miércoles, marzo 22, 2006

EL TLC Y LA REALIDAD COLOMBIANA

TRATADO DEL LIBRE COMERCIO (TLC) ENTRE COLOMBIA Y ESTADOS UNIDOS: PACTO DE UNA ENTREGA ANUNCIADA

El pasado 27 de febrero el gobierno colombiano a la cabeza del ultraderechista Álvaro Uribe Vélez selló el llamado Tratado de Libre Comercio TLC con los Estados Unidos –que seguramente será firmado en 90 días y aprobado por el Congreso de la República, si la sociedad civil no rechaza con fuerza esta entrega perversa-, uno de los pactos más vergonzosos de la ya triste historia de expoliación y saqueo que ha padecido nuestro país desde tiempos inmemoriales. Pero ¿qué es y cuáles serán las consecuencias de esta confirmación de los lazos de dependencia de nuestro país con el imperio más poderoso de la tierra?

En teoría, un tratado de libre comercio es un acuerdo mediante el cual dos o más países pactan las reglas o normas para realizar un intercambio de productos, servicios e inversiones, sin restricciones y bajo condiciones de transparencia y equidad, cosas que por supuesto no tienen nada que ver con lo que subyace a este tratado que vulnera la soberanía nacional, el derecho fundamental que tiene todo pueblo a dirigir sus propios destinos y a gestionar sus propios recursos pensando siempre en el bienestar de su población. Este tratado que acaba de sellar el gobierno colombiano y cuyo proceso de negociación fue sólo una falacia –el gobierno aceptó todas las exigencias estadounidenses sin rechistar-, está hecho a la medida de los intereses norteamericanos y de las grandes multinacionales que succionan la riqueza y la sangre –metafórica y literalmente hablando-, de los colombianos y colombianas.

Estas son algunas de las implicaciones reales de dicho tratado:
- Exposición de la producción nacional a la competencia desleal con los monopolios estadounidenses.
- Sujeción del país a los vaivenes del mercado y sin control sobre sus propios movimientos internos
- Reducción de los ingresos del Estado
- Aumento de las importaciones y disminución de las ya menguadas exportaciones, pues los E. U. no eliminarán la protección de su economía ni sus subsidios a la producción agrícola, con las funestas consecuencias para este importante sector de la economía colombiana.
- Intensificación de la política de guerra total con la que Uribe ha querido solucionar el conflicto colombiano y todo lo que ello implica
- La apropiación directa o indirecta, por parte de las empresas estadounidenses, de los recursos biológicos, genéticos o de los conocimientos tradicionales de los que son propietarios el Estado colombiano y los grupos étnicos de la nación colombiana.


Con el TLC el gobierno de EU tiene el camino expedito para imponer, para controlar, para arrasar (como ya lo ha demostrado la calamitosa experiencia mexicana), para agudizar las condiciones de inequidad en la distribución de la riqueza, para continuar con el programa de guerra total que tan bien se aviene a los intereses de Uribe y Bush, para acabar con cualquier esperanza de redención de la compleja realidad colombiana. En últimas, el ganador de este pacto perverso es Estados Unidos que podrá exportar sus excedentes, controlar la economía colombiana, explotar la mano de obra barata de la población y apoderarse de sus recursos naturales, incluyendo la biodiversidad, el agua y los conocimientos ancestrales.


¡No más pobreza, sangre y lágrimas para un pueblo que merece una segunda oportunidad sobre la tierra!

¡No a la entrega de nuestra soberanía, nuestros recursos, nuestros sueños!¡No al TLC que vulnera la esperanza de una nación!


Barcelona, 2006 COLECTIVO MALOKA
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