lunes, febrero 07, 2011

El fragor de la calle


Posted by admin on 6 febrero, 2011 in ColumnistasOpinión | 1 Comment

Martha Cecilia Cedeño Pérez
La calle nos recuerda una vez más que más allá de sus trazados, de los objetos que tatúan su rostro, de los tránsitos o emergencias que provoca, de las soledades y miserias que desvela, es la comarca por excelencia de la vida urbana.  Paradigma de la existencia moderna en cuyo seno la idea de acceso universal y por ello mismo de democracia configura una esencia hecha de fugacidades, negociaciones, conflictos, sucesos, tránsitos, percances, derivas…
Dicho en otras palabras: en la calle cualquier cosa puede suceder.  De la emergencia a la revuelta, del flechazo a la caída, de la fiesta al horror… Este espacio abierto a toda suerte de especulaciones prácticas también es un escenario para la circulación de ideas e información y para el ejercicio de la autonomía en sus más altas significaciones.
Por ello no resulta raro que a veces se convierta también en el lugar donde las agitaciones sociales alcanzan su máxima expresión, tal como ha quedado demostrado en los acontecimientos  recientes de Túnez  y Egipto, que seguramente no serán los últimos. En ese caso la calle funciona en su sentido más primigenio: ser el espacio en el cual se dirimen las cuestiones fundamentales de la existencia humana.
Y la miseria, el hambre, la violencia así como  el hastío, el asco,  la indignación de la gente por la iniquidad de sus gobernantes son un germen  prolífico para unir cuerpos y voces, para lograr esa conjunción de intereses que provocan manifestaciones, revueltas, transformaciones contundes. Allí, en la calle, las mujeres y hombres de a pie, tocados por el infortunio ocasionado no por el azar sino por dirigentes perversos, encuentran el lugar apropiado para expresar su inconformismo  a sabiendas de que no se están solos en ese acto de protesta cuyo contenido agita las manos y las conciencias.
Y mañana, en otras esquinas del mundo, la gente saldrá a la calle  de nuevo porque sólo en ella puede agitar la bandera del inconformismo, de la rabia. Sólo en sus recorridos y trazos se puede pensar en una noción de democracia real más allá de los intereses mezquinos de unos cuantos. Y es justo por eso que los administradores de la urbe tanto le temen; para ellos  es un lugar peligroso, oscuro, que debe ser controlado, vigilado y esterilizado del virus de la revuelta. Por fortuna esas intenciones de domesticación no pueden acabar con el espíritu libertario de ese espacio público por antonomasia.
En el fragor de la calle se tejen y consolidan las transformaciones de la ciudad y sobre todo, de aquellos seres que la habitan, la sueñan, la padecen, la recorren.  La calle es nuestra, gritan hoy las voces opacadas del mundo.
*Antropóloga y poeta
Columna semanal, diario El Líder

martes, febrero 01, 2011

El color de los muertos

La muerte representa el final de un camino que una quisiera siempre natural, es decir, el colofón normal de una vida de luchas, sueños, esfuerzos, alegrías y todo aquello que configura nuestro trasegar por el mundo. En ese sentido la muerte no es ni más ni menos que la culminación de un proceso y el comienzo de otro que ignoramos por completo. Pero una cosa distinta son los muertos. Aquellos cuerpos ateridos y plácidos en su condición de no-ser. Efigies marchitas tan iguales en su condición de objetos sin ánima y sin embargo, algunas veces, tan distintos por las circunstancias de su existencia y la de quienes los lloran.

Colombia es un país en el que morir de viejo, de cansancio, de agobio, es decir, de muerte natural es casi un milagro. Los datos nos muestran las cifras de la sinrazón: miles de hombres, mujeres, niñas y niños víctimas de un conflicto atroz y endémico. Seres inocentes con las vidas rotas, acalladas, abatidas por la iniquidad de unos cuantos bárbaros que se atribuyen el poder de decidir sobre las vidas humanas a través del horror. En ese sentido todos nuestros muertos son iguales o deberían serlo. Y como tal las personas encargadas de velar por la seguridad y bienestar de los ciudadanos y ciudadanas tendrían que tratarlos. Pero no siempre es así a tenor de las noticias y las columnas publicadas en los periódicos del país que consulto por Internet en las que se refleja, en efecto, que aquí los muertos poseen un color más allá de la piel.
En nuestro país los muertos tienen un tono distinto a aquel propio de los difuntos. Se clasifican en categorías pero no en el sentido primigenio como el de nuestros aborígenes prehispánicos que los jerarquizaban en virtud de su papel dentro de la comunidad y su nivel de conocimientos, sino en virtud de la posición social y económica. Así, por ejemplo, un muchacho asesinado en un barrio marginal de Florencia o de Bogotá es un dato más en las cifras de la violencia y en todo caso una situación perdida (en los diarios se dirá que pertenecía a una pandilla urbana o a un grupo guerrillero). No se investigará a fondo el suceso y mucho menos se ofrecerá recompensa para atrapar a los criminales que lo perpetraron. Distinta sería la suerte de este cuerpo horadado (y de miles más) si en lugar de pertenecer a la periferia fuese miembro de la altas esferas de la sociedad. Entonces no se escatimarían esfuerzos para encontrar a los culpables para darles el castigo merecido. En nuestro país el color de los muertos va más allá de la palidez hierática: es una cuestión de poder.
Columna publicada el día 23 de enero en el diario El líder

domingo, enero 30, 2011

Gracias

Y entonces fue viernes y me vi rodeada de gente estupenda que en silencio escuchaba mis palabras.  Gente de aquí y de allá. Gente de palabras y miradas y voces quedas. Gente que escribe, ama, ríe, opina, abraza. Gente que acompaña y acaricia con la generosidad  de quien ama la vida, la poesía, la esperanza. ¿Qué más se puede pedir? 
De nuevo en el Aula dels Escriptors de la ACEC, edificio Ateneo Barcelonés, volví a sentirme arropada por personas magníficas cuyos nombres no menciono para no dejar alguno en el olvido.  Trabajadoras de la palabra:  poetas, narradores y narradoras, periodistas e insomnes de madrugada; conocedoras de versos y afectos, de giros, de indicios más allá de piel de las palabras.  Y todas ellas amigas en ese momento de comunión y cercanía en que nos sentimos más próximas en nuestra condición humana.   
Y entonces fue viernes  y la armonía fue voz, manos, sonrisas, palabras.
¡Muchas gracias a todas y todos por acompañarme con esa complicidad generosa y solidaria!

Foto de familia: de izquierda a derecha (sentados) Beatriz Fernández, Antonio Machín, Nieves Escribano y Ambrosio Gallego. De pie:  Guillermo Gaviria, Yolanda Gutiérrez Martos, Anna Benitez del Canto, María Elena Martínez, Alfonso Levi, Josep Anton Soldevila, Mi hija Luna, Sixta Cerquera, Felipe Sérvulo,  Inma Arrabal, María Jesús, Juan Pablo, Isabel Gómez, José Florencio Martínez, María Cecilia Leyva, Rosa Abuchaibe y José Costero.
Momento en el que Alfonso Levi leía con su cálida y armoniosa voz un hermoso texto sobre Amores urbanos escrito por Felipe Sérvulo. (Martha, Felipe y Alfonso)
En el bar del Ateneo: Josep Anton Soldevia, José Florencio Martínez, Ambrosio Gallego, Felipe Sérvulo, Isabel Gómea, Antonio Machín y Sixta Cerquera conversando con la poeta María Elena Martínez

Algunas de las personas asistentes: Marta Binetti, Ma. Elena Martínez, Isabel Gómez, Ernesto Carrión, Juan Guillermo Gaviria, Luna, Joan Kunz, Ambrosio Gallego, Josep Anton Soldevila, José Florencio Martínez, Antonio Machín, Yolanda Gutiérrez y Anna Benitez.

jueves, enero 27, 2011

Amores urbanos en las tertulias del Laberinto de Ariadna

Mañana 28 de enero en el marco de las tertulias que organiza el Laberinto de Ariadna ofreceré un recital sobre Amores urbanos en el Ateneu Barcelonès (Aula de escritores, 5ª planta).  Y el encargado de presentar dicho encuentro es Felipe Sérvulo una persona estupenda y un poeta consumado que me ha abierto las puertas en el magnífico grupo literario que coordina y dinamiza.
Me encantaría contar con la presencia de la gente que siempre me acompaña y con quienes siguen este blog y viven en Barcelona o cercanías. 
Pero no sólo leeré versos de Amores urbanos  sino otros inéditos que hacen parte de un poemario en el que estoy trabajando.
Y para terminar llevaré libros para firmar. 
Os espero a todas y todos.


X
 Maullamos con la nariz
-respira mis latidos-
Asaltamos a gritos la piel
-moja mi lengua-
Hacemos agujeros al tiempo
-calienta mi ánima-
Cabalgamos  los aleros de la noche
-bebe mi espacio de lagos insomnes -
¿No presagias  el goce de los gatos?


En Amores urbanos, Parnass ediciones, Barcelona, 2010.

Día: 28 de enero de 2011
Lugar:  Aula dels Escriptors, Ateneu Barcelonès, 5º planta - Canuda, 8 - Barcelona
Horario:  18.00
Organiza:  El Laberinto de Ariadna
Imparte:  Felipe Sérvulo


miércoles, enero 26, 2011

Buen comienzo...

He empezado muy bien el día: me he quedado encerrada en el ascensor de mi edificio. Espero que termine mejor.  Al menos hoy conoceré el Parlament de Catalunya...

domingo, enero 23, 2011

MIS NIÑAS MUERTAS DE CRISTINA FALLARÁS, PREMIO L’H CONFIDENCIAL 2011

  El Premio se entregará el 26 de marzo en un acto público en la Bòbila
Con Mis niñas muertas, protagonizada por Victoria González, una detective embarazada de 26 semanas con despacho en el Raval barcelonés, la periodista y escritora Cristina Fallarás ha ganado el Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial 2011. El Premio, promovido por la Biblioteca la Bòbila y convocado por el Ayuntamiento de L'Hospitalet y Roca Editorial, celebra este año su quinta edición.
La novela narra la investigación de la desaparición de dos hermanas de 3 y 5 años, que se convierte en un recorrido por los bajos fondos de la Barcelona más canalla, donde la pedofilia, el tráfico de drogas y la pornografía infantil son moneda corriente. La autora ahonda además en el tema de la maternidad, el abandono infantil y el consumo de estupefacientes en la actualidad.

El jurado está presidido por el teniente de alcalde del Área de Educación y Cultura del Ayuntamiento de L'Hospitalet, Mario Sanz, y formado por la editora Blanca Rosa Roca; la jefa de Bibliotecas de L'Hospitalet, Anna Riera; el director de la Biblioteca la Bòbila, Jordi Canal, y dos lectores apasionados por la novela negra, Ricardo Tormo, del Club de Lectura de Novela Negra, y Paco Camarasa, propietario de la librería Negra y Criminal y comisario de BCNegra.
El jurado destaca el retrato de los bajos fondos barceloneses donde se desarrolla la acción, así como del lenguaje crudo y realista que la autora utiliza para narrar una escalofriante historia en la que se ven involucrados la detective González y su ayudante Jesús, con el contrapunto de la evolución del embarazo de ella.
El premio se entregará en un acto público el próximo 26 de marzo, en la Biblioteca la Bòbila, donde se presentará la obra publicada, con la presencia de la autora.
Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968), estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha ejercido como periodista en la Cadena Ser, El MundoEl Periódico de Catalunya, Ràdio 4, Com Ràdio, ADN y Factual. Ha colaborado en programas televisivos de las cadenas Cuatro y Antena 3, y actualmente dirige la revista digital Sigueleyendo y trabaja de asesora en temas de comunicación en línea para el sector editorial y los medios de comunicación. Dentro del género negro, Cristina Fallarás ha publicado No acaba la noche (Planeta, 2006) y Así murió el poeta Guadalupe (Alianza, 2009, finalista del Dashiel Hammett, 2010), y ha participado en la antología de relatos Barcelona Noir, para la editorial neoyorquina Akashic Books, que aparecerá el próximo mes de mayo.
En anteriores ediciones, los galardonados con el Premio L'H Confidencial han sido el vasco Ertlanz Gamboa con Caminos cruzados, el cántabro Julián Ibáñez con El baile ha terminado; el argentino Raúl Argemí con Retrato de familia con muerta y el mexicano Joaquín Guerrero-Casasola con Ley garrote.

viernes, enero 21, 2011

Un poema de Darío Jaramillo Agudelo

De la nostalgia, 1

Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más
amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí
entre mi cuarto,  como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas con
la luz de los Beatles,
y como hacer que llueva la misma lluvia que veía caer  a los
trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sol maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo esto que soy yo y que ya no es mío?
...
Darío Jaramillo Agudelo, Poemas de amor. Bogotá, El Ancora Editores, 1997

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...