miércoles, mayo 04, 2011

La tierra en Colombia: entre la sangre y la esperanza

Por: Martha Cecilia Cedeño Pérez*
Hace algunos días pasaron en la televisión española un informe sobre el problema de la tierra en Colombia. Allí presentaron el testimonio de varias mujeres y hombres víctimas del despojo por parte de los actores de la guerra. Personas humildes y trabajadoras que un día tuvieron que abandonar su parcela, su vida, sus ilusiones por obra y gracia de los grupos de salvajes que asolan nuestros campos y pueblos.
En ese mismo informe se mostraba cómo ya son más de cuatro millones las personas desplazadas y más de cinco millones de hectáreas las usurpadas a los campesinos y campesinas. Cifra que por otra parte difiere de la presentada en el último informe del Programa de Protección de Tierras y Patrimonio de la Población Desplazada (PPTD) publicado en enero de 2011 que habla de más de ocho millones de hectáreas sustraídas  impunemente a la población rural. 
Cuando vi dicho reportaje no pude de dejar de recordar a mi propia familia. A mi padre que a finales de la década de los años 70 tuvo que abandonar su finca de Belén de los Andaquíes por voluntad de un grupo de delincuentes. Así, ante las notas amenazantes, las intimidaciones, las reses muertas y, sobre todo, el miedo por la seguridad de su prole no tuvo otro remedio que vender por cuatro pesos su parcela y emigrar.  Dejar abandonada la tierra en la que  había puesto sus ilusiones, sus esfuerzos, su sudor y su aliento.  Abandonar por siempre ese fragmento de vida que jamás recuperó.
Y es que el problema de la tierra en Colombia viene de lejos. De hecho la mayoría de los  conflictos del siglo XX y XXI tienen su origen en la tenencia de la tierra que no sólo es clave en la productividad de la economía rural sino que históricamente ha sido una gran fuente de poder político y por ello mismo de conflicto social. 
La situación de guerra permanente que ha vivido el país en los últimos 50 años  ha dejado en un profundo estado de vulnerabilidad al campesinado, por no decir, en una crítica situación humanitaria. Pues éste ha sido casi siempre víctima inerme de una guerra atroz en la que entre otras cosas, la élite pretende defender su poder político y económico a costa los derechos fundamentales, económicos, sociales, culturales y ambientales de quienes trabajan y viven la tierra.
Y la solución a esos graves problemas pasa por una reforma agraria de amplio espectro que asegure una repartición justa de la tierra y brinde unas condiciones de vida dignas a toda la población rural.   El programa de  restitución de tierras a las víctimas del despojo es un primer paso en ese sentido; no obstante, si no se acompaña con políticas serias para modificar la estructura de la tenencia de la tierra en nuestro país,  no servirá de nada.
Fotos:
1. Paisaje desde el coche trayecto Pitalito - San Agustín
2 y 3. Heliconias y frutos de café en el Parque Arqueológico de San Agustín 
4. Finca típica de la zona sur del Huila, Parque Arqeológico de San Agustín
(Marthacé, septiembre de 2010) 
*Columna semanal periódico EL Líder, Caquetá, Colombia

jueves, abril 28, 2011

¡No existo!

Tengo una crisis de identidad. ¡No existo en ningún lado!  Ni en la tierra en la que nací y de la que partí a los 10 años (esto se entiende perfectamente), ni en aquella otra en la que residí por más 14 años y en la que estudié y me hice profesional, poeta, historiadora, mujer, luchadora... Y en la que investigué sobre temas como la mujer, las migraciones internas, las expresiones folclóricas... y participé en tres libros colectivos de investigación histórica; en la que escribí  artículos en revistas y periódicos y  publiqué mi primer libro de poesía y alguna vez, fui feliz.
En mi búsqueda de información sobre la mujer de Neiva en el siglo XX, concretamente de poetas y escritoras no se menciona, ni por asomo, mi nombre; de hecho, en alguno de esos listados o galerías, de los 50 nombres que mencionan sólo aparecen cinco de féminas. Allí  tampoco constan escritoras como Waldina Ponce de León (escritora y poeta nacida en Neiva en el siglo XIX) ni Sylvia Lorenzo, por ejemplo.
A nivel general, ese hecho refleja la invisibilidad que todavía sufrimos las mujeres en diversos contextos. Y a nivel particular, me han condenado al lugar oscuro de las apátridas, las exiliadas, las transgresoras. Me cobran con creces mi osadía de marchar más allá de las fronteras, de recorrer territorios que muchos de los "grandes" escritores del Huila y Neiva (Colombia) quisieran recorrer.
Por lo pronto estoy invitada a la V Trobada d'autors i autores de la Ciutat de L'Hospital de Llobregat, el próximo día 30 de abril...

miércoles, abril 27, 2011

Días de lecturas

El día de Sant Jordi fue estupendo aunque sólo pude estar en Cornellá porque pillé uno de esos tontos resfriados de primavera. Así que la firma de libros en Barcelona quedó para el año que viene. Y aunque no tengo agujetas en las manos, me lo pasé muy bien con mis amigas Esther Morán,  Pilar Osorio Isabel Gómez y con nuestros respectivos hijos e hijas. Compartimos mesa,  risas, miradas y palabras. ¡Qué más se pude pedir!
El domingo fue un día de lectura: La Venturosa, una novela publicada en 1939 (Bogotá, Editorial Kelly).  Un texto que ya conocía pero que esta vez he escudriñado con ojos de investigadora. Estoy escribiendo la historia de las mujeres de Neiva en el siglo XX y quiero ver cómo se re-presenta allí a las féminas.  Además en ella se hace referencia a la Guerra de los Mil Días, un tema que me interesa mucho y en la que mi bisabuelo Manuel Cedeño participó. Le llamaban El Bravo Cedeño como a ese otro Manuel Cedeño, prócer de la independencia venezolana que según algunos estudios, nació en Bayamo, Cuba. Será por eso que me apasionan ciertas guerras, especialmente la incivil española.
Lunes, más lecturas: Mary Nash y sus mujeres en el mundo.  Y a media tarde un conato de incendio en el edificio vecino. Revolución en las escaleras, humo en las ventanas del vecindario, subida al terrado,  sirena de la policía  y bomberos. ¡Y era sólo una barbacoa!   La pobre mujer causante inocente del humo recibió la regañina de mis vecinos desde el terrado y una multa. ¿Señora no sabe usted que no se puede hacer barbacoas en los edificios?   
Martes: otro madrugón. A las seis de la mañana vuelvo a mis lecturas y esa desazón cerebral que experimento antes de comenzar a escribir la primera línea. Hay un vacío documental hasta 1960 en la historia de las mujeres. Nada extraño pues las féminas siempre hemos sido invisibilizadas en todas las esferas de la sociedad. Pero ¿Cómo diablos participaron las mujeres de Neiva en la vida de la ciudad en la primera mitad del siglo XX?  Me faltan datos primarios, alguien me ayuda allí pero no es suficiente...
Martes tarde: acudo a la invitación de Josefina Altés al Banc del Temps de Gràcia. Una experiencia estupenda. Leo algunos de mis poemas, hablo de mi vida, de mi escritura, de las palabras, los huertos urbanos, de Colombia.  Y comparto con  una gente cercana y cálida que ofrece su tiempo solidario a cambio de más tiempo solidario.  "Ella nació en la selva". Dice Josep Anton Soldevila. Si, es cierto. Nací en el piedemonte amazónico, en una región de colonos soñadores y hambrientos. A las 9 de la noche regreso a casa con una sonrisa de esperanza. ¡Creo en la humanidad!



viernes, abril 22, 2011

Firma de libros en Sant Jordi

Mi amiga Pilar Osorio  me ha invitado hoy 23 de abril, día de Sant Jordi, a firmar libros  en Cornellá centro. Ella y su prima Esther Morán estarán con Las alas del agua y yo  con Amores urbanos. Será antes del mediodía. Y en la tarde, a partir de las 16:00 horas,  si el tiempo acompaña, estaré en la mesa de la editorial Parnass Ediciones  situada en la Rambla de Catalunya, frente al nº 28 (entre Gran Via y Diputació).
Es la primera vez que celebro Sant Jordi de manera activa, es decir, no como mera espectadora-compradora sino como autora y la verdad me hace mucha ilusión.  Me parece que veré esta jornada emblemática desde otra perspectiva... a ver qué pasa.
Por lo pronto, sólo espero que no llueva...  

miércoles, abril 20, 2011

Un poema de César Vallejo

PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.


Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.


César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro


también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...



César Vallejo (1892 - 1938).

jueves, abril 14, 2011

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...