martes, junio 20, 2006

Torre Agbar de Barcelona del arquitecto Jean Nouvel
Foto: Martha C. Cedeño Pérez
Ad portas de un viaje a los míos y de cumplir un año más (o un año menos, según el estado de ánimo), vuelvo a recorrer la ciudad y sus rincones. Vuelvo a las calles de siempre, las ramblas plenas de cuerpos, las esquinas perfectas, las nuevas edificaciones que cruzan el cielo de esta ciudad antigua y nueva. Ciudad en construcción donde pugnan intereses de toda laya pero que hoy sólo veo con ojos de sorpresa.

Y vuelvo a encantarme con esos lugares casi olvidados que un ángel oscuro me lleva a conocer: turons espléndidos e intersticiales en medio, al costado, al final de la ciudad. Puntos claros desde donde la urbe es una manta arrugada, una pintura imperfecta, una prolongación de las contradicciones humanas. Paisaje de luces y sombras con un cielo plomizo y azul. Ciudad mágica donde todo es posible, hendija por donde se escapa la vida cotidiana para ser otros y otras...

jueves, junio 15, 2006

Cinco Noches

Rostros del trabajo: Diana, Miriam, Irena, Marcela, Karla, Marlen, Gisella, Jacqueline, Martha, María y Salva

Cinco días con sus noches para mí. Cinco noches sin escuchar el sonido seco que anuncia una llamada y el tedio constante de contestar siempre lo mismo. Cinco noches sin esperar a que sean las dos de la madrugada. Cinco noches sin sentir mis pasos solitarios en el pont del ferro. Cinco noches sin ver las aceras solitarias de la ciudad y sus luces y sus ecos y sus brillos y sus insomnes.

Son cinco noches y la certeza de extrañar las risas, los rostros de las personas que compartieron conmigo el mismo espacio y tiempo. Rostros de todos los colores que reflejan esa España profunda que desconocía. Rostros transparentes y oscuros, alegres y tristes, plácidos y sombríos, cálidos y fríos... Rostro de gente sencilla, trabajadora, combativa, elemental, soñadora, contradictoria. Rostros que humanizan un lugar que de otra manera sería sólo la mueca del consumo, el negocio, el interés, el dinero... Rostros que me enseñaron que hay otras esferas donde la vida y la esperanza palpita pese a todo.

Rostros de despedida: Gisella, María, Karla, Joaquim, Jorge, Esteban, Mauricio, Miriam, Salva y Diana.

Son cinco noches. Extraño la ciudad vacía y sus balcones a media luz y el graznido de un pájaro perdido y el vuelo de los murciélagos y las imágenes en penumbra del parque y el sabor agridulce del temor en la espalda y la visión de ser la única hablitante de la madrugada.

Martha Cecilia Cedeño Pérez

L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona

martes, junio 13, 2006

Martes 13

¡ESTOY INDIGNADA! ¡NO HAY DERECHO! ¡ES UNA VERGÜENZA!
Acabo de llegar de la Subdelegación del Gobierno Civil de Barcelona donde, después de una odisea interminable, pude tramitar mi autorización de regreso porque viajo la semana que viene a Colombia. Un trámite que se realiza en 5 minutos y para el que tuve que hacer un cola de 9 horas. Estoy muy enfadada, muy "cabreada" como se dice vulgarmente aquí. Os cuento la historia para que os hagáis una idea de la manera como tratan a los extranjeros no comunitarios en España:
A las 8 en punto de la mañana llegamos a la sede de la Subdelegación de Gobierno en la Barceloneta. Hace fresco y se siente el salitre en la cara porque justo a 10 minutos de allí está la playa y sus chiringuitos con guiris (turistas comunitarios) hambrientos de sol. Hay 323 personas delante de nosotros y todo el día por delante. "A las 11 o 12 ya habremos salido", escucho a una mujer que le dice a su acompañante. La cola apenas se mueve. A las 9 hemos avanzado 5 metros. Algo es algo. Pasa una mujer apuntando a los que estamos en la cola, nos toca el número 323 y 324 respectivamente.
A las 10 hemos avanzado apenas nada y empezamos a mirar hacia adelante donde unos hombres se quieren colar. La gente les grita y los obliga a salirse de la cola. Todavía hace un poco de fresco aunque el sol empieza a ponerse justo encima de los hermosos edificios donde están las oficinas de extranjería. Se siente un fuerte olor a cloaca y guardado, y por un momento recuerdo las calles oxidadas de la Habana Vieja. Huele igual.
Ha pasado otra hora y no nos hemos movido. "No es posible que no avancemos nada, llevamos desde las 6 de la mañana y esto no se mueve", dice una señora con acento ecuatoriano. Hace hambre y sed. Me siento en la acera de cara al sol donde otros hombres y mujeres ya están puestos. Me empiezo a impacientar porque he de pasar por mi hija al cole antes de la 1 de la tarde y seguro que no alcanzamos a realizar el trámite. Llamo al colegio para avisar que ella se queda al comedor.
A la 1 de la tarde nos hemos movido otros 5 metros. ¡No vamos ni en la mitad! ¡Esto no puede ser! ¡Es una putada! Alguna gente se va y otra saca los bocadillos para comer. Nos es justo que nos traten así. Tengo mucha hambre y mi marido me compra un bocadillo. Ahora el sol pega fuerte y hemos de protegernos la cabeza con periódicos.
A las 2 de la tarde estamos en el mismos sitio. ¡Esto no es posible! repito una y otra vez. Estoy muy enfadada. No es posible que este país trate así a la gente que viene a trabajar, a los hombres y mujeres que hacen los oficios que los nativos no quieren hacer, a los que con su esfuerzo están contribuyendo a la riqueza de este país... Esta ley de extranjería es una mierda. Todo el mundo pensaba que cuando el PP se fuera del gobierno las cosas iban a cambiar. Pero se han equivocado. En el gobierno "socialista" se ven las mismas cosas, las mismas colas de seres desprotegidos y a la intemperie, en todos los sentidos de la palabra. "Pagamos los impuestos, cotizamos a seguridad social, tenemos los mismos derechos y nos tratan de esta manera..." dice una bella chica con acento argentino.
Es verdad. Nos tratan como a ciudadanos de segunda. A las 4 de la tarde hemos avanzado otro poco y ya estamos dentro de la valla de la recta final. El sol calienta como un condenado. Hay unos hombres que se quieren colar. Un grupo de chicas les gritamos y no permitimos que lo hagan. "Me voy, me siento muy mal, esto es una mierda", digo y la voz se me quiebra. Estoy a punto de llorar. No hay derecho. Mujeres embarazadas, niños pequeños, gente mayor, hombres y mujeres en la más absoluta intemperie. Esto cada vez se pone peor. Vienen dos guardias de seguridad y nos dicen que no alcanzaremos a llegar, que nos vayamos. La gente no hace caso y se apretuja como puede para meterse dentro de la valla. Casi me hacen caer y siento que me voy a desmayar. Bebo un poco de agua. ¡Esto es inhumano! Dice la chica argentina que está detrás de mi. Otras mujeres opinan lo mismo. Todas decimos lo mismo.
Por fin, después de soportar sol, el olor de las cloacas y de las axilas de unos hombres árabes, los apretujones, las miradas extrañadas de los transeúntes (oiga, si señor, esto es la otra España: la de los extranjeros de segunda), llegamos a la puerta.
A las 5 menos 15 nos hacen pasar dentro. ¡Despúes de casi 9 horas! ¿No sería más fácil que saliera alguien a dar los turnos? ¿Por qué no ponen más empleados? ¿Por qué no se inventan otro sistema para que la gente pueda hacer sus trámites sin hacer esas colas eternas? ¿Por qué no empiezan por tratar a la gente que llega de una manera más humana?
A las 5 y 30 tengo el papel la autorización en la mano, han tardado en hacerlo 5 minutos. NO HAY DERECHO. ESTO ES UNA VERGÜENZA. ¿ANTE QUÉ ORGANISMO PUEDE UNA DENUNCIAR ESTO? Por lo pronto escribo en caliente y con rabia.
Yo hice la cola porque me negué a pagar 70 euros a un abogado para que me hiciera este trámite. Es que, paradógicamente, aquí reina la doble moral: tratan a los inmigrantes como a ciudadanos a medias pero se enriquecen con ellos. Así ganan las empresas, los buffets de abogados, todos los que hacen negocio con las necesidades (o desgracias) de otros...
NO PUEDO QUEDARME CALLADA. !ESTO ATENTA CONTRA LOS DERECHOS FUNDAMENTALES! !ESTO ES UNA VERGÜENZA! ¡OH, ESPAÑA, QUE PENA QUE PASE ESTO AQUÍ, TU QUE HAS SIDO UNA VIEJA EMIGRANTE POR NATURALEZA!
Martha Cecilia Cedeño Pérez
Barcelona, junio de 2006.

viernes, junio 09, 2006

Las Formas Urbanas

Tenía este post en borrador desde hace varias semanas y no me había acordado de colgarlo debido a múltiples motivos: la preparación de la lectura de la tesis doctoral, el cansancio de un trabajo precario y en un horario nada alentador para mí que soy una mujer diurna para las labores económicas y nocturna para la divagación, la fantasía, la escritura… llegar a casa a las 2:30 de la madrugada después de haber informado a clientes muy enfadados sobre la situación de su internet “No se preocupe usted que dentro de muy poco tendrá todo el servicio activado”, me dejaba física y mentalmente agotada. No estoy preparada para mentir de manera sistemática…

Así que hoy, en el que será muy último día de trabajo como asesora telefónica (la empresa ha echado a más de 120 personas a la calle porque le salía más barato montar una plataforma de asesoría en Argentina. Allí, con menos 1000 euros –que es lo que ganaba una persona aquí trabajando 8 horas- le pueden pagar a cuatro trabajadores/as… cosas de la globalización económica, de la tiranía del mercado, dirían los expertos), por fin, cuelgo este fragmento extraído de ese magnífico texto de Kevin Lynch La imagen de la ciudad, que pese al tiempo transcurrido desde su primera edición aún conserva ese espíritu que lo ha convertido en un clásico para comprender esas formas urbanas y la vida que se adivina en sus mojones, sus sendas, sus caminos, sus superficies tejidas de movimientos y acciones:

Tenemos la oportunidad de constituir nuestro nuevo mundo urbano en un paisaje imaginable, es decir, visible, coherente y claro. Esto exigirá una nueva actitud por parte del habitante de la ciudad y una remodelación física de su dominio en formas que extasíen la vista, que por si mismas se organicen de nivel en nivel en tiempo y espacio, que puedan representar símbolos de la vida urbana.

La mayor parte de los objetos que estamos acostumbrados a llamar bellos, por ejemplo un cuadro o un árbol, son cosas con un solo propósito, en los que a través de un largo desarrollo o la influencia de una voluntad hay un vínculo íntimo y visible entre el detalle delicado y la estructura total. Una ciudad es una organización cambiante y de múltiples propósitos, una tienda para muchas funciones, levantada por muchas manos y con relativa velocidad. La especialización completa, el engranado definitivo, es poco factible y nada conveniente. La forma tiene que ser algo libre de trabas, plástica, en relación con los objetivos y las percepciones de sus ciudadanos.

Pese a esto hay funciones fundamentales de las que pueden ser expresivas las formas de la ciudad: la circulación, los principales usos de la tierra, los puntos clave focales. Las esperanzas y los placeres colectivos, el sentido comunitario pueden ser convertidos en carne. Por sobre todo, si se organiza en forma visible el medio ambiente y se lo identifica nítidamente, el ciudadano puede impartirle sus propios significados y conexiones. Entonces se convertirá en un verdadero lugar, notable e inconfundible
.
Kevin Lynch, La imagen de la ciudad, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1998. Pág. 112- 113.

martes, mayo 30, 2006

Crónica de un día de tesis

Y llega el día anunciado

7:30 am: los rayos de sol se cuelan por las hendijas de la persiana. Se adivina un día radiante de calor y de golondrinas revoloteando por los balcones y terrados. Doy unas cuantas vueltas más en la cama y trato de no pensar en nada, sólo intento agudizar los sentidos para percibir lo que sucede allá afuera. No quiero pensar en el compromiso de las 4 de la tarde, ni en lo que diré frente al tribunal, ni en lo que me preguntarán, ni en los nervios que seguramente harán que mi respiración se agite y que las palabras se amontonen y entrecrucen.

8:00: Desde el balcón el mar es una mancha brillante. La ciudad hoy se antoja hermosa y vibrante -hasta el Hesperia Towers parece una obra de arte. Dan ganas de salir a la calle y llenarse el cuerpo de susurros, de espejismos, de miradas...

9:00: ¿Alguien piensa en desayunar con un nudo en el estómago? Una infusión de tila y unas cuantas galletas son suficientes. La nena mira los dibujos animados. Hoy no ha ido al cole para acompañar a la mama en este día tan especial para ella. Me pregunta que es una tesis y si cuando yo sea doctora podré pinchar a los niños.

10:00: Salimos las dos a la calle. El día está espléndido. Las esquinas están llenas de gente. Hombres mayores que hablan en voz muy alta. Chicas con camisetas de tirantes que son repasadas por un grupo jóvenes. Niños en el parque. Señoras con carritos de la compra. Hombres que sacan apresurados sillas y mesas para ponerlas en la calle Luarca, las tapas no esperan. Hace viento. La nena Luna quiere que le compre unos zapatos, sólo le gustan los de color rosa. No. Hoy será otro color. El rosa es cursi, le digo. ¿Qué es cursi, mami?
12:00: ¡Ostras! Es muy tarde ya. Sólo faltan 4 horas y no he revisado el texto por última vez. Vamos de vuelta a casa. Encontramos unos zapatos que a mi hija le gustan. Por fin. No son rosa. Mientras abro la puerta de casa pienso en Margaret Mead o mejor dicho en unos fragmentos de sus primeras cartas que anoté en una libreta azul. No la encuentro. A lo mejor la he dejado en el trabajo. ¡Y yo que pensaba retomar algunas de sus brillantes ideas para mostrar cómo no he hecho otra cosa que observación participante llevada a sus últimas consecuencias! Sólo cambian los contextos. Las estrategias, los temblores, las dudas, son los mismas.

13:00: ¿Para qué revisar otra vez el texto? Me prometo que no volveré a mirarlo hasta cuando tenga al tribunal frente a mí. Estoy segura que, como lo dijo Manuel, me preguntarán sobre la metodología. También dirán algo sobre los frentes que he dejado abiertos en la tesis. En ambos casos sé lo que diré.

13:30: Mientras como algo a las carreras pienso en todo lo que han significado estos años de trabajo. Pienso también en lo que diré al principio de mi exposición, en la gente que me acompañará físicamente y en los que lo hacen desde la distancia... en cómo terminará todo esto.

14:00: ¿Pareceré de primera comunión? Me pregunto mientras me pongo el vestido y trato de adivinar las impresiones. No me gustaría dar una imagen equivocada. Creo que he escogido bien: "ni tan cerca que queme al santo ni tan lejos que no lo alumbre", tal como lo decía mi abuela Rosa y sus ojos verdes. A Luna no le gustan los zapatos y me saca unos maravillosos de color dorado. ¡No voy a una fiesta, nena!

14:45: Las dos estamos listas y a juego. Nuestros trajes son del mismo color. El nudo en el estómago es un temblor que se va apoderando de todo. No sé nada. Preparo las cosas y las pongo en el bolso. Estoy ad portas del final.

15:00: Cogemos el tranvía. La ciudad está dorada. Can Rigalt es un encanto de masia; cuando la restauren quedará hermosa. Adivino cómo era antes: flores y niños en su jardín y mujeres cocinando y hombres hablando de caza de jabalíes en Collserola. Dentro de poco quedará dentro de un parque espléndido sobre todo para los intereses inmobiliarios. ¿Quién ocupará la suite principal del Hotel Juan Carlos I a esta hora? Tendrá unas vistas maravillosas. Al lado, en Pubilla Casas, los obreros comen antes de volver a la faena.

15:30: En las puertas de la Universitat de Barcelona. Todo esta casi vacío a esta hora. Mientras podemos pasar al lugar de la reunión viene bien una infusión de manzanilla. Luna y su amiguita Anna agarran todos los folletos que encuentran en los pasillos de la facultad.

16:00: Ya estoy en la sala de juntas donde se leerá la tesis. Casi todo a punto: los miembros del tribunal, el director de la tesis, la familia, las amigas y amigos. Falta una miembra del tribunal. Viene de Madrid y su vuelo ha sufrido retrasos. No quiero hablar más con la gente, sólo deseo estar en mi lugar exponiendo mi trabajo y saliendo ya de todo.

17:15: Llega la antropóloga que faltaba. Todos a sus sitios. Última mirada a los presentes y manos al texto o más bien, a las palabras. El último trago de agua. Empezar. No lo estoy haciendo bien. Me equivo. Olvido las fotos. La metodología. Los resultados. El cierre. Sólo existen las 5 personas que están frente a mí, tomando nota y a veces entrecerrado los ojos ¿Tendrán sueño?

18:00: Empieza la re-presentación del jurado. Alusiones a lecturas importantes y lucimiento personal. Me aburro. Algunas cosas no tienen sentido. Hay preguntas que sobran. Un momento, lo que dice ese hombre me molesta. Entiendo que no comparta ese contenido "ideológico claramente maniqueo", "no todos los urbanistas y arquitectos diseñan espacios sin tener en cuenta a la población que los usará". Punto final. "Si la doctoranda quiere contestar a alguna de las inquietudes, hacer comentarios, etc...". Si, por supuesto. Primero, agradecer vuestras sugerencias y valoraciones... Y no se de dónde salieron las palabras para decir exactamente lo que pensaba, exactamente lo que sentía sin hacer concesiones baladíes...

19:15: Habla el director de la tesis. Sus palabras son acertadas y lúcidas. No comparto que debamos reconsiderar en esa división polis/urbs, diseño/uso... La tesis está contaminada ideológicamente por esos trazos y no me avergüenzo de ello.

19:30: ¿Alguien quiere conocer la calificación? Dice la presidente del jurado a quienes estábamos en el pasillo. Por supuesto. Todos de pie. La calificación es excel-lent Cum Laudem. Abrazos, miradas y felicitaciones. Todo ha llegado a su fin, o más bien, todo ha vuelto al comienzo.

19:35: Mami ¿Ahora si podrás pinchar niños?

20:40: Tapas en L'Hospitalet. La gente que amo, la gente que admiro, la gente que quiero. Está foto es prueba de ello. No se cómo explicarle a mi hija que no podré pinchar niños porque soy doctora en antropología social ¿Pincharás a toda la gente, mami?


De izquierda a derecha: Manuel Delgado Ruiz (director de la tesis), Pilar Osorio e Inma, Juan Carlos Ruiz (mi marido), Luna (mi hija), la que escribe esto, la niña Anna y Mayte, Teresa Tapada y Gemma Orobitg (miembras del tribunal), Gerard Horta, Carlos Obando y por supuesto las tapas: cochinillo, chocos, patatas bravas, pulpitos, boquerones...

miércoles, mayo 24, 2006

Día Cero

Me pregunto si mañana será un gran día. En el diario dicen que hará sol aunque está noche el cielo luce encapotado. Será un día como tantos, sin duda. La gente correrá de aquí para allá como lo hace cotidianamente. La panadería de la esquina abrirá a las 8 y mi vecina chillará mientras enciende la radio (¡menos mal que escucha la cadena Ser!). El barrendero acabará de limpiar alguna calle y el hombre del kiosco venderá los periódicos de siempre. A las 9 alguna madre correrá con su niño o niña de la mano para no llegar tarde al cole y el conductor del metro hará su enésimo viaje...
A las 10 ya todas las ventanas de casa estarán arriba y me asomaré al balcón para ver si, por fin, se puede ver el mar. Justo a esa hora repasaré el escrito que leeré en la tarde y es probable que tenga un nudo en el estómago. Y que algo se condense en mi pecho, algo así como una nostalgia profunda, como un encuentro de sensaciones disímiles. Una satisfacción por el sueño cumplido pero también un gran vacío por un proceso que acaba. Y recordaré que dentro de un mes cumpliré años y que tengo mucho por hacer y que quiero abrazar a mis padres y que quiero ver las montañas azules y la ciudad que aún calienta el recuerdo.
Y a las 4 ataré las ideas, las llenaré de palabras y razones. Y seguramente hablaré de Simmel, de Goffman, de Wirth, de Benjamín, de Joseph, de Certeau... de la ciudad y la vida que contiene. Hablaré de interacciones entre extraños, de visibilidades, de extramientos, de tránsitos. Y luego diré que el espacio público no existe, o al menos no como lugar de libertades en donde es posible aquella igualdad universal de la que habla Kant...
Para entonces es posible que vaya en la mitad de la representación y que los doctores del tribunal empiecen la suya: disertaciones teóricas, lucimiento personal, todo lo que dices es razonable pero... Y llegará la defensa y miraré al auditorio y pensaré justamente que sólo yo sé exactamente de lo que hablo porque lo he investigado y para entonces ya tendré un paso afuera.
A las 7 de la tarde todo habrá terminado y estaremos en una terraza cerca de casa, en el lugar de los acontecimientos, experimentando en vivo y en directo esa vida urbana palpitante y fragmentaria de la que hablé. Para entonces el nudo será un sonrisa. Allí estaré junto a la gente que amo y que ha hecho posible la culminación de un proceso que se gestó en mis épocas de estudiante de secundaria en el INEM de Neiva. Y pensaré en la otra mitad de la gente que amo que me acompaña desde la distancia: mis padres, mis hermanas y hermanos y también en esas pocas, poquísimas, personas que considero mis amigas y que siempre me lo demuestran...
Martha Cecilia Cedeño Pérez
L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona

miércoles, mayo 17, 2006

Ordenadoritis Aguda

El día empieza con el sol entrando por la ventana y las golondrinas revoleteando entre los edificios. En apariencia todo está perfecto, hasta la línea del mar que se vislumbra desde el balcón de casa. Un día espléndido de primavera. Y me digo que hoy será mejor que ayer y que podré terminar las cosas que por culpa del ordenador no he terminado. Terrible error. Maldigo la hora en que dejé que todo girara entorno a ese aparato estupendo que a veces nos juega malas pasadas, sobre todo cuando más lo necesitamos.
Y ya van tres veces. La primera sacó la mano de forma imprevista y perdí todo lo que había escrito: una novela malísima y unos poemas idem de los que ahora no guardo ni el recuerdo; ah, y algunos pequeños ensayos que a lo mejor eran buenos. La segunda vez, no me cogió desprevenida pero me obligó a desplazarme hasta la universidad para poder culminar algunas cosas de mi tesis. Y esta tercera y última vez ha sido la más perversa porque me ha dejado a medio camino: tengo que preparar lo que diré el próximo miércoles 24 en la lectura de mi tesis doctoral y no-he-podido-hacer-nada. Y estoy de los nervios. Solución: desplazarme hasta la biblioteca del barrio pero hoy, justamente hoy, no abren la segunda planta donde están los ordenadores. Y me pongo de los nervios y me pregunto ¿Por qué siempre me toca lo más difícil? Así que me tranquilizo y hago este post a las carreras...
No pienso cometer otro error, así que respiro profundo y pienso que el día 24 a las 4 de la tarde todo saldrá bien y que, por fin, podré culminar un sueño largamente acariciado...

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...