lunes, febrero 13, 2006

NOSTALGIA SIMPLE

Empiezo a hacer esta entrada a las 12 de la noche. Hora de intersticios. De hendijas por donde se cuela la vida y la muerte, la alegría y la nostalgia, la oscuridad y la luz, el fin y el comienzo. Hora de sueños, de reposo, de copas, de trabajo, de soledades, de amores, de palabras, de encuentros virtuales y reales, de poesía. Como este texto precioso de Gabriela de la Peña Astorga:

Nostalgia simple

Gabriela de la Peña Astorga
gabrieladelapena@hotmail.com


Siento por ti una nostalgia pequeña. Una nostalgia que algún día fue grande, aplastante, infatigable.

Una nostalgia hecha de tu ausencia en mis sentidos. Nostalgia de tu olor a sudor y a ajo frito. Nostalgia de tus ojos de mascota fiel y tus manos de artista irrefrenable. Nostalgia de tu voz vagabunda y tu sonrisa, cómplice irrepetible de tus aventuras.

Fue una nostalgia de cielo rojo y calor desértico, convertida después en suspiro azul y marea del Mediterráneo.

Mi nostalgia de ti te incluyó en cada fragmento de vida repartida en tres países y tres idiomas, en tres escenarios y tres gritos mudos.

Hoy permaneces en esta habitación de mármol y cantera. Bailas Rythm and Blues entre mis fotografías viejas y de vez en cuando, si me apetece encontrarte de nuevo, tomo del librero el Bhagavad Gita y aspiro tu esencia de patchulli, clavado en alguna maceta.

Es, como puedes ver, una nostalgia sencilla, sin complicaciones ni pretensiones. La componen mis recuerdos de tu olor en la cocina, tu mirada desde una banca del patio trasero y tu risa incontrolada desde el salón.

Humilde se asoma desde mis memorias, humilde susurra desde mis cuadernos. Mansa aparece en la grieta liminal que divide a las palabras del silencio.

Es, cada vez más, una nostalgia pequeña. Desaparece suave, lentamente. Se fuga de mis momentos pasados sin que pueda evitarlo, y siento ya una nostalgia nueva de la nostalgia por tu ausencia.

Casi añoro esos instantes en que, rota el alma en mil pedazos, imaginaba cómo sería tu vida lejos de mí. Recreo con ilusión las ocasiones en que abandoné las cartas que te escribía con desesperación en el cesto de basura de cualquier estación del metro… línea verde o roja, camino a la oficina o a la universidad.

También comienzo a echar de menos el que no duelas más, al acostarme o levantarme, al cruzar la vía o remontar esta tarde de otoño en ciernes.

Hoy mi nostalgia de ti va convirtiéndose, de forma terrible, en una sola cosa: la impotencia de ser testigo único de cómo te desvaneces de mis recuerdos, llevándote con ellos mi inspiración.

sábado, febrero 11, 2006

PAISAJES DESDE EL AUTOBUS

Trayecto Barcelona - Zaragoza. El paisaje metálico poco a poco da paso a serranías verdes ahora con algunos trozos blancos. La carretera es una recta eterna y fría. Las casas aparecen con escarcha en los tejados. Las chicas alemanas del asiento contiguo al mío han dejado de comer y de hablar, y ahora parecen dormitar plácidamente. Y en el de adelante, unos chicos morenos no paran de hablar mientras desocupan un gran bolsa llena de chuches: gominolas, nubes y otros elementos que no alcanzo a identificar. Más adelante va una pareja que se besa sin pausa y justo en el asiento de al lado un joven que no para de hablar por teléfono: "El paisaje está blanco, tío... Jo estoy flipando. Todo está blanco, blanco..."
¿Quién dice que viajar en autobús es aburrido? Escuchas las conversaciones más inverosímiles, observas especimenes en vías de extinción, lees una y otra vez el mismo artículo, repasas el paisaje para identificar mojones o figuras conocidas... pero lo mejor de todo es que allí puedes dedicarte al oficio delicioso de la observación. Si, ese espacio lleno de seres que comparten un mismo destino durante un tiempo definido, seres en transición, es un microcosmo estupendo para estudiar el comportamiento humano en condiciones de pasaje. Seres unidos en el tiempo y espacio por un solo motivo: ir de un lugar a otro. Relatividad del movimiento.


"¡Nena despierta! ¡Despierta! Mira el paisaje, está precioso. Todo está blanco. Mira, tu nunca habías visto este paisaje tan lindo viajando a Zaragoza". La niña levanta somnolienta la cabeza del regazo de su madre e intenta incorporarse pero el sueño la vence. ¿Miras la nieve? Si, si, ya la he visto. Dice mientras vuelve a su posición fetal con desgano. La mujer no insiste más y decide sacar la cámara y hacer unas fotos para enseñárselas cuando despierte o mejor, cuando lleguen a Zaragoza.

Alguna vez desde las ventanas del autobús se pueden ver más que campos urbanizados, más que tierra árida y seca, más que paisajes mustios y cansados por la mano ciega del hombre y de la técnica. Algunas veces se recupera la armonía y el invierno es invierno. El blanco ocupa su lugar y su tiempo y todo sucumbe ante su encanto de brujo.


Algunas veces viajar en autobús es más que la experiencia angustiosa de un sobresalto en el camino o de que las pastillas contra el mareo no hagan efecto... es simplemente la fascinante experiencia de estar en transición con la inesperada visión de un paisaje siempre nuevo.
Fotos y texto: Martha Cecilia Cedeño Pérez

viernes, febrero 10, 2006

TRES POEMAS

Arqueología de tu cuerpo
Gabriela de la Peña Astorga


Hago arqueología de tu cuerpo.

Reviso los rastros que me encuentro:

Una fotografía de tu rostro,
Deslucidos sus colores por el tiempo.
En ella me miras de frente
Y en tu boca exploro la sonrisa
que indecisa y tímida se asoma
viajando desde el salón de entonces
hasta el cajón en que tengo
los más dulces fósiles de un camino
a veces embriagador, otras veces tormentoso.

Una nota tuya perdida entre mis viejos cuadernos,
Remember our Statements
How could I ever forget them?

Hago arqueología de tu cuerpo
Y descubro en la tarea nuevos visos
Observo sin ojos tu recuerdo
Que sólo mi corazón
es quien inspecciona
lo que queda de otra época.

Hago una arqueología de tu cuerpo
Que más que ciencia del pasado
se me antoja anatomía ilusionista:
segundo por segundo analizo
lo que pudo ser nuestro legado.



Días de Blues
Joan Kunz

Amaneces los días
dándoles esa luz plomiza y mortecina
con que aprendiste a resguardar tus ojos
del brillo hiriente del paisaje urbano.
Tu piel recuerda el tacto de otras pieles,
de la seda que cubre la ternura
al prurito de ortigas que segrega el rechazo.
Bañada en los hedores del progreso
la ciudad se acicala como una prostituta,
—agua de rosas para la miseria del sexo—
y tú aún aprecias el aroma
a pan recién hecho y sábanas limpias.
Acomodas los ruidos del suburbio
a los acordes de un ritmo que nace
de un silencio anterior a tus silencios.

Lograste perdurar entre el ruido y la furia.

Todo tiene cabida en ese antro
de espesa atmósfera de humo azulado,
donde un hombre recita a capella
las estrofas de un triste blues escrito
en una mesa al fondo, lejos del escenario,
mientras apura su bourbon de un trago
que le deja en los labios desazón de madera,
el paladar desierto de la tierra baldía,
la garganta arrasada por el fuego
que alimenta el incendio de su pecho,
donde las llamas mueren ahogadas
en el desaliento de un corazón de ceniza.


DUALIDAD
Claudia Fernanda Rivera Hernández

El hombre como el olivo:
Milenaria subsistencia
entre azotes impíos
del verdugo que sucumbe su fruto.

Sembrado en el desamparo
de la mano creadora
en la tierra de la nada,
el cuerpo – tronco
lucha entre los límites de la vida
por endurecer su piel – corteza
que de entre aliento helado
y fuego calcinante
se curte y arrecia para resistir.

No hay lugar al descanso
en esta tierra roja.
El mundo no es sólo uno.
La dualidad hace el ser.
En dos se funden las estaciones:
el gris y el amarillo,
la desnudez de los árboles
y el esplendor de las flores,
el amor y el odio,
la muerte y la vida.

Aún así, el hombre – olivo se reproduce
en la desgastada tierra de la inconciencia:
De sí el fruto verde intenso,
temprano ocre desencanto.
De sí el hijo savia – sangre enardecida,
pronto río de llanto inconsolable.

Cansado el hombre de serlo,
vaciado en barro,
plantado en el desierto,
de golpes vuelto a la vida,
bajo el olivo se desangra.
Abono del círculo que no se cierra.
¡Extraña manera de germinar en el dolor!


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TRES POEMAS. Tres creaciones escritas por tres personas distintas en varias partes del mundo. Desde México Gabriela de la Peña hace una arquelogía de lo que nunca fue; Joan Kunz desde Barcelona traza un blues gris en la urbe de ceniza y desgarro; y Claudia Fernanda Rivera desde Colombia hace un verso al dolor seminal del Ser en la tierra de la inconciencia.

miércoles, febrero 08, 2006

TIRANÍA MATERIAL

Podría decir que son las siete y hace frío, o que esta mañana he visto el amanecer a través de la ventana. Pero no. Me he despertado temprano porque desde hace varias noches hay imágenes reincidentes, premoniciones de palabras y figuras que escapan, sin un guiño ni un gesto de paciencia o bondad, cuando abro los ojos (algún psicólogo díria que padezco de pensamientos obsesivos). Y entonces pienso en lo verdaderamente importante. En aquellas cosas que en efecto nos hacen sonreir pese a la miseria cotidiana, a las noticias ensangrentadas del mediodía, a la precariedad de los bolsillos, a la sinrazón que reina en las cuatro esquinas del mundo... Cosas tan sencillas como la sonrisa de los seres que amamos, o un paseo en solitario por aquellos rincones insospechados de la ciudad, o descubrir una y otra vez que no hay mejores vistas que aquellas que tenemos en las mañanas cuando los ojos se abren al día y se percibe por enésima vez la maravilla de la existencia en las cosas minúsculas, o encontrar esa palabra plena que enuncie, que nombre, que diga, que re-cree ese universo paralelo que está allí esperando por nosotras y nosotros.
Las cosas verdaderamente importantes están a nuestro lado, quietas, mudas, en espera perpetua. Nos rodean con su aura que casi nunca vemos porque somos, en efecto, zombies de una sociedad perversa que los crea para seguir con su camino desaforado de consumo y enajenación. Abajo las cortinas, los muebles ingleses, las jornadas agotadoras, la televisión por cable, la alta costura y la prêt à porter, los libros de autoayuda, los pisos brillantes, la decoración perfecta... Abajo la tiranía material, Gabi.

viernes, febrero 03, 2006

POEMAS DE JOAN KUNZ

A Joan Kunz le conocí en un taller de poesía organizado por Aula de Poesía de la Universidad de Barcelona. Finales de 2003 principios de 2004. De esa época recuerdo las tardes de lluvia, el viaje a París en tren -yo me sentía en el Expreso de Oriente- y las conversaciones con Joan cuando esperábamos el metro. Conversaciones salpicadas con textos leídos de uno y otro lado, con alusiones a poemas insospechados y a esa rara enfermedad que padecemos quienes nos diluimos en el mundo de las palabras -oficio inoficioso. Luego me dejaría leer sus versos profundos, cargados de un escepticismo delicioso y vital al mismo tiempo.

El taller acabó y de todo ello sólo quedó una comunicación esporádica con Joan (los saludos de finales de año, por ejemplo) y las invitaciones a sus lecturas de poemas - a las que por cierto no he asistido por uno u otro motivo.

Y luego le pedí que me permitiera publicar algunos de sus poemas en este blog. Joan aceptó y me envió un libro que me ha gustado muchisimo "Testigo de cargo" y una presentación elaborada por él mismo que reproduzo a continuación junto con algunos de sus poemas. Pero ¿quién es Joan Kunz? Leamos sus palabras:



Por Joan Kunz

Están ustedes asistiendo a un acto de venganza.

Sí, me explico: tengo la oficina cerca. Uno de los lugares donde suelo tomar café es aquí —se lo recomiendo, es realmente bueno—. Hará 8 años, entré, estaba leyendo este libro (“L’amic retrobat” — de Fred Uhlman), lo dejé sobre el mostrador, estaba a medias. Joan lo vio, cruzamos algunos comentarios —un libro espléndido— y haciendo el movimiento de servirme el café, me dijo: ¡Es una pena que al final lo fusilen! En ese momento ¿cómo decirlo? Ustedes pueden hacerse la idea de a quién vi yo frente al pelotón de fusilamiento, ¿no? Pues eso. El local estaba lleno, había demasiados testigos para improvisar una venganza, así que salí dispuesto a llenar mis noches urdiendo un plan. —De hecho, nos pasamos la vida haciendo planes, inventándonos, realizándonos, en definitiva, dándonos algún tipo de sustancia, de entidad, de sentido, para hacernos creíbles... para ser “algo”; para ser “alguien”—. Entré en El Corte Inglés, al pasar por la sección de Poesía tuve una idea. Llevaría mi venganza a su propia casa. Sería un libro, un libro del cual nadie pudiese explicar principio ni final, sin argumento, sin trama, con un solo personaje escondido tras una voz... donde cada página existiese en el puro instante de su lectura y después sólo quedase una sospecha, una intuición, un estremecimiento, una emoción... un libro que no admitiese la explicación ni el razonamiento. Así es la poesía.

Así que, me dejé caer el pelo, me afeité la barba, más tarde el bigote, adelgacé, me compré una pluma Montblanc —que por el precio pensé que los poemas saldrían solos—, una antología de poesía en la sección de Oportunidades, algunos paquetes de folios y empecé mi entrenamiento. Cuando ya tenía un buen número de poemas, cogí unos cuantos, los encuaderné y se los traje a Joan. Los leyó, y no sólo eso sino que, además, le gustaron. Para mí eso ya era suficiente venganza. Pero Joan, que se arriesga poniendo a la Literatura por delante del negocio, me ofreció vengarme con público... y aquí estoy, ¡vengándome!. Bien, bromas aparte. Me he permitido esta introducción porque creo que todos los que estamos aquí —ya sea como lectores, ya como autores, en muchos casos desde ambas facetas— sentimos la Literatura como un arte, y nos complace ese modo de comunicación por medio de la palabra que se establece en el ámbito de la ficción. Y aunque no fuese así, todos llevamos una vida a cuestas y asistimos como espectadores e interactuamos con otras vidas, que —no sé si estaremos de acuerdo— elevan la ficción a su rango más sublime, más envolvente, que es eso que llamamos realidad.

Así como el cuento y la novela —entre otros géneros— bucean en esa realidad para crear universos ficticios, con mayor o menor grado de credibilidad, por medio del concepto y del acto; la poesía —o la mayor parte de la poesía de todos los tiempos— y sobre todo la poesía contemporánea, bucea en esa ficción suprema que es la realidad para poner en evidencia lo que ocultan sus profundidades, usando para ello la emoción. En palabras de José Hierro, “la poesía da testimonio del ser del hombre”. Y puesto que cada poeta al hombre que tiene más cerca es a él mismo, el poeta da testimonio desde su vida, desde su mirada, desde su sensibilidad, etc... de la realidad que le ha tocado vivir. Decía Gil de Biedma que “...la poesía es lo que experimenta el lector frente a un poema y no lo que hace el poeta cuando escribe el poema...”. Estoy radicalmente de acuerdo. Y yo añadiría que sólo me siento poeta mientras estoy escribiendo un poema. Así pues, aquí tenemos a un tipo vengativo que va a leer poemas con la esperanza de transmitirles algún tipo de emoción y que al salir, o mañana o dentro de unos días, conserven la sensación —tal vez inefable— de que no han venido a perder el tiempo.


Mi poesía es una poesía del fracaso, del desarraigo. No en un sentido público, sino un fracaso existencial. Esa suerte de fraude que ya desde que vemos la primera luz nos hace berrear desconsoladamente. Creo que de la locura nos salva la ironía y de la muerte en vida –del hastío vital— nos salva el amor; no sólo ese amor que huele a sexo, sino otras formas más sutiles y menos perniciosas, como la amistad, la amabilidad, la ternura, el afecto, el cariño, etc... empezando por el amor y el respeto a uno mismo.


La poesía me abrió la puerta

a M.C.M

Un poema, mi bella aurora,
es el inesperado encuentro
entre el fugaz destello de una verdad oculta
y el tosco balbuceo del poeta
—asombro ante el misterio revelado—
recogiendo palabras al vuelo
dispuestas en un espacio y un tiempo
que nunca volverán a repetirse.

La poesía es como la belleza,
ephimera, radiante mariposa;
después sólo nos persigue el recuerdo,
la ardiente lucidez, la quemazón
de haberlo comprendido todo —o nada—
y ya no ser capaz de mirar atrás
—se impone entonces un silencio sordo;
será quizá en otro espacio y otro tiempo,
de nuevo la verdad de otro misterio—.

Hoy no buscaba nada, no esperaba
ni siquiera el rumor del primer verso.
Pero has aparecido tú, alma blanca,
con la tierra encendida en la luz de tus ojos,
las aristas del mundo deshaciéndose
en el arco carmín de tu sonrisa,
en tu piel la blancura de una paz imposible.

Tu voz ha hecho más dulce la derrota:
y por eso mi asombro al comprobar
que hoy la poesía me abrió la puerta.

Eslabón perdido
I
Desde mi presente hasta tu presente
el poema lo hacemos
entre tú y yo,
tu pasado y mi futuro.

Yo escribo en la lápida
del tiempo que tú resucitas.

II

El ser y el tiempo
son como agua y aceite.

Moneda y lanzamiento.
¿Cara o cruz? ¡Qué importa!

Lo que cuenta es la apuesta.

III

La obra de arte
es una burla
al correoso presente.

La caída del tiempo:
ese no-mundo eterno
perpetuo
inextinguible;
eslabón perdido
en la cadena de los instantes.

Espacio del espanto
donde se dan
tantas vidas como muertes,
que nos unen
a ti
y a mí.

IV

El círculo se cierra
tantas veces
como la voz
nacida del silencio
esculpe en la piedra del aire
las palabras.

Arqueología del alma.


Joan Kunz, Testigo de cargo, Barcelona, 2005.

CHARLA SOBRE "PROPUESTA DE ACUERDO HUMANITARIO EN COLOMBIA Y LAS CONVERSACIONES DE PAZ..."

Xerrada sobre “Propuesta de Acuerdo Humanitario en Colombia y las conversaciones de paz en Cuba con el ELN.”

Per Luis Eduardo Salcedo, membre de la Secretaria Executiva de la Asamblea de la Sociedad Civil por la Paz de Colombia, e integrant de la coordinació de l’Asamblea por la Paz del Departamento de Antioquia.

Presenta : Jordi Ribó Secretari de Cooperació de la CONC.

Dia: 7 de Febrer

Hora: 19:30

Lloc: Fundació Pau i Solidaritat CC.OO.

Via Laietana 16

Sala: Plateria 2

Organitza : Fundació Pau i Solidaritat, Associació Catalana per la Pau, i Col.lectiu Maloka Colombia

REGRESOS

He regresado del viaje. Cansada y con catarro me siento frente al ordenador para ver mensajes. Noticias allende los mares. Voces antiguas y nuevas que me hablen de que alguien me piensa y me extraña. Bandejas de entradas vacías. De nada sirve tener cuatro cuentas de correo si sólo recibo invitaciones a viajes exóticos, a manifestaciones, a charlas sobre derechos humanos, a luchar contra la injusticia y la discriminación... Eso está bien, pero también me gustaría encontrarme con esas voces cercanas que traen lugares comunes, gestos conocidos, palabras abiertas, sueños por hacer...
He regresado del viaje. Hay paisajes blancos de ida y ojos alucinados de niebla y en el fondo de todo, un estado de perpetua transición.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...