viernes, julio 11, 2008

Insomnio

Anoche, como las últimas cuarenta y una,
dormí con tu imagen en mis sentidos
pero fue distinto:
tenía un sabor agridulce en los labios
y la constancia incierta de que habían agujeros
en el cielo
enormes bocas oscuras que ocultaban
tu voz y tu presencia
hecha de memorias y ternuras
de palabras transparentes como este
día cobijado por el sol,
como los cerros inmensos que observo desde
la ventana.
Anoche el insomnio era un monstruo vigilante
que golpeaba mi alma con guijarros
encendidos
y una lágrima furtiva se enredó en mi pelo
huérfano de tí,
íngrimo de tí,
triste de tí...
y la ciudad hermosa hasta hace poco
se convirtó en un laberinto gris
y mis palabras fueron agua
y mi voz sólo un eco olvidado
y mi amor por ti una certeza afilada
en el silencio.

domingo, julio 06, 2008

Al Sur, al Sur, al Sur...

¡Los días pasan tan veloces cuando se está en armonía! Y una manera de estarlo es volver a este país maravilloso –mi bello país herido, lastimado y olvidado por los dioses-. Llevo casi 20 días aquí y me parece que llegué hace un instante. Así he descubierto una Bogotá digna, iluminada por los cerros enormes y por unas ganas ciertas de ser una metrópoli de referencia. Una ciudad que cuando amaina la lluvia se convierte en una magnífica expositora de la luz y el color. Una urbe que ha vuelto sus ojos también hacia su zona antigua, allí se yergue La Candelaria con sus calles empinadas y sus casas amplias y acogedoras donde seguramente deambulan seres prodigiosos que aman y sueñan mientras beben un vino caliente con frutas o un canelazo que enciende el alma y el cuerpo. Pasear por algunas calles y parques de Bogotá es sentir su olor de hierbas húmedas y perderse entre el verde de las montañas y el cielo bordado por nubes de formas inverosímiles o por un azul intenso cuando el sol resplandece sobre la lluvia.

Y después de experimentar esta alta ciudad -2600 metros más cerca de las estrellas, decía una publicidad hace algunos años- es estupendo tomar la ruta del sur, aquella que lleva hacia tierra caliente a través de una carretera que se arquea formando imágenes inéditas en medio de un paisaje pleno de verdores de todos los matices. Así comienza el descenso hacia el Valle del Magdalena y se dejan atrás las alturas y los ríos de aguas gélidas para entrar en una planicie infinita donde los árboles se tuestan bajo un sol canicular. Se cruzan las llanuras del Tolima hasta apreciar la mirada tutelar del Pacandé, un cerro que presagia otras tierras, otros sentires, como lo avizoró el maestro Villamil en una de sus más hermosas composiciones:

Al sur, al sur, al sur
del cerro del Pacandé
está la tierra bonita,
la tierra del Huila
que me vio nacer
…”

Y cuando se tiene el cerro a las espaldas, la vegetación se torna más arenosa aún y en la carretera se forman ondas calientes que advierten la presencia del Valle de las Tristuras. Valle que de noche se ilumina con las fogatas de las empresas petroleras que lo desangran sin misericordia desde hacia varias décadas. Cuando se cruza el Río Grande, el Yuma de los hijos de la Gaitana, el Magdalena de mis amores, se está en las entrañas de Neiva.

Neiva, Neiva, Neiva, ciudad enmarcada por montañas azules. Ciudad herida por la canícula y la ignominia. Neiva amante vejada por los indignos. Neiva, eterna compañera de mis noches de nostalgia.

Y los días pasan veloces pero abrazo a los míos y disfruto de sus palabras y su risa. Aquí en medio de la canícula soy feliz porque siento el calor de mis padres y de la gente que me quiere y porque se que mi Luna se está enamorando de este paisaje y este sentir sencillo y profundo. Soy feliz porque puedo contemplar los prodigiosos amaneceres y atardeceres y caminar descalza por la hierba y volver a ser la niña que un día salió de la selva con hojas en la mirada.
Los días son potros raudos que se desplazan por la llanura dejando una estela de polvo… pero soy feliz, mientras tanto.
Foto 1: Una calle de la Candelaria con la catedral al fondo.
Foto 2: Un atardecer en Neiva, desde la casa de padres
Foto 3: Neiva de fiesta (Las fiestas de San Juan y San Pedro)
Texto y foto: Martha C. Cedeño Pérez

domingo, junio 29, 2008

Silencio canicular

Veo las mismas calles de entonces
y los mismos árboles azotados por el viento
de la tarde.
Ceibas
Almendros

Pomarrosos
Aquí el tiempo se condensa
en el calor que brota del valle
e impregna la piel y los sentidos.
La canícula es una diosa
inclemente que sin compasión se posesiona de las casas
y los patios
de las plazas y las calles.
Ella nos condena a la noche y los amaneceres
-los mismos que todavía no compartimos-
y nos niega los días claros signados por un sol
infernal que fustiga al más valiente.
Y aquí en medio de la canícula existes tú.
Llegas en el rumor del río
y en el canto de los pájaros
y en las calles ardientes en las que
dejamos marcados nuestros pasos.
Estás en cada uno de los segundos
en los que la canícula me condena al silencio...


jueves, junio 12, 2008

Palabras de despedida

(A mis excompañeras y excompañeros de trabajo)

Dicen que la amistad, como aquellos amores que trascienden las fronteras del tiempo y el espacio, nunca muere. Y dicen también que de todo se aprende y que en las circunstancias vitales más adversas o más modestas o más triviales o más vulgares (por lo comunes y obvias) siempre existe un espacio forjado por aquellos nexos que nos hermana a todos y todas, que nos hace partícipes de una misma condición. Nexos construidos en la convivencia cotidiana y que en algunas ocasiones superan la esfera, el momento, el marco en el que surgen para llegar al reino de los afectos ciertos. Y es que justo cuando las condiciones no son las mejores, cuando se piensa que todo está perdido y que nada vale la pena, cuando desesperas al comprobar que existe una suerte de complot para joderte, (perdonarme esta expresión, sobre todo aquellas personas que me leen allende el Atlántico)... es justo allí, cuando, en efecto, surge lo mejor -y lo peor también- de nosotras y nosotros.
Allí aprendes que además de la precariedad, la injusticia, la desigualdad, el egoísmo, existe también el amor humano del que hablaba tan bella y excépticamente César Vallejo. Un amor que no conoce fronteras, ni clases sociales, ni títulos académicos, ni colores, ni formas, ni acentos, ni procedencias. Un amor básico, medular, libre de prejucios y perjuicios. Un amor que nos conjunta y libera porque volvemos a la esencia, a lo único que nos salva en un mundo cada vez más viciado por lo material, por la apariencia, por lo superfluo. Un amor que nos devuelve la fe, la esperanza en la condición humana.
Gracias por vuestras muestras de afecto, por vuestras sonrisas. Gracias Mabel, Guillermo, Isabel, Mélida, Vilma, Patricia, Yamilet, William, Maite, Esteban, Yesenia... Gracias a todas las personas con las que de alguna u otra manera compartí una etapa de mi vida laboral.
(Como os prometí, cuelgo las fotos del martes) .












lunes, junio 09, 2008

Tarde de Ballet con Luna

Y después de tantos meses de ensayo ayer se realizó el festival. Una actividad que organiza la escuela de Ballet Tecla Sala a donde Luna acude desde los 4 años. Fue un espectáculo lleno de música, movimiento y color pero un poco largo. ¡Más de tres horas y media! "Esta vez se han pasado tres pueblos", decía un padre enfadado con su chiquilla, dormida, en brazos. Pese a ello las niñas estuvieron estupendas en cada una de sus presentaciones y los trajes sencillamente hermosos (como el precio $). Todos y todas nos lo pasamos muy bien, pero más las niñas que después de tantas horas de tensión aún sonreían animadas a las 11 de la noche.



La música, los matices de color, la danza, las risas de las ballerinas embellecieron una tarde noche de domingo que pudo ser como cualquier otra. Y allí estábamos los padres y madres mirando a nuestras hijas con emoción. Observando sus movimientos y seguramente alguna o alguno pensando ¡cómo pasa el tiempo: mi nena se hace mayor!. Y lo más importante: felices de poderlas acercar a aquellas expresiones que enriquecen el espíritu, que nos nutre y nos hace mejores seres, que nos permite contemplar la vida desde otra perspectiva. El arte en todas sus manifestaciones es la concreción de la armonía. Cuando mi hija distingue a Mozart, a Chopin, a Vivaldi... vuelvo a creer en la condición humana y en que otro mundo es posible (Yo a mis años aún tengo dificultades para discernir entre unos y otros) y también lo pienso cuando canta "She comes in colors everywhere;
She comes her hair
She's like a rainbow
Coming colors in the air
Oh, everywhere
She comes in colors..."
Una hermosa canción de los Rolling Stones, que yo por supuesto no he podido aprender a cantar. Así que me quedo con la emoción de escucharla en los labios de mi hija que todavía no tiene 8 años.


Y como tanto aquí como allende el Atlántico hay personas estupendas que quieren a la Luna muestro una fotos de su presentanción de anoche en ese precioso teatro de Poble Nou.
(Perdonar mis palabras de madre enamorada)



miércoles, junio 04, 2008

La mirada

Una de las cosas más interesantes con las que una se puede encontrar al estudiar el espacio urbano - o sólo al trasegarlo- es la gestión de la mirada. Si, la manera como la administramos para orientarnos y para emitir señales que permitan los tránsitos fluidos de los/as copresentes en un espacio dado. Gestionarla de modo tal que se convierta en un mecanismo de comunicación básico y no en lo contrario, esto es, en un marco de ambigüedades. Goffman llamaba muy lúcidamente a esa capacidad de gestión que todas las personas tenemos "inatención civil", que no es otra cosa que utilizar la mirada cómo una prótesis para la convivencia. Mirar de manera educada y correcta para no incomodar a quien se tiene delante cuando se cruza una calle, cuando se va en el metro o se comparte un banco, etc.
Pero la línea de la inatención civil es muy fácil de cruzar. Para el caso quiero hablar sobre una experiencia personal.
Esta mañana, tuve que desplazarme hasta una calle céntrica de Barcelona para realizar algunas gestiones de cara a mi próximo viaje a América, gestiones que por otra parte no pude realizar por el entramado burocrático terrible que se vive aquí -bueno y en otros territorios también-, así que cogí el metro. Un medio de transporte eficaz y rápido que no me agrada mucho: detesto los olores que a veces suelen acompañar los recorridos y la congestión de cuerpos que según qué horas se torna casi insoportable. Por suerte no iba muy lleno. Me pude sentar tranquilamente y quise sacar del bolso un libro de Benedetti que he recuperado estos días, pero inexplicablemente no lo llevaba, así que me dediqué a uno de los oficios que más me gusta: mirar -una pasión de antropologas/os y otros especímenes. Y en ello estaba cuando un hombre que acababa de subir al metro se sentó justo en el asiento de enfrente. Así que quedamos cara a cara. Me fijé en él muy sutilmente, esto es, haciendo gala de una inatención civil, mirar sin obstruir: era grande, tenía una panza prominente e iba vestido con una camisa hawaiyana. Llevaba gafas y parecía no tener más de 40 años. Yo le miraba de reojo cuando en un instante nuestros ojos se cruzaron. Así que desvié la mirada hacia la ventana. Y ahí empezó mi calvario. A partir de ese momento el buda tropical, como le bauticé, no dejaba de mirarme. Sentía sus ojos interfiriendo en mi campo de visión. Y yo no sabía dónde mirar, ni qué hacer. "Plaza de Sants" decía la grabación que anuncia las estaciones y el hombre seguía ahí mirándome de frente, incomodándome. Y tuve ganas de decirle "¿qué miras?" o simplemente de mirarle sostenidamente con rabia pero no pude hacerlo. Fui incapaz. Sólo esperaba que se quedase en alguna estación para liberarme de sus ojos de ratón. Cuando escuché "Diagonal" sentí un alivio porque era la estación donde me quedaba. En el momento de levantarme dirigí la mirada hacia el hombre y ahí estaba con una media sonrisa, como despidiéndose, después de haberme arruinado el viaje.
Y entonces reflexioné sobre lo dificil que es gestionar la mirada en según qué espacios. El hombre seguramente pensó que le estaba mirando con algún interés, supongo que no antropológico, y por ello se dedicó a buscar mis ojos, a fijarse en mi cara. En este caso la inatención de urbanidad o inatención civil simplemente no llegó a cristalizarse. Fue simplemente eso: una retórica de aquellos que nos dedicamos a observar lo que sucede, lo que pasa, en el espacio público.
Foto: Ojos de Luna (Martha C. Cedeño P.)

domingo, junio 01, 2008

Maravilla del primer día de junio

De repente una palabra
lúcida, transparente
y eterna.
Infinita como los recuerdos
que se agolpan esta mañana de junio.
Profundos lazos se avizoran
en la lluvia tímida que cae sobre los tejados.
Pequeñas gotas de agua
se deslizan por la memoria:
Hay una sonrisa transparente
y una cruz enorme sobre la ciudad
esquiva y enamorada a la vez.
hay pétalos en mis manos
Y 18 años.
Hay un recorrido de besos
Y placeres negados…

Tus palabras han excitado mi alma
me he quedado sin voz,
sin aliento
la memoria toda se llena de ti.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...