Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
domingo, agosto 05, 2012
viernes, julio 13, 2012
Recorrido en buseta
A las 15:30 Neiva arde. El sol, inclemente, reverberea en las calles y en las hojas de los árboles. No hay ni un alma en las aceras, ni una gota de aire en los tejados. ¡Mierda! digo, mientras salgo de casa de malhumor. Coja la buseta no. 4 en la calle de arriba, dice mi padre. Camino con el sol en la espalda. Siento que mi cabello aún húmedo -acabo de ducharme por segunda vez en este día-, se empieza a calentar sin consideración. Una moto con dos ocupantes pasa por mi lado y casi me roza. Pienso en todas las palabrotas ibéricas que ya no puedo borrar de mi cabeza. Espero cinco minutos en una acera (aquí no hay paradas estipuladas y la gente hace señales a los autobuses y busetas donde le da la gana). Veo la buseta no. 4 pintada de azul. Levanto la mano. Para. Pago 1300 pesos. Ojeo el interior. Sólo lleva tres ocupantes: dos hombres y una mujer. Busco un asiento estratégico en el que el sol no me encuentre. El vehículo parte por calles tantas veces repetidas. Y yo empiezo a observarlas mientras los recuerdos acuden a mi mente. La memoria se ensancha en cada esquina, en cada cada recodo, en cada barrio. Por aquí vive Lucía, pienso. Hogar infantil Santa Isabel y veo a mi hermana Mariela con cuatro años. Lleva un vestido azul y está aferrada a la verja metálica, llorando: tata no me deje. La buseta continúa. El sudor empieza a desgajarse por la espalda. ¡Joder! Estos barrios no cambian. Sector de malandrines, casas repetidas y empobrecidas. Delincuentes. Desheredados. ¡He pasado tantas veces por estos lares! El puente. El río. ¿Más limpio? Observo unas garzas blancas y el agua más clara y en las orillas basuras. Arriba de todo, hace 20 años el río hacía un charco precioso: Pozo Azul. Allí nos bañamos muchas veces cuando éramos adolescentes. Pero ahora... Los semáforos tardan una eternidad en cambiar. ¡Y este calor terrible! Ahora sube hacia un sector que antaño era el lugar de la burguesía neivana. Observo la iglesia y me veo vestida de novia... Gira. Pasa por una avenida y muy cerca de ahí recuerdo mi primer lugar de trabajo como profesora universitaria. Sigue recto y pasa por la antigua Zona Rosa. Amores. Rockola. Cerveza. Bailes. Flores. Comidas. Promesas de felicidades fugaces. Carrera Quinta. Río Las Ceibas. Calles, calles y más calles anodinas, atravesadas por gente modesta de rostros morenos de sol.
Lugares conocidos y distantes. Magnánimos en el intersticio de la memoria, vulgares ahora que los recorro con este calor de los mil demonios a punto de deshacerme. Lugares olvidados, recordados, tergiversados. Lugares signados por la inercia, la quietud y la distancia.
¡Mierda: cómo pasa el tiempo!
miércoles, julio 11, 2012
Escribir...
Llevo muchos días sin escribir una línea. Hace un mes lo atribuía al estrés de mi vida en Barcelona, a la situación de desesperanza que se vive en España, al hecho de realizar un trabajo precario, a la ansiedad que produce los preparativos del viaje... Excusas y más excusas para tapar la realidad.
Me encuentro seca de palabras. Allá y aquí.
Ya son tres semanas en el trópico en las que he desconectado de tal manera, que no he tenido voluntad ni para actualizar este blog como debería ser. Ni para sentarme a escribir un verso. Nada. Y me siento culpable por ello.
Por suerte, leo. Y leo mucho porque porque estoy preparando un curso sobre ciudad y literatura que dictaré para una maestría en la ciudad de Ibagué. ¡Es lo único que me salva!
Así que ahora, en medio de una canícula atroz (en la ciudad de Neiva a mediodía fácilmente se puede alcanzar los 40 grados), me dedico a leer novelas colombianas. He comenzado por Sin remedio de Antonio Caballero. Y me ha encantado. He redescubierto una obra magnífica, que he podido degustar en la biblioteca del barrio de mis padres que ¡tiene aire acondicionado!. La siguiente novela es ¡Que viva la música! de Andrés Caicedo, que leeré en las madrugadas cuando todavía e vaho caliente no se ha adueñado de las ventanas, de los salones, de los patios, de los cuerpos. El momento propicio para dejarme llevar por las palabras.
Cuando pase esta alegría por el calor de la familia primera, por el magnífico encuentro con lo conocido, seguramente volveré a escribir. Espero hacerlo. Mi segunda novela ronda sin cesar las madrugadas.
Mientras tanto sigo con la lectura...
domingo, julio 08, 2012
Texto de Eduard Sanahuja
Reproduzco, totalmente, el texto del poeta Eduard Sanahuja a propósito de la presentación de mi libro Versos en claroscuro, el pasado 4 de junio en Barcelona.
....
Llevo bastantes años en eso de la poesía, muchísimos escribiendo (desde la
adolescencia), más de 30 participando en actos públicos, y los últimos 22
promoviendo la poesía en Barcelona desde el Aula de Poesía de Barcelona.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, es normal que haya participado en la
presentación de unos cuantos libros. Recuerdo el primer libro que presenté, La sombra del obituario vista por su propio
huésped, de mi querido amigo del alma Javier Carnicer, en Huesca, allá por
1982; también recuerdo el último, en el espacio Cincómonos, Visegrado Hotel, una edición digital de
mi también amigo Moisés Galindo. Entre uno y otro, ha habido otras
presentaciones en las que he intervenido, siempre de libros escritos por amigos
(o amigas, como Goya Gutiérrez, a la que le presenté el libro Hacia lo abierto ahora hará un año, más
o menos). En cualquier caso, siempre han sido libros de personas a las que me
unía la amistad o, al menos, un largo conocimiento mutuo, como me ocurrió con
Miquel-Lluís Muntané, un poeta que escribe en catalán y cuyas obras me permito
la libertad de recomendarles –presenté su Tomb
de les batalles en 2009.
Todo este preámbulo no tiene otra misión que anunciarles que hoy empiezo
aquí una nueva fase en mi faceta de presentador –nada prolija, por otra parte;
¡no vayan a pensar ustedes que soy un presentador profesional!–: la de
presentar un libro escrito por una persona a la que apenas conozco. Lamentablemente,
no puedo contarles los interesantísimos momentos que Marha Cecilia Cedeño y yo
hemos compartido, los viajes que hemos hecho, lo amiguísimos que somos, las
lecturas que hemos comentado para nuestro regocijo y que nos han unido; no
puedo en modo alguno hacer un panegírico de nuestras afinidades y afectos, como
suele ocurrir al inicio de muchos actos como este, por la simple razón de que
faltaría a la verdad. Sin embargo, Martha no es una absoluta desconocida para
mí. Hace unos ocho o nueve años participó en un taller de poesía que Jordi
Virallonga y yo impartimos en la Universidad de Barcelona. Ella era jovencísima
y discretísima, calladita y silenciosa, de modo que no tuvimos grandes
conversaciones. Después de aquel primer encuentro, estuvimos mucho tiempo sin
coincidir, hasta que empezamos a encontrarnos casualmente en actos poéticos, en
particular en algunos de los que organizan los amigos del Laberinto de Ariadna,
con Felipe Sérvulo al frente. Al final de uno de estos actos, hace un par de
meses, Martha se dirigió a mí y me hizo una confidencia sorprendente, que creo
que puedo compartir con ustedes sin traicionar a nuestra autora: me dijo que en
la época del taller me había mostrado un poemario suyo y que yo le había
confesado que no me gustaba. La verdad es que no recuerdo en absoluto nada de
esta circunstancia. A continuación me anunció que tenía un libro de poemas que
se iba a publicar próximamente en In-verso ediciones de poesía, y que le haría
mucha ilusión que yo lo presentara. No lo dudé y le contesté inmediatamente que
sí. Ignoro la razón por la que Martha me escogió para participar en este acto,
quizás hoy la aclare ella misma, pero estoy seguro de que si acepté sin
pensarlo es porque intuí que el poemario de Martha no me decepcionaría, porque
de algún modo supe que Martha tiene cosas que decir y sabe cómo decirlas. Ella,
con su prudencia habitual, me aconsejó que primero leyera el libro y que
después le confirmara mi aceptación. Y así lo hicimos. Al cabo de unos días
quedamos en el bar de la Facultad de Historia de la Universidad de Barcelona, a
la salida de unas clases de literatura que imparto para estudiantes de los
Estados Unidos de América. Martha me entregó un libro impreso, Amores Urbanos, y otro, mecanografiado,
titulado Versos en claroscuro. Cuando
llegué a casa, en uno de mis clásicos despistes, me puse a leer Amores Urbanos, creyendo que era el
libro que tenía que presenta, sin fijarme que había sido publicado en el 2010
en Parnass ediciones. Enseguida encontré cosas que me gustaron, como el poema
X:
Maullamos por la
nariz
–respira mis
latidos–
Asaltamos a
gritos la piel
–moja mi lengua–
Hacemos agujeros
en el tiempo
–calienta mi
ánima–
Cabalgamos los
aleros de la noche
–bebe mi espacio
de lagos insomnes–
¿No presagias el
goce de los gatos?
Luego me doy cuenta de que
el libro viene con una presentación de una persona a la que admiro muchísimo,
el antropólogo Manuel Delgado Ruíz –Martha también es doctora en Antropología
Social– , y un prólogo de mi amigo Josep Antón Soldevila. Pero sigo sin percatarme
de la fecha de publicación. Cuando hablo con Martha nuevamente, me lo deja todo
clarísimo: el libro que he de presentar es el otro, el mecanografiado. Es un
libro que ella escribió con anterioridad a Amores
urbanos, pero que, por esos avatares extraños que acontecen en la
publicación de libros de poesía, va a ver la luz después, en la editorial
In-verso, el sello que también dirige Amàlia Sanchís. Y en eso estamos ahora,
con Martha, con Amàlia y con estos hermosos ejemplares de Versos en claroscuro.
Versos en claroscuro lleva también un prólogo, esta vez de César Valencia
Solanilla. Como no lo conozco, busco en internet (¡hoy nadie puede esconderse
de nada!) y veo que César Valencia Solanilla es doctor en Literatura de la
Universidad de La Sorbona y profesor titular y director de la Maestría en
Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira (ciudad que, allí en
Colombia natal de Martha, compite con Medellín en la organización de uno de los
mejores festivales de poesía de todo el mundo); es ensayista, crítico y autor
de los libros como La identidad cultural
en Juan Rulfo (1993) o La
escala invertida. Ensayos sobre literatura y modernidad (1996). Cuando se
lee el prólogo, se comprueban dos cosas: que César Valencia es eminentemente
inteligente y que Martha sabe elegir muy bien a sus prologuistas. César Valencia
caracteriza sabiamente cada una de las seis partes en que está dividido el
libro (Presagios, Memoria, Palabras, Espacios, Trazos y Osarios), que en
cierran “una reflexión sobre el amor y la esperanza sin atisbos sentimentales”,
una indagación “por aspectos fundamentales del hombre moderno, de su
encrucijada y fragmentación, en contextos espaciales y temporales
identificables”.
Como el
análisis del libro está muy bien pergeñado en este prólogo, al cual les remito
encarecidamente, yo me voy a centrar en situar la poesía de Martha en relación
a su canon estético. Para ello, vamos a considerar que en poesía (en lo que
llamamos poesía discursiva; dejaremos ahora de lado la poesía visual) existen
dos modelos fundamentales de creación poética. Se trata de una simplificación extrema, y
falaz, como tolas las simplificaciones, pero ilustrativa y didácticamente
efectiva si tenemos en cuenta que entre estos dos modelos, entre estos dos
polos, existe todo un contínuum de posibilidades de hibridación. En uno de los
extremos se situaría lo que yo llamo la “poesía del ser”, el ámbito de
Parménides (no el de Zenón, porque Zenón obvia uno de los componentes
inexcusables de le poesía: el tiempo). Es la poesía del “nombrar”, del “hacer
patente” (no lo digo yo, sino Heidegger a propósito de la poesía de
Hölderling). Esta poesía, que apunta más a la palabra, a su poder connotativo,
es la poesía de conjuro, de la oración, de la mística, del aforismo filosófico
o estético (cito uno de Carlos Edmundo de Ory: “El poder absoluto, luto, luto”).
En el otro polo, está la poesía del devenir, la poesía heraclitiana, una poesía
que apunta más al discurso narrativo; es la poesía de la épica, de la égloga,
de la balada, aunque la épica sea ya una épica sin héroes. Filogenéticamente,
la poesía del ser es anterior a la del devenir. Pero hemos de recordar que lo
que se impone es la hibridación, porque se puede narrar nombrando, como ocurre,
por ejemplo, en un magnífico poema de Jaime Gil de Biedma, en la que el
discurso narrativo, a través de la ironía, no es más que un artificio para
poder nombrar, de un modo casi notarial, las piedras angulares de sus afectos (me
refiero al primer poema de Moralidades,
“En el nombre de hoy”).
Pues bien, la
poesía de Marta pertenece al ámbito de Parménides, a la poesía del ser, del
nombrar. Es una poesía que practica una economía verbal (una austeridad, en
términos actuales) que la sitúa en las antípodas de los excesos verbales de
cierta poesía latinoamericana. Hay un cierto minimalismo esencialista, y por
supuesto una visión fragmentaria del mundo, acorde con la imposibilidad de
comprender (y de abarcar) de una forma unitaria y coherente la modernidad, la
postmodernidad y, aún más, la transmodernidad (o postpostmodernidad).
Pero ¿qué es lo
que nombra Martha? Un simple inventario de los sustantivos y de algunos
adjetivos que aparecen en el libro nos da una fotografía fehaciente de su
paisaje literario: sombra, soledad, pena, recuerdos, olvido, ausencia,
nostalgia, naufragio, extravío, bostezo, tedio, agonía, exilio, hoguera,
intruso (sustantivado), crepúsculo, agitación, cementerio, llanto, transeúnte,
fantasmas, truhanes; y los adjetivos vetusto, carcomido, oxidado, yermo,
ausente, falaz, desvencijado, huérfano… Martha no nombra la plenitud, sino esa
transformación de la existencia en la que el tiempo y la memoria lo deterioran todo, en la que cualquier
atisbo de luz se cobra instantáneamente un correlato de sombra; dibuja el
aguafuerte de la partida, del exilio, de la pérdida, el no lugar donde el
silencio se impone imperceptiblemente: “el silencio es un iceberg cuya cima son
los días muertos”, nos dice.
La poesía de Martha Cecilia Cedeño
no se limita, por supuesto, a nombrar. No es solo un conjuro contra el olvido y
un testimonio de la existencia desarraigada, con sus atisbos de amor y de
esperanza en la figura de Luna, su hija. Martha sabe transitar por el artificio
del poema, sabe construirlo y rematarlo con unos finales que demuestran que
están cimentados en la piedra de toque de la poesía, que no es otra que la
puesta en escena de lo enigmático. Toda la gran poesía, ya sea la del ser como
la del narrar, se mueve en el terreno de lo enigmático, desde El cantar de los cantares, pasando por
los romances líricos (el del Prisionero o el del Infante Arnaldos, aquel que
termina diciendo “Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va”, ese final
al que Ramón Menéndez describe como una magnífica muestra del “saber callar a
tiempo”) y por san Juan de la Cruz (“…y la caballería / a vista de las aguas /
descendía”) hasta llegar la mejor poesía contemporánea. Lo dice Jorge Guillén:
“La poesía, en todo su rigor, es un lenguaje construido como un objeto
enigmático”[1].
Quizá por ello la poesía es un género en crisis, porque en un contexto social
en que se impone el pragmatismo a ultranza, la fagocitación inmediata del
placer y la necesidad imperiosa de explicar y entender cabalmente cualquier
fenómeno, el poema requiere algo muy escaso en ese entorno: “un
receptor que necesariamente debe actuar como un intérprete activo dispuesto a
desvelar los posibles sentidos del enigma o, como mínimo, a aceptar de manera
positiva el misterio de lo que no es inmediatamente inteligible: un receptor que
sepa convivir con el misterio”[2].
Martha
sabe abrir las ventanas del enigma, eso que es, en última instancia, la vida y
la existencia individual de cada ser; sabe acunarlo y, lo más importante, por
eso es poeta, sabe darle forma verbal He ahí una muestra de ello:
EFÍMERA
Alguien se pensó
a sí mismo
y la existencia
fue llanto,
extravío,
noche.
La razón no exime
de la muerte.
Pasemos ahora a gozar de los poemas de
Martha Cecilia Cedeño, a saborear su misterio, con la clara conciencia de que
en la poesía, como en la filosofía, importan mucho más las preguntas que las
respuestas.
Eduard sanahuja Yll
Barcelona, 4 de junio de 2012
[1] Jorge
Guillén: Lenguaje y poesía. Ed.
Alianza, Madrid, 1972 (2a).
[2] Eduard Sanahuja: “Poesia i societat al principi del segle XXI: l’ensenyament i
l’aprenentatge de la poesia a l’educació primària i a l’ESO” a Documents 14, Expressió, cultura i cohesió
social. Generalitat de Catalunya /
Consell Escolar de Catalunya. Maig de 2005.
viernes, junio 15, 2012
POESIA EN ACCIÓ
Lectura ...de poemes del llibre Poesia solidària, amb les veus poètiques de Montserrat Abelló, José Corredor-Matheos, Albert Calls, Laura López, Eduard Escofet, Maria Cinta Montagut, Vicenç Llorca, Alejandro Duque, Jorge Encinas, Montserrat Doucet, David Escamilla, María de Luis, Ramón Crespo, Felipe Sérvulo, Assumpció Forcada, Miquel-Lluís Muntané, Anna Rossell, Ignacio Bellido, Anna Benítez, Santiago López Navia, Silvia Rins, Ricardo Fernández Esteban, Fina R.Palu, Josep Anton Soldevila, Dolores García, Luana Dogwiler, Antonio García Lorente, Jéssica Arias, Elisa El Zoughbi, Jorge Stoysich, Laura Caro, Domingo Socorro, María Luisa Mora, José Miguel Colmenero, Marcelo Díaz, Adriana Pardo, Carlos Gargallo, Pilar Osorio, Jordi Sánchez, Sandy García, Rosario F.Cartes, Juanjo Almeda, Amparo Vázquez, Stella Manaut, Antonio Porras, Puri García, David Cebrián, Sixta Tulia, José Ángel de la Torre, Carmen Tere, Higorca Gómez, María Luisa Piña, Concepción de la Horra, Ángel Féliz, Luisa Gómez, Antoni Salvador, Mari Carmen Cortés, Diane Lenart, José Ángel de la Torre, Lourdes Domenech.
ENTRADA LLIURE
Hi haurà tallers de reciclatge,
de haikus, de llengües del món,
dança, contacontes, música en viu,
cantautors, monòlegs teatrals,
i un dinar multicultural (8€ adults, 5€ menors)
*********
10 horas de poesía solidaria en beneficio de la asociación Amics de la gent gran-Amigos de los mayores.
Sábado 16 de junio de 11 a 21h, en el Reial Cercle Artístic de Barcelona ( Arcs, 5). Cerca de la Avinguda de la Catedral de Barcelona.
Lectura de poemas del libro Poesia solidària, en las voces poéticas anteriormente mencionadas.
ENTRADA LIBRE
Habrá talleres de reciclaje,
de haikus, de lenguas de mundo,
danza, cuentacuentos, música en vivo,
cantautores, monólogos teatrales,
y una comida multicultural (8€ adultos, 5€ menores)
10 hores de poesia solidària a benefici de l'associació Amics de la gent gran. Dissabte 16 de juny d'11 a 21h
al Reial Cercle Artístic de Barcelona (Carrer Arcs, 5)
Prop de l' Avinguda de la Catedral de Barcelona
domingo, junio 10, 2012
EXPOSICIÓN DE LA SOMBRA A LA LUZ. IMÁGENES DEL SECUESTRO
El próximo 11 de junio de 2012, a las 19:00 horas, en la Sala Teresa Pàmies del Centro Cívico Urgell (Comte D’ Urgell, 145), se presenta al público barcelonés 19 acrílicos sobre lienzo del pintor colombiano Mario Ayerbe González y el libro en edición de lujo del poeta colombiano Marcelino Triana.
Esta exposición estará abierta hasta el 18 de junio, luego de pasar por París y Nueva York
De la sombra a la luz recoge imágenes inspiradas en el secuestro por parte de las FARC de la congresista Consuelo González de Perdomo, que se acompañan con textos del también escritor colombiano Fernando Soto Aparicio.
Este libro acaba de ser galardonado en la XIV edición de los premios International Book Awards en Nueva York. Ha ganado el primer puesto en la categoría Mejor Diseño de Portada y ha obtenido una mención de honor como Mejor Libro de Arte
Las historias del secuestro en Colombia han sido contadas de muchas formas, pero pocas veces a través de la pintura. He ahí el valor de esta exposición y el libro que la acompaña, pues nos presenta una visión de esta triste realidad colombiana a través de toda la contundencia de la expresión artística del maestro Ayerbe.
Como enuncia el escritor Soto Aparicio en el prólogo del libro “el secuestro es esa cueva oscura donde se pierde todo: la identidad, la familia, la patria, el mundo. El atropello deja los ojos inútiles, inútil la palabra: los unos olvidan los paisajes, las personas, la claridad; la otra no se oye y muere de tal forma que no le quedan ni los ecos. El secuestrado ingresa a un limbo que es el reino de la carcoma y de la sombra. Y en esa agua espesa y pútrida en donde todo se le niega, va naufragando un poco cada día; y ni siquiera le dejan la alternativa de buscar la muerte, porque lo convierten en una mercancía que los dueños aspiran a negociar con todas las ventajas”.
domingo, junio 03, 2012
Versos en Claroscuro
Os comparto el artículo publicado en La Vanguardia sobre la presentación de Versos en claroscuro en la Casa del Llibre (Rambla de Catalunya, 37) de Barcelona:
Foto: Javier Requena R.
Por: Juan Carlos Ruiz Vásquez
La Casa del Llibre de Barcelona acogerá este lunes 4 de junio el acto de presentación del libro Versos en claroscuro escrito por la poeta y antropóloga Martha Cecilia Cedeño Pérez y publicado por la editorial in-VERSO, Ediciones de Poesía.
Se trata de un poemario que ha recibido muy buenas críticas de poetas y escritores especializados en el tema y que ha sido elaborado en torno a la nostalgia y con un hondo sentido de orfandad y desesperanza. Versos en claroscuro está creado desde el ahora de un espacio contradictorio en que coexisten diversos tiempos, una voluntad de condensar la expresión verbal a lo esencial de la imagen que quiere transmitir: la vida del exilio voluntario y de la ausencia al otro lado del mundo, la casa, la familia, el río, las plantas, el amor, los viajes, el sentido inefable de existir. Poemas para refrendar el olvido, para testimoniar un recorrido algunas veces amable por distintos lugares.
La poeta nació en Colombia un 24 de junio. Actualmente vive en Barcelona. Es doctora en Antropología Social y Cultural de la Universidad de Barcelona; magíster en Educación por el Arte y Animación-Sociocultural del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC) de la Ciudad de la Habana, Cuba; y licenciada en Lingüística y Literatura de la Universidad Surcolombiana, Neiva, Colombia.
Martha Cecilia ha publicado los poemarios Duermevela. Amores, símbolos y muerte (El Samán editores, Neiva, 1997) y Amores urbanos (Parnass, Barcelona, 2010). Sus poemas también han sido recopilados en la Antología mayor de poesía huilense (Región y cultura, Neiva, 2009), Vilapoética (Parnass, Barcelona, 2011) y Las tardes del Laberinto (Parnass, Barcelona, 2011) y en el libro Migraciones, trenzando palabras (Universidad de Almería, 2009). Artículos y poemas suyos han sido publicados en Argentina, México, Cuba, Colombia y España.
Forma parte del grupo cultural El Laberinto de Ariadna, de la Academia Huilense de Historia y del grupo de trabajo Etnografia dels Espais Públics que dirige el antropólogo Manuel Delgado Ruiz, del Instituto Catalán de Antropología. También colabora con el Centre d’Estudis de L'Hospitalet desde el año 2006.
En la ceremonia de presentación del poemario Versos en claroscuro intervendrán, además de la autora, el poeta Eduard Sanahuja, que presentará el libro y Amàlia Sanchís, la directora de la editorial in-VERSO, Ediciones de Poesía.
El acto en la Casa del Llibre de Barcelona (Rambla de Catalunya, 37) dará comienzo a las 19:30 horas y la entrada será libre hasta completar el aforo.
La poeta ha ofrecido recitales en el Ateneu Barcelonès y en el auditorio de la Biblioteca La Bòbila de L’Hospitalet.
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