sábado, febrero 11, 2006

PAISAJES DESDE EL AUTOBUS

Trayecto Barcelona - Zaragoza. El paisaje metálico poco a poco da paso a serranías verdes ahora con algunos trozos blancos. La carretera es una recta eterna y fría. Las casas aparecen con escarcha en los tejados. Las chicas alemanas del asiento contiguo al mío han dejado de comer y de hablar, y ahora parecen dormitar plácidamente. Y en el de adelante, unos chicos morenos no paran de hablar mientras desocupan un gran bolsa llena de chuches: gominolas, nubes y otros elementos que no alcanzo a identificar. Más adelante va una pareja que se besa sin pausa y justo en el asiento de al lado un joven que no para de hablar por teléfono: "El paisaje está blanco, tío... Jo estoy flipando. Todo está blanco, blanco..."
¿Quién dice que viajar en autobús es aburrido? Escuchas las conversaciones más inverosímiles, observas especimenes en vías de extinción, lees una y otra vez el mismo artículo, repasas el paisaje para identificar mojones o figuras conocidas... pero lo mejor de todo es que allí puedes dedicarte al oficio delicioso de la observación. Si, ese espacio lleno de seres que comparten un mismo destino durante un tiempo definido, seres en transición, es un microcosmo estupendo para estudiar el comportamiento humano en condiciones de pasaje. Seres unidos en el tiempo y espacio por un solo motivo: ir de un lugar a otro. Relatividad del movimiento.


"¡Nena despierta! ¡Despierta! Mira el paisaje, está precioso. Todo está blanco. Mira, tu nunca habías visto este paisaje tan lindo viajando a Zaragoza". La niña levanta somnolienta la cabeza del regazo de su madre e intenta incorporarse pero el sueño la vence. ¿Miras la nieve? Si, si, ya la he visto. Dice mientras vuelve a su posición fetal con desgano. La mujer no insiste más y decide sacar la cámara y hacer unas fotos para enseñárselas cuando despierte o mejor, cuando lleguen a Zaragoza.

Alguna vez desde las ventanas del autobús se pueden ver más que campos urbanizados, más que tierra árida y seca, más que paisajes mustios y cansados por la mano ciega del hombre y de la técnica. Algunas veces se recupera la armonía y el invierno es invierno. El blanco ocupa su lugar y su tiempo y todo sucumbe ante su encanto de brujo.


Algunas veces viajar en autobús es más que la experiencia angustiosa de un sobresalto en el camino o de que las pastillas contra el mareo no hagan efecto... es simplemente la fascinante experiencia de estar en transición con la inesperada visión de un paisaje siempre nuevo.
Fotos y texto: Martha Cecilia Cedeño Pérez

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