viernes, noviembre 26, 2010

¡Mamá, quiero ser reina!

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

Es un lugar común decir que Colombia  es una  nación de reinados. Los hay de todos los motivos y colores y en distintas esferas, desde la nacional hasta la particular o local. Pero ¿qué concepciones subyacen en la proliferación de estos eventos, dejando de lado el clásico planteamiento de que es un mecanismo para evadir a la población de los intríngulis de nuestra compleja realidad cotidiana con la vieja premisa de que a la gente hay que ofrecerle, sobre todo, circo?  Y ¿Por qué no hay reinados de hombres? Quiero decir eventos en los que en lugar de mujeres que muestran sus atributos físicos sean varones los que lo hagan. Resulta cuanto menos interesante pensar en esa posibilidad. ¿Qué se valoraría en un reinado, en versión masculina, ya no de belleza sino de la ganadería, del turismo, del café,  de la panela, por ejemplo? ¿Bajo qué parámetros se medirían las virtudes masculinas. ¿Se destacaría la altura, el porte, la manera de caminar, la dureza de las abdominales, la sonrisa, la seguridad? ¿Se pediría a los candidatos que desfilaran en pequeñísimos trajes de baño para apreciar mejor sus “encantos”? O, acaso, ¿se establecerían otros baremos para medir  su competitividad en esos campos?
Sin duda lo que subyace en esta clase de eventos es un reflejo de esa cultura patriarcal tan arraigada en nuestro país. Cultura en la que cada día se refuerzan unos  roles de género asociados a uno y otro sexo con el fin de mantener la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.  Los reinados son una prueba perversa de esa realidad: por un lado, reproducen de manera descarada unos parámetros que perpetúan la concepción de la mujer como un ser pasivo, expuesto a las miradas y por ello mismo a los juicios, cuya única función es la de ser un mero objeto decorativo que, como tal, debe tener  dos virtudes fundamentales: ser bella y, por tanto, deseable. Y por otro lado, a través de los medios de comunicación, se abona el terreno para que desde muy pequeñas a las niñas se les inocule el virus de los reinados o, más bien, el de la belleza física como el único camino para triunfar y ser el centro del mundo. La expresión “¡Mamá, quiero ser reina!” es una prueba contundente de lo lejos que aún estamos de la igualdad, de la paridad elemental entre mujeres y hombres en todos los campos de la vida social. Esa frase es un lastre que nos conmina aún más en la esfera de la dependencia y la subordinación.
* Columna publicada en el Periódico caqueteño El Líder el domingo 22 de noviembre de 2010. 
Ilustración: dibujo realizado por Luna del Mar cuando tenía 5 años.

miércoles, noviembre 24, 2010

Ana María Matute, premio Cervantes 2010

Ya era hora que el premio Cervantes recayera en una escritora como Ana María Matute (Barcelona, 1925). Es magnífico que por fin se haya reconocido la labor creativa de esta gran novelista que empezó su andadadura literaria a muy temprana edad.  

Y es magnífico también que este premio se le conceda a una mujer  pues en sus 35 años de vida , además de Matute,  sólo lo han ganado dos féminas: María Zambrano en 1988, y Dulce María Loynaz en 1992.

Entre los numerosos premios recibidos por Matute se encuentra  también el Planeta de 1954, el Nacional de la Crítica en 1958, el Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa y el Nadal en 1959, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1984 o el Nacional de las Letras Españolas a toda su obra en el 2007.

Matute es además de novelista y cuentista académica de la Lengua. Dentro de sus obras más recientes se pueden destacar, entre otras,  La puerta de la luna. Cuentos completos (2010);  Paraíso Inhabitado (2008),  Cuentos de infancia (2002),   Olvidado Rey Gudú (1996), El verdadero final de la bella durmiente (1995).

Foto tomada de Justa, de lector a lector

Amor felino

En septiembre pasado mi hija Luna sorprendió a Beto y Florecita en un tierno romance. Ella les hizo estas fotos que hablan sobre lo bien que se llevan este par de animales. Son un ejemplo para muchos humanos que se comportan como bestias . Aquello de que se "pelean como perros y gatos" no tiene lugar en estas imágenes.


Fotos: Luna del Mar
Neiva, Colombia, septiembre de 2010

domingo, noviembre 21, 2010

A mi abuelo Miguel Ángel y sus 93 años

Aún no te he dicho abuelo que me complicaste la vida, de manera indirecta, desde el momento exacto en que te ví guardar esos libros debajo del colchón. Sí, ya  sé que entonces sólo tenía 7 años. Me parece que no sabías que tu nieta leía desde los cuatro. Mi padre jamás te dijo que mientras estábamos en la manigua, internados en la selva como parias expulsados del paraíso, un hombre sabio y valiente me enseñó las primeras letras.  Así que cuando te ví esconder esos libros viejos no tuve otra alternativa que sacarlos de su escondite, leerlos de cabo a rabo así mi mente incontaminada no entendiese casi nada. Y lo hice con un miedo enorme de ser descubierta por tí.  Pero me pudo más la  curiosidad, el deseo inmenso por rastrear esas palabras que tu guardabas al anochecer. Además, abuelo, si venías cansado de la faena del campo y te acostabas en la hamaca a leer un libro era porque allí habían cosas buenas. ¡Era magnífico contemplarte en ese balcón  desde donde se podía ver el horizonte más verde que una pueda imaginar! 
También me la complicaste con tu bendita manía de hacerme pruebas de conocimientos cuando te visitábamos en tus predios o cuando tú decidías darte un respiro y dejar tus campos caqueteños para viajar  hasta nuestra casa. Me encantaba verte, abuelo, pero también te temía. Eras implacable con esas preguntas sobre geografía, literatura o política  que yo intentaba responder bien pero en las que casi siempre erraba. A veces, antes de verte, repasaba las cosas más importantes aprendidas durante el curso escolar para no dejarme vencer por tí. Pero siempre ganabas y me decías que sólo habías hecho hasta quinto de primaria pero que en tu época sí enseñaban y que ahora los muchachos y muchachas salen del colegio sin saber en qué continente queda el río Nilo...  Y tenías razón.  Me pusiste a prueba hasta que terminé el bachillerato, imagino que lo dejaste porque en la última tanda de preguntas que me hiciste acerté casi en todas las respuestas.
Me la complicaste porque desde entonces naufrago cada día en las palabras y en esa inquisidora mirada que busca siempre auscultar la otra cara de la realidad. Creo que hubiese sido mejor no sucumbir a tan temprana edad en todo ese mundo de invenciones, de artilugios, de mentiras y en ese afán constante por aprender cada día cosas nuevas.   ¡Me parece que siempre me estoy preparando para que me hagas más preguntas, abuelo! 
Me gusta  saber que tienes 93 años de lucidez, de experiencia, de historias que me gustaría recuperar. Y confieso sin modestia que también me encanta saber que te sientes orgulloso de esta nieta que gracias a tí ha intentado superar cada día las fronteras de la ignorancia.  ¡Me gusta que me hayas complicado la vida, abuelo!
P.D: Espero verte muy pronto. Viajaré hasta ese pueblito inmerso en la manigua para hablar contigo. Necesito hacerlo para decirte que te quiero y que ya estoy preparada para tus preguntas. Pero también me gustaría pedirte que me cuentes tu historia vital de gestas, de esperanzas, de sueños rotos. Quiero conservar tu memoria, testimonio de una época y sus circunstancias.

Fotos: Viaje al Desierto de la Tatacoa, Neiva, Huila, Colombia, 1999. 
Las dos primeras son imágenes de mi abuelo y en última imagen estamos con él mis hermanas Mariela y Lina María y Melquisec y Juan Carlos.

jueves, noviembre 18, 2010

Blog Miradas

Estoy haciendo un interesante curso sobre Documental i Gènere en la Escola de la Dona Francesca Bonnemaison. Carme, David y Enric son guías fenomenales en los motivadores senderos del lenguaje audivisual y sus recovecos.  Me maravillo cada día con la magia de la imagen, con todo lo que se puede expresar - o no- a través de ella.  Pues bien, Enric Miró nuestro profesor de cámara ha abierto un blog con nuestros noveles trabajos. Nada del otro mundo pero con la mirada sorprendida y un tanto ingenua de quienes se adentran en esos terrenos por primera vez.
En esa bitácora podréis ver los ejercicios de Adelaida, Cristina, Javi, María, Miriam, Damián, Montse, Maribel, Lidia, Margarida, Txema y Martha. 
Este es el link del blog:
También los podréis ver directamente en Youtube:

Mientras, os dejo con uno de mis ejercicios de una secuencia en el que mi amiga Isabel Gómez  hizo de actriz.

miércoles, noviembre 17, 2010

Tú podrás, Fáiber

No hace más de dos meses  que estuve en la popular  emisora en la que trabaja. Él tuvo la deferencia de invitarme a su programa para hacerme una entrevista porque justo el día siguiente, el 23 de septiembre,  yo presentaba mi libro de poemas Amores urbanos. Nos recibió con una gran sonrisa. ¡Se veía tan joven, tan vital, tan cálido, tan alegre!  Y la entrevista fue estupenda: relajada, distendida, llena de apuntes de aquí  y de allá. Y ¡qué bien se expresaba, que bien manejaba el mundo de la radio! Entonces nos contó que había estado una temporada en Madrid y que le había fascinado España. ¡Hasta hizo bromas con los tacos que se escuchan por estos lares!
Y anoche supe que Fáiver está mal. Que tiene una enfermedad que los médicos aún no han podido diagnosticar.  Y yo aún no me lo creo ni lo entiendo ¡pero si no tiene ni 40 años!
Y pese a la oscuridad de esa noticia espero que se ponga bien, que ocurra uno de esos milagros portentosos para que él vuelva a su ciudad, a su  familia; para que su voz cálida vuelva a entrar sin permiso en todas las casas, las habitaciones, las ventanas; para que su voz no se apague y acompañe a la gente sencilla y buena que cada día lo escucha a través de la radio.

lunes, noviembre 15, 2010

In-migrantes

Mi columna de esta semana en El Líder:

Desde Barcelona

In-migrantes

Son muchas las personas que cada día cruzan el umbral de lo conocido para intentar una nueva vida allende las fronteras de lo propio, lo cercano, lo que configura el mundo primero. Gente de aquí y de allá que trashuma casi siempre de manera forzada los límites físicos de su contexto particular por motivos diversos que pueden ir de la violencia al amor, de la pobreza al mejoramiento del nivel académico, de la búsqueda ontológica a la precariedad material, del hastío a la necesidad de abrirse a nuevas perspectivas. Y en esa aventura en la que se abandona la calidez de lo propio se consumen las horas, los días, los años casi siempre sin encontrar una casa, un lugar en el que sea posible reconstruir las ilusiones.
Las personas migrantes son seres intersticiales pues se mueven entre dos mundos: el que se deja y al que se llega. Entre lo cercano y lo ajeno, lo conocido y lo extraño. Son seres que como dice aquella preciosa canción de Facundo Cabral sienten irremediablemente el desarraigo de no ser de aquí ni ser de allá. Seres condenados a navegar entre dos aguas y que en determinados contextos sociales ni siquiera son considerados ciudadanos con plenitud de derechos. Son los huidos, los desplazados, los exiliados, los parias que arrastran el estigma de la partida forzada.
Pero no sólo es migrante aquella persona que trasciende las fronteras de su país, lo es también la que se ve forzada a abandonar su pedazo de tierra dejando tras de sí años de trabajo y sueños enredados en los caminos. La misma que llega a la urbe con un morral de incertidumbres en la espalda para agrandar la periferia de los desheredados. La misma que día tras día vemos en los parques de nuestras ciudades con los ojos tristes de la desesperanza, con el andar pausado de la impotencia.
Hombres, mujeres, niñas y niños desplazados sin remedio por la guerra, por el hambre, por la angustia, por la constancia absoluta de que el mundo, como titula Ciro Alegría una de sus novelas, es ancho y ajeno. Y es que en la actualidad, según las estadísticas de Acnur a finales de 2009, 43.3 millones de personas estaban en situación de desplazamiento forzado en todo el mundo, la cifra más alta desde mediados de la década de los 90. En Colombia que comenzó a registrar a los desplazados internos en 1997, son más de 3,3 millones los desplazados internos, las víctimas de la sinrazón que ven cómo sus sueños se hunden río abajo. Todas y todos somos de alguna manera migrantes pero cerramos los ojos ante una realidad que está en la esquina de nuestra calle.
*Antropóloga

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...