"Paisaje urbano 21". Autora: Lina María Cedeño PérezDivagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
miércoles, noviembre 23, 2005
"LAS CIUDADES Y LOS TRUEQUES", DE ITALO CALVINO
"Paisaje urbano 21". Autora: Lina María Cedeño PérezUN CUENTO DE ANA ZULEIKA
Primera Parte
Ana Zuleika
En el mundo de Juan Claudio el pecado era una idea, una advertencia apenas, contenida en el Libro Sagrado ¡Amén!
Los locos -esos honestos suicidas- estaban prohibidos, el deseo era una cosa de películas, los vicios un recurso para la escritura de otros lados, por supuesto.
En el mundo de Juan Claudio había un solo prototipo humano: el de la falsificación institucionalizada.
Las primeras medidas eliminatorias de la naturaleza humana que Juan Claudio dio a conocer con un cartelón pegado a las puertas del que consideraba su mundo, fueron recibidas con cierta molestia, acompañada de una incomodidad destinada a ser susurrada en los espacios “seguros”, tomadas, por cierto, las precauciones necesarias.
Pronto, en el mundo de Juan Claudio todos se dieron cuenta de que la supervivencia pendía de dos hilos: el refinamiento de las apariencias y la paciencia ante la espera; estaba claro que en el mundo de Juan Claudio nada era eterno. Había que esperar, eso era todo. Y mientras, bailar con maestría al son de la tonada descolorida de Juan Claudio, quien no podía siquiera imaginar el sublime misterio de una danza colectiva que marca con exquisito detalle la sincronización de razones particulares sobre un mismo suelo.
De modo que del mundo de Juan Claudio se fueron los colores, los contrastes, y huyó sin aviso la hermosísima metáfora de la luz transformada en mil destellos espontáneos, irrepetibles.
Todos, capitanes, generales y soldados rasos aparecían en el mundo de Juan Claudio con el uniforme gris de la mediocridad, como marcaba el reglamento 53479-Bis, “el traje de la estandarización sin conflictos”, se ufanaba Juan Claudio en decir a quien debiera escucharlo la tarde en turno.
Afuera, en el mundo que no era el de Juan Claudio, las cosas eran bien distintas; y sólo fuera de su perímetro era posible la vida. Esa que corre riesgos, que comete errores y tonterías, que vibra de emoción y arrojo ante los retos cotidianos, a veces buscados, otros sorpresivos; unos bienvenidos, otros maldecidos. Retos ínfimos, no artificiales, acordes con la sinfonía universal, atemporal: normal.
Palabra ésta, “normal”, que Juan Claudio creía dominar con un don venido de Lo Alto, de lo perfecto, de lo correcto y lo conveniente.
Desconocía Juan Claudio que pudiera haber otro tipo de normalidad, de estética o de ética (palabras que de haber escuchado alguna vez, hubieran sonado a sus oídos a blasfemia condenatoria). Fuera de su mundo sin errores, por lo tanto, Juan Claudio no podía imaginar realidades otras, placeres otros, vida otra.
Para Juan Claudio, cualquier desbordamiento, la más mínima irregularidad amorfa, representaban un peligro, un tumor que había que extirpar públicamente, a poder ser. No fuera a suceder que esto fuera un cáncer que mágicamente trasmutara a virus incontrolable que hiciera perder el equilibrio perfecto de su tablero de ajedrez; que tanto trabajo, tanto empeño, y tanto liderazgo le había costado construir. La mano dura no era algo que se diera en árboles frutales. ¡No, señor! Había que ejercitarla, hacer de ella una máquina sin margen de error. La mano dura desgastaba, ¡cómo no! y Juan Claudio no iba a permitir que nada ni nadie estropeara su desvelo obsesivo de tantos años.
Así es que el mundo perfecto de Juan Claudio funcionaba de nueve a seis. Sin retrasos ni caídas en el sistema. Y los habitantes de ese mundo aprendieron a fingir, a resignarse a ser habitantes del juanclaudismo durante ocho horas al día. Y a vivir, respirar y vibrar en libertad fuera de él, con toda puntualidad, después de las seis de la tarde, de lunes a viernes.
Los habitantes del mundo de Juan Claudio crearon los más fascinantes mundos alternos; lejos, muy lejos del radio de ese otro universo de porcelana que se instalaba con esmero e insultante visibilidad en medio de la ciudad.
viernes, noviembre 18, 2005
¡BARCELONA VIVE!
Barcelona está más viva que nunca pese a las medidas que desde las instancias gubernamentales se quieren adoptar para homogenizar las calles, pero sobre todo a sus transeúntes. A quienes las sienten, las padecen, las usan, las experimentan, las llenan de movimientos casi siempre impredecibles pero con sus propios ritmos internos. JORNADAS CULTURALES COLOMBIANAS EN BARCELONA
MOVIMENTS SOCIALS DE DONES A COLÒMBIA Lloc: L’Antic Teatre. . C/ Verdaguer i Callis 12 .Tel i fax: 00 34 93 315 23 54. Metro: Urquinaona
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EL COLECTIVO MALOKA COLOMBIA INVITA EL PRÓXIMO MARTES 22 DE NOVIEMBRE A LAS 21H EN EL ANTIC TEATRE...
Proyección de la película MARIA CANO sobre la vida de esta lider socialista. Dirigida por Camila Loboguerrero, considerada como la primera mujer en Colombia que incursionó en la dirección del largometraje.
SINOPSIS:
Colombia años 20. El país recibe la indemnización por Panamá y se abre al crédito externo para emprender grandes obras de desarrollo. Crece la masa de trabajadores, aunque no mejoran sus condiciones, pues siguen sometidos a las implantadas desde la época colonial. El clima es más que propicio para las luchas reivindicativas y para el surgimiento de aguerridos líderes: María Cano fue una de las más destacadas. Su trabajo a favor de los obreros se dio también en pro de la mujer, enfrentó al gran poder, recorrió el país e incursionó en la literatura. Ella y sus compañeros hacen esta historia.
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* Presentación de la película a cargo de Elizabeth Uribe Pinilla quien participó con la izquierda y con Movimiento de Mujeres Colombiano y Latinoamericano. Master en Estudios Interdisciplinarios de la Mujer de Duoda de la Universidad de Barcelona. Formadora de formadores en Interculturalidad. Coordinadora de Formación en Interculruralidad y Género ! de DC (Desesenvolupament Comunitari)
miércoles, noviembre 16, 2005
Mis últimos amaneceres




martes, noviembre 15, 2005
EN TIEMPOS DE FRUSTRACIÓN BIEN VALE UN POEMA DE WHITMAN
Foto: Juan Carlos Ruiz VásquezNo son buenos tiempos casi para nada. La frustración se dibuja en los rostros de los paseantes, de los que se asoman a las ventanas y hasta de los que se empachan de compras en los grandes centros comerciales sobre todo ahora que estamos ad portas de una de las mayores fiestas consumistas del año. En la calle hay frustración y en las casas también. Todas y todos la padecemos de una u otra manera. Es nuestra compañera. Está siempre al lado recordándonos que la mayoría de los intentos se malogran, que nuestros propósitos casi siempre quedan sin efecto cuando se encuentran con la realidad... Es la misma que nos hace decir a menudo cosas como "tanto esfuerzo ¿para qué?" "¿Ha valido la pena?" "¿Y eso era todo?"
Y nos desencantamos de la política y los políticos, de los presuntos cambios, de la educación como base para la realización profesional, de la religión que enceguese y condena -y sus ministros pervertidos-; del estado de bonanza y bienestar de España y la Comunidad Europea -basta ver los desheredados que rebuscan en los contenedores de basura cerca de casa, y los disturbios de Francia para darse cuenta que en nuestras bellas y ascépticas ciudades es más que evidente la exclusión, la marginación, la segregación espacial y humana, y que hay gente que está pidiendo a gritos ser escuchada.
Pero también nos desencantamos de las amigas y los amigos (que no de la amistad, por fortuna), de las promesas, de las mujeres, de los hombres, de los amantes y las amantes, de las palabras al calor de los besos, de los anuncios de felicidad eterna y de otras cosas que vosotras/os y yo sabemos.
Alguien podría decir que sería bueno educar para la frustración, que se orientara más para la vida que para la supervivencia, más para disfrutar de esas pequeñas cosas haciendo lo que nos gusta, lo que nos llena, que para pretender salir de la miseria endémica; que se nos educara con una suficiente dosis de escepticismo para darnos cuenta, entre otros detalles, que llenarnos de títulos nos asegura tan sólo que se ha perdido el tiempo y llenarnos de cosas, el dinero; y llenarnos de trabajo (ser pluriempleada o empleado), la vida; y ser absolutamente buenos y buenas, el misterio; y ser cobardes, la pasión (¡pobre Heidegger!); y ser contenidos, el hechizo; y ser lineales, la aventura; y ser cómodos, el vértigo...
Que se nos dijera desde niños que el mundo bien puede ser una mierda pero que, sin embargo, quedan algunas cosas por las cuales vale la pena luchar, tal como se presiente en este hermoso poema del libro Hojas de Hierba de Walt Whitman:
2
Las casas y las habitaciones están llenas de fragancia,
los armarios cargados de fragancia,
Yo aspiro la fragancia, la reconozco y me gusta,
El aroma me embriagaría, pero no lo permitiré.
El aire no es un aroma, no huele a nada.
Desde el principio ha sido destinado para mi boca,
estoy enamorado de él.
Iré a la ribera junto al bosque, me quitaré el disfraz
y quedaré desnudo,
Me enloquece el deseo de que el aire toque todo mi cuerpo.
El vaho de mi aliento,
Ecos, ondulaciones, roncos susurros, raíz de
amaranto, hilo de seda, horca y vid.
Mi aspiración y mi espiración, el latido de mi pecho, el
paso de la sangre y del aire por mis pulmones,
El olor de las hojas verdes y de las hojas secas, y de
la ribera y de oscuras rocas marinas, y del heno
del granero,
El áspero sonido de las palabras en mi boca que se
pierden en los remolinos del viento,
Un beso fugaz, un abrazo, los pechos que se buscan,
El juego de luz y de sombra sobre los árboles y el
movimiento de la rama flexible,
El goce de estar solo en la agitación de las calles,
o por los campos o en la ladera de las colinas,
La sensación de la salud, la plenitud del medio día, mi
canto al levantarme de la cama y saludar al sol.
¿Has creído que mil hectáreas son muchas? ¿Has
creído que la tierra es mucha?
¿Te ha costado tanto aprender a leer?
¿Te enorgullece comprender el silencio de los poemas?
Quédate conmigo este día y esta noche y serás dueño
del origen de todos los poemas,
Serás dueño de los bienes de la tierra y del sol (aún
quedan millones de soles),
Ya no recibirás de segunda o de tercera mano las
cosas, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni
te alimentarás de los espectros de los libros,
Tampoco mirarás por mis ojos, ni aceptarás lo que te
digo,
Oirás lo que te llega de todos lados y lo tamizarás.
Martha Cecilia Cedeño Pérez
sábado, noviembre 12, 2005
Incidencias de un trabajo de tesis
Estos días un poco aciagos he pensado en lo que ha significado para mí la elaboración de la tesis doctoral. En los vaivenes de un trabajo que inicié como tal hace más de 4 años y que está traspasado indefectiblemente por mis tempos personales, por mis miedos y mis pasiones, por las incertidumbres y las certezas, por los cambios y agitaciones que han sacudido mi vida durante este período.Alguien debería escribir sobre todo lo que implica hacer una tesis doctoral. Elaborar una especie de diario pormenorizado donde se detallen los altibajos, las confusiones, las dudas, los entuertos, los cambios de ruta, las vueltas atrás... O, mejor, hacer un trabajo de investigación partiendo de una simple pregunta: ¿Cómo se llega al final de una tesis doctoral sin morir en el intento? -pregunta en absoluto novedosa, por cierto.
Seguramente se descubrirían muchas cosas. Porque hacer un trabajo de esa envergadura implica voluntad, una alta dosis de paciencia y resolución para llevar a cabo una labor que en la mayoría de los casos, en el mío al menos, se convierte en un acto de amor. Voluntad para sacar tiempo de otros tiempos ya fijados, el trabajo en y fuera de la casa, los hijos, el esposo/a, las obligaciones del día a día ; robarle tiempo al sueño y a los sueños… Pero en esas nuevas rutinas en las que la lectura, la escritura y la reflexión suelen primar también se pueden hallar elementos colaterales interesantes. El despertarse más temprano, por ejemplo, nos hace testigos de amaneceres espléndidos, de cielos despejados con algunas estrellas que se niegan a dejarse vencer por la contaminación; y si se trabaja por la noche el silencio se convierte en un cómplice perfecto para las divagaciones y para ojear de vez en cuando a través de la ventana y descubrir que en el edificio de al lado hay alguien que tampoco duerme (en mi caso personal debo confesar que una de las cosas que más me servían para despejarme, después de estar varias horas frente al ordenador, era mirar justo esa ventana donde muchas veces se perfilaba la figura de un hombre y la de otras personas. Supe un poco de sus movimientos: la música y el baile en el verano los delataba).
Dejando de lado esas especulaciones está claro que con la voluntad viene la disciplina, el fijarse unos objetivos de trabajo definidos y disponer de unas franjas horarias es una buena estrategia para cumplir con los objetivos propuestos, esto es, terminar la tesis y salir indemnes. Pero decirlo es muy fácil. Cuesta habituarse a unos horarios, cuesta cumplirlos y no dejarse vencer por las obligaciones cotidianas, por el sueño, por la pereza, por el hastío, por la certeza aplastante de que en esencia no se está haciendo na-da-nue-vo, de que sólo estamos recorriendo un camino por el que otros con mayor o menor fortuna ya han pasado pues, como en la literatura, ya casi todo está dicho. Y por experiencia se que lo mejor para seguir avante es tener paciencia y resolución para encontrar nuevas conexiones en lecturas y temas trillados, para hallar esos hilos que nos permitan proseguir con la esperanza de que estamos contribuyendo en algo a la ampliación de conocimientos sobre una materia dada.
Tenemos la certeza entonces de que un trabajo de investigación también es una invención, una creación. Una especie de obra de arte hecha con lo que creemos mejor, con aquello que se aviene explícitamente a nuestro tema de estudio, con lo que nos ilumina para encontrar no una respuesta sino una de las tantas interpretaciones. Y, no obstante, cuando ya finalizamos nuestro trabajo y lo leemos de nuevo, nos damos cuenta de que todo pudo ser mejor, de que es una obra inacabada y que si volviésemos a hacerla obviaríamos muchas cosas y seguramente pondríamos otras… Pero ya es tarde: esa tesis ya se ha terminado, pues como en el amor hay que saber poner fin a tiempo.
¡Y cuántas cosas pasan cuando llega ese momento! Cuando Manuel Delgado, mi director de tesis, me dijo: “Martha, esto ya está”, sentí que me había quitado un peso de encima pero también que no había hecho nada. Y a la postre, experimenté además una especie de nostalgia porque veía que en efecto, ese acto de amor bastante largo por cierto, ya se había acabado.
Y la obra ya está ahí, quieta, muda, a la espera de que alguien la lea por enésima vez… Y en esas páginas está también parte de mi vida, un antes y un después, un sueño largamente acariciado, un tumulto de vivencias, de confusiones y conjunciones. Allí estoy yo mezclada en las palabras y sus contornos y en ese objeto que intenté abordar en principio sin éxito…
Fotografía y texto: Martha Cecilia Cedeño Pérez
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