viernes, abril 21, 2006

La ciudad de la distancia y el recuerdo

"Es una putada estar lejos", me decía un amigo argentino en días pasados. Extrañas a los tuyos, el calor de tu gente, la maravilla del paisaje; extrañas el espacio donde creciste, las calles que anduviste y donde crees que un día fuiste feliz. Extrañas los sabores, los colores, las visiones -estupendas y miserables-, los sonidos, las formas y las imperfecciones que parecen conjugarse siempre para perfilar lo grandioso y lo mínimo, lo magnífico y lo precario.

Extrañas la ciudad polvorienta, imperfecta, canicular, desordenada, que en el recuerdo se convierte en una urbe espléndida, armónica, perfecta. Y deseas volver a recorrer sus calles bulliciosas con gente que viene y va, con mujeres embarazadas y hombres que te miran con lujuria y te lanzan los piropos más inverosímiles, con niños que juegan sin miedo al peligro que acecha en las aceras, con almendros y arrayanes perfumados, con el río que serpea entre ceibas y platanales...

La ciudad del recuerdo es un lugar perfecto: el de la juventud entre cuadernos y tímidos amores, y muchachas que escuchan música vallenata (en mis días de colegio el Binomio de Oro tenía mucho éxito entre las chicas pero a mí no me gustaba. "Dime pajarito", "Mi novia y mi pueblo", "La creciente"... eran algunas de las canciones que tatareaban mis compañeras de curso entre las que recuerdo a Lucía Moreno, a quien volví a encontrar estos días gracias a la magia de internet, y a Maricel García, cómplice de odiseas y travesuras juveniles), el de los parques abandonados donde se descubre el amor, el de las tabernas con la música almibarada de Franco de Vita, el de las utopías intelectuales y sueños esperanzados de justicia y paz, el de la casa rosa con ventanas rojas y padre cantando boleros, el de la abuela sentada en el marco de la puerta...

Ciudad de los deseos, de la memoria, del amor, del fracaso, de la inercia, de los sueños, de la felicidad, del pasado. Así es Neiva en la distancia. Mujer rotunda surcada por depresiones líquidas. Cuerpo cruzado de azahares, de gritos como lanzas, de cantos de pájaros en el vientre. Neiva siempre nueva y vieja, triste y alegre como el valle canicular sobre el cual se erige.

Es una putada estar lejos. Es una putada no ver lo ojos de madre y sus manos sabias y serenas. Es una putada esta distancia atlántica que agiganta el recuerdo y los deseos de volver. Aunque en verdad nunca me he ido, pues partir es siempre una manera de quedarse.
Martha Cecilia Cedeño Pérez
Barcelona, abril de 2006

domingo, abril 16, 2006

Temas en el tintero

Confieso que me he dejado llevar por los avatares de mi nueva situación de mujer que trabaja-fuera-de-casa y he perdido el espíritu escritural que me ha acompañado siempre y que motivó un día de octubre abrir este blog. Este abandono involuntario deja en el tintero varias cosas de las que quise hablar en su día. Os hago un resumen:

1. Las manifestaciones de los jóvenes parisinos que hicieron posible la vuelta atrás de una ley que echaba por tierra todos los logros alcanzados en materia laboral y social y que pretendía ante todo castigar a los jóvenes...


2. Las manifestaciones de los "inmigrantes" latinos en Estados Unidos para protestar por un proyecto de ley de inmigración discriminatoria, que vulnera los derechos humanos fundamentales. Estas manifestaciones hicieron posible la visibilización de un grupo humano que sólo aparecía en las estadísticas. (Veáse el interesante artículo de Andrés Oppenheimer que reproduce mi amiga Gabriela de la Peña en su estupendo blog).


3. La conmemoración de la Segunda República Española, el régimen político por el que se rigió España en el período que abarca desde el 14 de abril de 1931, fecha de proclamación de la misma y de la salida del Rey Alfonso XIII de España, y el 1 de abril de 1939, fecha de la victoria definitiva del bando autoproclamado nacional (es decir, el de los alzados contra la República el día 18 de julio de 1936, llamados así en oposición a los leales a ella, a los que se conocía como republicanos). ¿Cúando vendrá la Tercera República?


4. La celebración de la Semana Santa en la ciudad de L'Hospitalet, específicamente en el barrio Pubilla Casas, de claro acento laico y andaluz que se constituye en una de las principales de Catalunya.

5. Y sobre la Semana Santa también quería recordar aquellas historias y leyendas que escuchaba de niña y que hablaban de prohibiciones:
- Prohibido bañarse el jueves y viernes santo en el río so pena de convertirse en pez o algo parecido
- Prohibido comer carne
- Prohibido tener relaciones sexuales so pena de quedarse enganchado para siempre, como los perros
-Prohibido decir palabrotas
-Prohibido tener pensamientos pecaminosos
-Prohibido andar en las madrugadas del Jueves y Viernes Santo (qué curioso: esos días trabajé y cuando iba para casa a las 2 y media de la madrugada se me vinieron a la mente aquellas historias tétricas de prohibiciones pero no me dio miedo, sólo sonreí con nostalgia).

A ver si me pongo al día con la escritura y retomo el ánima que me motivó crear este blog.

Foto: estamos en primavera y tengo licencia para rendirle un homenaje siempre y qué mejor que hacerlo con este árbol florecido que encontré en el Parc de Les Planes.

Martha Cecilia Cedeño Pérez

lunes, abril 10, 2006

Encuentro por Colombia


MESA REDONDA “ENCUENTRO POR COLOMBIA”

LUGAR: Casa Elizalde, c/ València, 302.
DIA: martes, 25 de abril
HORA: 7:00 p.m.


Con motivo de la celebración de los eventos programados por la Taula Catalana para el mes de abril, se encontrarán en Barcelona representantes de diversas organizaciones sociales colombianas. Al Colectivo Maloka le ha parecido importante abrir un espacio para escucharlos, y así poder saber qué hacen y qué plantean en este momento y las perspectivas que ven dadas las circunstancias que se vive en este momento en Colombia, Por tanto, quedan todas y todos cordialmente invitados a este encuentro…por Colombia.


HÉCTOR-LEÓN MONCAYO SALCEDO. ILSA. Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos ONG de Derechos Humanos.


JEFFERSON OREJUELA WALDO. REPRESENTANTE DE COMUNITATS DE CACARICA, CURVARADÓ I JIGUAMIANDÓ Representante de las comunidades, situadas en el Bajo Atrato, Departamento del Chocó. Las comunidades son víctimas de la apropiación ilegal y por la fuerza de sus 'caseríos' y de tierras de las comunidades.


EDER JAIR SÁNCHEZ ZAMBRANO. ANUC-Putumayo. Asociación de Usuarios Campesinos de Colombia, ANUC


LUIS EVELIS ANDRADE. ONIC. Líder Indígena del Pueblo Emberá, comunidad de Riosucio, Chocó, Colombia.


DIANA PATRICIA SÁNCHEZ LARA. MINGA. Asociación para la Promoción Social Alternativa.


MARCO ALBERTO ROMERO SILVA. CODHES. ONG Derechos Humanos


IVAN CEPEDA. - FUNDACIÓN MANUEL CEPEDA.- MOVIMIENTO DE VìCTIMAS DE CRÍMENES DE ESTADO.


Otros invitados: Betty Puerto de la Organización Femenina Popular, Martha Giraldo de la Ruta Pacífica y César Jerez, asesor de la Asociación Campesina de Cimitarra.

viernes, marzo 31, 2006

Una mujer de madrugada

Desde hace 15 días hago una cosa que jamás había hecho: caminar de madrugada por las calles solitarias de la ciudad. Es una sensación al mismo tiempo agradable e inquietante. Agradable porque experimento una especie de libertad, de amplitud, de independencia, al conquistar un tiempo -la noche- y un espacio -la calle- que siempre ha sido problemático para las mujeres. Y de inquietud porque una mujer que camina sola a las dos y media de la madrugada es, cuando menos, inquietante, una figura liminal, fronteriza; un ser ambiguo que se mueve en ámbitos difusos. ¿Quién es esa? ¿Qué hace a esta hora de la madrugada? ¿Qué busca?

Es decir, nos pone en una situación doblemente problemática pues por una lado nos convertimos en el punto de mira de los otros ocupantes de la calle (hombres, por supuesto), que perversamente se abrochan el derecho de mirar sin contemplaciones, y por el otro, sentimos miedo porque se pueda vulnerar nuestra integridad física. Pero además porque muy en el fondo aún sentimos ese prejuicio atávico de estar navegando en aguas que no son las nuestras, de estar haciendo algo "fuera de lo común" e impensable en contextos como el latinoamericano por ejemplo.

En ciudades como Bogotá o Neiva (Colombia) caminar solitaria por un escenario nocturno es más que un acto de fé: es una locura. Allí la inseguridad física se acentúa no sólo por los "desórdenes" de una sociedad en donde priman aspectos preocupantes de violencia, sino porque la misma conformación, estructura, diseño de las urbes no está preparada para el tránsito de esos seres considerados "inferiores" o "vulnerables". No existen vías peatonales adecuadas para los tránsitos ni una iluminación que permita tener una visión amplia del espacio y sus potenciales habitantes por lo que siempre se está en la mira de los maleantes y pervertidos. Así que las mujeres, los niños, los minúsvalidos lo tienen bien dificil para poder desplazarse no solamente de noche, lo cual es entendible dadas las circunstancias expuestas arriba, sino de día, lo cual es todavía más preocupante.

Así que conquistar la calle nocturna se ha convertido para mí en un reto, un reto que no hubiese podido llevar a cabo si las circunstancias laborales no me lo hubiesen exigido, pues trabajo de las 8 de la noche a las 2 de la madrugada en una empresa de asesoría telefónica. Está muy cerca de casa y de día ir hasta allí se convierte en un paseo agradable y despreocupado, pero de noche la distancia se multiplica y es como si quedara a kilómetros. No hay un autobús nocturno que me vaya bien y pagar un taxi implica gastar la mitad de mi sueldo (en Barcelona las tarifas de taxis son costosísimas) y por otro lado, queda solamente a 20 minutos de casa caminando. Aquí se puede aplicar muy bien aquello de tan cerca pero tan lejos, sobre todo porque en el trayecto debo pasar por debajo del puente del ferrocarril y por un lado del parque de Les Planes, lugares que por su conformación dan un poco de miedo.

Pero la verdad, más que el temor a cruzar por esos lugares que en la práctica he descubierto hermosos y poco inseguros, lo que me hace experimentar cierta angustia es ese miedo que me acompaña desde mi adolescencia en Colombia en donde, como ya he sugerido, el tiempo y lugar de la noche es un cronotropo insalvable para las mujeres. Así que el miedo no está fuera sino dentro de mí. Temo a la oscuridad -que en verdad aquí no existe porque todo está muy bien iluminado-, a la hora -!dos y algo de la madrugada!-, a que alguien me persiga de repente, a que salga un fantasma del cementerio que está junto al parque y me asuste (es surrealista, lo se, pero permitirme ese exabrupto), a que alguien me confunda con una buscona, prostituta o algo parecido...

Todos estos temores inculcados en una socialización de la debilidad, del temor, de la vulnerabilidad y de la convicción de que la calle y la noche son, ante todo, para los hombres (aún recuerdo mi época de estudiante de literatura cuando empecé a descubrir la noche y sus trasuntos, faltó poco para que mi padre me echara de casa "una niña bien no llega a estas horas de la noche", me decía. Ah, y recuerdo el sonido de las ventanas de los vecinos cuando se abrían: los ojos de las señoras estaban a la expectativa para comentar al siguiente día que la chica de al frente andaba en malos pasos... si yo hubiese sido hombre todo eso, al contrario, demostraría mi virilidad, mi crecimiento personal y mi entereza como varón).

Esos temores, algunos infundados y otros no tanto, acompañan mis tránsitos matutinos; sin embargo, poco a poco los voy dejando atrás porque cada vez que salgo del trabajo y subo la Rambla Just Oliveras y agarro la Avenida Isabel Católica me acompaña la convicción de que estoy haciendo mío un espacio que ya me pertenece, y que no soy distinta de otra persona que deambula a esa hora de la madrugada. Cada vez tengo la convicción de que puedo caminar por donde me plazca, a la hora que sea; de que puedo admirar la noche y sus contornos: los árboles de la calle que tejen figuras, el claroscuro del parque con su fisonomía ambigua y fronteriza, la calle solitaria, diáfana por donde de vez en cuando se desplaza un coche; el cielo oscuro con algún lucero tozudo que se muestra pese a la contaminación; los edificios dormidos con sus ventanas en duermevela; el graznido de un pájaro; la mujer que deambula solitaria como yo; el hombre que sale con los ojos dormidos y me lo encuentro siempre en la esquina de casa...

Es la calle toda mía y esta ciudad que palpita y duerme al mismo tiempo. Y nunca me había sentido tan bien como ahora porque sé que puedo salir por donde me plazca con la seguridad suficiente de estar haciendo mío un espacio que por los siglos de los siglos se nos ha negado. !Qué viva la noche, la ciudad y sus contornos!
Martha Cecilia Cedeño Pérez
L'Hospitalet- Barcelona, 2006.

domingo, marzo 26, 2006

Ha llegado la primavera

Ha llegado la primavera. El paisaje gris de la ciudad poco a poco se va transformando en un cuadro de colores, de niños que corren de aquí para allá, de jóvenes sedientos de sol, de hombres y mujeres que salen a la calle con menos ropa pero con más ganas de vivir, eso es quizá lo que parece reflejarse en sus rostros ahora más distendidos, más a tono con la vida que comienza a brotar en los árboles.

Las noches eternas han quedado atrás y el frío también. Los días poco a poco se alargan tanto como los deseos de salir. Hay ganas de reir, de amar, de redescubrir la ciudad y sus contornos, de encontrarse con la gente, de sentarse en una terraza a comer unas buenas tapas (se me hace agua la boca con las patatas bravas, los chocos, el cochinillo, el pulpo al ajillo y tantas otras delicias que acompañan una caña, una sangría o una clarita), de despojarse de ropa para enseñar las formas, de guardar los temores en el armario...No cabe duda, ha llegado la primavera y la sangre se altera.

La alegría se dibuja en los rostros antes opacos y la vida palpita en las esquinas, tal como la sonrisa plena de Luna del Mar que celebra feliz la llegada de la primavera, con flores en la cabeza y brillos en los ojos.

Los sentidos reverberan como nunca y hay ganas de beberse el mundo. Ha llegado la primavera a mi corazón y soy feliz...

Martha Cecilia Cedeño Pérez

miércoles, marzo 22, 2006

EL TLC Y LA REALIDAD COLOMBIANA

TRATADO DEL LIBRE COMERCIO (TLC) ENTRE COLOMBIA Y ESTADOS UNIDOS: PACTO DE UNA ENTREGA ANUNCIADA

El pasado 27 de febrero el gobierno colombiano a la cabeza del ultraderechista Álvaro Uribe Vélez selló el llamado Tratado de Libre Comercio TLC con los Estados Unidos –que seguramente será firmado en 90 días y aprobado por el Congreso de la República, si la sociedad civil no rechaza con fuerza esta entrega perversa-, uno de los pactos más vergonzosos de la ya triste historia de expoliación y saqueo que ha padecido nuestro país desde tiempos inmemoriales. Pero ¿qué es y cuáles serán las consecuencias de esta confirmación de los lazos de dependencia de nuestro país con el imperio más poderoso de la tierra?

En teoría, un tratado de libre comercio es un acuerdo mediante el cual dos o más países pactan las reglas o normas para realizar un intercambio de productos, servicios e inversiones, sin restricciones y bajo condiciones de transparencia y equidad, cosas que por supuesto no tienen nada que ver con lo que subyace a este tratado que vulnera la soberanía nacional, el derecho fundamental que tiene todo pueblo a dirigir sus propios destinos y a gestionar sus propios recursos pensando siempre en el bienestar de su población. Este tratado que acaba de sellar el gobierno colombiano y cuyo proceso de negociación fue sólo una falacia –el gobierno aceptó todas las exigencias estadounidenses sin rechistar-, está hecho a la medida de los intereses norteamericanos y de las grandes multinacionales que succionan la riqueza y la sangre –metafórica y literalmente hablando-, de los colombianos y colombianas.

Estas son algunas de las implicaciones reales de dicho tratado:
- Exposición de la producción nacional a la competencia desleal con los monopolios estadounidenses.
- Sujeción del país a los vaivenes del mercado y sin control sobre sus propios movimientos internos
- Reducción de los ingresos del Estado
- Aumento de las importaciones y disminución de las ya menguadas exportaciones, pues los E. U. no eliminarán la protección de su economía ni sus subsidios a la producción agrícola, con las funestas consecuencias para este importante sector de la economía colombiana.
- Intensificación de la política de guerra total con la que Uribe ha querido solucionar el conflicto colombiano y todo lo que ello implica
- La apropiación directa o indirecta, por parte de las empresas estadounidenses, de los recursos biológicos, genéticos o de los conocimientos tradicionales de los que son propietarios el Estado colombiano y los grupos étnicos de la nación colombiana.


Con el TLC el gobierno de EU tiene el camino expedito para imponer, para controlar, para arrasar (como ya lo ha demostrado la calamitosa experiencia mexicana), para agudizar las condiciones de inequidad en la distribución de la riqueza, para continuar con el programa de guerra total que tan bien se aviene a los intereses de Uribe y Bush, para acabar con cualquier esperanza de redención de la compleja realidad colombiana. En últimas, el ganador de este pacto perverso es Estados Unidos que podrá exportar sus excedentes, controlar la economía colombiana, explotar la mano de obra barata de la población y apoderarse de sus recursos naturales, incluyendo la biodiversidad, el agua y los conocimientos ancestrales.


¡No más pobreza, sangre y lágrimas para un pueblo que merece una segunda oportunidad sobre la tierra!

¡No a la entrega de nuestra soberanía, nuestros recursos, nuestros sueños!¡No al TLC que vulnera la esperanza de una nación!


Barcelona, 2006 COLECTIVO MALOKA

domingo, marzo 19, 2006

"La interracialidad" (II parte): una historia en el Metro

A Pilila

La palabra interracialidad como tal no existe, o al menos no el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Existe interracial que según dicho organismo es un adjetivo que se refiere a lo "que está integrado por individuos de razas distintas o que se produce entre ellos. Tropas interraciales. Problemas interraciales". Como el término raza está bastante rebatido entre los antropólogos y demás estudiosos de lo social, me parece que convendría mejor usar el término "interétnico". Algo así como las "relaciones que se establecen entre individuos de diversas etnias y procedencias".

Pero mi intención no es hablar de las implicaciones de esos términos sino contar una historia de la que fui testigo en un viaje de metro. Algunas y algunos de vosotros ya conocéis mi espíritu voyerista, en el sentido de estar siempre observando, mirando con ojos escrutadores todo lo que pasa alrededor. Y como lo he dicho en una entrada anterior, es en el espacio público y semi-público donde mejor se puede ver ese mundo que se explaya ante nuestros ojos, mundo efímero que sin embargo se convierte en un componente indiscutible del lazo social.

Aquí va la historia:
Lunes 11:20 de la mañana. Salgo de la entrevista de trabajo en un despacho de la calle Marina. No quiero agarrar el metro inmediatamente porque me supone hacer un trasbordo en la Sagrada Familia (sí, donde está situada la emblemática obra de Gaudí), así que decido caminar hasta allí porque hace un día espléndido que invita a pasear y detenerse en esos detalles urbanos que a veces pasan desapercibidos; además quiero despejar la mente después del nudo neuronal que me dejó la mujer aquella del monólogo. Camino despacio y de repente me siento feliz. Me gusta esta calle y su contexto, la gente que va a mi lado, el cielo azul y hasta el viento frío. Llego a la estación y bajo para agarrar el metro. Valido el ticket y me dirijo al andén donde llegará el tren. Hay poca gente. Me siento y saco Sostiene Pereira (el bello libro de Tabucci que últimamente releo sin compasión). Llega la máquina. Ah, es la nueva ¡qué bien! (están renovando el parque del metro y ahora hay unos trenes muy guay, como diría mi hija Luna). Subo y tengo una sensación extraña. Sobre la puerta hay una franja violeta con unas estaciones que no son las de casa. ¡Mierda! me he equivocado. La puerta del tren no se cierra. Alcanzo a bajar (imagino que la pareja que iba en uno de los asientos se ha dado cuenta de mi despiste). Claro, la línea azul está al fondo, tal como lo marcan las flechas de la pared de la estación. ¡Vaya despiste! Sigo la flecha y llego al lugar correcto. Hay mucha gente esperando y los bancos están ocupados. Así que me quedo de pie mientras observo al descuido la pantalla de televisión -pasan el tiempo que hará hoy en Barcelona. Sol y frío, está bien. Viene el metro. Subo. Abro un camino entre cuerpos que parecen negarse al movimiento. Hay un espacio al fondo así que me pongo ahí, haciéndome más delgada de lo que soy.

"Diagonal", dice una voz metálica que anuncia las paradas. Aquí se bajará mucha gente. Si, y se sube otra. Suben hombres y mujeres de todas las edades y colores. Se acomodan mientras observo cómo lo hacen. Hay una mujer negra que se fija en las estaciones que están pintadas sobre la puerta, una pareja de jóvenes que se apretujan sin disimulo, un hombre alto y de ojos claros con una americana azul profundo (no se por qué me recuerda a G. Clooney), una señora de pelo rubísimo con una bolsa de compra, una mujer con un carrito de bebé, una estudiante con una carpeta de la UAB... Gente común y corriente que comparte un mismo espacio y tiempo.

"Hospital Clinic". Ahora me fijo en la mujer negra. Mucha gente lo hace, quizá porque lleva un buen rato señalando con el dedo las paradas que están marcadas en la puerta, lo que significa que está de espaldas. Eso es. La mujer es alta, tiene el pelo largo hecho en trencitas y reunido en una coleta. Está de espaldas y de ella sólo vemos su culo enorme (culo de negra, pienso y perdonarme esta expresión que solamente pretende ilustrar una característica anatómica muy acentuada en los hombres y mujeres negros). Si, los hombres mayores que están a su lado se fijan en ese componente físico y algunas mujeres también.

"Sants Estació". Baja mucha gente y quedan algunos asientos libres en este vagón. La mujer se dirige a uno de ellos y el hombre del bigote también. Ha decidido un abordamiento sin cotemplaciones, pienso. Decido quedarme de pie para poder observar bien la escena y estudiar los movimientos del hombre. Es un depredador, no cabe duda. Un viejo zorro. El hombre está muy cerca de la mujer y la mira de manera descarada. Me parece observar que su corazón late a mil por minuto, hasta creo ver cómo se mueve su chaqueta marrón y hasta escucho su respiración entrecortada.

"Plaza de Sants". Sigo observando con curiosidad y disimulo a la espera del momento en que el hombre decida atacar de lleno. El depredador la sigue mirando aunque de vez en cuando mira para otro lado, para disimular quizá. Ahora me fijo en la cara de la mujer. No tiene más de 29 años y lleva gafas. Es una mujer hermosa, de boca y labios generosos. No estoy segura si ella se ha dado cuenta de que este señor la está observando, aunque creo que sí, las mujeres siempre nos percatamos de esas cosas. Ella mira hacia el lado donde está el hombre pero evita detenerse en esa cara que lleva allí, a su costado. Hace como si no existiera. No cabe duda: ella ya se ha dado cuenta del acecho y el hombre está próximo a dar el siguiente paso.

"Badal". La mujer bosteza y el hombre la mira. Madre mía llegó el momento. Sus miradas se encuentran. ¿Tienes sueño? Pregunta el hombre sin contemplaciones y yo descanso. Si, porque estaba tan tensa como él, esperando el momento en que se decidirá a abordar a la joven. Ella le mira y le responde algo. En esta parada han quedado los dos asientos contiguos a la pareja vacíos. Me siento en el que está en el costado. Ahora se ríen, me pareció oírle al depredador algo relacionado con el sueño que le hizo gracia a la chica. ¡Ostras! Imagino: este hombre estará casado hace más de 40 años con una mujer de pelo rubio que le espera en casa. Ella estará viendo el programa de Ana Rosa, tan tranquila y el tío en estas lides....

"Collblanc". El hombre mayor hace el gesto de levantarse quizá porque imagina que la mujer lo hará. Pero no, ella se queda tranquila en su asiento. El le pregunta si esa es su parada y ella responde "no, es Pubilla Casas! La chica tiene acento caribeño. Sigo escuchando fragmentos de conversación que intento recomponer, él le ha preguntado que si la puedo acompañar y ella dice que no es necesario, que vive hace más de 15 años aquí y no se perderá. Pero lo dice sin contundencia como aceptando la proposición del hombre. Ella lo mira, parece no disgustarle la atención del viejo. Al contrario, me da la impresión de que le gusta y que todo el tiempo no ha hecho más que atraer su atención. Estoy segura que bajarán juntos y después, quizá, él la invite a tomar un café...

"Pubilla Casas". La mujer coge el bolso y se levanta, el hombre hace lo mismo. Se abre la puerta y bajan. En el andén les observo titubear un poco sobre la dirección a tomar, luego agarran la salida de la calle Joseph Molins. El tren reanuda su marcha y alcanzo a verlos mientras caminan lentamente. El hombre ríe y sus ojos brillan como ascuas...

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...