter y las fuerzas del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena”
Sin embargo, fue el geógrafo italiano Agustín Codazzi quien efectuó el reconocimiento de tales vestigios en el año 1857 e hizo descubrimientos de importancia; además dejóuna interesante descripción de esos lugares con un plano en el que se ubican varias estatuas y dibujos. Posteriormente, en el año 1892, Carlos Cuervo Márquez se convierte en el primer colombiano en intentar descubrir el misterio de las estatuas y proponer una interpretación rigurosa de su significado. Fueron estas investigaciones las que cautivaron la atención del etnólogo alemán Konrad Preuss para emprender la exploración de esta cultura en las lejanas tierras del Alto Magdalena.
Las excavaciones que realizó Preuss durante los años 1913 y 1914, marcaron el inicio de la investigación arqueológica moderna de San Agustín. A partir de ese momento han sido muchos los expertos que se han apuntado al reto de desvelar el misterio de un arte monumental enclavado en el Macizo Colombiano.
Los estudios mencionados anteriormente hicieron que el estado colombiano tomara conciencia de la importancia de San Agustín e incentivara la investigación arqueológica. De ahí que a partir de 1930 se creen distintas oficinas e institutos como la Oficina de Servicio Arqueológico a cargo de Gregorio Hernández de Alba, quien en compañía de José Pérez de Barradas hizo algunas excavaciones durante 1937 y 1938, y el Instituto Etnológico Nacional, en la década de los 40, bajo la dirección de Luis Duque Gómez. Es éste uno de los estudiosos más importantes de la cultura agustiniana, quien junto con otros investigadores realizó entre los años 1943 y 1960 trascendentales descubrimiento, publicados luego en la obra Exploraciones arqueológicas de San Agustín.
Posteriormente, en el año 1966, salieron a la luz las investigacines de Gerardo y Reichel Dolmatoff; las nuevas averiguaciones de Luis Duque Gómez y Julio César Cubillos, en otra etapa de la investigación durante los años 70; las excavaciones de Héctor Llanos del departamento de Antropología de la Universidad Nacional durante los años 80 y 90, al igual que los estudios de César Velandia de la Universidad del Tolima y otros investigadores como Jorge Armando Ruiz, que se han dado a la tarea de comprender la esencia del arte monumental agustiniano, en un propósito que a veces se torna difícil por las características de los mismos vestigios y la inexistencia de otros nexos que permitan despejar las dudas que aún palpitan en cada una de las esculturas y espacios funébricos (esta expresión la utiliza el profesor César Velandia para referirse a las distintas tumbas).
Lo anterior sustenta, como lo dice el profesor Héctor Llanos (1994), por un lado que mostrar la cultura de San Agustín es hablar también de la historia de la arqueología en Colombia, desde Caldas a Preuss y desde éste a los nuevos investigadores que hoy se encuentran en el mismo empeño; y por el otro, que “el sur del Alto Magdalena es un extenso territorio donde se desarrolló durante más de dos mil años un proceso histórico, asociado a la cultura de San Agustín”.
Neiva, septiembre de 1999
Neiva, septiembre de 1999
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