Y desde la periferia, ese espacio donde el movimiento es más intenso, me ha llegado esta comunicación:
SENTADA POPULAR ANTE LA CUMBRE EUROPEA DE MINISTROS DE VIVIENDA
Tras el gran éxito de la manifestación del 30 de septiembre, la asamblea popular por el derecho a la vivienda... ¡vuelve a la carga!.
LOS MINISTROS DE VIVIENDA SE REÚNEN EN BARCELONA: NO VAS A TENER UNA CASA EN LA PUTA VIDA.
Los días 16 y 17 de octubre los ministros europeos de vivienda tienen la desfachatez de reunirse en la ciudad de Barcelona. Ahí estaremos también nosotros para hacernos oír.
Tomad nota:
SENTADA POPULAR ANTE LA CUMBRE EUROPEA DE MINISTROS DE VIVIENDA
Lunes 16 Hora de inicio de la sentada: 17 h (si tu trabajo no te permite llegar a la hora, ven después. Allí estaremos).
Lugar: parada de metro Zona Universitaria (para dirigirnos juntos al Palacio de Congresos donde se reúnen).
¡No permitiremos que salgan de la cumbre sin escucharnos!.
¡Hasta la vivienda siempre!
Pásalo.
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
sábado, octubre 07, 2006
miércoles, octubre 04, 2006
Videoconferencia sobre Desarrollo
Hace algunos días terminé un texto sobre desarrollo integral humano para un centro de estudios universitarios de Sant Cugat, Barcelona. Aprendí mucho elaborando dicho módulo sobre todo porque era un tema sobre el cual sabía poco y realizarlo fue, de verdad, un reto.
Dicho módulo lo elaboré entre Neiva y Barcelona. Así que mis primeros 20 días de vaciones en mi bella tierra se dedicaron casi exclusivamente a la búsqueda de información, a cientos de intentos por conectarme a internet, a continuas idas y venidas a la biblioteca departamental y a la de la principal universidad, casi siempre con resultados poco positivos. Resultaba en verdad paradógico estar elaborando un texto sobre el desarrollo cuando las condiciones materiales eran, sin duda, precarias.
Hacía un texto sobre desarrollo pero vivía en carne propia sus límites en una región como la mía, rica en recursos naturales y con un potencial humano fuerte pero en donde sus gobernantes simple y llanamente han despreciado sistemáticamente un crecimiento integral. Allí la cultura, la educación está en un segundo plano, lo mismo que la posibilidad de acceso a la información y a las tecnologías.
Una vez en Barcelona, en L'Hospitalet, en la biblioteca de mi barrio pude acceder a textos fundamentales y muy actuales sobre el tópico que estaba investigando; además allí mismo pude conectarme a internet sin pagar un duro y en unas condiciones inmejorables.
La diferencia, como se pude observar, es notable entre uno y otro medio.
Todo ello para decir que ahora ese texto aparece también como conferencia en la siguiente página web:
Bueno, pues allí está el texto Desarrollo humano integral: una perspectiva desde la sostenibilidad, la equidad y la ciudadanía, en versión de videoconferencia. Y podéis mirarla un poco, si os apetece.
domingo, octubre 01, 2006
Literatura y Violencia en Colombia
Jornadas Culturales Maloka Colombia
LITERATURA Y VIOLENCIA EN COLOMBIA
Lugar: Centro Cívico Pati i Llimona, calle Regomir, 3
“... de todas estas violencias vividas a lo largo de un siglo de historia republicana en Colombia, no ha escapado la literatura. Por el contrario, podría casi afirmarse que los escritores colombianos se han volcado sobre estas realidades que los ha impactado de manera profunda y que a pesar de las muchas explicaciones sociológicas, filosóficas, políticas o históricas, es a través de la literatura -por esa particular desinhibición de tratar la realidad que utiliza la ficción- cómo quizás podamos explicar los múltiples móviles de estas violencias y desentrañar los orígenes, las causas y las consecuencias de esta realidad de la Colombia del siglo XX en la que han nacido y vivido generaciones completas.” (Carlos Obando)
Martes 10 de octubre
LITERATURA Y VIOLENCIA EN COLOMBIA
Lugar: Centro Cívico Pati i Llimona, calle Regomir, 3
“... de todas estas violencias vividas a lo largo de un siglo de historia republicana en Colombia, no ha escapado la literatura. Por el contrario, podría casi afirmarse que los escritores colombianos se han volcado sobre estas realidades que los ha impactado de manera profunda y que a pesar de las muchas explicaciones sociológicas, filosóficas, políticas o históricas, es a través de la literatura -por esa particular desinhibición de tratar la realidad que utiliza la ficción- cómo quizás podamos explicar los múltiples móviles de estas violencias y desentrañar los orígenes, las causas y las consecuencias de esta realidad de la Colombia del siglo XX en la que han nacido y vivido generaciones completas.” (Carlos Obando)
Martes 10 de octubre
19:00 Horas
La violencia de comienzos del siglo XX
El escritor:
José Eustasio Rivera (Neiva, Colombia1888 - New York, 1928)
Escritor, pedagogo, abogado y diplomático. Autor de Tierra de Promisión (poesía, 1921), En 1924 publica su novela “La vorágine”, y rápidamente se convierte en el gran relato de los acontecimientos que marcaron lo que se ha conocido como la primera violencia. La Vorágine es considerada la novela colombiana más importante hasta Cien años de soledad, caracterizada por su densa trama humana y la ácida denuncia social de la vida de los caucheros, escrita con singular prosa y lirismo desbordado.
El ponente:
Arturo Bolaños Martínez (San Juan de Pasto, Colombia)
Desde Una Orilla Distinta (1.991), Al Sur de la Poesía (1.993), Sur-co de Voz (1er Premio depoesía Aurelio Arturo, 1.997), Sabor a Ceniza (2.001), De Todo un Cuento (2.004). Hace parte de las antologías Quien es Quien en la Poesía Colombiana (Colcultura, 1.999), Cuentos y Relatos de la Literatura Colombiana (F.C.E, 2.005). Realiza investigaciones y publicaciones sobre el sur colombiano. Becario CSIC, Escuela de Estudios Hispanoamericanos.
Martes 17 de octubre
La violencia de comienzos del siglo XX
El escritor:
José Eustasio Rivera (Neiva, Colombia1888 - New York, 1928)
Escritor, pedagogo, abogado y diplomático. Autor de Tierra de Promisión (poesía, 1921), En 1924 publica su novela “La vorágine”, y rápidamente se convierte en el gran relato de los acontecimientos que marcaron lo que se ha conocido como la primera violencia. La Vorágine es considerada la novela colombiana más importante hasta Cien años de soledad, caracterizada por su densa trama humana y la ácida denuncia social de la vida de los caucheros, escrita con singular prosa y lirismo desbordado.
El ponente:
Arturo Bolaños Martínez (San Juan de Pasto, Colombia)
Desde Una Orilla Distinta (1.991), Al Sur de la Poesía (1.993), Sur-co de Voz (1er Premio depoesía Aurelio Arturo, 1.997), Sabor a Ceniza (2.001), De Todo un Cuento (2.004). Hace parte de las antologías Quien es Quien en la Poesía Colombiana (Colcultura, 1.999), Cuentos y Relatos de la Literatura Colombiana (F.C.E, 2.005). Realiza investigaciones y publicaciones sobre el sur colombiano. Becario CSIC, Escuela de Estudios Hispanoamericanos.
Martes 17 de octubre
19:00 horas
La violencia de mediados del siglo XX
El escritor:
Gabriel García Márquez (Aracataca, Magdalena, Colombia. 1928) Uno de los autores que ha narrado, de manera más intensa y creativa, las violencias de la Colombia del siglo XX, sin lugar a duda es el Nobel Gabriel García Márquez. En muchas de sus novelas se pueden encontrar alusiones literales o metafóricas a situaciones concretas de esa realidad casi endémica que no parece dar tregua. En este sentido se podría destacar, por ejemplo, “El coronel no tiene quien le escriba”, una novela espléndida en donde, sin necesidad de que aparezca ningún muerto, se siente el peso aplastante de la violencia política justo en los murmullos de una vida cotidiana que parece no tener salida. Así mismo, en “Cien años de soledad” se puede ver el horror de la Masacre de las Bananeras, un suceso nefasto que marcó la historia del país.
La ponente:
Martha Cecilia Cedeño Pérez (Neiva, Colombia)
Doctora en Antropología Social y Cultural por la Universitat de Barcelona, Magíster en educación para el arte y animación socio-cultural (Ciudad de la Habana – Cuba), Lic. en Lingüística y Literatura, Universidad Surcolombiana; autora del poemario "Duermevela Amores, símbolos y muerte"; coeditora de la Revista Región y Cultura (1995-1999); coordinadora del IX Encuentro Nacional de Escritores (Neiva, 1999); Finalista en el concurso departamental de poesía “José Eustasio Rivera” (Neiva, 1995), Investigadora y miembro de número de la Academia Huilense de Historia.
Martes 24 de octubre,
La violencia de mediados del siglo XX
El escritor:
Gabriel García Márquez (Aracataca, Magdalena, Colombia. 1928) Uno de los autores que ha narrado, de manera más intensa y creativa, las violencias de la Colombia del siglo XX, sin lugar a duda es el Nobel Gabriel García Márquez. En muchas de sus novelas se pueden encontrar alusiones literales o metafóricas a situaciones concretas de esa realidad casi endémica que no parece dar tregua. En este sentido se podría destacar, por ejemplo, “El coronel no tiene quien le escriba”, una novela espléndida en donde, sin necesidad de que aparezca ningún muerto, se siente el peso aplastante de la violencia política justo en los murmullos de una vida cotidiana que parece no tener salida. Así mismo, en “Cien años de soledad” se puede ver el horror de la Masacre de las Bananeras, un suceso nefasto que marcó la historia del país.
La ponente:
Martha Cecilia Cedeño Pérez (Neiva, Colombia)
Doctora en Antropología Social y Cultural por la Universitat de Barcelona, Magíster en educación para el arte y animación socio-cultural (Ciudad de la Habana – Cuba), Lic. en Lingüística y Literatura, Universidad Surcolombiana; autora del poemario "Duermevela Amores, símbolos y muerte"; coeditora de la Revista Región y Cultura (1995-1999); coordinadora del IX Encuentro Nacional de Escritores (Neiva, 1999); Finalista en el concurso departamental de poesía “José Eustasio Rivera” (Neiva, 1995), Investigadora y miembro de número de la Academia Huilense de Historia.
Martes 24 de octubre,
19:00 H
Las violencias de finales del siglo XX
La escritora:
Laura Restrepo (Bogotá, Colombia. 1950)
Es una de las escritoras colombianas más reconocidas internacionalmente Ejerció como periodista, muy comprometida políticamente, durante más de dos décadas. Amenazada de muerte por su trabajo como periodista, salió exiliada del país durante varios años. Posteriormente, publicó, con creciente éxito, cuatro novelas: La isla de la pasión, Leopardo al sol, Dulce compañía (Premio Sor Juana Inés de la Cruz y Prix France Culture de la crítica francesa) y La novia oscura. Su última novela,Delirio, fue ganadora del VII Premio Alfaguara de Novela en el año 2004.
El ponente:
Sergio Álvarez (Bogotá, Colombia)
Nacido el 31 de diciembre de 1965, Sergio Álvarez intentó estudiar filosofía pero se aburrió y decidió irse a vivir a los Llanos Orientales. Cinco años después regresó a Bogotá, trabajó en publicidad, como guionista de comics y libretista de televisión. A mediados de los años noventa se radicó en Barcelona donde escribió Mapana, una novela juvenil y La Lectora, un juego literario con formato de novela negra que fue premiado en la semana negra de Gijón y convertido en serie de televisión.
Martes 7 de noviembre
17:00 h.
Todas las violencias, todos los tiempos
El escritor:
Fernando Vallejo (Medellín, Colombia 1942)
Todas sus novelas están ambientadas en Colombia. Y sus temas recurrentes son la violencia, la homosexualidad, la adolescencia, las drogas y la muerte. Los temas los relaciona con la violencia en Colombia. En 1994 publicó su novela más conocida, La virgen de los sicarios, penetrante relato sobre la violencia del narcotráfico en Medellín.
Este conjunto de novelas, o narraciones autobiográficas, o memorias ha consagrado a Fernando Vallejo como uno de los narradores más destacados de la literatura colombiana Contemporánea. En 2003 ganó el Premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos de América Latina, con su novela El desbarrancadero (2001)
El ponente:
Las violencias de finales del siglo XX
La escritora:
Laura Restrepo (Bogotá, Colombia. 1950)
Es una de las escritoras colombianas más reconocidas internacionalmente Ejerció como periodista, muy comprometida políticamente, durante más de dos décadas. Amenazada de muerte por su trabajo como periodista, salió exiliada del país durante varios años. Posteriormente, publicó, con creciente éxito, cuatro novelas: La isla de la pasión, Leopardo al sol, Dulce compañía (Premio Sor Juana Inés de la Cruz y Prix France Culture de la crítica francesa) y La novia oscura. Su última novela,Delirio, fue ganadora del VII Premio Alfaguara de Novela en el año 2004.
El ponente:
Sergio Álvarez (Bogotá, Colombia)
Nacido el 31 de diciembre de 1965, Sergio Álvarez intentó estudiar filosofía pero se aburrió y decidió irse a vivir a los Llanos Orientales. Cinco años después regresó a Bogotá, trabajó en publicidad, como guionista de comics y libretista de televisión. A mediados de los años noventa se radicó en Barcelona donde escribió Mapana, una novela juvenil y La Lectora, un juego literario con formato de novela negra que fue premiado en la semana negra de Gijón y convertido en serie de televisión.
Martes 7 de noviembre
17:00 h.
Todas las violencias, todos los tiempos
El escritor:
Fernando Vallejo (Medellín, Colombia 1942)
Todas sus novelas están ambientadas en Colombia. Y sus temas recurrentes son la violencia, la homosexualidad, la adolescencia, las drogas y la muerte. Los temas los relaciona con la violencia en Colombia. En 1994 publicó su novela más conocida, La virgen de los sicarios, penetrante relato sobre la violencia del narcotráfico en Medellín.
Este conjunto de novelas, o narraciones autobiográficas, o memorias ha consagrado a Fernando Vallejo como uno de los narradores más destacados de la literatura colombiana Contemporánea. En 2003 ganó el Premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos de América Latina, con su novela El desbarrancadero (2001)
El ponente:
Carlos Obando Arroyave (Medellín, Colombia)
Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia, Colombia. Tiene estudios de Especialización en Semiótica-Estética de la Universidad Nacional de Colombia y de Máster en Comunicación Audiovisual Digital de la Universidad Internacional de Sevilla, España. Actualmente es doctorando en Pedagogía Social-Comunicación y Nuevas Tecnologías de la Información, en la Universidad Ramon Llull. Becario de la “Cátedra UNESCO de Nuevas Tecnologías, Sociedad, Cultura y Educación”, 2001-2004.
Comunicador Social-Periodista de la Universidad de Antioquia, Colombia. Tiene estudios de Especialización en Semiótica-Estética de la Universidad Nacional de Colombia y de Máster en Comunicación Audiovisual Digital de la Universidad Internacional de Sevilla, España. Actualmente es doctorando en Pedagogía Social-Comunicación y Nuevas Tecnologías de la Información, en la Universidad Ramon Llull. Becario de la “Cátedra UNESCO de Nuevas Tecnologías, Sociedad, Cultura y Educación”, 2001-2004.
viernes, septiembre 29, 2006
Puesta de sol en el Trópico
Atardecer en el trópico Estábamos en casa de mi hermano Juan Manuel aprovechando los últimos días de nuestro viaje a Neiva, ciudad soñada. El calor sofocante nos había sacado hacia un parquecito cercano rodeado de un bosque a punto de desaparecer por obra y gracia del interés inmobiliario (lo mismo que aquí). Nuestras hijas jugaban felices mientras los mayores hablábamos de lo humano y lo divino. La ciudad a punto de sucumbir al embrujo de la noche encendía sus luces y sus sentidos. Un zumbido de un avión que pasó justo encima de nuestras cabezas recordó que estábamos en una urbe intermedia cuyo aeropuerto está en su corazón (en sentido literal).
Las montañas antes azules parecían ahora guijarros enormes y redondeados, levemente oscurecidas por el ocaso de la tarde. Desde el árbol donde me había subido pude ver cómo moría lentamente el día y cómo la belleza se explayaba ante mis ojos atónitos.
Ahí estaba el atardecer de mi memoria íntegro y sublime. Y aquí está la foto que condensa ese momento único y fugaz pero, a la vez, eterno.
Ahí estaba el atardecer de mi memoria íntegro y sublime. Y aquí está la foto que condensa ese momento único y fugaz pero, a la vez, eterno.
Había olvidado mencionar que esta foto está colgada en la página de La Vanguardia, en el concurso mi mejor foto de la revista Magazine que se edita los domingos.
sábado, septiembre 23, 2006
Que es la vida una ilusión...
Siempre nos quedará... internet, el ciberespacio que nos permite adentrarnos en una infinita telaraña de conocimientos, y que al tiempo propicia todo tipo de contactos: con los seres extraños y conocidos, viajeros contundentes sin equipajes; con las palabras de todos los calibres y colores; con millones de realidades que deambulan libres como el viento. Nos quedará su infinito espacio en donde podemos crear el nuestro, adaptado a las propias necesidades y ambiciones, a nuestras experiencias cotidianas, mínimas y grandiosas a la vez.
Y desde ese rincón la expresión sin tapujos conduce a infinitos recovecos donde seguramente vigila el Minotauro. Y desde allí la palabra puede ser muchas cosas: trampa, horizonte, abismo, montaña, barro, proyectil... y por supuesto poesía. Límpida, transparente, esencial.
Como ésta que nos regala la palabra espléndida de Osorio, viajera incansable de todos los caminos y cantora consumada de los entresijos del alma. Palabra de oriente despojada de lastres y retóricas ¿Escuchaís el canto del agua? Estas son algunas creaciones de Osorio, publicadas en su blog queeslavidaunailusión:
Siesta de verano I
Duermen abrazadas,
semejan huérfanas de Dios
Siesta de verano II
Sueño frágil:cabalga,
roto,tierra y cielo
Microcuento
Ese día de otoño en agosto
se despertó y murió treinta y cuatro veces,
ni una más, ni una menos, antes de tomarse
el café con leche.
Bienvenida al mundo de las bloggeras, Osorio. Este es mi pequeño homenaje a tu amistad, a tu solidaridad, a tu rincón http://www.queeslavidaunailusion.blogspot.com/ que felizmente navega por las olas de internet.Barcelona, septiembre 23 de 2006
martes, septiembre 19, 2006
El Espacio Público
Reproduzco a continuación un artículo de Manuel Delgado publicado el 05/09/06 en El País , donde se aborda el tema del espacio público, tópico fundamental a la hora de comprender y vivir la ciudad como un todo donde las cosas además de juntarse, se dislocan, se fragmentan, se pixelan al infinito y donde el aliento urbano cobra su pleno significado.
Concluirá este mes de septiembre la exposición que en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha servido para mostrar los trabajos concurrentes al Premio Europeo del Espacio Público 2006, que convoca el Archivo del Espacio Público Urbano. La exhibición -En defensa del espacio público- nos ha deparado una excelente oportunidad para pensar qué quiere decir exactamente "espacio público", un concepto que ha ido ganando protagonismo en las dos últimas décadas, que ocupa hoy un lugar central en las iniciativas y las retóricas a propósito de los contextos urbanizados y que es bastante menos inocente y natural de lo que se antojaría a primera vista.
De entrada, espacio público podría ser un instrumento conceptual que le permitiera a las ciencias sociales de la ciudad agrupar los diferentes exteriores urbanos: calle, plaza, vestíbulo, andén, playa, parque, muelle, autobús..., entornos abiertos y accesibles sin excepción en que todos los presentes miran y se dan a mirar unos a otros, en que se producen todo tipo de agenciamientos -microscópicos o tumultuosos, armoniosos o polémicos-, en que se dramatizan encuentros y encontronazos, luchas y deserciones, reencuentros y extravíos... Inmensa urdimbre de cuerpos en movimiento que nos depara el espectáculo de una sociedad interminable, rebosante de malentendidos y azares. Ese espacio sólo existe como resultado de los transcursos que no dejan de atravesarlo y agitarlo y que, haciéndolo, lo dotan de valor tanto práctico como simbólico.
Para el urbanismo oficial espacio público quiere decir otra cosa: un vacío entre construcciones que hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, que suelen ser los mismos, por cierto. En este caso se trata de una comarca sobre la que intervenir y que intervenir, un ámbito que organizar en orden a que quede garantizada la buena fluidez entre puntos, los usos adecuados, los significados deseables, un espacio aseado y bien peinado que deberá servir para que las construcciones-negocio, los monumentos o las instalaciones estatales frente a los que se extiende vean garantizada la seguridad y la previsibilidad. No en vano la noción de espacio público se puso de moda entre los planificadores sobre todo a partir de las grandes iniciativas de reconversión de centros urbanos, como una forma de hacerlos apetecibles para la especulación, el turismo y las demandas institucionales en materia de legitimidad. En ese caso hablar de espacio siempre acaba resultando un eufemismo: en realidad se quiere decir siempre suelo.
Afín a esa idea de espacio público como complemento o guarnición para los grandes pasteles urbanísticos, hemos visto prodigarse un discurso también centrado en ese mismo concepto. En este caso, el espacio público pasa a concebirse como la realización de un valor ideológico, lugar en que se materializan diversas categorías abstractas como democracia, ciudadanía, convivencia, civismo, consenso y otras supersticiones políticas contemporáneas, proscenio en que se desearía ver pulular una ordenada masa de seres libres e iguales, guapos y felices, seres inmaculados que emplean ese espacio para ir y venir de trabajar o de consumir y que, en sus ratos libres, pasean despreocupados por un paraíso de amabilidad y cortesía, como si fueran figurantes de un colosal anuncio publicitario. Por descontado que en ese territorio toda presencia indeseable es rápidamente exorcizada y corresponde maltratar, expulsar o castigar a cualquiera que no sea capaz de exhibir modales de clase media.
Entre esas dos visiones se debate hoy esa nueva disciplina que en arquitectura atiende al diseño de exteriores. Por un lado los imperativos que marcan conjuntamente el mercado y la política obligan al arquitecto a afinarse en la producción de espacios que sean a la vez vendibles y vigilables. Para ello se le tienta con ofertas que pueden espolear su tendencia a convertir la obligación de crear en pura soberbia formal, de la que el producto suelen ser espacios tan irritantes como inútiles. Frente a las tentaciones de una ciudad hecha poder y hecha dinero, el arquitecto puede hacer prevalecer, en cambio, lo que quede en él de voluntad de servicio a la vida, es decir a eso que ahí fuera se levanta y se desmorona sin descanso, la actividad infinita de los viandantes, las apropiaciones a veces furtivas, a veces indebidas, de los desconocidos.
Contemplar el trabajo del Archivo del Espacio Público europeo otorga una cierta dosis de esperanza al respecto. La orientación de los materiales expuestos en el CCCB y los premios otorgados -muelle en el puerto de Zadar (Croacia); intersticio bajo una autopista en Zaanstad (Holanda)- parece apostar por hacer compatibles los lenguajes más creativos con la humildad de propuestas que son conscientes de hasta qué punto dependen de los usos y de los sentidos -sublimes o prosaicos- con que los usuarios acabarán determinándolos. He ahí, pues, la posibilidad de una arquitectura que renuncie a ser lo que algunos quisieran que fuera: un discurso arrogante que pretende convertir al mundo en modelo del que colgar sus diseños, vanidad de la que la que los intereses políticos y económicos sacan provecho. En vez de eso, la línea que se prima en esta exposición parece apuntar en otra dirección: la de un urbanismo que se pase al enemigo -lo urbano-; la de una arquitectura que entiende el espacio público como un ente vivo al que servir, haciendo de él lo que ya es: ese escenario ávido de acontecimientos, dispuesto para que las cosas se crucen y se junten.
De entrada, espacio público podría ser un instrumento conceptual que le permitiera a las ciencias sociales de la ciudad agrupar los diferentes exteriores urbanos: calle, plaza, vestíbulo, andén, playa, parque, muelle, autobús..., entornos abiertos y accesibles sin excepción en que todos los presentes miran y se dan a mirar unos a otros, en que se producen todo tipo de agenciamientos -microscópicos o tumultuosos, armoniosos o polémicos-, en que se dramatizan encuentros y encontronazos, luchas y deserciones, reencuentros y extravíos... Inmensa urdimbre de cuerpos en movimiento que nos depara el espectáculo de una sociedad interminable, rebosante de malentendidos y azares. Ese espacio sólo existe como resultado de los transcursos que no dejan de atravesarlo y agitarlo y que, haciéndolo, lo dotan de valor tanto práctico como simbólico.
Para el urbanismo oficial espacio público quiere decir otra cosa: un vacío entre construcciones que hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, que suelen ser los mismos, por cierto. En este caso se trata de una comarca sobre la que intervenir y que intervenir, un ámbito que organizar en orden a que quede garantizada la buena fluidez entre puntos, los usos adecuados, los significados deseables, un espacio aseado y bien peinado que deberá servir para que las construcciones-negocio, los monumentos o las instalaciones estatales frente a los que se extiende vean garantizada la seguridad y la previsibilidad. No en vano la noción de espacio público se puso de moda entre los planificadores sobre todo a partir de las grandes iniciativas de reconversión de centros urbanos, como una forma de hacerlos apetecibles para la especulación, el turismo y las demandas institucionales en materia de legitimidad. En ese caso hablar de espacio siempre acaba resultando un eufemismo: en realidad se quiere decir siempre suelo.
Afín a esa idea de espacio público como complemento o guarnición para los grandes pasteles urbanísticos, hemos visto prodigarse un discurso también centrado en ese mismo concepto. En este caso, el espacio público pasa a concebirse como la realización de un valor ideológico, lugar en que se materializan diversas categorías abstractas como democracia, ciudadanía, convivencia, civismo, consenso y otras supersticiones políticas contemporáneas, proscenio en que se desearía ver pulular una ordenada masa de seres libres e iguales, guapos y felices, seres inmaculados que emplean ese espacio para ir y venir de trabajar o de consumir y que, en sus ratos libres, pasean despreocupados por un paraíso de amabilidad y cortesía, como si fueran figurantes de un colosal anuncio publicitario. Por descontado que en ese territorio toda presencia indeseable es rápidamente exorcizada y corresponde maltratar, expulsar o castigar a cualquiera que no sea capaz de exhibir modales de clase media.
Entre esas dos visiones se debate hoy esa nueva disciplina que en arquitectura atiende al diseño de exteriores. Por un lado los imperativos que marcan conjuntamente el mercado y la política obligan al arquitecto a afinarse en la producción de espacios que sean a la vez vendibles y vigilables. Para ello se le tienta con ofertas que pueden espolear su tendencia a convertir la obligación de crear en pura soberbia formal, de la que el producto suelen ser espacios tan irritantes como inútiles. Frente a las tentaciones de una ciudad hecha poder y hecha dinero, el arquitecto puede hacer prevalecer, en cambio, lo que quede en él de voluntad de servicio a la vida, es decir a eso que ahí fuera se levanta y se desmorona sin descanso, la actividad infinita de los viandantes, las apropiaciones a veces furtivas, a veces indebidas, de los desconocidos.
Contemplar el trabajo del Archivo del Espacio Público europeo otorga una cierta dosis de esperanza al respecto. La orientación de los materiales expuestos en el CCCB y los premios otorgados -muelle en el puerto de Zadar (Croacia); intersticio bajo una autopista en Zaanstad (Holanda)- parece apostar por hacer compatibles los lenguajes más creativos con la humildad de propuestas que son conscientes de hasta qué punto dependen de los usos y de los sentidos -sublimes o prosaicos- con que los usuarios acabarán determinándolos. He ahí, pues, la posibilidad de una arquitectura que renuncie a ser lo que algunos quisieran que fuera: un discurso arrogante que pretende convertir al mundo en modelo del que colgar sus diseños, vanidad de la que la que los intereses políticos y económicos sacan provecho. En vez de eso, la línea que se prima en esta exposición parece apuntar en otra dirección: la de un urbanismo que se pase al enemigo -lo urbano-; la de una arquitectura que entiende el espacio público como un ente vivo al que servir, haciendo de él lo que ya es: ese escenario ávido de acontecimientos, dispuesto para que las cosas se crucen y se junten.
lunes, septiembre 18, 2006
El mundo, otra vez
Un mes y 7 días sin actualizar mi blog, sin escribir ni una palabra sobre lo profano o lo humano, lo trivial 0 lo periférico, lo grandioso o lo minúsculo... sin escribir por escribir. Pero aquí estoy, resurgindo una vez más de la cotidianidad, del estrés diario que sopla los días y borra los horas como el viento las nubes. Y resulta que en este tiempo de silencio forzado el mundo sigue su perverso curso: continúan llegando cayucos, pateras y embarcaciones de papel a las costas españolas con gente hambrienta que busca sólo otra oportunidad sobre la tierra; se conmemoran los 5 años del desmoronamiento de las torres gemelas -¿tiembla el imperio?-, el Papa una vez más se desboca y la caga ¿habrá olvidado que ya no hace parte de las filas nazis? y se enciende la hoguera de la ira...
El mundo sigue su ruta díscola y todo parece más oscuro quizá porque el otoño está a la vuelta de la esquina y los días se hacen más cortos y las noches más largas, tal como la realidad de afuera y de adentro.
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