viernes, septiembre 16, 2011

Volver

Hoy, como hace tanto tiempo, volver se convierte  en un fin. En todo aquello que conmueve y  obliga a mirar más allá de la esquina del tiempo para reencontrar ese espacio primero del que, por uno y otro motivo, hemos sido expulsados por voluntad propia o ajena. 
Volver, partir, volver.
Todo junto en la espesura del pensamiento y la razón. 
Todo junto en las comisuras de la memoria y la experiencia.
Todo junto en una canción muchas veces escuchada por mi padre en su radio rojo y que a mi, entonces, me parecía horrenda.
Todo junto en los confines de la vida cotidiana tantas veces repetida.
Volver.  Partir. Volver
Siempre se vuelve a la patria sensible donde se amó la vida...



jueves, septiembre 15, 2011

Nariz blanca

"Déjame decirte que para ser tan joven tienes mucho morro".  Sentencia el viejo con sorna y rabia  mientras me mira fijamente tras el cristal doble de sus gafas.   Tiene el rostro colorado pero su nariz es grande y blanca. Muy blanca. Me fijo en ella para ver sus relieves, sus texturas, sus caminos. Me gustaría saber por qué la lleva de ese color.  Sus ojos continúan puestos en los míos. 
No entiendo lo que ocurre.  Acabo de levantar los ojos del libro que leo desde ayer  y me he topado con su expresión y sus palabras.  Con su nariz grandilocuente.  Intento en una milésima de segundo retroceder los últimos minutos de mi existencia y me veo andando de prisa hasta una asiento vacío. El único. Luego abro Seda el libro que leo desde ayer en los trayectos del metro. Capítulo 48... Herve Joncour no apartó los ojos del chico asesinado.
-No llevaba mensajes consigo
-Él era un mensaje de amor...
 Mi visión periférica me advierte que una persona me quiere decir algo, el chico que va sentado a mi lado se levanta. Alguien ocupa su lugar. Prosigo mi lectura Telas maravillosa, seda, todas alrededor del palanquin, miles de colores, naranja, blanco, ocre, plateado ni una ranura de aquel nido maravilloso, solo el susurro de aquellos colores ondeando en el aire, impenetrables, más ligeros que la nada...
¡Viva España! Ahora la juventud está cansada, nace cansada. ¡Esto es España!  percibo en mi escucha periférica.  Sigo concentrada en mi lectura pero no se porqué razón tengo la impresión de que el viejo habla de mí
"Déjame decirte que para ser tan joven tienes mucho morro"  Levanto la mirada. Me topo con su nariz grandilocuente. La gente me mira. ¡Tienes mucho morro! grita de nuevo. Y luego dice algo que no alcanzo a descifrar.  
¡Que le vaya bien! digo yo con ironía. El viejo antes de bajar del metro en la estación de Collblanc me regala su última mirada de odio. Nariz blanca se aleja con su rabia. 
Prosigo en mi lectura, se que la gente me mira.
¡Buena manera de comenzar la tarde!


domingo, septiembre 11, 2011

¡Por fin!

Después de muchas horas de intentos fallidos, por fin he logrado "normalizar" la página principal  de esta bitácora . Al menos ahora abre donde tiene que ser.  ¡Y todo era tan sencillo!

sábado, septiembre 10, 2011

Escena de metro - Línea azul

23:15
9 de septiembre
Barcelona

Cuando se abren las puertas del metro, una niña de unos ocho años corre veloz hacia un asiento desocupado pero no logra alcanzarlo porque una mujer treintañera ya se ha apropiado de él.  La chica le pregunta con una sonrisa si quiere sentarse. La chiquilla responde que sí. El  hombre que la acompaña y que va sentado a su lado, la mira con rabia y luego le  dice: Per què has de deixar-li el seient a la nena? si fos una persona major, una dona embarassada, però és una nena. No t'aixequis. No t'aixequis”, le ordena,  mientras la coge del brazo para que no se levante del asiento. Su tono de voz sube. Las personas que van en los asientos frontales lo miran con reprobación.
La madre de la nena le dice a la mujer que su hija no se quiere sentar, que muchas gracias por su gesto pero que ella seguirá de pie. El hombre, sin bajar el tono de la voz, continúa diciendo, en catalán, que no tiene por qué ceder su asiento, que ¡joder!  no entiende por qué diablos tiene que levantarse, que es una tonta, que… No habla, impone. La chica lo mira con rabia y haciendo caso omiso se levanta con rapidez. La madre de la nena, advierte la reacción del hombre y  mirándolo a los ojos le dice “señor, no se enfade que la niña no se quiere sentar”.  
Los tres hombres y la mujer que van en el asiento de enfrente miran la escena. Y yo también.
  Pero ya es demasiado tarde.  La chica está de pie y la nena sentada.  ¿Cómo te llamas? La niña dice un nombre que no alcanzo a escuchar.  “Bonito nombre”. El hombre mira a la mujer y luego a la nena, con rabia.  Y yo me pregunto si la mira de esa forma porque su tez es morena y tiene rasgos  de chola o porque no merece ir sentada por ser una cría, o porque lo ha separado de su “amada” o simplemente porque es un fill de puta.  Y me fijo en él. Debe estar llegando a los 40. Y tiene cara de cerdo. Es un cerdo.
Tres estaciones más tarde, cuando parece que todo se ha calmado, el hombre vuelve a subir el tono de la voz. La chica le dije algo que no alcanzo a percibir. Está muy enfadada.  Yo también.  Miro con asco al hombre. El no se entera. Busco los ojos de la chica (unos ojos grandes de unas pestañas largas y rizadas) para sonreírle y demostrarle mi solidaridad,  pero ella rehúye la mirada.  Se desplaza hacia la puerta del vagón. En la estación Diagonal, baja. Él la sigue.
Madre e hija van juntas en el mismo asiento. Juegan con las manos. El cretino va por el pasillo…
  

domingo, septiembre 04, 2011


A veces me quedo sin palabras
como una pared prístina
intocada por los azares de un tiempo
sin ánima
en que  el orden ríe con su boca
de cretino
¿Hay, acaso, mayor homenaje al vacío?

miércoles, agosto 24, 2011

"Astronomía de Bolsillo", poemas de William Fernando Torres

William Fernando Torres fue mi profesor  cuando yo estudiaba  Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana.  Una época magnífica llena de despertares, proyectos, canciones, vinos, viajes...  Bajo su influencia, quienes tuvimos la suerte de ser sus alumnas y alumnos, recorrimos caminos más allá de las cuatro paredes del aula. Nos adentramos en los intersticios de la creación y la vida. ¡Todo a la vez!  
Con él navegamos por las aguas de la poesía, la música, el teatro, el quehacer pedagógico con el placer de la palabra y la acción y el gusto por explorar nuevos senderos.  
Pero WF además de ser profesor, investigador, trabajador cultural incansable, narrador de altos vuelos también es un poeta consumado. Uno de esos cantores sutiles y profundos que hacen de la palabra un arte de depuración y sensibilidad. 
Hace algunos días me envió algunas de sus creaciones; hoy quiero compartirlas con todas las personas que leen esta bitácora.

ASTRONOMÍA DE BOLSILLO

William Fernando Torres 
Para Hildita

I

Somos pedazos de estrellas, luciérnagas, me digo en los caminos oscuros, cuando ladran los perros de las constelaciones.
Me guía el aroma del pan recién hecho en tu casa y la Cruz de Mayo.

II
Sigo tus caminos. Son de barro y piedra. Has puesto tapias de adobe para el que te busque. Huyes en la luz. Te llamo con mi cuerno de caza y sólo responden las luciérnagas. Eres montaña o nube. Neblina que oculta a los ganados. Un río que se agazapa en el valle. Allí me sumerjo para encontrar los guijarros más blancos. Los que pones detrás de tus puertas turquesas bajo las matas de sábila. Vuelvo con iluminadas puntas de estrellas en las manos.
Pero de ti sólo quedan leves huellas en el cuarto de baño, la salvia junto al hilo de sol en la ventana.

III
Navego con los ojos abiertos bajo el agua del amanecer, pero no encuentro tus caminos. Tus riveras me acogen como a un viajero perdido.
En cuanto duermo mi desventura, tu mano viene a cubrirme con una colcha de retazos celestes.
Al amanecer tu cocina huele a aguadepanela y anís.
Sobre tu mesa amarilla hay mangos, mameyes, marañones.
Y una ramita de yerbabuena.



IV
Único mandamiento: no matar al niño que llevo dentro. No ahogarle su locura.
Sólo esto lo dejará llegar ebrio a tu casa bajo los aguaceros de la madrugada. Entonces te contará de perlas lunares y pescados de colores que trae en los bolsillos. Tu correrás a buscar toallas y mientras lo secas exclamas: “Pero ¡cómo te has empapado! Mira las luciérnagas que traes en el cabello!”
Luego saludas al amanecer y tejes una larga conversación en la cocina con el café de otros tiempos.

V

Tu cuerpo es un mapa de mirtos y guayabas maduras. Para recorrerlo no basta una lámpara con todos sus aceites. Nuestras iluminadas yemas de los dedos perciben sombras, ásperos trazos del desierto. Mas cuando pasan las caravanas de las constelaciones, ellas son destellos de estrellas.
En las floraciones de la madrugada, entro en tu río coronado de luces.

VI

He naufragado en casi todas las quebradas del Huila.
En la Maito tragué agua por primera vez. Por la Careperro perseguí pájaros aguas arriba. Recorrí la Cucaracha buscando tilapias con mis amigos de cuadra. Mi familia hizo amorosos sancochos en las orillas de la Jagua, mientras padre pintaba los domingos y madre cantaba dulces canciones antiguas.
En las desesperadas aguas de la Yaguilga una mujer sumergió mi infancia.                                         En las tibias aguas de Cuisinde conocí el amor.
Por Navidad, con mis tíos, secamos un brazo de la Jacué para llevar bocachicos a todos los vecinos. Por San Juan a muchas de ellas les canté serenatas con mi voz de carbonero. He caminado la Tortuga, la Caraguaja, la Arenosa, cuando se salen de madre, pidiéndoles perdón.
A la mansedumbre de la Albadán vuelvo siempre. A veces me baño solitario en quebradas sin nombre y guardo sus hojas y arenas para ver si me vuelvo filósofo.
Cada día oro a la Chaquira: le pido que me deje vivir junto a sus torrentes.
Pero ninguna. Ninguna de ellas, es como el río tranquilo de tu cuerpo durmiendo desnudo bajo las sábanas.


VII

En la noche cerrada se abre la tormenta. Con pasos sonámbulos te levantas a trancar puertas y ventanas para conjurar a los relámpagos. Para que la hojarasca que llevan los ríos no inunde nuestros sueños. Las cortinas se baten como grandes pájaros en el zaguán de tu casa. Coronada de lluvia vuelves al lecho. Tomándome las manos me salvas de todos los naufragios bajo tu colcha de retazos celestes.
Todas las tormentas, mis quebradas, las constelaciones, destejen entonces los caminos.
Y llega el canto de las mirlas.

VIII

Navegamos en la vieja casa de los libros. Es imposible recorrerla porque es enorme y laberíntica. Tiene una vieja ceiba en el solar y pájaros peregrinos que vienen de todos los ponientes. En las habitaciones del fondo se escucha el rumor de una quebrada subterránea. Hay nubes detenidas sobre antiguas voces y se escuchan fragmentos de cantos dulcísimos cuando cambia la luz.
También moran en ella ahorcados de otros siglos.
Aquí se viene para arrojarse de bruces a los límites.
Sin embargo, hay instantes felices.
Bajo las palabras se percibe la palpitación del universo. A veces de pronto fulgura la súbita comprensión de ciertos misterios.
Después quedamos ciegos: hemos descubierto lo indescifrable y lo no sabemos contar.
A tientas volvemos a nuestros balbuceos.

IX

Ahora aprendo a morir. Muy pocas cosas me son necesarias.
Tal vez conversar con alguno de mis hermanos bajo la ceiba del patio o atender las asombradas preguntas de mis hijos.
Pero siempre me falta la luna clara de tu sueño.



Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...