sábado, noviembre 29, 2008

Precariedad

Héctor trabaja en un call center, es arquitecto y llegó a España, a Barcelona, hace 6 años desde Córdoba, Argentina. Labora para una empresa financiera emitiendo llamadas a clientes morosos. A las 8 de la mañana coge el metro para ir a su lugar de trabajo, situado en una ciudad del extrarradio Barcelonés. No gana más de mil euros al mes por ello se rebusca la vida haciendo las actividades más disímiles desde tomar fotos en bodas, bautizos y comuniones hasta aplicar encuestas esporádicas en las calles.
Meritxell es una chica treintañera que aún vive con sus padres. Ella, después de superar sendas oposiciones, trabaja como auxiliar administrativa en un centro de educación. Antes de lograr ese puesto fue teleoperadora, monitora de piscina y dependienta de Ikea. Meri es catalana y tiene dos carreras que nada tienen que ver con su función de administrativa. Su sueldo tampoco supera los mil euros.
Rebeca tiene 52 años. Es de León pero vive en una ciudad del eje metropolitano de Barcelona hace más de treinta años. No hizo una carrera universitaria pero tiene conocimientos de informática e Internet. Trabaja desde hace una década limpiando casas pero no tiene seguridad social y su sueldo si acaso supera los 600 euros al mes. Ello significa que no podría vivir sin el salario del marido y que no tiene derecho al paro.
María es psicóloga y llegó a Barcelona hace 10 años. Ya tiene la nacionalidad española y está colegiada pero no ha podido ejercer su profesión. Pese a que se ha presentado a infinidad de trabajos dentro de su área de formación solamente la llaman para teleoperadora y otros trabajos igualmente precarios.
Joan Carles es periodista. Trabaja en un importante diario de Catalunya como redactor desde hace más de 8 años y desde entonces gana lo mismo: un poco más de 1200 euros. Cuando dice dónde trabaja su interlocutor/a piensa que gana un dineral. Pese a que labora en una empresa de prestigio su sueldo es tan precario que apenas le alcanza para pagar la hipoteca, no le queda ni un céntimo para vivir…
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