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Puesta de sol en el Trópico

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Atardecer en el trópico Estábamos en casa de mi hermano Juan Manuel aprovechando los últimos días de nuestro viaje a Neiva, ciudad soñada. El calor sofocante nos había sacado hacia un parquecito cercano rodeado de un bosque a punto de desaparecer por obra y gracia del interés inmobiliario (lo mismo que aquí). Nuestras hijas jugaban felices mientras los mayores hablábamos de lo humano y lo divino. La ciudad a punto de sucumbir al embrujo de la noche encendía sus luces y sus sentidos. Un zumbido de un avión que pasó justo encima de nuestras cabezas recordó que estábamos en una urbe intermedia cuyo aeropuerto está en su corazón (en sentido literal). Las montañas antes azules parecían ahora guijarros enormes y redondeados, levemente oscurecidas por el ocaso de la tarde. Desde el árbol donde me había subido pude ver cómo moría lentamente el día y cómo la belleza se explayaba ante mis ojos atónitos. Ahí estaba el atardecer de mi memoria íntegro y sublime. Y aquí está la foto que condensa ese

Que es la vida una ilusión...

Siempre nos quedará... internet, el ciberespacio que nos permite adentrarnos en una infinita telaraña de conocimientos, y que al tiempo propicia todo tipo de contactos: con los seres extraños y conocidos, viajeros contundentes sin equipajes; con las palabras de todos los calibres y colores; con millones de realidades que deambulan libres como el viento. Nos quedará su infinito espacio en donde podemos crear el nuestro, adaptado a las propias necesidades y ambiciones, a nuestras experiencias cotidianas, mínimas y grandiosas a la vez. Y desde ese rincón la expresión sin tapujos conduce a infinitos recovecos donde seguramente vigila el Minotauro. Y desde allí la palabra puede ser muchas cosas: trampa, horizonte, abismo, montaña, barro, proyectil... y por supuesto poesía. Límpida, transparente, esencial. Como ésta que nos regala la palabra espléndida de Osorio, viajera incansable de todos los caminos y cantora consumada de los entresijos del alma. Palabra de oriente despojada de lastres y

El Espacio Público

Reproduzco a continuación un artículo de Manuel Delgado publicado el 05/09/06 en El País , donde se aborda el tema del espacio público, tópico fundamental a la hora de comprender y vivir la ciudad como un todo donde las cosas además de juntarse, se dislocan, se fragmentan, se pixelan al infinito y donde el aliento urbano cobra su pleno significado . Concluirá este mes de septiembre la exposición que en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha servido para mostrar los trabajos concurrentes al Premio Europeo del Espacio Público 2006, que convoca el Archivo del Espacio Público Urbano. La exhibición -En defensa del espacio público- nos ha deparado una excelente oportunidad para pensar qué quiere decir exactamente "espacio público", un concepto que ha ido ganando protagonismo en las dos últimas décadas, que ocupa hoy un lugar central en las iniciativas y las retóricas a propósito de los contextos urbanizados y que es bastante menos inocente y natural de lo que se antoja

El mundo, otra vez

Un mes y 7 días sin actualizar mi blog, sin escribir ni una palabra sobre lo profano o lo humano, lo trivial 0 lo periférico, lo grandioso o lo minúsculo... sin escribir por escribir. Pero aquí estoy, resurgindo una vez más de la cotidianidad, del estrés diario que sopla los días y borra los horas como el viento las nubes. Y resulta que en este tiempo de silencio forzado el mundo sigue su perverso curso: continúan llegando cayucos, pateras y embarcaciones de papel a las costas españolas con gente hambrienta que busca sólo otra oportunidad sobre la tierra; se conmemoran los 5 años del desmoronamiento de las torres gemelas -¿tiembla el imperio?-, el Papa una vez más se desboca y la caga ¿habrá olvidado que ya no hace parte de las filas nazis? y se enciende la hoguera de la ira... El mundo sigue su ruta díscola y todo parece más oscuro quizá porque el otoño está a la vuelta de la esquina y los días se hacen más cortos y las noches más largas, tal como la realidad de afuera y de adentro.

Cotidiana

La mañana otra vez. Volver al oficio cotidiano. Las palabras que a veces no salen y la realidad, ahí en la puerta, en el comedor, en la cocina, en los libros en desorden. Intentar asir la voluntad, doblegarla, someterla, ponerla a disposición de la vida. Mirar el balcón, la distancia azul, los pájaros de agosto. Y seguir viviendo con culpa -850 millones de personas pasan hambre, 10 millones de niños mueren cada año por lo mismo, el mundo se recalienta, la pobreza se ensaña con los pueblos desamparados-. Y pienso en mi dolorcillo: minúsculo, estúpido, sin sentido. La mañana otra vez. Sobrevivir a las noticias del día, a la inercia, la inmovilidad. Y afuera el mundo sigue con su terrible y perversa paradoja.

Aceras . Andenes

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ACERAS Martha Cecilia Cedeño Pérez Hay nuevos aromas en los rincones y en las esquinas y en los resquicios de las puertas. Nueva música en las ventanas cerradas y en los bares llenos de ausencia y en las piernas cansadas de trashumar. Hay una estría azarosa en la rutina inédita de los seres que por vez primera huelen la ciudad y sus calles vigilantes y descubren sus signos efímeros escritos en los ojos de los otros. Hay una diáspora de sentidos en los cuerpos ajados y líquidos, nuevos habitantes de la periferia nuevos miembros del naufragio. Hay un marco antiguo donde se atan las llegadas Y se sueltan las derrotas (los seres de las aceras lo saben). Barcelona, enero de 2006 Foto : " Rutas " de la pintora colombiana Lina María Cedeño Pérez

A propósito de Fidel Castro

Vía internet me ha llegado este texto que reproduzco completo. Personaje polémico donde los haya, Fidel Castro es sin duda uno de los hombres más importantes del siglo XX y también uno de los más carismáticos. Aún recuerdo la emoción tan grande que experimentamos quienes em 1995 asistimos a un Congreso Pedagógico en la Ciudad de la Habana . Ver al Comandante en persona es una sensación indescriptible porque su aureola va más allá de las apariencias para asentarse en el mundo de los inmortales. En esa oportunidad el teatro Karl Marx vibraba y más de uno derramaba lágrimas. "Viva Cuba libre, viva el Comandante" eran los gritos de las miles de personas allí reunidas. Fidel Castro morirá un día pero sus ideas, su talla de estadista y revolucionario, pese a quien le pese, siempre vivirán. ¡Viva Cuba! ¡Viva el Comandante! EL FIDEL CASTRO QUE YO CONOZCO Por Gabriel García Márquez Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus d

En tránsito (II)

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A las 6:00 de la tarde del sábado 29 de julio el autobus nos recogió en el hotel para llevarnos al aeropuerto. Todos los compañeros y compañeras de penurias se veían ansiosos y, pese a las circunstancias, animados. Algunos pensaban que Air Madrid nos jugaría sucio y que otra vez nos dejaría abandonados a nuestra suerte en Barajas. Después de 3 horas de cola por fin pudimos facturar, cosa que en verdad se agradeció porque ya estábamos hasta el moño con las maletas para un lado y otro; sin contar con el mal de estómago y el hambre que ya empezaba a hacer estragos... A las 10:20 el pasaje estaba dentro del avión pero, para variar, el comandante informó que nopodía despegar hasta que no tuviese los permisos correspondientes. "Vaya mierda", dijo un pasajero gordo y agradable que en la escala que se hizo en Cartagena de Indias tuvo que ser atendido por un médico. "Puede usted viajar tranquilo", indicó el profesional una vez lo hubo examinado. Al mal tiempo buena cara A la

En tránsito (I)

Escribo esta entrada con los efectos del jet lag y la fatiga de estar 3 días en tránsito. Aquí va la historia que parece una continuación de aquella que vivimos mi familia y yo el 22 de junio cuando por una negligencia de la companía aérea que nos llevaría hasta Bogotá, estuvimos más de 14 horas condenados en el aeropuerto el Prat de Barcelona. En aquella oportunidad el vuelo de Air Madrid (que así se llama la dichosa empresa) tuvo un retraso mayúsculo "por cuestiones técnicas"; primero se filtró la información de que el aparato en el que viajaríamos perdía combustible, y después, que tenía un problema en el motor y que estaban esperando una pieza de Bruselas (vaya motivación para hacer un vuelo trasatlántico para una persona como yo que sufre de espasmos musculares cada vez que se sube a un artefacto de estos). Así que después de un "levantamiento" de los pasajeros en el muelle internacional con música y guardias civiles incluidos, el avión partió a las 2:00 de la

Sobreviviendo en la canícula

Escribo desde la canícula después de una semana agotadora de lecturas al amanecer y escrituras imposibles. Es increíble cómo nos acostumbramos a la ligereza de la comodidad, a la certeza de tenerlo todo a mano. Aquí en cambio todo cuesta: habituarse al calor desesperante, conseguir textos fundamentales para elaborar el módulo que se me ha encomendado, conectarme a internet así sea a 52 k, lograr concentrarme en el trabajo con invitaciones de conocidos y familiares, salir a la calle tranquila y sin el temor de que alguien me pueda rapar el bolso o que de repente ocurra alguno de esos acontecimientos terribles que te hielan el cuerpo y el alma. El trabajo ocupa casi las 24 horas del día y siento que no he podido hacer las cosas que soñé realizar antes de partir de Barcelona. Hay muchos lugares por recorrer, mucha gente por recordar, muchos asuntos sobre los cuales discutir. ¡Es como si no estuviese de vacaciones! Me hago a la idea, sin embargo, de que son los días de placer más productiv

Atardecer en gris y oro

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No hay nada que decir. La imagen está ahí: montañas bajo un atardecer magnífico y la presencia constante de la gente que amo de aquí y de allá. ¿Se puede pedir algo más?

Madrugada en el trópico

Son las 4:30 de la madrugada de este miércoles de Junio. El calor no se apacigua ni siquiera con el aire fresco que llega de la montaña azul que corona este valle triste y que Luna mira con ojos de admiración "Vaya montaña, es muy grande, mama". Y de verdad lo es. Una rama de cordillera oriental que nace en el Macizo Colombiano y hace parte del sistema andino. Y está aquí, al lado nuestro, convertida en un cerro tutelar gigante que vigila la ciudad de fiesta. Neiva alborotada y con sus mejores ropas. Con sus calles abarrotadas de seres que exorcisan la muerte, la miseria, la desesperanza. Con sus calles siempre en un continuo sopor caliente que me hacen pensar en Comala. Calles subvertidas, re-creadas, vulneradas y siempre a punto de explotar. Calles por donde deambulan las contradicciones más vergonzozas, los desplazados de la noche eterna que vive Colombia. Son las 4:30 de la madrugada y estoy despierta porque unos vecinos de mis padres están matando un cerdo en la c

Desde Neiva

Escribo en esta tarde calurosa de junio -38 grados a la sombra- desde Neiva, ciudad anclada en el Valle del río Magdalena. Bajo el sofoco del trópico las ideas se vuelven agua y sólo atino a reconocer la maravilla del encuentro con la familia, la incertidumbre del paseo por las calles tantas veces recorridas y ahora unas perfectas extrañas. Gente que deambula bajo la canícula de las tres de la tarde y las fiestas del San Pedro que las convierten en un hervidero de cuerpos y acontecimientos. Neiva ciudad antigua y nueva, vuelvo a palpitar bajo el influjo de tus caminos y sonidos. Vuelvo a sumergirme en las esquinas donde habita la memoria, el recuerdo adherido a las ventanas y las aceras. Ciudad soñada, vivida, liquida, ahora me conviertes en agua. Martha Cecilia Cedeño Pérez Neiva, Huila, Colombia
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Torre Agbar de Barcelona del arquitecto Jean Nouvel Foto: Martha C. Cedeño Pérez Ad portas de un viaje a los míos y de cumplir un año más (o un año menos, según el estado de ánimo), vuelvo a recorrer la ciudad y sus rincones. Vuelvo a las calles de siempre, las ramblas plenas de cuerpos, las esquinas perfectas, las nuevas edificaciones que cruzan el cielo de esta ciudad antigua y nueva. Ciudad en construcción donde pugnan intereses de toda laya pero que hoy sólo veo con ojos de sorpresa. Y vuelvo a encantarme con esos lugares casi olvidados que un ángel oscuro me lleva a conocer: turons espléndidos e intersticiales en medio, al costado, al final de la ciudad. Puntos claros desde donde la urbe es una manta arrugada, una pintura imperfecta, una prolongación de las contradicciones humanas. Paisaje de luces y sombras con un cielo plomizo y azul. Ciudad mágica donde todo es posible, hendija por donde se escapa la vida cotidiana para ser otros y otras...

Cinco Noches

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Rostros del trabajo: Diana, Miriam, Irena, Marcela, Karla, Marlen, Gisella, Jacqueline, Martha, María y Salva Cinco días con sus noches para mí. Cinco noches sin escuchar el sonido seco que anuncia una llamada y el tedio constante de contestar siempre lo mismo. Cinco noches sin esperar a que sean las dos de la madrugada. Cinco noches sin sentir mis pasos solitarios en el pont del ferro. Cinco noches sin ver las aceras solitarias de la ciudad y sus luces y sus ecos y sus brillos y sus insomnes. Son cinco noches y la certeza de extrañar las risas, los rostros de las personas que compartieron conmigo el mismo espacio y tiempo. Rostros de todos los colores que reflejan esa España profunda que desconocía. Rostros transparentes y oscuros, alegres y tristes, plácidos y sombríos, cálidos y fríos... Rostro de gente sencilla, trabajadora, combativa, elemental, soñadora, contradictoria. Rostros que humanizan un lugar que de otra manera sería sólo la mueca del consumo, el negocio, el interés, el d

Martes 13

¡ESTOY INDIGNADA! ¡NO HAY DERECHO! ¡ES UNA VERGÜENZA! Acabo de llegar de la Subdelegación del Gobierno Civil de Barcelona donde, después de una odisea interminable, pude tramitar mi autorización de regreso porque viajo la semana que viene a Colombia. Un trámite que se realiza en 5 minutos y para el que tuve que hacer un cola de 9 horas. Estoy muy enfadada, muy "cabreada" como se dice vulgarmente aquí. Os cuento la historia para que os hagáis una idea de la manera como tratan a los extranjeros no comunitarios en España: A las 8 en punto de la mañana llegamos a la sede de la Subdelegación de Gobierno en la Barceloneta. Hace fresco y se siente el salitre en la cara porque justo a 10 minutos de allí está la playa y sus chiringuitos con guiris (turistas comunitarios) hambrientos de sol. Hay 323 personas delante de nosotros y todo el día por delante. "A las 11 o 12 ya habremos salido", escucho a una mujer que le dice a su acompañante. La cola apenas se mueve. A las 9 he

Las Formas Urbanas

Tenía este post en borrador desde hace varias semanas y no me había acordado de colgarlo debido a múltiples motivos: la preparación de la lectura de la tesis doctoral, el cansancio de un trabajo precario y en un horario nada alentador para mí que soy una mujer diurna para las labores económicas y nocturna para la divagación, la fantasía, la escritura… llegar a casa a las 2:30 de la madrugada después de haber informado a clientes muy enfadados sobre la situación de su internet “No se preocupe usted que dentro de muy poco tendrá todo el servicio activado”, me dejaba física y mentalmente agotada. No estoy preparada para mentir de manera sistemática… Así que hoy, en el que será muy último día de trabajo como asesora telefónica (la empresa ha echado a más de 120 personas a la calle porque le salía más barato montar una plataforma de asesoría en Argentina. Allí, con menos 1000 euros –que es lo que ganaba una persona aquí trabajando 8 horas- le pueden pagar a cuatro trabajadores/as… cosas de

Crónica de un día de tesis

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Y llega el día anunciado 7:30 am : los rayos de sol se cuelan por las hendijas de la persiana. Se adivina un día radiante de calor y de golondrinas revoloteando por los balcones y terrados. Doy unas cuantas vueltas más en la cama y trato de no pensar en nada, sólo intento agudizar los sentidos para percibir lo que sucede allá afuera. No quiero pensar en el compromiso de las 4 de la tarde, ni en lo que diré frente al tribunal, ni en lo que me preguntarán, ni en los nervios que seguramente harán que mi respiración se agite y que las palabras se amontonen y entrecrucen. 8:00: Desde el balcón el mar es una mancha brillante. La ciudad hoy se antoja hermosa y vibrante -hasta el Hesperia Towers parece una obra de arte. Dan ganas de salir a la calle y llenarse el cuerpo de susurros, de espejismos, de miradas... 9:00 : ¿Alguien piensa en desayunar con un nudo en el estómago? Una infusión de tila y unas cuantas galletas son suficientes. La nena mira los dibujos animados. Hoy no ha ido al cole p

Día Cero

Me pregunto si mañana será un gran día. En el diario dicen que hará sol aunque está noche el cielo luce encapotado. Será un día como tantos, sin duda. La gente correrá de aquí para allá como lo hace cotidianamente. La panadería de la esquina abrirá a las 8 y mi vecina chillará mientras enciende la radio (¡menos mal que escucha la cadena Ser!). El barrendero acabará de limpiar alguna calle y el hombre del kiosco venderá los periódicos de siempre. A las 9 alguna madre correrá con su niño o niña de la mano para no llegar tarde al cole y el conductor del metro hará su enésimo viaje... A las 10 ya todas las ventanas de casa estarán arriba y me asomaré al balcón para ver si, por fin, se puede ver el mar. Justo a esa hora repasaré el escrito que leeré en la tarde y es probable que tenga un nudo en el estómago. Y que algo se condense en mi pecho, algo así como una nostalgia profunda, como un encuentro de sensaciones disímiles. Una satisfacción por el sueño cumplido pero también un gran vacío

Ordenadoritis Aguda

El día empieza con el sol entrando por la ventana y las golondrinas revoleteando entre los edificios. En apariencia todo está perfecto, hasta la línea del mar que se vislumbra desde el balcón de casa. Un día espléndido de primavera. Y me digo que hoy será mejor que ayer y que podré terminar las cosas que por culpa del ordenador no he terminado. Terrible error. Maldigo la hora en que dejé que todo girara entorno a ese aparato estupendo que a veces nos juega malas pasadas, sobre todo cuando más lo necesitamos. Y ya van tres veces. La primera sacó la mano de forma imprevista y perdí todo lo que había escrito: una novela malísima y unos poemas idem de los que ahora no guardo ni el recuerdo; ah, y algunos pequeños ensayos que a lo mejor eran buenos. La segunda vez, no me cogió desprevenida pero me obligó a desplazarme hasta la universidad para poder culminar algunas cosas de mi tesis. Y esta tercera y última vez ha sido la más perversa porque me ha dejado a medio camino: tengo que preparar