miércoles, enero 20, 2010

Un cuento imprescindible: La cenicienta que no quería comer perdices

Hace pocó cayó en mis manos un texto precioso que replantea la visión de todos aquellos cuentos en los que se refuerza la imagen de la mujer, de todas las mujeres, como personas pasivas, sumisas, en espera siempre del principe azul y del final aquel de "fueron felices y comieron perdices". El cuento al que me refiero los desmonta a todos y habla de mujeres de carne y hueso que dicen basta y andan descalzas y asumen sus propias alegrías y fracasos. Habla de mujeres de tallas reales y pelos de más y bocas sin pintar y ojeras y vientres sin moldear.
Es un texto que destila ironía, humor y compromiso, imprescindible para nosotras, para nuestros hijos e hijas, para ellos, para todas las personas conscientes de que la igualdad se teje en las luchas cotidianas, en esos pequeños triunfos que nos devuelven la confianza en nosotras mismas, en nuestras posibilidades. El texto al que me refiero se llama La cenicienta que no quería comer perdices, escrito por Nunila López y bellamente ilustrado por Myriam Cameros se puede leer y bajar en la siguiente página
:
http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf
Ahora también es posible conseguirlo en formato tradicional, publicado por el grupo Planeta y prologado por Maruja Torres.

viernes, enero 15, 2010

Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna

Leo en los diarios digitales del Huila, mi lejana región de procedencia, que acaba de morir una de las voces poéticas más importantes del Huila. Se trata de Luis Ernesto Luna, un hombre de versos profundos y claros como los amaneceres junto al río o la visión de las montañas azules en las tardes de canícula. Como un homenaje a su trasegar por la vida y la palabra reproduzco a continuación un texto que hace parte de ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Huila: cien años no es nada II. Luis Ernesto Lasso (Editor), Universidad Surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna
PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez

Vamos
dame el volante, sus juegos de sorpresa
que todos los caminos conducen a la muerte.
Dame el viento: el vacío del pájaro
que escapa de las manos:
dame sus alas enloquecidas, la aventura
Inviolada.
Dame los horizontes de la errancia,
los itinerarios sin destino.
Vamos
Dame el comando de la nada.
Mi corazón irremediable viaja en un accidente.

El poeta Luis Ernesto Luna es una de las voces líricas más importantes del Huila como lo han afirmado algunos de los conocedores de su obra, entre ellos Moreno (1995) y Lasso (1997). Sin embargo es todavía un escritor casi inédito pues su primer y único libro Memorias del silencio sólo se editó en 1988, aunque él lleva toda una vida escribiendo. Hizo parte del grupo Los Papelípolas, movimiento literario que surgió en Neiva en la década de los 60’, al que también perteneció Julián Polanía Pérez. Algunos lo describen como un poeta triste, nostálgico, con mucho sabor terrígeno. Y otros, como Sierra Basto, hablan de su universo poético como “su luz interior, que él sabe extrovertir musicalmente en sus poemas en que promedia el infantil gozo del conocimiento y del mundo” .
Pese a lo anterior no se conocen estudios rigurosos sobre la obra de Luna -bueno tampoco los hay de Polanía, ni de Castaño, por ejemplo. Así que sus versos están a la espera de ser abordados con la seriedad y el reconocimiento necesario pues son de una calidad extraordinaria. En ellos se aprecia un cuidadoso trabajo con la palabra que sirve de vehículo de expresión de la emoción poética, entendida como “una conmoción que afecta el ánimo en su totalidad, tanto en la vertiente intelectual como en la sentimental” . Y eso es lo que logra el poeta Luna: advertirnos que la función esencial del poema es justamente transmitirnos una percepción insólita de las cosas, de los objetos, del mundo. No es que sea un poeta triste como algunos estudiosos suelen considerarlo, es que la palabra poética no es otra cosa que música dolorida; música que por estar traspasada por la experiencia humana del dolor –del dolor de sentir, del dolor de pensar- funde una vez más poesía y pensamiento: y cuando yo desperté en mis vecindades, era/también un poco de molicie, un iris en apóstrofe/ -narciso primordial, imaginario navegante- /el mar acostado se glisaba de luz en soledad/ y de naufragio. Se bullía todo el abismo de la/ vida .
En Memoria del silencio el poeta transita por los rincones de lo cercano: el pueblo con su blanco campanario, la abuela como lejanía que llega de la tarde, abril de lomas y caminos, el recuerdo y sus frágiles marcos; la conciencia absoluta del paso del tiempo; la palabra y el amor; pero también allí encontramos las voces cotidianas de la tierra con sus samanes y almendros, con los senderos que conducen a esos territorios lejanos con aroma de infancia, de amores a medio camino, de la vida sencilla que se despliega sin aspavientos. Andar como la sombra la distancia/ que narra los caminos/ buscar el arrebol en la palmera,/la paloma en el guáimaro,/ y en un tropel/el viento/que llega retrasado/ en los cascos del soneto.
En los versos de “Mi voz” el poeta se desdobla; es ese otro cuyo tiempo se agota indefectiblemente. Esa manera límpida y profunda de abordar su propia condición de pasajero vital se acerca a un poema de Jaime Gil de Biedma, en el que refleja su honestidad personal, su manera dura y descarnada de apreciar su propia existencia que sucumbe al paso inclemente del tiempo que por enésima vez le muestra su pobre condición humana . El poeta es el otro que también nombra pero que no puede escapar a los designios del reloj ni a la miseria de la vida cotidiana con su circularidad aplastante que va más allá de la sonrisa del perro, que no es otra cosa que el desvelamiento sincero de su condición de otredad. Y como otro el poeta puede señalar y señalarse. Aquel que percibe cómo envejece el espejo pero que, a la vez, puede hablar con los demás de igual a igual, aunque en su palabra habite esa cierta melancolía de quien está de vuelta de todo. Una melancolía contenida y lúcida que no es otra cosa que el reflejo del saberse solo pero no por ello menos humano.


Mi voz

Mi voz sonará triste en todas
las palabras
puede ser al nombrarla
o al decir que la quiero,
comentar que la lluvia
ha doblado el cerezo,
que no tengo tabaco,
que hace tiempo hice versos.
¡Que envejece el espejo!

Preguntar por un libro,
un camino, un pueblo.
Saludar a la gente,
que me mira al pasar en la tarde,
hablar solo en la calle.
¡Qué diablos!
Hablar mal del gobierno,
pregonar mi anarquismo
y al volver a la casa,
llamar a mi perro.

Mi voz sonará triste
cansada de palabras.
inútil en mi nombre,
llena de luz amarga.
Puede ser, por ejemplo:
al gritar mis locuras
o al pedir que repitan el alcohol
y la “Danza del Fuego”.

Una noche, tal vez,
al llamar a mi puerta
me responda yo mismo:
¿Quién es?
-Yo, soy yo, Luis Ernesto
¿Quién habita mi nombre?
¿Quién se dobla en mi voz?

¿Seré acaso el fantasma
de mi propio castillo?
Alguna ánima en pena
de un poeta maldito
que responde en el eco
de mi vida anterior?

En “Ananké” , una de sus creaciones más recientes, se aprecia cierta ruptura con sus versos anteriores no sólo a través de un lenguaje pleno de neologismos sino también en la forma de abordar temáticas inherentes a la condición humana en la tradición occidental. El poeta transita por senderos plenamente universales y contemporáneos. En ellos se desvela una notable madurez creativa en la creación de un mundo poético propio, en el que se ha alcanzado altos niveles expresivos mediante un denodado trabajo con la palabra. Palabra que el poeta ha moldeado con esfuerzo para que signifique, para que cumpla su función esencial: nombrar, en-cantar, recrear. Desde esa perspectiva, podríamos decir que un poeta auténtico, es aquel que “lucha con su lengua, con su pobre y miserable lengua, para forzarla a recrear esa visión mágica y milagrosa del mundo que es la única capaz de producir el encantamiento” . Lo anterior quiere decir , entre otras cosas, que la poesía no usa el lenguaje de la claridad como en la vida cotidiana sino que acepta y requiere la oscuridad, esto es, un cierto encriptamiento que se asocia al hecho de que las palabras en el poema son intensas, vibran e irradian su propia significación. Y comprender un poema es hacerse eco de esa vibración, entrar en consonancia con él . Y, por otra parte, la poesía también es una región intermedia donde todo está permitido y en la que se mezcla ensoñación y realidad para iniciar un viaje hacia la profundidad inestable de los sentidos, tal como lo hace el poeta Luna. Y volví de los despojos de un recuerdo./ Dejé mis cavernas y salí a los bosques y los ríos;/ me maravillé ante los astros y los gorjeos…/ di morbidez al ritmo y me embriagué; articulé lo sutil/con la turbación evocadora de los oráculos/ -¡fingido adivinante ultraterrestre!-/ y hallé el muérdago y cultivé el sésamo;/ vestí con indumento lunar a las druidesas;/ encendí en los mitos un siempre devenir cósmico; /toqué el carrizo de los faunos/ y dancé con las Hadas…!

jueves, enero 14, 2010

En defensa de Mrs. Robinson

Vaya escándalo el que se ha formado alrededor de la señora Robinson y su marido el 'Premier' de Ulster. En todos los periódicos españoles de esta semana se ha retomado la noticia haciendo énfasis en el carácter político sexual del acontecimiento. La forma como se presenta la información en todos ellos es ésta: el Primer Ministro de Irlanda del Norte tuvo que abandonar su cargo de manera temporal, antes de dimitir cornudo y bajo sospecha, a raíz de los devaneos amorosos de su esposa, una diputada norirlandesa de 60 años, que utilizó sus influencias para conseguir favores de empresarios con el fin de montar un café para su amante, un hombre cuarenta años más joven que ella.
¡Es terrible esta señora Robinson! Es una casquivana que arruinó por completo la brillante carrera de su marido, sólo por querer pasárselo bien con un jovencito al que además intentó ayudar. Eso no se permite a una mujer. ¿Lo sabía usted? Su pobre esposo ha tenido que dejarlo todo por su culpa, si, por bajos sus instintos, señora.
Es así como se nos presenta la información sobre el caso Robinson. En la mayoría de artículos publicados al respecto no se condena tanto el hecho de que Iris Robinson haya sido corrupta al utilizar su posición política para conseguir favores (cosa de hombres, por supuesto) sino el que haya sido infiel con un muchachito de veinte años como si fuese la primera vez que ocurre esta práctica dentro de los altos círculos de poder (otra cosa de hombres, por supuesto). Ahora mismo recuerdo un caso típico. Si. Presidente estadounidense que tiene un affaire con su becaria dentro del miamo despacho oval. ¿Ocurrió algo con este señor dentro de esa pacata sociedad norteamericana?
Vamos a ver. Es indudable que cualquier conducta que derive en situaciones que atenten contra unos principios éticos, contra unas formas de proceder transparentes dentro de los marcos sociales, no debe permitirse. Esto está claro. La protagonista de esta historia incurrió en una grave falta ética (cuestión que por demás ocurre cotidianamente en todas las esfera de poder; en España son famosos algunos casos). No tengo ninguna objeción al respecto. Pero hay algo que no me cuadra en todo esto y es la manera como se presenta la información utilizando adjetivos y giros verbales que ponen el acento en un hecho de la esfera personal, condenándolo de antemano, lanzando piedras encendidas contra el tejado de esta mujer.
La señora Robinson, además de hablar mucho (sus declaraciones puritanas no las comparto en absoluto), transgredió las normas mínimas del decoro que se supone debe tener una mujer. A ella no se le reprocha tanto su proceder corrupto como su conducta infiel con una persona mucho más joven que ella. Ahí reposa la transgresión mayor. Esta es la clave del asunto. Aunque no lo reconozcamos aún pesan los estereotipos de género que ponen en la hoguera a todas las mujeres que por una u otra razón nos salimos de los cauces de un “deber ser” tejido con hierro desde tiempos inmemoriales. Ojalá hubiesen más señoras Robinson públicas. A mí me parece estupendo que una señora de cincuenta, sesenta o los años que sea, haga lo que se le venga en gana. Me encanta que se transgredan todas esas ridículas normas sociales que condenan a las mujeres al papel de observadoras pasivas de la vida que transcurre.
Dicen los diarios que ahora Mrs. Robinson está ingresada en una clínica psiquiátrica y si leemos entre líneas nos damos cuenta que lo que se está diciendo allí es “se lo merece”. Mientras su marido, el cornudo, la única víctima de todo este asunto, tuvo que renunciar a su importante cargo. Pobre. Pobre. Pobre.
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Y en consonancia con este asunto, aquí va una deliciosa escena de la película The Graduate (1967) con Anne Bancroft y un jovencísimo Dustin Hoffman

lunes, enero 11, 2010

Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales

Este texto hace parte del ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Luis Ernesto Lasso (editor), Huila: cien años no es nada II. Universidad surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales
Por: PhD.Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

XXIV

Un mar de sorgo
Despuntando el día
Y lejos del platanal
En su soliloquio
Hecho racimo
Y más allá
La ceiba plantada
En la soledad ribereña
Mirando el gran río.

Un mar de sorgo
Cuajado en el rocío tempranero
Por donde mi madre camina
Y yo troto
En las montañas de abril, de junio
Respirando con plenitud
El mañana insaciable del trópico.

Un mar de sorgo
Que conversa
Quedadamente
Con el lento respirar de mi madre
Como quien le dice al sol:
“hace falta tiempo
Para enterrar la vida
Y olvidar
El fino olor
Del recuerdo
Los nuestros
Lo que nosotros somos
En abril o en junio”.

Un lento respirar
De sólo soledad
Y mar sorgo.


Siguiendo a Poe, se podría decir que cuanto más condensada se presente la expresión, mayor rotundidad podrá alcanzar, más lapidaria será y ese es el caso de algunos de los versos de Orinzon Perdomo. Desde Arquitectura de la esperanza (1979-1986) podemos percibir ese modo de trabajar el lenguaje para eliminar los ripios, las arandelas que a veces no aportan más que divagaciones o retóricas y que se patentiza con mayor vigor en sus últimas obras Aquellas pequeñas cosas (2001) y Canciones y disonancias (2006-2008). Se observa en la mayoría de su poesía ese ajustamiento hacia los motivos esenciales que pueden ir del difícil sueño de la esperanza, la muerte, la soledad, al aleteo de las cosas vulgares, al des-bordamiento de los objetos que nos rodean y que casi siempre permanecen ocultos bajo el velo de la obviedad. Y así a través de sus textos va conjurando la inercia de la palabra, la latente circularidad de los días, para edificar su propio universo poético con otros títulos como Sueños de Agua, 1987-1990; De la Soledad, esa otra muerte (1991); Presencia del Instante y la Memoria (2000).
Sobre la poesía de Orinzon existen algunos análisis interesantes que contribuyen al desvelamiento de su mundo poético. Sobre Arquitectura de la esperanza, por ejemplo, Luis Ernesto Lasso afirma que es un intento por construir, desde una mirada otra, aquella estructura que permita vislumbrar salidas, otear horizontes “sin prisa, rumiando la infamia” para superar “las tardes grises, los sótanos que llevan sueños por entre alcantarillas, anhelando la recuperación de la vida desde el escombro” ; para crucificar la infamia liberando para siempre/ las palabras/al alba. En este poemario están presentes algunos de los motivos que el autor desarrollará en obras posteriores: la realidad que se agujerea constantemente por la presencia omnisciente de la muerte; muerte que también es la soledad, el desamor, la ausencia, la negación, la certeza absoluta de la desesperanza: nos vamos desgastando/como los lomos/ de los pasamanos/ de largas escaleras (…) sintiendo/ a deshoras/ la evidencia/ de la muerte; la mirada inédita a las cosas cotidianas, a los objetos, los cuerpos, los instantes que conforman la vida y la memoria y que están ahí, a la espera de ser nombrados, liberados del espacio de lo vulgar; y esta mirada alcanza su máximo esplendor en Aquellas pequeñas cosas, un magnífico canto depurado en el que la palabra es metáfora nítida cargada de profundos significados. En dicho poemario se vislumbra la mesura de lo cotidiano, el reconocimiento de esos detritus, esas minucias de las que está hecha la vida, como bien lo enunciara Benjamín. Objetos, imágenes, visiones que tienen significado por cuanto nos conforman y se convierten en estructuras a través de las cuales la existencia tiene sentido. Pero también allí queda latente, como lo dilucida Bachelard que “una imagen literaria es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra- viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecerse con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo” .

Las ventanas

Espejos del sol
Fuente de las nubes
Abejas transparentes
Y agua detenida.

Espejuelos de las casas
Para auscultar
La vecindad del día.

Hojas de los edificios,
Brazos que el mundo extiende
Con secreta opulencia.

Rama de la que se sirven
Los pájaros y los hombres
Para ver morir el tiempo.
(Aquellas pequeñas cosas, 20011)
En las obras de Orinzon se puede apreciar su tránsito por diversos espacios poéticos que van de la expresión un tanto intimista de sus primeros versos a esa suerte de renovación poética que se aprecia en Aquellas pequeñas cosas, hasta la prosa poética de Presencias del Instante y la Memoria, donde el “poema busca inscribirse en la tradición literaria mediante la utilización de amplios juegos intertextuales con poetas como Marguerite Yourcenar, Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, León Felipe o Luis Cernuda, haciendo posible una lectura en abismo”. En su obra más reciente Canciones y disonancias, Orinzon afila su expresión en todos los sentidos: continúa con su manejo certero de un lenguaje depurado, altamente significativo y renueva los motivos esenciales sobre los que construye su mundo poético, en un intento por condensar en la palabra esa realidad contradictoria y hostil que señala soledades, derrotas, otredades y, al tiempo, las sinrazones de la violencia que pervierten los días y llena de incertidumbre la vida cotidiana.
Allí la mirada subjetiva se explaya sobre otras esquinas de la existencia para desglosar a través de una lucha encarnizada con la palabra, los artilugios perversos que se evidencian en su herido territorio, en esta nación de escombros, de sinrazón y oscuridad en la que la realidad es un presente continuo de miserias/ desplazamientos/ muertes/exilios (…) Y en donde el recuerdo Es un viento/Que empuja/Las viejas y raídas/Banderas de la corrupción/Como divisa/Como escudo/Como señal de patriotismo/Y democracia. En ese universo poético, se retoman aquellos motivos fundamentales que permanecen latentes en sus otros poemarios: la muerte, la soledad, el recuerdo (de hecho estas son las tres palabras que más se repiten en el texto: 18, 17 y 15, respectivamente); pero esta vez alcanzan una trascendencia superior: se salen de los marcos de lo subjetivo para adentrarse en territorios ontológicos más universales a través de una palabra bordada en lo esencial que la hace más profunda y lapidaria: La eternidad/suele ser/la más larga forma/del olvido.
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Barcelona, noviembre de 2009

jueves, enero 07, 2010

Reflexión post fiestas

Y se acabaron las fiestas. ¡Qué bien! Confieso que ya estaba un tanto harta de comidas, publicidad, luces, buenos deseos, árboles de navidad... y toda esa parafernalia que nos convierte en títeres de un sistema en el que la felicidad es equivalente al nivel de compra que puedas tener. En esas condiciones la armonía sólo se puede hallar en aquel perfume que te hace más mujer o más hombre, en el licor x que exalta los sentidos como ningún otro, en la joya que confirma tu clase y buen gusto... Es decir, en aquellos objetos que supuestamente aseguran tu presencia en el mundo. Por fortuna hay cosas esenciales que no se compran y que tienen que ver con algo tan sencillo como la amistad, la compañia, el compartir con la gente que quieres y para ello sólo se necesita una sonrisa, un abrazo, una palabra a tiempo. Se acabaron las fiestas y la vida continúa con sus más y sus menos, con sus giros y vaivenes, con todos sus temblores... ¡Bienvenida, cotidianidad elemental!
Foto: Resaca de reyes (Martha C. Cedeño P.)

lunes, enero 04, 2010

Chabuca busca a su padre

Mi amiga Chabuca busca a su padre. Ella es peruana y una de las personas más bellas que conozco. Desde hace muchos años vive en Barcelona, ciudad espléndida en que la conocí una tarde de otoño. Pese a los avatares de la vida mi amiga lucha constantemente por sus derechos, por sus ideales y no pierde su sonrisa franca de niña, ni sus deseos enormes de vivir de otra manera y de encontrar la belleza en las cosas cotidianas. Su historia es de novela como la de aquella extranjera que retrata Ángeles Caso en su relato Contra el viento que ganó el último premio planeta. Chabuca tiene todo el derecho a saber quién es su padre. Y ahora lo busca. Reproduzco el mensaje que ella me envió en el que están los datos fundamentales de su procedencia. Quien sepa alguna cosa, puede escribirme a lunera2107@gmail.com.
Gracias.
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Chabuca Castillo, como así la llamaban, era Piurana. Tuvo a su primera hija a los 28 años. Fue parto prematuro con amenaza de aborto durante todo el embarazo. Se supone que llegó a término, porque la madre, quería al padre y pensaría (esto es un supuesto), que así, lo tendría cerca siempre. Sin embargo, el cuento le salió rana, porque la hija, no se sabe a quién salió, sólo la llamaban la china o la chinita, como primera prole de toda una generación.
La madre, debió haber conocido al padre de su primera hija, sobre los años 1965/6 o 1967 (aproximadamente), siendo éste último el año en que naciera ésta. Él no sabe que existe.
Probablemente provinciano, estudiante universitario (este último dato sin confirmar), seductor, tipo bohemio, tocaba la guitarra, vivió, en la pensión que administraba Chabuca quién vivía con su hermano César (el flaco). Esta pensión, estaba ubicada en el distrito de los Barrios Altos o Santa Beatriz, en la Av. Alejandro Tirado, en la provincia de Lima.
Lo único que se sabe de él, es que estaba viviendo en Brasil, pero no es un dato fidedigno.
No se sabe si la hija de Chabuca, fue fruto de una aventura de un día o una relación que durase algún tiempo. Ningún miembro de la familia de la afectada ha dado dato alguno, excepto una tal, (llamada tía Chanita, ex monja), le confesó entre dientes en medio de una reunión familiar, que no era quién pensaba.
A la afectada, le cedió el apellido paterno, el señor Gómez Briceño, padre de los dos medios hermanos de la afectada.
En la vida de esta persona, el hecho de no tener padre en una sociedad machista y clasista, como lo era la clase limeña media de los años de finales de los ’60 del siglo pasado, dio derecho a muchos y muchas que vejarla, humillarla, maltratarla física y psicológicamente, incluso a que el llamado tío Arturo, la violase por años desde que ella tuvo 6 años hasta los 9, con consentimiento de su madre (mujer frustrada, neurótica, maltratadora, trabajadora pero rencorosa y chantajista). Quienes más cómplices fueron con la madre, para descargar su amargura, fueron, “la negra” llamada Marta, la “mano lisiada”, mujer de Lucho, su hermana, llamada Noemí.
Quienes podrían haberle dicho hija de quién era, están bajo una tumba, mientras el resto de la familia, bajo pacto de silencio (no se sabe del por qué), no revela nada.
Chabuca Castillo, fue una mujer guapa, coqueta, trabajadora, triunfadora, seductora con su sonrisa, pero que sin embargo, no supo ser madre, porque en toda su vida, desde que muriese madre, Abcisia Puccio, sólo fue esclava de su padre César Augusto Castillo Añasco y de su madrastra Liliana Alama, y por ende, de toda la prole, que el padre llegó a tener.
Quién conozca algún dato relevante, ponerse en contacto con el administrador de la web.
Gracias,
Chabuca

miércoles, diciembre 30, 2009

Caracola, un poema de Federico García Lorca

Mi hija Luna recita este bellísimo poema de Federico García Lorca en el video que presento a continuación, elaborado por quien esto escribe para un curso sobre edición digital que acabo de culminar. Me parece una buena manera de despedir este año que ya agota sus últimos pasos.

¡Salud!





Caracola
A Natalia Jiménez

Me han traído una caracola.

Dentro le canta

un mar de mapa.

Mi corazón

se llena de agua

con pececillos

de sombra y plata.

Me han traído una caracola.

sábado, diciembre 26, 2009

El primer muerto. Un cuento de Amaranta Güell

Es rotundo y está echado sobre una mesa inmensa en medio del salón. Tiene el pantalón remangado a la altura de la rodilla y los pies grandes y desnudos aún lucen restos de barro y hojas secas. Parece un roble doblegado a destiempo. Desde abajo sólo puedo verlo de costado: la barriga que semeja una montaña venida a menos, un brazo generoso puesto sobre el pecho y sobre éste un trazo rojo. No tengo valor para ver su cara pero imagino un par de ojos abiertos, blancos y mustios como las margaritas de otoño. También adivino ese rictus permanente de incredulidad en el rostro que tienen todos los difuntos. Me fijo en sus pies, abiertos como dos abanicos en espera de los comensales que vendrán a observar la muerte de cerca. Su cuerpo está tendido sobre la mesa como si alguien lo hubiese dispuesto allí para un banquete final. Siento asco. Un asco pleno y profundo que me produce unas desaforadas ganas de vomitar. Aún no puedo creer que esa mole de carne inerte esté exhibida justo en el lugar en el que Doris y yo hacemos los deberes. En el espacio que ahora ocupa su panza he puesto los cuadernos y el chocolate y el pan. Ahora reposa allí un cuerpo aterido y plácido al que ya no le importa nada. De nuevo observo sus pies, esos enormes pies sucios saludando a la gente que poco a poco llega en silencio con una increíble aureola de pesar que mancha el ambiente con un sopor rancio y trágico. Esas extremidades heridas son todo el cuerpo. Si los tocas nunca más le tendrás miedo a los muertos, dice mi hermano en voz baja mientras camina alrededor de la mesa. Yo le sigo con un espanto voraz que carcome mis palabras y mi respiración. No puedo dejar de pensar en ese hombre que tantas veces he visto, al que he oído hablar con papá de cosas cotidianas. Aquel tío de Doris que se sentaba a la orilla del río para observar los reflejos rojos de la tarde. Escucho a papá decir a otro hombre que el muerto vino ayer a casa a pedir prestadas unas herramientas para hacer algunas reparaciones en los corrales. Era alto y corpulento y tenía una voz recia y cascada por el tiempo. Siempre iba descalzo pese a ser uno de los hombres más ricos de la región, decía que era feliz desplazándose a pata limpia por los caminos cubiertos de barro porque así sabía qué pisaba. Y ahora ese hombre está aquí, sin voz, sin palabras y sin risas. Expuesto a la intemperie de su propia soledad; expuesto a los ojos de de sus conocidos y familiares. No puedo tocarle, me da miedo. Mi hermano insiste en la cantinela de que si toco al menos un dedo de los pies del difunto nunca más en mi vida sentiré este miedo que me paraliza y me convierte en un amasijo de hierbas amargas. Mientras los adultos hablan en voz baja repitiendo una y otra vez las circunstancias de la muerte del hombre, los niños, recelosos, damos vueltas alrededor de la mesa intentando mirar su rostro. Nos parece un gigante dormido con los pies cubiertos de fango. Tan bueno que era, mira que morir en esas condiciones… no se lo merecía. Tócale la pata al muerto, no seas cobarde. Yo creo que tiene los ojos abiertos porque murió en un camino cerca de la montaña y allí no había nadie para que se los cerrara. Tiene los pies todavía calientes, ven, mira, no tengas miedo. El chiquillo de ojos garzos insiste en aquel tocamiento que yo veo como una osadía, como la cumbre de todos los retos. Casi puedo imaginar el hielo de sus dedos ahora morados y su textura dura por el barro tostado que aún se aprecia en ellos. Qué va, no pasa nada si los tocas yo lo he hecho varias veces, mira, mira. Y en efecto, mi hermano extiende su mano con ligereza y toca con la punta de su dedo índice los pies del hombre inmóvil, lo hace con tal rapidez que parece que estuviese rozando un objeto electrizado. Así no se vale, ha de ser más despacio. Pero yo lo hago, en cambio tú… Así estamos un tiempo infinito hasta que vemos a padre despedirse de los dueños de la casa y de los pocos vecinos que aún quedan en este extraño banquete. Antes de salir del comedor, que ya tiene un fuerte olor a resina y heno seco, miro por última vez los pies del muerto y, sin que pueda evitarlo, algo me empuja hacia ellos como una sonámbula. Mis dedos se alejan de mi conciencia. Entonces toco un batracio enorme y gélido cuya textura invade mis manos, mis brazos y mis nervios. Es verdad. Viviano Joven está muerto.
...
Amaranta Güell, Madrid, 2008.

jueves, diciembre 24, 2009

El aroma de la Nochebuena


Las fiestas de navidad las asocio indefectiblemente con un aroma que impregna los viejos rincones del recuerdo. El olor embriagador de los higos y la papaya dulce haciéndose a fuego lento con la panela en una hornilla de leña. Un manjar que preparaba mi abuela Rosa y mi madre Lina del Carmen, al que además añadían canela, queso y clavos de olor. Toda una mezcla de sabores y aromas que envolvían la cocina, la casa y todos los días de las fiestas. A esta confluencia de sentidos le llamaban Nochebuena. Y no podía ser de otra manera porque se hacía especialmente para degustar la noche del 24 y todos los días posteriores hasta llegar a la noche vieja. Era toda una orgía de dulce que animaba las ya cálidas noches tropicales.
Pero la Nochebuena era más que una comida: eran palabras, abrazos, compañía, regalos, alegría. Todo aderezado con la magia de la música, con aquellas canciones que hablaban del aire festivo de la navidad "Arbolito de navidad que siempre florece los 24 ¿qué me vas a dar?" y con otras que reflejaban el tiempo que se va de manera inexorable con un dejo nostálgico "Yo no olvido al año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas" o con aquel clásico "Faltan cinco pa los doce el año va terminar me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá". Así, mientras los mayores se divertían con sus cosas (bailando, bebiendo aguardiente o un vino tinto dulzón que los chispeaba) los niños nos dábamos un atracón de dulce y de juegos.
Pasaron los años y en las múltiples casas en que vivimos, en los años de errancia de mi padre, siempre conservamos la tradición del dulce de Nochebuena con sus aromas invadiendo todos los resquicios del ánima. La fiesta, nunca mejor dicho, era de un dulzor que no empalagaba pero que en cambio devolvía aquella noción de sociedad casi tribal: la familia y las personas más allegadas, compartiendo el espacio tiempo con sus connotaciones más profundas.
Y reconozco que cuando mi marido y yo llegamos a Barcelona, justo el último año del siglo XX, lo que más echamos de menos fue el calor de aquellas reuniones familiares enmarcadas por la música, la comida y el dulzor profundo del aroma de la nochebuena.
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¡Os deseo unas estupendas fiestas a todas y todos!

lunes, diciembre 21, 2009

VI Congreso de novela y cine negro (Universidad de Salamanca)

VI CONGRESO DE NOVELA Y CINE NEGRO (UNIVERSIDAD DE SALAMANCA)
NUEVAS TENDENCIAS Y NUEVAS VOCES
27, 28, 29 y 30 de abril de 2010

La sexta edición del la Universidad de Salamanca se celebrará durante los días 27, 28, 29 y 30 de abril de 2010. En esta ocasión, el tema de estudio del Congreso, que tendrá como título genérico “Nuevas tendencias y nuevas voces”, será el de la actual situación del género en sus vertientes literaria y cinematográfica. Así, serán temas preferentes de estudio los que se ajusten a los siguientes centros de interés:

1. Memoria y desencanto en la novela criminal
2. Mujer y género negro
3. Interferencias: la novela negra en conexión con otros géneros
4. La revisión de los clásicos
5. ¿Hay cine negro en el siglo XXI?
6. Últimas muestras de adaptación cinematográfica
7. El mundo negro: festivales, editoriales, premios…
8. Nuevas voces del policial latinoamericano
9. Cómic y tv: nuevas aportaciones al género negro
El objetivo principal del Congreso será reunir a todo tipo de especialistas y creadores que aporten nuevos puntos de vista sobre estas temáticas. Con las aportaciones de los asistentes se pretenden aportar diversos y novedosos puntos de vista dentro del estudio de la narrativa y el cine negros.

PROPUESTAS Y PLAZOS DE PRESENTACIÓN: Para alcanzar un ámbito más amplio que las últimas ediciones, el comité organizador pretende interactuar dentro del ámbito universitario convocando a numerosos estudiosos, investigadores y expertos en el tema a poder participar mediante la presentación de comunicaciones. Las intervenciones en castellano no superarán los 20 minutos y los interesados deberán enviar un resumen (máx. 200 palabras) ANTES DEL 15 DE ENERO DE 2010 a la dirección de correo electrónico: prensacongreso@gmail.com. El comité organizador confirmará la aceptación de las comunicaciones el día 15 de febrero a través de comunicación vía email y a través de la página web www.congresonegro.com

.Posteriormente, y como se viene haciendo todos los años, se publicará un volumen con las conferencias y ponencias seleccionadas por la organización. La cuota de inscripción al congreso será de 200 euros y habrá de abonarse antes del 10 de marzo de 2010 en la cuenta 3016 0124 75 2070175811, indicando en destinatario “Asociación de Novela y Cine Negro” y en concepto “Inscripción Congreso”. Toda la información relacionada con el VI Congreso de Novela y Cine Negro - conferenciantes, escritores invitados, inscripción, alojamiento, actividades, etc.- se podrá consultar en www.congresonegro.com

COMITÉ ORGANIZADOR: Àlex Martín Escribà (Universidad de Salamanca) y Javier Sánchez Zapatero (Universidad de Salamanca)
COMITÉ CIENTÍFICO: José F. Colmeiro (Michigan State University), Manuel González de la Aleja (Universidad de Salamanca), Iván Martín Cerezo (Universidad Autónoma de Madrid), Francisca Noguerol Jiménez (Universidad de Salamanca), José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca), Adolf Piquer Vidal (Universidad Jaume I de Castellón), Joan Ramon Resina (Stanford University), Javier Rodríguez Pequeño (Universidad Autónoma de Madrid), José Luis Sánchez Noriega (Universidad Complutense de Madrid), Enric Sullà (Universidad Autónoma de Barcelona y Georges Tyras (Université Stendhal, Grenoble 3).

JAVIER SÁNCHEZ ZAPATERO
ÀLEX MARTÍN ESCRIBÀ
UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
Congreso de novela y cine negro

jueves, diciembre 17, 2009

Palabras alunadas

Viajando por los insondables senderos de Internet encontré un precioso texto escrito por algún enamorado (de la vida, de las utopías, de los silencios, del amor). Es bello y profundo como los abismos de la memoria; como aquellos recónditos lugares donde habitan las historias inconclusas y por lo tanto imperecederas. ¡Y qué bien sientan esos guiños vitales en este día gélido y gris en que apetece una aguadepanela o un café caliente, una canción de Concha Buika, un sofá con manta!

"Sigo hechizado con la media luna y con la lunera ausente de mis lunas ensoñadoras. En una noche de estrellas como ninguna, sin luna, en el desierto de la Serena, en Chile, la bóveda del cielo austral me llenó los ojos de estrellas cercanas y viejas, muchas de ellas ya desparecidas pero iluminando con su encanto aquel espectáculo de la finitud del hombre y la poesía del universo: no había luna, porque estaba escondida, pero el cielo fulgurante, majestuoso, arenoso de luces. Te pensé mucho entonces, bella lunera: no estabas en el cielo de Chile, sino en el de París y del trópico. Pero yo te tenía conmigo, en ese mar de puntos iluminados, lunera que también habitas en los cielos sin luna".

martes, diciembre 15, 2009

A Mis lectoras y lectores

Llevo un poco más de cuatro años con este blog y hasta hace un tiempo decía que no lo leía ni Dios. Sigo pensando lo mismo pero ahora con un matiz: se que no sólo lo visitan las personas cercanas a mis afectos sino otras en distintos lugares del mundo. Y son reincidentes. Así que pese a no superar las 20 visitas diarias me agrada saber que, por ejemplo, en Mountain View (California) hay alguien que cada día abre este modesto blog. Lo mismo que en Madrid, Ciudad de México, Bogotá, Barcelona, Buenos Aires, Antofagasta... y otros países americanos y europeos. A todos y todas vosotras muchas gracias por visitar esta bitácora. También A Gabriela, Marco Tulio, Lina María, Isabel, Pilar, Lorena... que cerca o allende los mares siguen con cierta asiduidad mis palabras. Por vosotras y vosotros sigo en el empeño de continuar con esta página así, a veces, sienta que no me emociona tanto como quisiera; así, a veces, experimente un cierto cansancio, un cierto hastío. Es suficiente con saber que estáis ahí, que seguís alguno de los textos que conforman este ciber diario. Muchas gracias por ello.

jueves, diciembre 10, 2009

Exilios, Desexilios y Resistencias

3ª Muestra de Observatorio Sur
“EXILIOS, DESEXILIOS Y RESISTENCIAS”
Documental independiente y video arte
Barcelona, 15 y 16 de diciembre
Destierro, expulsión, alejamiento, proscripción, separación, desarraigo, expatriación, deportación, relegación, castigo, condena, confinamiento, ostracismo, extradición, extrañamiento, apartamiento, emigración… Exilios de diferentes épocas, países y formas... El éxodo de españoles republicanos, el de militantes de izquierda en Latinoamérica, el de aquellos que buscan un horizonte mejor... A través de documentales y piezas de video-arte repasaremos la vida de estas personas y sus familias, las experiencias en su condición de desterrados y exiliados, los contextos políticos y las resistencias.

Tres ciudades:
:: Buenos Aires: 9, 10 y 11/12, Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires.
:: Córdoba: 16/12, Archivo Provincial de la Memoria.
:: Barcelona: 15 y 16/12, CSIC – Residencia de investigadores y Auditorio del CERC.

Tres recorridos sugeridos:
:: Huyendo del franquismo: exilio republicano desde el fin de la Guerra Civil.
:: Dictadura militar en los 70s: exilios y resistencias en Latinoamérica.
:: Migraciones forzosas contemporáneas: conflictos fronterizos, drama económico, genocidio e inmigración.

:: Barcelona:
MARTES 15 DE DICIEMBRE 19 A 21:45 H.
Auditorio del CERC, C/ Montalegre, 7 • Barcelona

19hs.
La Tierra de la Madre, Marcelo Expósito, Joseantonio Hergueta, España, 1993 – 1994, 20’.
Sinopsis: Esta pieza está llena de fragmentos impactantes como la escena que muestra la destrucción de Guernica (del film Guernika de Nemesio Sobrevila, 1937). Cierra un círculo histórico con una alusión a la caída de los regímenes socialistas del Este europeo. La guerra, no es ni nostalgia del pasado, ni un accidente fotogénico con el que decorar nuestras buenas conciencias presentes. La guerra, esta guerra, nuestra guerra, nos acompaña.

19:30hs.
La Segunda patria, Pallares David, Mèxico – España, 2006, 60`
Sinopsis: Homenaje a los republicanos catalanes exiliados en México, gracias a la mediación del entonces presidente Lázaro Cárdenas. Josep M. Soler i Sabater, Josep M. Figueras, Maria Lluïsa Companys, Josep M. Murià, Claudi Esteva, Dolors Pla y Elisabet Aiguadé viajan al pasado y recuperan trayectorias del exilio. Reflexionan sobre la transición democrática y plantean interrogantes después de 70 años del éxodo sin poder regresar por una de las dictaduras más largas de la historia.

MIERCOLES 16 DE DICIEMBRE de 11 a 14 y de 16 a 21h.
CSIC – Residencia de investigadores
C/Hospital, 64 • Barcelona

11hs.
Las AAA son las tres armas, del Grupo de Cine de la Base, 1974, 20’.
Sinópsis: La primera actividad de Cine de la Base en el exilio fue generar este documental, estructurado a partir de la carta enviada a la Junta Militar por el escritor y periodista Rodolfo Walsh quien fue también secuestrado y desaparecido. El film se organiza a partir de la lectura de la carta por parte de los exiliados reunidos en Perú. Con un hábil montaje de imágenes de archivo se sintetizan los mecanismos de la represión a través de la desaparición forzada y el contexto por el cual la dictadura toma cuerpo para defender los intereses de la clase capitalista. La claridad conceptual del film realizado artesanalmente en la clandestinidad durante 1977 contrasta con el papel de los medios masivos que silenciaron la información adscribiéndose a los designios de la dictadura. Es el primer film realizado por este grupo después de la desaparició de Raymundo Gleyzer.

11:30hs.
Cuarentena, exilio y regreso Osvaldo Bayer, Carlos Echeverría, Alemania /Argentina,1983, 85’.
Sinopsis: Documental que registra los días que corrieron entre el fin de la dictadura militar y el comienzo del período constitucional a partir de 1983: debates políticos en las calles y las reuniones de las Madres de Plaza de Mayo, que entonces estaban a la expectativa de cuál sería el rol que jugaría cada partido político para reclamar por los detenidos desaparecidos. El hilo conductor es la vida en el exilio del escritor Osvaldo Bayer, que retorna al país una semana antes de las elecciones del 30 de octubre de 1983.

13hs.
El largo exilio de Ariel Dorfman: Una voz contra el olvido, Peter Raymont
Canadá, 2007, 91`
Una Promesa a los Muertos: El Viaje de Exilio de Ariel Dorfman es una exploración de exilio, memoria, añorando la democracia por las palabras y las memorias del dramaturgo / autor / activista, Ariel Dorfman (“La muerte y la doncella”, “Cómo leer al Pato Donald”, “Otros septiembres”). El documental fue filmado en los EE.UU., Argentina y Chile a finales de 2006 en coincidencia con la muerte del ex dictador
chileno, Augusto Pinochet

RECESO DE 14 A 16HS.

16hs.
Literaturas del exilio de Joaquim Jordá, 2005, 120’
Sinopsis: Trabajo sobre el exilio republicano en Francia, que formó parte de la exposición con el mismo título en el CCCB. El cineasta visita los lugares del exilio republicano de 1939 – la Cataluña norte, Paris, México y Santiago de Chile- utilizando como hilo conductor las memorias y los textos de ficción de los escritores de la diáspora.

18hs.
Choque de civilizaciones, Prodein, España, 2005, 35′.
SINOPSIS: La Asociación Pro Derechos de la Infancia de Melilla documenta la difícil situación de los inmigrantes subsaharianos que intentan cruzar la frontera de África con Europa, buscando una vida mejor. “Asesinatos” es la mejor definición de las muertes que tuvieron y que siguen teniendo lugar en la frontera de Melilla y Ceuta. Los fusilamientos sumarios de cualquier inmigrante que se suba a la valla…”cuando está de espaldas e indefenso, sin detención previa, sin procedimiento administrativo ni judicial” solo se puede calificar de “Asesinato”.

18:30hs.
El exterior, Sergio Criscolo, (Argentina/Catalunya ) 2006, 117’
Sinopsis: Sergio decide regresar a Buenos Aires tras vivir 6 años en España. Antes de volver captura diversos momentos de la vida cotidiana de siete de los argentinos con los cuales se ha cruzado durante su estadía en Barcelona. Con ellos, el director también comparte impresiones sobre el que es ser un inmigrante, qué significa la patria en la cual se nace y como ven ellos su propio futuro.

SI ALCANZA EL TIEMPO
La Sandía, Chile & Suecia 2006, Director: Gorki Glaser-Müller, 10`.
Suecia, 1978: un chileno, padre de familia, gasta su último dinero en una sandía para sorprender a los suyos. Pero, la excitación es breve, siendo que la sandía no cumple con las expectativas. La paz familiar deshecha, su mundo se vuelve cabeza abajo, en esta historia absurda y tragicómica.

domingo, noviembre 29, 2009

Miguel Ángel cumple 92 años

Anoche soñé con el abuelo. Íbamos por un sendero rodeado de plantas pequeñas y de árboles plenos de frutos de distintos tamaños y colores. Yo quería tomar uno pero él me dijo que era mejor no hacerlo porque desconocía sus nombres y podían ser venenosos. Seguimos caminando y de repente se detuvo cerca de un árbol cuyas ramas casi tocaban el suelo. Estaban llenas de pequeñas circunferencias de color amarillo intenso. Estos si son buenos, son caimos. Me dijo mientras tomaba uno y me lo ofrecía. Un rato después lo perdí de vista, entonces descubrí que se había quedado atrás. Volví sobre mis pasos y lo encontré sentado en una piedra enorme masticando hojas de naranjo. Tenía la boca verde. ¿Porqué comes esas hojas, abuelos? Me miró con una sonrisa triste sin atinar a decir nada. Entonces me detuve en su rostro: lo tenía liso, sin un asomo de arrugas o depresiones. Aprecié su mata de pelo de un negro esplendoroso. El abuelo era un viejo joven, mirándome con sus ojos llenos de sabiduría.
El abuelo acaba de cumplir 92 años y la última vez que lo vi fue hace tres veranos. Estaba ingresado en el hospital porque tenía un ataque de amebas. Una disentería atroz que no pudo acabar con sus huesos cosidos con hierro, ni con su lucidez mental, ni con sus enormes ganas de ver los amaneceres. Me susurró que era la última vez que nos veíamos porque sólo era un viejo terco cuyo tiempo se había agotado hacía mucho. Estoy viviendo de más. No supe qué decirle, ni siquiera una de aquellas cosas repetidas y comunes que anuncian palabras casi siempre huecas. Así que me senté junto a él y le miré a los ojos. Creo que los míos estaban nublados como una tarde de octubre cargada de lluvia (soy una llorona compulsiva), y le dije, haciendo un esfuerzo enorme por mantener la voz firme, que siempre le querría y le llevaría muy dentro de mí, en ese rincón inmenso de los amores profundos. ¿Cómo olvidar aquellas madrugadas de la infancia con el olor dulce de la molienda de caña que el abuelo y sus hijos habían levantado con sus manos? O los libros que él leía en las tardes, echado en la hamaca y que luego guardaba con sigilo debajo del colchón sin enterarse de que en las mañanas, mientras salía a hacer la faena del campo, yo me escabullía de los ojos de madre para sacarlos de su escondite. Así pude leer los primeros libros que no eran precisamente para niños y yo sólo tenía 7 años. Al abuelo también le debo los grandes interrogatorios para comprobar el estado de mis conocimientos. ¿En qué año se proclamó la independencia de Estados Unidos? ¿Quién compuso la Marsellesa? ¿Cuántos presidentes ha tenido Colombia? ¿Quién fue José Martí? ¿Qué diferencia hay entre la palabras cocer y coser? ¿Quién escribió Mi delirio sobre el Chimborazo y en qué año? Y así una y mil preguntas más que a veces me cogían desprevenida.
Cuando me despedí sentí una honda tristeza. Dejaba a mi abuelo sentado en la cama de hospital con su figura alta a punto de doblegarse. Yo me iba con la incertidumbre de un próximo encuentro y con la certeza de haber desaprovechado muchas oportunidades para estar cerca suyo, para compartir sus historias y relatos que hablan de gestas y colonizaciones y sueños abiertos a destajo. Sin embargo, espero volver verlo el año que viene. Lo buscaré en las puertas de la selva. Me sentaré con él debajo de un árbol, o en la orilla del río y entonces le haré muchas preguntas, tantas como para que el tiempo se detenga y yo pueda decirle que le quiero mientras escucho que antes, cuando yo aún no había nacido, un hombre, una mujer y sus siete hijos emprendieron el camino de la manigua...
(He escrito esta entrada porque espero que el sueño de anoche no sea una despedida. Espero no recibir nunca una llamada allende los mares diciéndome que el abuelo se ha ido sin darme tiempo a mirarlo de nuevo, a reirme con él y decirle que le quiero. Creo que la parca puede esperar unos años más, así Miguel Ángel tenga 92 años)

martes, noviembre 24, 2009

El poeta del consultorio

Mientras esperaba que la médica me visitase escuché su voz recia y profunda. Giré la cabeza para ver de quién provenía y me encontré con un hombre de apariencia contundente que tenía un bastón en su mano izquierda. Estaba sentado junto a una mujer mayor a quien le recitaba uno de sus poemas cuyo título, dice, es “A una niña”. El hombre repasaba sus versos con energía pese al temblor de sus manos y la pesadez de los ojos. Quienes estábamos allí le escuchábamos en silencio y con sorpresa. De su boca no sólo salieron rimas y ritmos apasionados sino fragmentos de su vida. Supimos que llegó a Barcelona en 1963 dejando atrás miserias, humillaciones y hambre. “He pasado más hambre que un lagarto en un pinar, he trabajado los campos andaluces de sol a sol”. También que tiene 71 años y que hace poco le hicieron un homenaje en el Teatro García Lorca de Granada al que no pudo asistir porque “la parienta se puso mala”. Dice una y otra vez que ya va por la novena edición de su obra y que tiene libros en todo el mundo. Yo le escuchaba maravillada dejando de lado la lectura del libro de Martin sobre García Márquez. Me parecía increíble que estuviese asistiendo a un recital poético en un sitio tan frío como lo es un consultorio médico. El hombre iba de sus poemas a su vida con pasión. Me fijé en él. Era robusto y tenía una cara bastante grande y larga, casi prognática y unos ojos, que aún conservaban un cierto fulgor juvenil. Cuando la doctora lo llamó, Gerardo se levantó titubeante con su enorme figura a cuestas.
No he cedido a la tentación de buscar a este hombre en Google (tengo su nombre y apellidos completos) porque quiero pensar, en efecto, que es un poeta prodigioso que una tarde de noviembre apareció en un consultorio médico casi como un milagro para despertarnos la sonrisa y la esperanza.

jueves, noviembre 19, 2009

Mi viejo, la selva y yo

Hoy es el aniversario de mi padre y para celebrarlo, he recordado mi primera travesía por la selva cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Era la década de los 70…

y mi padre, junto con un pequeño grupo de jóvenes desheradados, se acogió a los planes creados por el gobierno a través del entonces Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) para formar una empresa comunitaria. Para ello se adentró en un territorio cercano a las riveras del río Caquetá, más allá del caserío de Curillo, un lugar del piedemonte amazónico al que entonces no llegaba ni Dios. Eran 11 familias formadas por hombres, mujeres y niños pequeños que después de 4 días de travesía por ríos y trochas intransitables de barro, llegaron a un claro en medio de la selva abierto previamente por los hombres. Allí habían construido 11 casas exactamente iguales: se alzaban sobre pilares de madera para evadir bichos peligrosos; tenían un salón principal, dos habitaciones y una cocina, sin paredes, casi a la intemperie. La conformación del conjunto era sencillo: dos hileras de casas enfrentadas y separadas por un camino real, una especie de calle en la que se desarrollaba la vida social. Allí los niños jugaban mientras las mujeres se reunían, en sus pocos momentos de ocio, para hablar de los pormenores de una vida marcada por los ojos de la manigua y por una precariedad que parecía tejida con hierro. También era el lugar en el que se realizaban las reuniones generales para discutir asuntos relacionados con la supervivencia o para la repartición de los productos alimenticios. Todo se dividía en partes iguales para las once familias: el producto de la caza, los cultivos y los sacos de harina y de leche en polvo, CARE, que donaba el gobierno estadounidense y que hacía parte del programa Alianza para el Progreso que había implementado el gobierno de Kennedy a comienzos de los 60. No era fácil allí la vida pues a las inclemencias de la selva había que sumarle la falta de centros de salud o de educación cercanos, la carencia de agua potable, de caminos, la presencia de animales peligrosos… Todo era una tenaz lucha cotidiana. Las mujeres se encargaban de la intendencia de la casa y la prole, de mantener la productividad de los hombres. Recuerdo que madre y otras mujeres limpiaban la ropa en un un río de aguas negras (en la selva las aguas de los ríos, aunque son límpias, se ven oscuras) en el que habían hecho unos lavaderos esculpidos en madera. Mientras ella hacían sus oficio rodeadas de selva y ruidos misteriosos los niños y niñas nos bañábamos hasta que la piel nos quedaba arrugada y desteñida.
Allí, en la manigua, había un horizonte extrañamente cercano y verde que estaba poblado por figuras malévolas alucinantes. En una de esas noches en las que el cielo embravecido escupía agua y fuego y el viento parecía arrancar los cimientes de la casa, Eolo me llevó en volandas hasta la copa de un árbol que se balanceaba con furia. Allí pasé la noche agarrada a una rama, sintiendo el horror de estar a la intemperie, muda ante una naturaleza salvaje e inhumana. La negrura de la selva embravecida, las ramas crujientes de los árboles, el silbido ensordecedor del viento entre las hojas, los miles de sonidos opacados por un temporal de terror, aún habitan los profundos resquicios de la memoria. En mis recuerdos todo es bárbaro y alucinante como aquel extraño sonido que procedía de las entrañas de la selva. Es el tigre, decían los hombres. Los niños buscábamos protección en los brazos de las madres mientras los hombres hacían hogueras inmensas en los alrededores del caserío. Con la luz del sol todo era distinto. Los niños y niñas olvidábamos el miedo y nos dedicábamos a nuestra tarea de exploradores y exploradoras. “Que llueva, que llueva, la vieja está en cueva…” cantábamos cuando de repente se desplomaba sin piedad una mata de agua y entonces bajabamos a la calle a mojarnos y a revolcarnos en el barro colorado y pegajoso, mientras las madres nos amenazaban con seres terribles: “si no hacen caso la Madremonte se los llevará para la selva y nunca podrán salir de allí”. Pero también mentaban a la Pata Sola, la Llorona, el Hojarasquín del Monte, el Diablo o Coco, todo una pléyada de seres mitológicos que la modernización ha desterrado sin contemplación.
Siempre tengo la sensación clara y nítida de esa noche inclemente en que dormí en los brazos de la selva, tan nítida como aquella imagen de una mujer sujetando a un pequeño niño de las piernas para que éste escupiese una moneda que se había tragado. Aún tengo la visión exacta de la moneda babosa sobre la tierra y el fragor de la lluvia en mi cuerpo de niña. Pero no todo era malo en la selva. Recuerdo que algunas veces acompañaba a mi madre cuando iba a dejarle el almuerzo a mi padre, casi siempre internado en la selva cortando árboles. Los derribaba con un hacha y luego los aserraba para sacar tablones, unas franjas finas de madera que servían para hacer casas y mesas y camas. Pero a veces no sacaba esos tablones sino trozos más pequeños con los que se techaban las casas. La selva olía a madera cortada. Algunas veces los árboles lloraban y sobre el corte se formaba una costra transparente. Eran lágrimas de árbol petrificadas. Tenían un olor dulce y yo no resistía la tentación de probarlas. Mi padre me hacía columpios con las lianas y yo allí me mecía una y otra vez mientras él comía y mi madre lo esperaba sentada en un tronco con su cara de niña. Una vez me caí del columpio y me fracturé un brazo. Sólo recuerdo el dolor y la cara de un viejo que me dio un tirón fuerte para acomodar el hueso. Tenía cuatro años y en medio de la selva fue casi un milagro que no me quedase el brazo descompuesto. El sobador encajó el hueso a la perfección y lo demás lo hizo la naturaleza.
De la selva recuerdo también aquella travesía de la partida. El rio estaba casi rojo y las ramas de los árboles tocaban el agua. Veníamos mis padres, mis dos hermanitos y yo en una canoa con todos los enseres. Mi padre había dejado definitivamente la empresa comunitaria después de haberse peleado con uno de los integrantes. Por poco llegan a las manos. Todo empezó por un malentendido en la repartición de unos alimentos y porque el hombre en cuestión era un egoísta y quería el poder. Decía que mi padre hacía un reparto desigual y en vez de hablarlo directamente con él, lo decía en voz baja con los otros vecinos. Hasta que papá se enteró. Discutieron y mi padre sacó el machete. El otro supo que iba en serio y desistió. Se arrugó. Pero mi padre tenía claro que no podía seguir allí, así que después de un año de trabajos a destajo tuvo que abandonarlo todo y salir como había llegado: con un saco en el que cabían sus enseres. Y allí íbamos en la canoa que se balanceaba sobre unas aguas tranquilas y extrañas. No sé cuánto tiempo estuvimos río arriba. Sólo recuerdo que llegamos a un lugar donde el río formaba un lago. Era inmenso y allí en un costado había una casa flotante en la que nos quedamos una noche. Yo estaba maravillada: no podía creer que hubiese una casa que no se hundía nunca, así creciera el río. Una casa sobre unos inmensos bidones vacíos que se mecía con la corriente y desde la que se podía ver los peces y las ramas de los árboles y las espumas pasajeras. ¡Una casa mágica!
En mis recuerdos de esa travesía por la selva y el río, padre era mi héroe. Entonces no tenía más de 28 años. Era alto, moreno y muy guapo. Tenía unos dientes preciosos y una sonrisa a juego. Pero además era fuerte, con un carácter indómito y sincero que le hacía adorable (o lo contrario). Un luchador persitente. Un alma libertaria con nobles ideales. Una suerte de judío errante cuyas ideas y compromiso modelaron el ánima de sus hijos e hijas, modelaron mi visión de la vida.


martes, noviembre 17, 2009

Sobre la palabra y un poema de José Eustasio Rivera

Después de unos días un tanto oscuros vuelvo a la luz de la palabra, no de la mía, sino la de otros. Para ello he navegado por las páginas de libros fundamentales. Así, entre las lecturas del magnífico texto de Marco Tulio Aguilera Garramuño, El imperio de las mujeres, (que muy amablemente me envío por email), la biografía García Márquez una vida de Gerald Martin y la lectura de poetas como José Eustasio Rivera, Tierra de Promisión; Julián Polanía, Ricardo Castaño, Luis Ernesto Luna y Orinzon Perdomo, no sólo he resistido al naufragio cotidiano si no que me he llenado de motivos para volver a creer en la armonía de las cosas elementales. La palabra obra como una medicina milagrosa que cura el ánima a veces atormentada, a veces exaltada, a veces quejumbrosa. Aunque suele ocurrir que también la desquicia y la lleva por senderos inimaginables. Algunas oportunidades es un ser bondadoso, amable que, como un bálsamo, mengua los dolores existenciales y otras, es un ser de una crueldad y perversidad deliciosa, una desalmada que se contonea con sus mil formas para recordarnos que somos unos/as pobres esclavos/as. Aprendices sin esperanzas. Vasallos sometidos a su condición de reina todopoderosa del imperio de la imaginación. Por fortuna, algunos/as luchan contra su influjo: la conquistan, no sin esfuerzo, a través de la belleza, de la magia de la escritura. Como muchos de los autores mencionados arriba. Es un trabajo arduo y solitario en el que muchas personas nos empeñamos aunque casi nunca podamos arañar los insondables surcos que la conforman.
Para celebrar este reencentro con la palabra, quiero compartir con vosotras/os un poema de José Eustasio Rivera (San Mateo -Neiva, Colombia- 1889, Nueva York, 1928), de su libro Tierra de promisión (1921).


EN LA ESTRELLADA NOCHE...

En la estrellada noche de vibración tranquila
descorre ante mis ojos sus velos el arcano,
y al giro de los orbes en el cenit lejano
ante mi absorto espíritu la eternidad desfila.

Ávido de la pléyade que en el azul rutila,
sube con ala enorme mi Numen soberano,
y alta de ensueño, y libre del horizonte humano,
mi sien, como una torre, la inmensidad vigila.

Mas no se sacia el alma con la visión del cielo:
cuando en la paz sin límites al Cosmos interpelo,
lo que los astros callan mi corazón lo sabe;

y luego una recóndita nostalgia me consterna
al ver que ese infinito, que en mis pupilas cabe,
es insondable al vuelo de mi ambición eterna.

sábado, noviembre 07, 2009

Diez años en la periferia

Lunes 7 de noviembre de 1999. Hace un sol radiante y a través de la ventanilla del taxi las calles se ven completamente limpias y transparentes. Son comarcas alineadas con una precisión absoluta. Algunos árboles ya casi desnudos se convierten en la prueba irrefutable de que el otoño ya está en su ecuador. Todo parece perfectamente orquestado por un mago espléndido que se ha esmerado en mostrarnos su mejor representación. El marco perfecto para una llegada desde el lejano trópico. En efecto, ahora mismo estoy en la espléndida Barcelona. Una ciudad en la que las murallas sólo las construye quien la mira. Urbe añorada y presentida en los textos acalorados de vino y versos, en las canciones de Serrat y en las palabras de algún encantador infame. Todo parece perfecto y lleno de inciertas promesas en las que aún no hay lugar para la pérdida ni la nostalgia.
Sábado 7 de noviembre de 2009. Han transcurrido diez años. Una década a la que a veces atribuyo el papel de un embaucador venido a menos. Diez años que debieron ser sólo dos, los suficientes para hacer un doctorado, recorrer la vieja España con su historia y sus ojos de matrona añeja. Para visitar aquellos lugares europeos, comarcas comunes en las que se mezcla, la historia, la cultura y el afán mercantilista. Pero ha pasado el tiempo perverso y hoy me he levantado con diez años más. Y peor aún: con la extraña sensación de que los días han pasado sin tregua y apenas he hecho un par de cosas. Podría, sin embargo decir que el balance ha sido positivo en lo personal, como en efecto lo es: una hija estupenda, un compañero cómplice que entiende mis ratos de silencio y lejanía, mis cambios de humor y esta suerte de enfermedad que me hace perder las horas en palabras sin sentido, en textos que me hablan desde la certeza del naufragio. También podría decir que he cumplido con los objetivos previstos: una tesis doctoral cum laude olvidada en un cajón, tres libros inéditos de poesía (empiezo a hacer gestiones para publicarlos ¿Quién se apunta?), un ensayo en ciernes del que ya tengo el título, no sé cuántas historias comenzadas mil veces y mil veces abandonadas, cadáveres aún no nacidos. He viajado por rincones insospechados y olido el aroma de paisajes antiguos y nuevos. He conocido gente de aquí y de allá: elemental, sencilla, genial, coherente, luminosa, intelectual, escéptica, vital… He sentido músicas en las calles y en los libros y en los teatros y en las olas mediterráneas y en la risa diáfana de mi hija… Así que en principio no me podría quejar.
Aunque la distancia sea una puta desquiciada que a veces me consuma; aunque sea una extranjera del sur demasiado formada y preparada para un contexto en el que ser "inmigrante" es un lastre que te convierte en el acto en una incapacitada social, en una ciudadana de segunda; aunque cada vez me guste menos la monarquía y los políticos y los discursos de castañuelas franquistas; aunque estemos hipotecados en un piso con un cachito de mar que a veces nos impide levantar las alas del suelo; aunque cada vez tenga más claro que quiero volver a aquella tierra lejana en donde todos los verdes son posibles y en la que me aguardan un par seres espléndidos a los que el tiempo y la partida han puesto niebla en los ojos y nudos en el corazón; aunque me posea sin remedio la certeza absoluta del desarraigo, la lucidez de quien se siente condenada de antemano por la mano de algún dios perverso.
Llueve en el teclado.

miércoles, noviembre 04, 2009

Tres poemas

Soledades

La casa es otra.
La habitan ausencias
y naufragios
y en sus aleros hay nubes
y peces
y dos viejos que sonríen
heridos de tiempo.


Silencio

Al otro lado de la palabra
no hay un ojo que te nombre
ni una lengua que escriba
en tu cuerpo huérfano.
No enciendes la memoria
de los Otros,
eres la sombra del olvido.

Invisibles

Esta ciudad
de olores y memorias
no perfila nuestros trazos.
Nos habla
con los ojos cerrados.


...
Martha Cecilia Cedeño Pérez, Versos en Claroscuro, Barcelona 2009, inédito.

jueves, octubre 29, 2009

El burka virtual

Reproduzco a continuación un artículo de Gemma Lienas a propósito del II Congrés de Dones de Barcelona que se celebró los días 16 y 17 en la Ciudad Condal. Un importante evento que reunió a muchísimas mujeres de distinta condición pero con un sólo ánimo: hacer sentir sus voces, sus ideas, sus modos de pensar y vivir la ciudad en el marco de la lucha por una igualdad de género plena. Quienes asistimos a dicho Congreso tuvimos la oportunidad de participar en distintos ejes temáticos y de emocionarnos con las espléndidas palabras de la filósofa Amelia Valcárcel. Por desgracia este evento no tuvo la repercusión mediática que debería tener: era sin duda un asunto de "mujeres", y por ello, "menos importante". De ahí este artículo de Lienas que habla de manera lúcida sobre ese otro burka virtual que se teje sobre todas nosotras.
......

El Burka Virtual

Por: Gemma Lienas
El País
26/10/2009

Hace una semana, se celebró, con la asistencia de 1.700 mujeres, el II Congrés de Dones de Barcelona, cuyohilo conductor era "Las mujeres como agentes de transformación social". Previamente y a lo largo de nuevemeses, un número aún mayor de mujeres había ido preparando por barrios o grupos de interés un documentoque recogía sugerencias organizadas en torno a cuatro ejes temáticos: ciudadanía, cultura, espacio público yvida cotidiana, tiempo y trabajos. Por fin, el congreso culminó con más de 500 propuestas para mejorar laciudad desde una perspectiva de género.
La perspectiva de género es una categoría de análisis de la realidad que pretende construir el mundo sumandoperspectivas, sobre todo aquellas que habitualmente han quedado fuera: la de las mujeres, criaturas, gentemayor, personas enfermas o discapacitadas, inmigradas...
Contrariamente a lo que alguien pueda pensar, añadir perspectiva de género a la ciudad no significa ponertapetes en el metro ni pintar de rosa las paradas de autobús. Significa tener en cuenta las necesidades yaspiraciones de cualquier colectivo ciudadano. Así, no habría labores de ganchillo en el metro, pero síascensores para bajar hasta el andén en silla de ruedas o con un cochecito infantil. No se pintarían de rosa lasparadas, pero se iluminarían mejor ciertas zonas de la ciudad que pueden resultar amenazantes para lasmujeres.
En fin, por poner un ejemplo muy actual, la perspectiva de género habría evitado el error cometido en laflamante Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona, cuyo suelo tan brillante lo refleja todo: luces, muebles,pasajeros y hasta la ropa interior femenina de las usuarias que visten faldas.
El congreso, pues, fue un éxito rotundo de las barcelonesas, aunque, lamentablemente, resultó invisible parala ciudadanía, ya que los medios de comunicación apenas hicieron acto de presencia ni publicaron lo que allíse había debatido, si exceptuamos algunas casi insignificantes menciones. Bien es verdad que un medioretransmitió un fragmento de la conferencia de clausura de la ministra Aido; aunque dicho fragmento fueusado para ilustrar la pugna entre partidarios y detractores de la nueva ley del aborto y no para hablar delcongreso de Barcelona.
Creo que la casi nula repercusión del evento en los medios de comunicación constituye un paradigma de lainvisibilidad de las mujeres, de sus acciones y de sus pensamientos. Es decir, indica que, en general, siguefaltando perspectiva de género, y mucha, en periódicos, radios y televisiones.
Amelia Valcárcel, en su brillante e ingeniosa conferencia inaugural, decía, parafraseando a Trotski: "Elfeminismo tiene que avanzar con la democracia y ganar la batalla en todo el planeta, o no podrá mantener losavances sólo en ciertos territorios".
Oyéndola, una podía pensar, por ejemplo, en los burkas, que consiguen invisibilizar a las figuras femeninas endeterminadas culturas. Así, nos llegan fotos de Afganistán en las que ellos ocupan cualquier espacio público yellas están desaparecidas, bien porque no pisan, la calle bien porque lo hacen moviéndose bajo hábitosfantasmales que las cubren de cabeza a pies.
Desde luego, la diferencia entre ser obligada a llevar un burka o no aparecer en los medios es enorme, pero laidea que subyace tras ambas pautas es la misma: las mujeres no cuentan. Se desprende de ahí que el espacioen el que ellas se pueden mover es, preferentemente, el privado, y, por consiguiente, todo lo público femenino,sean congresos, literatura o deporte, es de segunda clase y, por tanto, se puede ignorar.
Según Amelia Valcárcel, las mujeres en nuestro país sólo cuentan para el poder político. No están bienrepresentadas en los cinco poderes restantes: económico, informativo, creativo, del conocimiento y religioso.Decía esta filósofa que, si la agenda del tercer feminismo (el que surge a partir de 1968), contiene el ítemtener la mitad de todo, "nos queda trabajo para rato".Desde luego, nos queda mucho para quitarnos de encima ese burka virtual.

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