martes, abril 07, 2020

ABRIL

No sé quién me roba el mes de abril (Sabina tampoco lo sabe); ni quién me roba las tardes alargadas y las flores de los almendros y los paseos por Collserola con la ciudad a los pies.  No sé quién me roba los abrazos a la gente que amo, las ganas de escribir, la alegría de caminar descalza por la playa, las contemplaciones en los bancos del parque.   

Tampoco sé quién me roba los recitales en el Ateneo, el viaje a París en tren, las flores y los libros de Sant Jordi, la exposición Miradas urbanas de mi hermana, el recital Dibuxant Paraules...

No sé quién me roba esa vida esencial y transparente que hasta hace algunas semanas era el camino de los días.

jueves, marzo 26, 2020

DIARIO EN TIEMPOS DISTÓPICOS: MARZO NO ES UN MES PARA VERSOS

Marzo de 2020

Y marzo no es, efectivamente, el mes en el que se deja el invierno y se saluda el renacer del mundo. Al contrario. El coronavirus ha trastocado cada una de las fibras de la vida tanto de aquella que se produce a ras del suelo como la de las altas esferas.   Pero eso no lo intuimos el 25 de febrero cuando se detectaron los primeros contagios  en la península (Madrid, Barcelona y Castellón); ni cuando, días más tarde, el 4 de marzo, se confirmó la primera muerte relacionada con ese bendito virus en Valencia. ¡Y lo peor de todo es que  ésta se había producido varios días antes:  el 13 de febrero! ¡Vaya mierda! dijimos en casa. Eso es gravísimo: significa que el virus ya está aquí y que hay mucha gente contagiada y no lo sabe, no lo sabemos.  Significa que estamos jodidos.
Y no nos equivocamos.

El 7 de marzo en el telediario informaron que en un funeral de Vitoria celebrado dos semanas antes se habían contagiado más de 60 asistentes. Y el 8 de marzo ya había 674 casos diagnosticados y 10 muertos en España. Y pese a ello ese día hubo partidos de fútbol, comidas, mítines fachas, conciertos y marchas como si nada pasase.  Mi hija y yo a última hora decidimos no asistir a la de Barcelona por simple precaución, simple sentido común. Y eso no nos hace menos luchadoras y conocedoras de nuestro papel en el mundo.  ¡Somos y seremos feministas hasta la médula!

Y  a partir de ese momento todo se vino abajo. La indiferencia dio paso a la incertidumbre y al miedo. ¡No sé en que momento se puteó el mundo, mamá!  Me dijo mi hija hace un par de días. Aplazamiento de fiestas y elecciones, cierre de colegios, caída del IBEX 35, inyección de dinero a la sanidad, medidas económicas para paliar el impacto del virus de los cojones, y, finalmente, el 14 de marzo, el confinamiento de toda España.

Desde entonces las cifras no han parado de crecer  y hoy 26 de marzo ya hay  más de 4 mil muertos y 56.000 contagiados.   

Y todo es incertidumbre.  Y el silencio ronda en las ventanas.  Y las calles otrora ruidosas y plenas de vida, ahora son senderos de soledad.  Y no dejamos de preguntarnos cuándo acabará este mal sueño. Cuándo volveremos a abrazarnos, a besarnos, a compartir con amigas y amigos palabras y versos, a hacer planes sin prisas, a deambular por las esquina de la ciudad sin miedo; a existir libres, sin aspavientos, sin afanes, sin incertidumbres...

Y pensamos también que esto es biopolítica. Guerra biológica. Reingeniería social. Nuevo Orden Mundial. Juego de tronos.  Juegos del Hambre. Juegos de poder. Juegos del capitalismo. Juegos para acabar con la población. Coronavirus para terminar con los débiles: enfermos, viejos y pobres.  ¡Puta realidad desquiciada!

martes, marzo 17, 2020

DIARIO EN TIEMPOS DISTÓPICOS: LOS MESES PREVIOS



Diciembre de 2019

Hacía tres meses había regresado a Barcelona después de siete años en Colombia. Mi familia y yo estábamos felices tras dos años de separación.  Por ello quisimos celebrar las fiestas de navidad haciendo aquellas cosas esenciales y sin estridencias que nos permitiesen recuperar el tiempo perdido.  Así que paseamos por las Ramblas, disfrutamos de unos churros con chocolate en el barrio Gótico, admiramos las luces del  Paseo de Gracia, preparamos estupendas comidas en casa maridadas con buenos vinos y postres. Y nos maravillamos con la posibilidad de la cercanía y el encuentro. ¡Hasta el tiempo estuvo de nuestra parte!

Y justo esos días finales de diciembre -31 si no estoy mal- escuchamos la noticia de que había surgido un virus en Wuhan, China,  que causaba neumonía (muchas, dentro de las que me incluyo, tuvimos que recurrir a Google para saber en qué lugar exacto se encontraba dicha ciudad). Recuerdo que entonces fue como un eco: algo que ocurre muy lejos del confort de mi ventana con vistas a la mar, una enfermedad que surgió en un lugar allende los mares porque, supuestamente, la gente de allí tenía prácticas alimentarias e higiénicas de dudosa reputación. 

Enero 2020

Llegó con su cuesta de siempre y sus rutinas cotidianas y  continuamos sintiendo las noticias del famoso Coronavirus -como todo el mundo empezó a llamarle- y su nivel de contagio y sus muertos. Supimos que 11 se produjo la primera muerte; que el 20 ya había 139 casos de contagio y la muerte de una tercera persona; que el 22 se confinó a toda una ciudad de casi 12 millones de personas; que el  23 se cancelaron todas las festividades del año lunar chino; que el 24 de enero el virus había llegado a Francia; que el 27 de enero ya había más de 100 muertos...  

Y, sin embargo, no pasaba nada. Los gobiernos de Europa, incluido el español,  y mucha gente veíamos el virus de marras como algo lejano. Una puta enfermedad que surgió en China "por comer cosas raras", según algunas personas.  Una serie de datos que se repetían una y otra vez en los telediarios  y periódicos, como un eco lejano.

Y sí: algunos impresentables comenzaron a hacer chistes malos y a decir que era sólo una gripe. Que no debíamos alarmarnos. Incluso desde los sectores científicos se lanzaban mensajes contradictorios. Qué si que no, que no pasa nada, que es "como una puta gripe, coño".  Ah, y también empezamos a ver imágenes terribles del confinamiento de Wuhan y entonces escuchamos  cosas como  "es que esos comunistas son unos exagerados de mierda, aprovechan la enfermedad para hacer adoctrinamiento político a la fuerza y recortar todas las libertades individuales"...

El 31 de enero se confirmó el primer caso de coronavirus en España: un turista alemán dio positivo en la Isla de la Gomera, Canarias.  ¡Y aún no pasaba nada!

Febrero de 2020 


El cinco de febrero los muertos globales por la epidemia eran más de 500. Y días más tarde nos enteramos de que el joven médico que intentó alertar sobre la magnitud de la enfermedad, fallecía por coronavirus. ¿Cómo? ¿Es posible que un hombre joven y sano muera por eso? ¿No decían que era solo una gripe y afectaba a las personas con patologías previas y de una determinada edad?  Y ya empezamos a sentir un leve escozor  y a hacernos preguntas: ¿Nos están diciendo toda la verdad sobre este virus? ¿Es una maldita conspiración que oculta una guerra económica entre China y Estados Unidos?

El 9 de febrero nos enteramos del segundo caso de coronavirus en España: un hombre británico que estaba en Mallorca.  Y tres días más tarde se suspende el Mobil World Congress de Barcelona. "Esos putos catalanes son unos exagerados", se leía entre líneas en los diarios y en las conversaciones de algunas personas.

Y llegó el día clave: el 25 de febrero.  Se certificaron por primera vez varios positivos en la península: Madrid, Barcelona y Castellón. ¡Toma ya! 

Desde el gobierno se seguía sin tomar medidas radicales de contención y la mayor parte de la gente pensaba que era un consumado catarro que solo atacaba a las personas con patologías previas y de cierta edad como si este hecho, por sí sólo, no fuese un motivo suficiente para activar todas las alarmas para proteger a toda la población, especialmente a la  más vulnerable y necesitada de atención sanitaria.  

Aún no sabíamos que marzo sería una mierda y que el dichoso virus era más que una densa gripe  que pondría en jaque todo: hasta nuestra salud mental. 




miércoles, marzo 04, 2020

Volver siempre

Hace 6 meses volví. Siempre vuelvo. Esta vez lo hice desde el lugar primero. El de la nostalgia desvaída, los recuerdos y todo aquello que se agiganta en los brazos de la distancia y los afectos.  Volví con cansancio en las coyunturas y depresiones en el pelo; con la constancia de no tornar a los cantos de sirena, a las voces falsas de la abundancia y las amistades inciertas. Volví con la claridad de no repetir posibilidades, de no soñar con paraísos inexistentes, de no dejar jirones de juventud en calles de hormigón y miradas acechantes.  

Volví para anclar los ojos en la mar y la montaña y vivir las horas tranquilas del horizonte antes del ocaso.



Volver
         partir
                  todo se anuda 
                                     a una sábana 
                                                       de arena. 


jueves, agosto 08, 2019

viernes, mayo 17, 2019

El oleaje de una ciudad en tránsito

Comparto una estupenda y generosa reseña de la poeta Dolors Fernández  sobre el  libro Poemas en tránsito (Oceánico)  (Bogotá, BigGaia, 2018) escrito por Pilar Osorio Morán y servidora, publicada en la Revista Nagari Magazine:

http://www.nagarimagazine.com/el-oleaje-de-una-ciudad-en-transito-dolors-fernandez/

viernes, julio 13, 2018

POEMAS EN TRÁNSITO (OCEÁNICO)




Este poemario nace como un mensaje de texto (SMS) en un tiempo en el que aún no existía WhatsApp ni las redes sociales. En un momento en que era necesario nombrar y compartir la belleza y la maravilla de lo nuevo cuando se estaba lejos. Primero fue en Cuba, luego Grecia, Alemania, Colombia, Argentina, México… Y siempre Barcelona y sus calles y sus amores perdidos y su luz clarividente. Y también Bogotá con sus montañas y sus caminos y sus lluvias grises. Así se gestó este libro: a partir de mensajes que mi entrañable amiga Pilar y yo nos enviábamos, con sus respuestas y sus silencios.


Y el resultado es un texto simbiótico en el que interactúan las palabras y las músicas de la una y de la otra, sin que al final se sepa quién escribió qué.  ¡Y esa era la idea! Lograr una armonía en el fondo y en la forma; en el sentir y el decir; en la ausencia y la presencia; en la melancolía y la esperanza. En ese sentido este poemario no es otra cosa que “cartas transoceánicas de amor-amistad que nos permiten vibrar con las vivencias que se desarrollan en lo subterráneo así como en la superficie. Cartas que encierran una pregunta y una respuesta o una respuesta y una pregunta que se responden, indistinguibles, en cada uno de los poemas”, tal como lo indica la profesora de la Universidad de Barcelona Rosmarí Torrens Guerrini, prologuista del libro.
Y todo ello para constituir un poemario “de palabras que viajan en horizontal de lado a lado del océano, ofreciendo tanto a las autoras como a sus lectores una luz de esperanza hecha de briznas pequeñas que nacen en la tierra fértil o en un río impermanente que, sin embargo, ofrece, en su infinitud, algunas posibilidades” (Torrens, 2017).

Sobre el Atlántico
 mi ser es leve y frágil,
nube quebradiza 
horizonte abajo.
Con afilada hoja corto mis raíces,
y con ellas, liana firme,
trenzo mis rizos indomables.



Las personas que estén interesadas en adquirir este libro pueden hacerlo desde cualquier lugar del mundo en Amazon, en el siguiente link:

https://www.amazon.ca/TRANSITO-OCE%C3%81NICO-BigGIAIA-Editorial-Spanish-ebook/dp/B07CK683F8


Poemas en tránsito (Oceánico). Bogotá: BigGaia, 2018

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...