lunes, diciembre 19, 2011

MONÓLOGO EN EL METRO

El hombre de contextura más bien delgada, alto y de pelo rojizo entra al vagón y en un rápido display de ojos descubre un puesto vacío justo a mi lado.  Lleva unos vaqueros muy ajustados -un marcapaquetes, como dice una amiga mía- y luce un bonito jersey negro cuello de cisne  acompañado de una chaqueta del mismo color totalmente abierta. Se sienta rápidamente y saca el móvil. Marca un número. Y...

-Hola, si, soy yo. Te he estado llamando todo el día al móvil. ¿Lo tenías apagado? Tú y la tecnología. No se porque no te compras uno mejor (silencio breve). Bueno, bueno. El caso es que te he estado marcando y tu como si nada.  Si, acabo de salir del trabajo, Si, la cena de empresa. Nos lo hemos pasado muy bien.  Y tú ¿has podido hacer  algo de lo tuyo?  (silencio), aja, ya, ya, si...  ¿Quieres que nos veamos ahora? Vale, vale, pues nada, yo ya he cenado pero pensé que te apetecería que nos viéramos esta noche. Si, si, ya se que es jueves (silencio)

(Cabe resaltar  que el hombre hablaba en un tono de voz muy bajo pero no tanto como para que yo no pudiese enterarme de parte de su vida. Mi oído aguzado me hizo perder la atención en el libro  Tu sueño interminable. 24 horas con las Farc de mi amigo Josep Maria Freixes cuya lectura estaba terminando. Así que decidí cerrarlo y sacar el móvil para ir tomando nota de la conversación. Quizá no es correcto pero mi espíritu de voyerista consumada, alentado por mi profesión de antropóloga, siempre me conduce a fijarme en todo lo que me rodea, en los detalles, en los rostros, en todas aquellas minucias que casi siempre pasan desapercibidas)

Bueno, bueno,  ya nos veremos otro día. Si, si, ya nos pondremos de acuerdo, claro, si  tienes el teléfono disponible. Es que tu... deberías comprarte un Iphone la batería dura muchísimo... tu y la tecnología, a veces me parece que tu y ellas sois incompatibles, no te enteras de nada... ¿La cena? bien, ya sabes, si, estuvimos todos, Rafa, Monste, Javi, Lluis... bueno, todos, ya los conoces.  ¿El jefe? si, también ha venido.  Me lo pasé muy bien (silencio) Claro son mis compañeros de trabajo y siempre están ahí, además con el montón de años que llevamos juntos; ellos son mis verdaderos amigos. Como te he dicho muchas veces no son sólo mis compañeros de trabajo. Son honestos y la única gente en quien se puede confiar. ¿cómo?  si, si, ya te lo he dicho muchas veces...

(Aquí la conversación se torna un tanto reiterativa y me aburre, hasta que de repente, después de una breve pausa)


...es que últimamente estás muy lejano, siempre dices que estás muy cansado y no quieres hacer el amor conmigo. Estás superdistante conmigo. No coges el teléfono y sacas excusas, que si el trabajo, que si mañana tengo que madrugar... No, no lo comprendo. Si es que no quieres estar más conmigo me lo dices y ya está  (En este momento mis dedos se mueven veloces sobre el teclado para intentar capturar todas las palabras del hombre) Si, si, es mejor así, me lo dices y así no tengo que estar llamándote todo el día. ¡Y no coges el teléfono! No se lo que pasa contigo, deberías decirme qué sucede porque yo no puedo continuar así (silencio) mañana, no mañana no puedo. Hemos quedado para tomarnos unas copas después de plegar.   Pero ¿qué pasa contigo? Deberías ser sincero y decirme: es que ya no quiero continuar con esta historia y los dejamos, si, si lo dejamos y no pasa nada ¡hombre! Otro intento frustrado y ya está... si,si, ahora tengo que bajar. Nos hablamos después.

Las puertas del metro se abren. El hombre baja veloz mientras se guarda su móvil de última generación en el bolsillo del pantalón ¿Cómo puede caberle, ahí? Me pregunto 

miércoles, diciembre 14, 2011

Antología "Tardes del Laberinto"


Acaba de ser publicada la Antología poética Tardes del Laberinto de la que, con mucho orgullo, hago parte y que será presentada el próximo 26 de enero de 2012 en Barcelona.  Transcribo las palabras de Felipe Sérvulo a propósito de esta edición:

PUBLICADA LA NUEVA ANTOLOGÍA DE NUESTRO COLECTIVO



“TARDES DEL  LABERINTO”. Ediciones Parnass, Barcelona, 2011

Un grupo literario es como la vida misma. En él conviven personas de lo más heterogéneo: altas, rubias, morenas, guapas y menos guapas, ilustradas y menos ilustradas y, claro, cuando se publica algo del colectivo, el resultado es un fiel reflejo del mismo. Por supuesto les une su amor por la literatura y todos sus miembros merecen un respeto, ya que todos nos hacen partícipes de sus sentimientos cuando deciden plasmar esas inquietudes en el papel. Algunos publican libros y están ahí ofreciéndonos su pérdida de la inocencia, sus amores, sus sueños, rotos o cumplidos, sus desvelos, sus fantasías, su esperanza en la vida…
Y eso es debido a que un día perciben que los sentimientos, los recuerdos, los atardeceres o el color de unos ojos no se borran, perduran más allá de la mera experiencia o del mero encuentro y se adhieren a su piel como esos tatuajes tan de moda, que deben llevar a donde quieran que vayan.
Somos estas personas variopintas, imperfectas, vulnerables, auténticas… las que formamos el colectivo El Laberinto de Ariadna.
Por nuestra tertulia han pasado los más importantes escritores y también los más sencillos y desconocidos, y todos sin excepción han sido acogidos con admiración. También hemos publicado hasta el momento veintitrés pliegos de poesía y un libro conmemorativo de los primeros diez años de nuestra existencia. 
Entendemos la literatura de manera festiva, la disfrutamos y eso lo encontrarás en nuestra segunda antología que ha visto la luz en estos días finales de noviembre, 52 escritores participamos en ella.

martes, diciembre 06, 2011

Ménage à trois

En el metro se puede ver casi cualquier cosa. Allí la vida social infracotidiana se desvela de manera sutil o descarada a través de gestos de convivencia básicos, formas prácticas de ocupar un espacio compartido -a veces casi hasta el paroxismo-, maneras de gestionar la mirada y el cuerpo, etc. En los vagones de metro los seres anónimos son partícipes de una representación  precaria y fugaz en la que sin embargo, siempre salen indemnes por una sencilla razón: la mayoría de ellos saben de memoria su papel y aunque improvisen lo hacen de manera tal que la función continúa sin sobresaltos. Bueno, al menos eso es lo que sucede la mayoría de las veces.
Allí en ese espacio minúsculo aliñado de diversas formas corporales, olores de toda laya, conversaciones en todos los tonos,  alientos de todos los matices, regurgita ese mundo social que se explaya, allá arriba, en la calle.  ¿Acaso podría ser de otra manera?

Es viernes. Tomo el metro en Sagrera. A las 11 de la noche todo parece remitir a un ambiente festivo de copas y bailes y lo que salga.  Se baja alguna gente y  sube otra: jóvenes con ganas de fiesta, hombres y mujeres con cara de agotamiento y pocas ganas de sonreír y algunas personas mayores de pasos silenciosos. El vagón está medio vacío así que me siento en uno de los puestos libres. Abro un poco la cremallera de mi abrigo, me desato la bufanda -hoy llevo una preciosa que me ha regalado mi hermana Tati- saco El Gatopardo de mi bolso y empiezo a leer justo donde Lampedusa describe el final del Príncipe, empiezo a introducirme con emoción en las palabras y ¡zas! la risa alborotada de una chica me desconcentra. Levanto la mirada y la veo justo en frente de mí. Es muy joven -veinteañera, diría- y va sentada en las piernas de un chico de pelo largo. Ella ríe, él la lleva encerrada en sus brazos.  Intento leer pero algo me desvía del texto. Vuelvo a mirar al frente y veo a la pareja, ahora se besan con fruición (oye: tu también lo hacías en los pasillos de la universidad ¿recuerdas?). Y entonces me fijo en la otra persona que comparte la misma sección compuesta por dos asientos: es otro chico de pelo corto y mirada lejana.  Tiene cara de ángel, pienso. Un momento: observo que la distancia entre el cuerpo de éste y la pareja no existe. ¡No hay esa separación física ellos!  Busco explicaciones: debe ser hermano de alguno de los miembros de la pareja o un muy buen amigo de él. Vamos, un familiar. Alguien de mucha confianza que llevas a tu costado mientras te "morreas" con tu novio o novia y te aguantas las conversaciones insulsas y repetidas de los enamorados.  El chico tiene, sin embargo, cara de aburrido.
Vuelvo a la muerte del Príncipe sin éxito. Oye: mira con disimulo.  La pareja ahora ha terminado la sesión de besos  y parece que se ha quedado sin palabras. "Propera parada: Hospital Clínic".  Hago como si estuviese leyendo pero mi visión periférica me advierte de algo. La chica continúa sentada en las piernas de su chico pero éste ya no la abraza, ahora habla  con el muchacho acompañante (lo hacen muy quedo y sus caras están demasiado cercanas, demasiados próximas) Oh, oh, aquí pasa algo, me digo. Y entonces me fijo que el brazo derecho del chico que antes besaba a la muchacha ahora estrecha el cuerpo delgado del  joven y mientras sonríe le acaricia el rostro con ternura con su mano izquierda. (Nada: debe ser su hermano menor). Oye: mira con disimulo y vuelve al libro.  Y entonces, un poco después,  sin poder evitarlo, levanto la mirada y observo a  los chicos engarzados en un beso intenso y prolongado, mientras la chica observa su reflejo en la ventanilla del metro (aún va en las piernas de uno de ellos).
Intento volver al texto, sin éxito. No puedo ocultar una sensación un tanto extraña. La presentación sin decorados de un comportamiento privado en un espacio público me ha dejado sin palabras. Así que, con disimulo, observo las caras de mis compañeros de viaje. Los que han visto la escena, desvían la mirada, como si hubiesen visto algo muy, muy raro...   Y yo pienso en mi madre y en lo que diría: "Dios mío, este mundo está loco".

viernes, noviembre 25, 2011

Le Livre des Adieux à París

Joseph Anton SOLDEVILA – Le Livre des Adieux*

Par: Nathalie‐Noëlle Rimlinger

Ce qui est important dans ce livre, c’est l’état de crise humaine.
Une crise violente, implacable, qui entraîne une séparation d’avec l’autre moitié, irrévocable, jusqu’à l’adieu.
Commence alors une descente en soi‐même comme chez Dante, la Divine Comédie, un voyage vers l’enfer.
Mais je n’ai pas pensé toute seule à Dante, Franz Litz, le musicien, m’y a aidée, qui après un long chemin de création, fort de sa maturité, a manifesté la nécessité d’écrire les « Années de Pèlerinage», traversée d’espaces intérieurs à partir de l’amour que Dante, Pétrarque, ont inspiré. Et le même texte de Dante insufflait à Victor Hugo un poème, comme si les artistes et tous les hommes rencontraient cette crise d’une quête d’eux‐mêmes et de vérités.
Si ces références littéraires sont classiques, c’est que le thème abordé par Soldevila est cousu à l’expérience humaine depuis que l’homme est homme, expérience toujours renouvelée qui flèche un parcours à accomplir lorsqu’un travail de l’âme doit se réaliser, comme si l’âme à un momento donné exigeait que l’on largue une partie en soi‐même.
Etapes douloureuses, inacceptables, ressenties comme injustes. Celle d’un regard à découvrir, à distinguer de l’amour passion, l’amour charnel, l’amour de l’amoureux, par lequel l’auteur constate que s’il est indispensable à l’homme d’aimer, quelque chose s’effectue dans l’amour, comme une perte, qui rend seul, vulnérable, exilé… L’amour se transforme en perte, et l’autre, avec lequel s’était si bien révélé le secret de l’intimité que l’on tenait pour éternel, subit le sort d’être rejeté pour cause de son éloignement. Et comme toujours on se demande qui quitte l’autre. Le livre des Adieux, ce livre de la crise, comporte trois parties: D’abord la douleur, La décision, L’exil.
J’évoquais la Divine comédie car de même s’entreprend un voyage où il s’agit par cercles
concentriques de pénétrer l’enfer, de traverser le purgatoire. Et c’est bien ce trajet qu’entreprend notre auteur, qui s’éloignant, chemine sans trêve et sans merci et constate ses transformations, mais sans espoir de lumière, et sans lueur de paradis. Sans se gracier un seul instant, ni l’autre non plus.
Chemin sans retour, où l’adieu résonne pourtant comme un appel au secours où filtre par une insistante adresse à l’autre, témoin du vertige entamé, le feu d’une passion qui se cogne à ellemême, d’un désespoir qui tire vers le pire.
Pour ne pas citer le poète, car vous allez l’entendre somptueusement, je vais vous lire pour illustrer mon propos, le texte de Victor Hugo, deux lignes de Dante, puis un sonnet de Pétrarque… Mais avant, je voudrais m’arrêter un instant sur le style de Soldevila fait d’images d’une incroyable forcé d’évocation, pénétrantes par leur précision piquante d’universalité, dans ce texte déroulé comme un monologue. Et c’est là, dans cette écriture tissée d’images que je trouve beaucoup de tendresse et même de l’amour. Ces images savent nous émouvoir parce qu’elles sont en nous. Elles s’enchainent ici, avec l’évidence de la subtilité. Nous pouvons saluer l’esthétique fine du poète, Soldevila, virtuose, et le placer parmi les grands. De cette tendresse discrète, ténue de l’enfance plongé dans le rêve, nous émergeons dans l’âge adulte, avec ce destin commun à tous, d’avoir à perdre sa vision d’un amour immuable, parce que le paradis, ici, se tient derrière, mais qui se retrouvera peut‐être, lorsque la tyrannie de l’amour fusionnel et totalitaire de l’enfance se dissoudra pour laisser place à l’inconnu.
Victor Hugo à propos de Dante
« Quand le poète peint l’enfer,
Il peint sa vie.
Là sont les visions, les rêves, les chimères,
Les yeux que la douleur change en source amère
Puis la pâle misère au sourire appauvri,
L’ambition, l’orgueil de soi‐même nourri
Et la luxure immonde et l’avarice infâme,
Tous les manteaux de plomb dont on peut se charger l’âme.
Et puis plus bas encore et tout au fond du gouffre,
Le masque grimaçant de la haine qui soufre. »
De Dante, deux lignes :
« L’amour, couple enlacé, triste et toujours brûlant ».
Plus loin : « Abandonnez toute espérance. »
Maintenant, un sonnet de Pétrarque, poète italien du 14ème sièle
« Je ne puis trouver la paix
Et je n’ai pas de quoi faire la guerre
Et je crains et j’espère
Et je brûle et je suis de glace
Et je vole au‐dessus du ciel
Et je rampe sur la terre
Et je ne saisis rien
Et j’embrasse le monde entier.
Quelqu’un m’a mis dans une prison
Qu’il ne m’ouvre, ni ne me ferme
Et sans me retenir pour sien,
Il ne détache pas mes liens
Et amour ne me tue pas
Ni ne m’ôte mes fers
Et il ne me veut pas vivant
Et il ne me tire pas d’embarras.
Je vois sans yeux, je n’ai pas de langue
Et je crie et je désire mourir
Et je demande secours
Et je me hais moi‐même
Et j’aime autrui.
Je me repais de douleur
en pleurant je ris également
Me déplaisant la mort et la vie
Voilà mes tares, madame,
Où par vous je me trouve. »
Nathalie‐Noëlle Rimlinger, París, Novembre, 2011


Texto de la escritora, editora, pintora y escultora Nathalie-Noëlle Rimlinger, con motivo de la presentación de la traducción francesa de  El Llibre dels Adéus (Le Livre des Adieux) de Josep Anton Soldevila  en la Galería de Arte Terres d'Aligre, de París, el pasado 17 de noviembre.  

martes, noviembre 22, 2011

Muerte en la estación Espanya

Nada hacía presagiar lo peor. La mañana del lunes, como de costumbre, llevé a mi hija al cole y después tomé la línea azul del metro, hice  un transbordo en Plaza de Sants  y tomé la linea roja para  bajarme en plaza Universitat donde había quedado a las 9:30 con mi amiga Susana. Todo iba bien hasta llegar a la estación Espanya. Mientras miraba los titulares de uno de esos diarios gratuitos que reparten en la boca de las estaciones, escuché la voz metálica anunciando "Properada parada, Espanya". Alejé mis ojos del periódico en el momento en que el metro empezó a frenar de manera extraña. Andaba un poco y se detenía, andaba un poco y se detenía como si algo impidiese su tránsito. Miré por la ventanilla el andén de la estación mientras el metro se detenía totalmente. Entonces observé cómo la gente que allí estaba se dirigía rápidamente hacia el costado del pasillo por donde había entrado el metro. A la par todo los que íbamos dentro del vagón nos miramos con sorpresa. ¿Qué ha pasado?  Las puertas se abrieron mientras una mujer que estaba en el andén gritó "se ha tirado alguien". Los pasajeros empezaron a bajar. Yo me quedé junto a la puerta, totalmente inmóvil. Una extraña sensación se apoderó de mi ánima y sentí unos deseos enormes de llorar. Tres mujeres se arremolinaron junto a la puerta en la que yo estaba y decían "Era una chica, estaba allí esperando el metro, cuando de repente, al momento de entrar, se tiró... ha sido horrible".  La mayoría de los que estaban esperando en el andén y los que venían en el metro se iban rápidamente hacia el lugar del suceso. Yo, perpleja, seguía sin entender lo que había pasado y sobre todo sin comprender ese instinto morboso de la gente.   "No he visto nada, parece que el cuerpo está debajo..."  
Después de unos minutos, bajé del vagón con una tristeza enorme y me dispuse a transitar el  largo pasillo  hacia  la línea verde sin mirar atrás. Escuché los altavoces de la estación  "Debido a una incidencia la linea 1 está suspendida de la estación de..."
Una incidencia, la muerte es una incidencia. Yo no dejo de pensar en ello. Anoche tuve sueños oscuros.  Desde entonces las estaciones de metro me asustan.

domingo, noviembre 20, 2011

94 años

Mañana 21 de noviembre mi abuelo Miguel Ángel cumple 94 años.  Y  sigue como si nada, trashumando caminos y montañas y jugando al billar.  Hace algunos meses le pusieron un marcapasos y cuando ya se había recuperado un poco lo atropelló una zorra (un carro tirado por un caballo) en una de las calles de un poblado inmerso en la manigua.
El abuelo sigue en pie, con una lucidez asombrosa. La última vez que le vi, hace tres años, me dijo que ya estaba viviendo de más, que estaba usando un tiempo que no era el suyo...
Estoy segura de que podré volver a verlo para decirle que lo quiero y para agradecerle esos exámenes de conocimientos a los que me sometía cuando yo estudiaba la secundaria. ¿En que año ocurrió la guerra de sucesión en Estados Unidos? ¿Cómo se inició la Guerra civil Española? ¿Quienes  firmaron el tratado de Lombardía? ¿Quién compuso La Marsellesa?  ¿Quién escribió Bodas de Sangre?  ¿Cuáles son los ríos más largos del mundo?  Preguntas y preguntas que yo intentaba responder siempre con un poco de miedo pues temía equivocarme.  (Se por fuentes fidedignas que te sientes muy orgulloso de mí y eso conmueve  los rincones más profundos de mi ser)
¡Feliz aniversario, abuelo! (aunque se que, quizá, no podrás leer estás palabras  -allí donde vives Internet aún no llega...)

Foto de mi abuelo a mediados de 1999 en el Desierto de la Tatacoa, Huila, Colombia

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...