domingo, noviembre 29, 2009

Miguel Ángel cumple 92 años

Anoche soñé con el abuelo. Íbamos por un sendero rodeado de plantas pequeñas y de árboles plenos de frutos de distintos tamaños y colores. Yo quería tomar uno pero él me dijo que era mejor no hacerlo porque desconocía sus nombres y podían ser venenosos. Seguimos caminando y de repente se detuvo cerca de un árbol cuyas ramas casi tocaban el suelo. Estaban llenas de pequeñas circunferencias de color amarillo intenso. Estos si son buenos, son caimos. Me dijo mientras tomaba uno y me lo ofrecía. Un rato después lo perdí de vista, entonces descubrí que se había quedado atrás. Volví sobre mis pasos y lo encontré sentado en una piedra enorme masticando hojas de naranjo. Tenía la boca verde. ¿Porqué comes esas hojas, abuelos? Me miró con una sonrisa triste sin atinar a decir nada. Entonces me detuve en su rostro: lo tenía liso, sin un asomo de arrugas o depresiones. Aprecié su mata de pelo de un negro esplendoroso. El abuelo era un viejo joven, mirándome con sus ojos llenos de sabiduría.
El abuelo acaba de cumplir 92 años y la última vez que lo vi fue hace tres veranos. Estaba ingresado en el hospital porque tenía un ataque de amebas. Una disentería atroz que no pudo acabar con sus huesos cosidos con hierro, ni con su lucidez mental, ni con sus enormes ganas de ver los amaneceres. Me susurró que era la última vez que nos veíamos porque sólo era un viejo terco cuyo tiempo se había agotado hacía mucho. Estoy viviendo de más. No supe qué decirle, ni siquiera una de aquellas cosas repetidas y comunes que anuncian palabras casi siempre huecas. Así que me senté junto a él y le miré a los ojos. Creo que los míos estaban nublados como una tarde de octubre cargada de lluvia (soy una llorona compulsiva), y le dije, haciendo un esfuerzo enorme por mantener la voz firme, que siempre le querría y le llevaría muy dentro de mí, en ese rincón inmenso de los amores profundos. ¿Cómo olvidar aquellas madrugadas de la infancia con el olor dulce de la molienda de caña que el abuelo y sus hijos habían levantado con sus manos? O los libros que él leía en las tardes, echado en la hamaca y que luego guardaba con sigilo debajo del colchón sin enterarse de que en las mañanas, mientras salía a hacer la faena del campo, yo me escabullía de los ojos de madre para sacarlos de su escondite. Así pude leer los primeros libros que no eran precisamente para niños y yo sólo tenía 7 años. Al abuelo también le debo los grandes interrogatorios para comprobar el estado de mis conocimientos. ¿En qué año se proclamó la independencia de Estados Unidos? ¿Quién compuso la Marsellesa? ¿Cuántos presidentes ha tenido Colombia? ¿Quién fue José Martí? ¿Qué diferencia hay entre la palabras cocer y coser? ¿Quién escribió Mi delirio sobre el Chimborazo y en qué año? Y así una y mil preguntas más que a veces me cogían desprevenida.
Cuando me despedí sentí una honda tristeza. Dejaba a mi abuelo sentado en la cama de hospital con su figura alta a punto de doblegarse. Yo me iba con la incertidumbre de un próximo encuentro y con la certeza de haber desaprovechado muchas oportunidades para estar cerca suyo, para compartir sus historias y relatos que hablan de gestas y colonizaciones y sueños abiertos a destajo. Sin embargo, espero volver verlo el año que viene. Lo buscaré en las puertas de la selva. Me sentaré con él debajo de un árbol, o en la orilla del río y entonces le haré muchas preguntas, tantas como para que el tiempo se detenga y yo pueda decirle que le quiero mientras escucho que antes, cuando yo aún no había nacido, un hombre, una mujer y sus siete hijos emprendieron el camino de la manigua...
(He escrito esta entrada porque espero que el sueño de anoche no sea una despedida. Espero no recibir nunca una llamada allende los mares diciéndome que el abuelo se ha ido sin darme tiempo a mirarlo de nuevo, a reirme con él y decirle que le quiero. Creo que la parca puede esperar unos años más, así Miguel Ángel tenga 92 años)

martes, noviembre 24, 2009

El poeta del consultorio

Mientras esperaba que la médica me visitase escuché su voz recia y profunda. Giré la cabeza para ver de quién provenía y me encontré con un hombre de apariencia contundente que tenía un bastón en su mano izquierda. Estaba sentado junto a una mujer mayor a quien le recitaba uno de sus poemas cuyo título, dice, es “A una niña”. El hombre repasaba sus versos con energía pese al temblor de sus manos y la pesadez de los ojos. Quienes estábamos allí le escuchábamos en silencio y con sorpresa. De su boca no sólo salieron rimas y ritmos apasionados sino fragmentos de su vida. Supimos que llegó a Barcelona en 1963 dejando atrás miserias, humillaciones y hambre. “He pasado más hambre que un lagarto en un pinar, he trabajado los campos andaluces de sol a sol”. También que tiene 71 años y que hace poco le hicieron un homenaje en el Teatro García Lorca de Granada al que no pudo asistir porque “la parienta se puso mala”. Dice una y otra vez que ya va por la novena edición de su obra y que tiene libros en todo el mundo. Yo le escuchaba maravillada dejando de lado la lectura del libro de Martin sobre García Márquez. Me parecía increíble que estuviese asistiendo a un recital poético en un sitio tan frío como lo es un consultorio médico. El hombre iba de sus poemas a su vida con pasión. Me fijé en él. Era robusto y tenía una cara bastante grande y larga, casi prognática y unos ojos, que aún conservaban un cierto fulgor juvenil. Cuando la doctora lo llamó, Gerardo se levantó titubeante con su enorme figura a cuestas.
No he cedido a la tentación de buscar a este hombre en Google (tengo su nombre y apellidos completos) porque quiero pensar, en efecto, que es un poeta prodigioso que una tarde de noviembre apareció en un consultorio médico casi como un milagro para despertarnos la sonrisa y la esperanza.

jueves, noviembre 19, 2009

Mi viejo, la selva y yo

Hoy es el aniversario de mi padre y para celebrarlo, he recordado mi primera travesía por la selva cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Era la década de los 70…

y mi padre, junto con un pequeño grupo de jóvenes desheradados, se acogió a los planes creados por el gobierno a través del entonces Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) para formar una empresa comunitaria. Para ello se adentró en un territorio cercano a las riveras del río Caquetá, más allá del caserío de Curillo, un lugar del piedemonte amazónico al que entonces no llegaba ni Dios. Eran 11 familias formadas por hombres, mujeres y niños pequeños que después de 4 días de travesía por ríos y trochas intransitables de barro, llegaron a un claro en medio de la selva abierto previamente por los hombres. Allí habían construido 11 casas exactamente iguales: se alzaban sobre pilares de madera para evadir bichos peligrosos; tenían un salón principal, dos habitaciones y una cocina, sin paredes, casi a la intemperie. La conformación del conjunto era sencillo: dos hileras de casas enfrentadas y separadas por un camino real, una especie de calle en la que se desarrollaba la vida social. Allí los niños jugaban mientras las mujeres se reunían, en sus pocos momentos de ocio, para hablar de los pormenores de una vida marcada por los ojos de la manigua y por una precariedad que parecía tejida con hierro. También era el lugar en el que se realizaban las reuniones generales para discutir asuntos relacionados con la supervivencia o para la repartición de los productos alimenticios. Todo se dividía en partes iguales para las once familias: el producto de la caza, los cultivos y los sacos de harina y de leche en polvo, CARE, que donaba el gobierno estadounidense y que hacía parte del programa Alianza para el Progreso que había implementado el gobierno de Kennedy a comienzos de los 60. No era fácil allí la vida pues a las inclemencias de la selva había que sumarle la falta de centros de salud o de educación cercanos, la carencia de agua potable, de caminos, la presencia de animales peligrosos… Todo era una tenaz lucha cotidiana. Las mujeres se encargaban de la intendencia de la casa y la prole, de mantener la productividad de los hombres. Recuerdo que madre y otras mujeres limpiaban la ropa en un un río de aguas negras (en la selva las aguas de los ríos, aunque son límpias, se ven oscuras) en el que habían hecho unos lavaderos esculpidos en madera. Mientras ella hacían sus oficio rodeadas de selva y ruidos misteriosos los niños y niñas nos bañábamos hasta que la piel nos quedaba arrugada y desteñida.
Allí, en la manigua, había un horizonte extrañamente cercano y verde que estaba poblado por figuras malévolas alucinantes. En una de esas noches en las que el cielo embravecido escupía agua y fuego y el viento parecía arrancar los cimientes de la casa, Eolo me llevó en volandas hasta la copa de un árbol que se balanceaba con furia. Allí pasé la noche agarrada a una rama, sintiendo el horror de estar a la intemperie, muda ante una naturaleza salvaje e inhumana. La negrura de la selva embravecida, las ramas crujientes de los árboles, el silbido ensordecedor del viento entre las hojas, los miles de sonidos opacados por un temporal de terror, aún habitan los profundos resquicios de la memoria. En mis recuerdos todo es bárbaro y alucinante como aquel extraño sonido que procedía de las entrañas de la selva. Es el tigre, decían los hombres. Los niños buscábamos protección en los brazos de las madres mientras los hombres hacían hogueras inmensas en los alrededores del caserío. Con la luz del sol todo era distinto. Los niños y niñas olvidábamos el miedo y nos dedicábamos a nuestra tarea de exploradores y exploradoras. “Que llueva, que llueva, la vieja está en cueva…” cantábamos cuando de repente se desplomaba sin piedad una mata de agua y entonces bajabamos a la calle a mojarnos y a revolcarnos en el barro colorado y pegajoso, mientras las madres nos amenazaban con seres terribles: “si no hacen caso la Madremonte se los llevará para la selva y nunca podrán salir de allí”. Pero también mentaban a la Pata Sola, la Llorona, el Hojarasquín del Monte, el Diablo o Coco, todo una pléyada de seres mitológicos que la modernización ha desterrado sin contemplación.
Siempre tengo la sensación clara y nítida de esa noche inclemente en que dormí en los brazos de la selva, tan nítida como aquella imagen de una mujer sujetando a un pequeño niño de las piernas para que éste escupiese una moneda que se había tragado. Aún tengo la visión exacta de la moneda babosa sobre la tierra y el fragor de la lluvia en mi cuerpo de niña. Pero no todo era malo en la selva. Recuerdo que algunas veces acompañaba a mi madre cuando iba a dejarle el almuerzo a mi padre, casi siempre internado en la selva cortando árboles. Los derribaba con un hacha y luego los aserraba para sacar tablones, unas franjas finas de madera que servían para hacer casas y mesas y camas. Pero a veces no sacaba esos tablones sino trozos más pequeños con los que se techaban las casas. La selva olía a madera cortada. Algunas veces los árboles lloraban y sobre el corte se formaba una costra transparente. Eran lágrimas de árbol petrificadas. Tenían un olor dulce y yo no resistía la tentación de probarlas. Mi padre me hacía columpios con las lianas y yo allí me mecía una y otra vez mientras él comía y mi madre lo esperaba sentada en un tronco con su cara de niña. Una vez me caí del columpio y me fracturé un brazo. Sólo recuerdo el dolor y la cara de un viejo que me dio un tirón fuerte para acomodar el hueso. Tenía cuatro años y en medio de la selva fue casi un milagro que no me quedase el brazo descompuesto. El sobador encajó el hueso a la perfección y lo demás lo hizo la naturaleza.
De la selva recuerdo también aquella travesía de la partida. El rio estaba casi rojo y las ramas de los árboles tocaban el agua. Veníamos mis padres, mis dos hermanitos y yo en una canoa con todos los enseres. Mi padre había dejado definitivamente la empresa comunitaria después de haberse peleado con uno de los integrantes. Por poco llegan a las manos. Todo empezó por un malentendido en la repartición de unos alimentos y porque el hombre en cuestión era un egoísta y quería el poder. Decía que mi padre hacía un reparto desigual y en vez de hablarlo directamente con él, lo decía en voz baja con los otros vecinos. Hasta que papá se enteró. Discutieron y mi padre sacó el machete. El otro supo que iba en serio y desistió. Se arrugó. Pero mi padre tenía claro que no podía seguir allí, así que después de un año de trabajos a destajo tuvo que abandonarlo todo y salir como había llegado: con un saco en el que cabían sus enseres. Y allí íbamos en la canoa que se balanceaba sobre unas aguas tranquilas y extrañas. No sé cuánto tiempo estuvimos río arriba. Sólo recuerdo que llegamos a un lugar donde el río formaba un lago. Era inmenso y allí en un costado había una casa flotante en la que nos quedamos una noche. Yo estaba maravillada: no podía creer que hubiese una casa que no se hundía nunca, así creciera el río. Una casa sobre unos inmensos bidones vacíos que se mecía con la corriente y desde la que se podía ver los peces y las ramas de los árboles y las espumas pasajeras. ¡Una casa mágica!
En mis recuerdos de esa travesía por la selva y el río, padre era mi héroe. Entonces no tenía más de 28 años. Era alto, moreno y muy guapo. Tenía unos dientes preciosos y una sonrisa a juego. Pero además era fuerte, con un carácter indómito y sincero que le hacía adorable (o lo contrario). Un luchador persitente. Un alma libertaria con nobles ideales. Una suerte de judío errante cuyas ideas y compromiso modelaron el ánima de sus hijos e hijas, modelaron mi visión de la vida.


martes, noviembre 17, 2009

Sobre la palabra y un poema de José Eustasio Rivera

Después de unos días un tanto oscuros vuelvo a la luz de la palabra, no de la mía, sino la de otros. Para ello he navegado por las páginas de libros fundamentales. Así, entre las lecturas del magnífico texto de Marco Tulio Aguilera Garramuño, El imperio de las mujeres, (que muy amablemente me envío por email), la biografía García Márquez una vida de Gerald Martin y la lectura de poetas como José Eustasio Rivera, Tierra de Promisión; Julián Polanía, Ricardo Castaño, Luis Ernesto Luna y Orinzon Perdomo, no sólo he resistido al naufragio cotidiano si no que me he llenado de motivos para volver a creer en la armonía de las cosas elementales. La palabra obra como una medicina milagrosa que cura el ánima a veces atormentada, a veces exaltada, a veces quejumbrosa. Aunque suele ocurrir que también la desquicia y la lleva por senderos inimaginables. Algunas oportunidades es un ser bondadoso, amable que, como un bálsamo, mengua los dolores existenciales y otras, es un ser de una crueldad y perversidad deliciosa, una desalmada que se contonea con sus mil formas para recordarnos que somos unos/as pobres esclavos/as. Aprendices sin esperanzas. Vasallos sometidos a su condición de reina todopoderosa del imperio de la imaginación. Por fortuna, algunos/as luchan contra su influjo: la conquistan, no sin esfuerzo, a través de la belleza, de la magia de la escritura. Como muchos de los autores mencionados arriba. Es un trabajo arduo y solitario en el que muchas personas nos empeñamos aunque casi nunca podamos arañar los insondables surcos que la conforman.
Para celebrar este reencentro con la palabra, quiero compartir con vosotras/os un poema de José Eustasio Rivera (San Mateo -Neiva, Colombia- 1889, Nueva York, 1928), de su libro Tierra de promisión (1921).


EN LA ESTRELLADA NOCHE...

En la estrellada noche de vibración tranquila
descorre ante mis ojos sus velos el arcano,
y al giro de los orbes en el cenit lejano
ante mi absorto espíritu la eternidad desfila.

Ávido de la pléyade que en el azul rutila,
sube con ala enorme mi Numen soberano,
y alta de ensueño, y libre del horizonte humano,
mi sien, como una torre, la inmensidad vigila.

Mas no se sacia el alma con la visión del cielo:
cuando en la paz sin límites al Cosmos interpelo,
lo que los astros callan mi corazón lo sabe;

y luego una recóndita nostalgia me consterna
al ver que ese infinito, que en mis pupilas cabe,
es insondable al vuelo de mi ambición eterna.

sábado, noviembre 07, 2009

Diez años en la periferia

Lunes 7 de noviembre de 1999. Hace un sol radiante y a través de la ventanilla del taxi las calles se ven completamente limpias y transparentes. Son comarcas alineadas con una precisión absoluta. Algunos árboles ya casi desnudos se convierten en la prueba irrefutable de que el otoño ya está en su ecuador. Todo parece perfectamente orquestado por un mago espléndido que se ha esmerado en mostrarnos su mejor representación. El marco perfecto para una llegada desde el lejano trópico. En efecto, ahora mismo estoy en la espléndida Barcelona. Una ciudad en la que las murallas sólo las construye quien la mira. Urbe añorada y presentida en los textos acalorados de vino y versos, en las canciones de Serrat y en las palabras de algún encantador infame. Todo parece perfecto y lleno de inciertas promesas en las que aún no hay lugar para la pérdida ni la nostalgia.
Sábado 7 de noviembre de 2009. Han transcurrido diez años. Una década a la que a veces atribuyo el papel de un embaucador venido a menos. Diez años que debieron ser sólo dos, los suficientes para hacer un doctorado, recorrer la vieja España con su historia y sus ojos de matrona añeja. Para visitar aquellos lugares europeos, comarcas comunes en las que se mezcla, la historia, la cultura y el afán mercantilista. Pero ha pasado el tiempo perverso y hoy me he levantado con diez años más. Y peor aún: con la extraña sensación de que los días han pasado sin tregua y apenas he hecho un par de cosas. Podría, sin embargo decir que el balance ha sido positivo en lo personal, como en efecto lo es: una hija estupenda, un compañero cómplice que entiende mis ratos de silencio y lejanía, mis cambios de humor y esta suerte de enfermedad que me hace perder las horas en palabras sin sentido, en textos que me hablan desde la certeza del naufragio. También podría decir que he cumplido con los objetivos previstos: una tesis doctoral cum laude olvidada en un cajón, tres libros inéditos de poesía (empiezo a hacer gestiones para publicarlos ¿Quién se apunta?), un ensayo en ciernes del que ya tengo el título, no sé cuántas historias comenzadas mil veces y mil veces abandonadas, cadáveres aún no nacidos. He viajado por rincones insospechados y olido el aroma de paisajes antiguos y nuevos. He conocido gente de aquí y de allá: elemental, sencilla, genial, coherente, luminosa, intelectual, escéptica, vital… He sentido músicas en las calles y en los libros y en los teatros y en las olas mediterráneas y en la risa diáfana de mi hija… Así que en principio no me podría quejar.
Aunque la distancia sea una puta desquiciada que a veces me consuma; aunque sea una extranjera del sur demasiado formada y preparada para un contexto en el que ser "inmigrante" es un lastre que te convierte en el acto en una incapacitada social, en una ciudadana de segunda; aunque cada vez me guste menos la monarquía y los políticos y los discursos de castañuelas franquistas; aunque estemos hipotecados en un piso con un cachito de mar que a veces nos impide levantar las alas del suelo; aunque cada vez tenga más claro que quiero volver a aquella tierra lejana en donde todos los verdes son posibles y en la que me aguardan un par seres espléndidos a los que el tiempo y la partida han puesto niebla en los ojos y nudos en el corazón; aunque me posea sin remedio la certeza absoluta del desarraigo, la lucidez de quien se siente condenada de antemano por la mano de algún dios perverso.
Llueve en el teclado.

miércoles, noviembre 04, 2009

Tres poemas

Soledades

La casa es otra.
La habitan ausencias
y naufragios
y en sus aleros hay nubes
y peces
y dos viejos que sonríen
heridos de tiempo.


Silencio

Al otro lado de la palabra
no hay un ojo que te nombre
ni una lengua que escriba
en tu cuerpo huérfano.
No enciendes la memoria
de los Otros,
eres la sombra del olvido.

Invisibles

Esta ciudad
de olores y memorias
no perfila nuestros trazos.
Nos habla
con los ojos cerrados.


...
Martha Cecilia Cedeño Pérez, Versos en Claroscuro, Barcelona 2009, inédito.

jueves, octubre 29, 2009

El burka virtual

Reproduzco a continuación un artículo de Gemma Lienas a propósito del II Congrés de Dones de Barcelona que se celebró los días 16 y 17 en la Ciudad Condal. Un importante evento que reunió a muchísimas mujeres de distinta condición pero con un sólo ánimo: hacer sentir sus voces, sus ideas, sus modos de pensar y vivir la ciudad en el marco de la lucha por una igualdad de género plena. Quienes asistimos a dicho Congreso tuvimos la oportunidad de participar en distintos ejes temáticos y de emocionarnos con las espléndidas palabras de la filósofa Amelia Valcárcel. Por desgracia este evento no tuvo la repercusión mediática que debería tener: era sin duda un asunto de "mujeres", y por ello, "menos importante". De ahí este artículo de Lienas que habla de manera lúcida sobre ese otro burka virtual que se teje sobre todas nosotras.
......

El Burka Virtual

Por: Gemma Lienas
El País
26/10/2009

Hace una semana, se celebró, con la asistencia de 1.700 mujeres, el II Congrés de Dones de Barcelona, cuyohilo conductor era "Las mujeres como agentes de transformación social". Previamente y a lo largo de nuevemeses, un número aún mayor de mujeres había ido preparando por barrios o grupos de interés un documentoque recogía sugerencias organizadas en torno a cuatro ejes temáticos: ciudadanía, cultura, espacio público yvida cotidiana, tiempo y trabajos. Por fin, el congreso culminó con más de 500 propuestas para mejorar laciudad desde una perspectiva de género.
La perspectiva de género es una categoría de análisis de la realidad que pretende construir el mundo sumandoperspectivas, sobre todo aquellas que habitualmente han quedado fuera: la de las mujeres, criaturas, gentemayor, personas enfermas o discapacitadas, inmigradas...
Contrariamente a lo que alguien pueda pensar, añadir perspectiva de género a la ciudad no significa ponertapetes en el metro ni pintar de rosa las paradas de autobús. Significa tener en cuenta las necesidades yaspiraciones de cualquier colectivo ciudadano. Así, no habría labores de ganchillo en el metro, pero síascensores para bajar hasta el andén en silla de ruedas o con un cochecito infantil. No se pintarían de rosa lasparadas, pero se iluminarían mejor ciertas zonas de la ciudad que pueden resultar amenazantes para lasmujeres.
En fin, por poner un ejemplo muy actual, la perspectiva de género habría evitado el error cometido en laflamante Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona, cuyo suelo tan brillante lo refleja todo: luces, muebles,pasajeros y hasta la ropa interior femenina de las usuarias que visten faldas.
El congreso, pues, fue un éxito rotundo de las barcelonesas, aunque, lamentablemente, resultó invisible parala ciudadanía, ya que los medios de comunicación apenas hicieron acto de presencia ni publicaron lo que allíse había debatido, si exceptuamos algunas casi insignificantes menciones. Bien es verdad que un medioretransmitió un fragmento de la conferencia de clausura de la ministra Aido; aunque dicho fragmento fueusado para ilustrar la pugna entre partidarios y detractores de la nueva ley del aborto y no para hablar delcongreso de Barcelona.
Creo que la casi nula repercusión del evento en los medios de comunicación constituye un paradigma de lainvisibilidad de las mujeres, de sus acciones y de sus pensamientos. Es decir, indica que, en general, siguefaltando perspectiva de género, y mucha, en periódicos, radios y televisiones.
Amelia Valcárcel, en su brillante e ingeniosa conferencia inaugural, decía, parafraseando a Trotski: "Elfeminismo tiene que avanzar con la democracia y ganar la batalla en todo el planeta, o no podrá mantener losavances sólo en ciertos territorios".
Oyéndola, una podía pensar, por ejemplo, en los burkas, que consiguen invisibilizar a las figuras femeninas endeterminadas culturas. Así, nos llegan fotos de Afganistán en las que ellos ocupan cualquier espacio público yellas están desaparecidas, bien porque no pisan, la calle bien porque lo hacen moviéndose bajo hábitosfantasmales que las cubren de cabeza a pies.
Desde luego, la diferencia entre ser obligada a llevar un burka o no aparecer en los medios es enorme, pero laidea que subyace tras ambas pautas es la misma: las mujeres no cuentan. Se desprende de ahí que el espacioen el que ellas se pueden mover es, preferentemente, el privado, y, por consiguiente, todo lo público femenino,sean congresos, literatura o deporte, es de segunda clase y, por tanto, se puede ignorar.
Según Amelia Valcárcel, las mujeres en nuestro país sólo cuentan para el poder político. No están bienrepresentadas en los cinco poderes restantes: económico, informativo, creativo, del conocimiento y religioso.Decía esta filósofa que, si la agenda del tercer feminismo (el que surge a partir de 1968), contiene el ítemtener la mitad de todo, "nos queda trabajo para rato".Desde luego, nos queda mucho para quitarnos de encima ese burka virtual.

jueves, octubre 15, 2009

Poemas de Jaime Gil de Biedma

Anoche, mientras corregía por enésima vez un artículo sobre algunos poetas del Huila, aquella lejana tierra de mi primera juventud, me asaltaron con alevosía los versos de Gil de Biedma. Allí estaban lúcidos y profundos condenados a mirarme de reojo. Y la melancolía rozó con sus dedos la ventana para recordarme que la noche había borrado el mar y que en el cielo sólo había una estrella tozuda. Y entonces me susurró al oído:


No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
.

Contra Jaime Gil de Biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!
...
Jaime Gil de Biedma, Barcelona 1929 -1990. Algunas de sus obras publicadas son: Según sentencia del tiempo (1953); Compañeros de viaje (1959), Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968).

miércoles, octubre 14, 2009

Homenaje Tardío

Como muchas personas yo también vibré con sus canciones que hablaban de la vida, de la justicia, de la paz. Y de alguna manera crecí con ella deambulando por los territorios de la utopía, aquellos que presentían un mundo mejor para todos y todas. Y el tiempo pasó y nada cambió. Cambiamos nosotras/os. Y algunas de las personas con las que compartí su música se convirtieron en mujeres de, además de oficinistas, profesoras, des-empleadas, damas de la burguesía provinciana, mujeres estiradas… Y algunos se convirtieron en políticos corruptos, hacendados, filibusteros, barrigones, tránsfugas… Mientras unas y unos pocos se extraviaron en los territorios de las palabras y los sueños. Eternos perdedores que pese a todo no se arredran. Y el tiempo pasó y nada cambió, tampoco su música que continúa hablándonos al oído para decirnos que, pese a las oscuras noticias de los días, no todo está perdido.

jueves, octubre 01, 2009

Fuera puteros de nuestras calles

Con este título Carme Freixa y Susana Koska publicaron un artículo en su magnífico blog, sobre la manera como los medios de comunicación, políticos y demás agentes de poder, tratan el tema de la prostitución a propósito de esta lacra que afea sobremanera las asépticas calles de nuestras ciudades, en especial Las Ramblas de Barcelona. Para todos ellos es inconcebible la visibilidad de estas mujeres, la mayoría extranjeras de los países más pobres, no porque refleje la existencia de una bolsa de excluídas y marginadas socialmente en la "millor botiga del món", ni porque sean seres explotados de manera perversa, sino porque empañan la imagen perfecta de una Barcelona de postal en donde todo el mundo es feliz, fashion y cool. Una ciudad summun del urbanismo más vanguardista y de un envidiable estado de bienestar... Aquí va el artículo:
...
La indignación de las humanas va creciendo a medida que pasan los días con el reportaje de el diario El País, sobre la prostitución. Así que yo y las Taktaktrans queremos manifestar que: quizás ya va siendo hora que sus reportajes se correspondan con las cualidades de periodismo de vanguardia que se le atribuyen a su grupo editorial. Así que qué les parecería la otra visión periodística de este reportaje : a/ Todavía hay muchos puteros en las calles de nuestras ciudades. b/ Todavía hay hombres que pagan por tener relaciones sexuales c/ Por cada putero que paga sexo, las mafias trafican tres mujeres d/las calles de nuestras ciudades inundadas por las mafias que prostituyen mujeres para obtener la posibilidad de abrir más "clubs de alterne" d/Los puteros fuente de enfermedades de transmisión sexual. Las mujeres traficadas víctimas de las mafias y de quienes les transmiten enfermedades. Y así, podríamos seguir con una serie de reportajes que contribuirían a colocarnos en ese punto de partida de los años ochenta donde todo el mundo pareció tener claro que la prostitución era tráfico de mujeres, que las mujeres prostituidas eran el producto de la miseria y la pobreza y que ser un putero, pagar por tener relaciones, era una conducta muy primitiva y reaccionaria. Y solo denotaba una incapacidad para establecer relaciones de igual a igual, una incapacidad para seducir a alguien, para interesarle. ¿estamos? Links de interés:

jueves, septiembre 24, 2009

Ars o el pueblo de piedra

A principios de verano, Chusa, la madre de una de mis mejores amigas, nos invitó – a mi y a mi familia- a Ars, un bello pueblo de la provincia de LLeida, anclado en las alturas de los Pirineos y situado entre la Seu de Urgell y Andorra. Allí tiene una casa preciosa y acogedora, decorada con un gusto exquisito en donde pasamos unos días espléndidos, rodeados de montañas verdísimas y exuberantes. Hacía tiempo que no respiraba un aire tan limpio y que no miraba un cielo tan profundo. Allí todo se antoja claro y silencioso. Los olores son más agudos y firmes y nuevos. Olor a hierba húmeda, a boñiga, a pinar, a flores de las alturas.
Y el pueblo es una maravilla. Unas cuantas casas de piedra que conservan el encanto de lo intocado por la lujuria del mercado inmobiliario. Casas intocadas por el tiempo y preparadas para las inclemencias del invierno y para las bondades del sol. Y en ellas seres sencillos con el peso de la vida en los ojos; seres de caminar lento, de miradas profundas, de pastoreo, de horas largas y circulares. Es como si allí, la noción del tiempo y su violencia cotidiana no existiesen.
En Ars, en las alturas, vuelvo a creer en la armonía del cosmos, en la existencia de un sentido estético del mundo y sus consecuencias. Vuelvo a soñar con aquellas pequeñas cosas que están al alcance de nuestros ojos, de nuestros sentidos. Y entonces pienso que, a veces, es tan fácil aproximarse a eso que llaman felicidad. A esa subrepticia sensación de estar en perfecta consonancia con el universo.
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Nota al margen

Al editar algunas de las imágenes (hechas en el Coll de la Creu del Ras de Conques) para ilustrar esta entrada encontré que en algunas de ellas hay objetos que no logro identificar. No parecen pájaros ni bichos ni aviones. Ello me ha llevado a mirar de cerca otras fotografías del mismo paseo y sorprendentemente he encontrado otros elementos que cuando menos me han sorprendido. Aquí sólo presento dos casos (fotos 3 y 4). Al clickar sobre la foto se pueden observar esas figuras que en una de las imágenes he señalado con un círculo.
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Fotos
Foto 1: vistas de Ars desde las alturas del Ras de Conques
Foto 2: calle con la iglesia románica de Sant Martí d'Ars de fondo
foto 3: Chusa, Luna y Martha en la cima de la montaña (al lado izquierdo de la foto se pueden ver algunas figuras ¿seis insectos? un tanto raras)
Foto 4: Martha con una mosca y algún objeto (¿un pájaro?) arriba.

domingo, septiembre 20, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (IV): Los matrimonios forzados

Enlaces de violencia: los matrimonios forzados


El matrimonio forzado es una forma de violencia doméstica y un atentado contra los Derechos Humanos. Específicamente el artículo 16 (2) de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que habla sobre el libre y pleno consentimiento de los futuros esposos para llegar al matrimonio. Éste consiste en casar a una persona contra su voluntad y casi siempre está organizado por las familias que no respetan el sentir ni la opinión de las hijas y con frecuencia esta unión acaba en violencia y en ruptura familiar. El matrimonio forzado se debe distinguir de aquel que se produce entre dos personas que se casan por razones diversas y sin ningún proyecto de vida en común (penado por la ley) y el matrimonio arreglado en el que dos personas que se conocen se ponen de acuerdo para vivir juntas.
Tanto la Convención de los Derechos del Niño como la Convención para la eliminación de las discriminaciones con las mujeres son claras sobre la edad legal del matrimonio: 18 años. A pesar de esto, se estima que 82 millones de niñas entre 10 y 17 años se casarán este año. Razones de tradición y de honor se mezclan a las necesidades económicas para mantener esta práctica, perpetrada en muchos casos haciendo uso de la violencia física y / o psicológica.
Los matrimonios a temprana edad constituyen una práctica social dañina. Forzar a las niñas a contraer matrimonio a edades tan tempranas como los 11 años, las priva de su infancia y de toda posibilidad de recibir educación, pero además, aumenta el riesgo de que se vean expuestas al abuso y la explotación. Adicionalmente, sus jóvenes cuerpos no se han desarrollado lo suficiente para mantener relaciones sexuales y sostener embarazos. Las niñas adolescentes son más vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA/VHI. Muchas madres adolescentes, y con frecuencia sus bebés, mueren durante el parto. En muchas sociedades como las africanas, por ejemplo, las niñas son menos valoradas que los niños. Los padres consideran a sus hijas como cargas para el presupuesto del hogar, pero al mismo tiempo las ven como un objeto que pueden vender para mejorar el bienestar de la familia.
Pero esta práctica no sólo tiene lugar en algunos países menos favorecidos sino que persiste en algunas comunidades inmigrantes instaladas en Europa, en nombre de la costumbre o la religión, perpetuando las tradiciones o ritos. Según la Unidad de Matrimonios Forzados del Reino Unido (UMF), la mayoría de las miles de adolescentes en ese país que son víctimas o potenciales víctimas de casamientos obligados provienen de familias inmigrantes. En un contexto de migración, el matrimonio forzado hace que se confronten dos modelos de sociedades: la de los padres de la víctima, y la de la sociedad de acogida. El hecho de oponerse es un replanteamiento de la percepción dominante de la familia por uno de sus miembros
En muchos casos, las víctimas temen evitar los matrimonios forzados por miedo a represalias, incluidos los denominados “crímenes de honor”. Muchas de ellas no denuncian su situación o se retractan ante la presión de la familia, el miedo a la venganza o rechazan hablar con el argumento de que no quieren revivir experiencias traumáticas. Hay casos extremos en que se recurre a la violación como medio para presionar a las mujeres a contraer matrimonio. Muchas mujeres son amenazadas de muerte. Y aquellas mujeres que tratan de liberarse se encuentran una serie de obstáculos (la barrera del lenguaje, ruptura de lazos familiares, carencia de dinero y el hecho de no saber a dónde dirigirse) a la hora de denunciar su situación.
Por ello es importante la puesta en marcha de sistemas de alerta para avisar de casos de secuestro y retornos forzados o abusivos al país de origen y sobre todo, la prohibición total de las prácticas rituales contrarias a los derechos humanos. Y, a la par con ello, asegurar instrumentos para la detección, asistencia y reinserción social y profesional de las víctimas de este tipo de violencia.
Lo anterior también indica que es necesario entrenar de manera especializada al personal de policía, justicia y educación para detectar, derivar y atender este tipo de violencia contra la mujer. A la vez que es necesaria la creación de centros especializados y estudios de investigación que ayuden a conocer las causas del problema para poder definir mecanismos claros para su erradicación. No se debe olvidar que de esta práctica se derivan graves problemas sociales, en particular el aislamiento, la exclusión y la desigualdad.
En la actualidad en Catalunya no hay datos exactos sobre el número de matrimonios forzados que hayan ocurrido en su jurisdicción. Sin embargo, existe un protocolo que los Mossos d'Esquadra aplican para la prevención y atención policial de los matrimonios forzados, al constatar en 2008 la existencia de al menos una veintena de casos en Catalunya. Se sabe, además, que en la actualidad se están recogiendo datos para conocer el número y tipología de casos de bodas forzadas que se han conocido a través de comisarías, servicios sociales o escuelas. En ese sentido La Conselleria de Interior de la Generalitat ha elaborado un protocolo de actuación para prevenir los matrimonios forzosos que entró en vigor en junio de 2009, bajo el nombre de Procedimiento de Prevención y atención policial de los Matrimonios Forzados. En este documento surge también en el marco de la Ley 5/2008, de 24 de abril, del Derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, en el artículo 5 sobre los ámbitos socio-comunitarios de la violencia machista, en donde se menciona los matrimonios forzados como una de las formas de violencia contra las mujeres.
En dicho documento se reconoce los matrimonios forzados como una práctica que continúa vigente en los países y comunidades de origen de algunas personas inmigradas a Catalunya. Sin embargo son pocos los casos que se han abordado como resultado de denuncias interpuestas por las propias víctimas y personas de su entorno. Una de las grandes dificultades a la hora de detectar los casos es la situación de vulnerabilidad de la menor o la mujer que está en un núcleo familiar de riesgo por ello las víctimas han de trascender ese núcleo para buscar protección y ello implica el uso de un gran valor y madurez a la hora de contradecir los planteamientos familiares (Procedimiento de Prevención y Atención policial de los Matrimonios Forzados; 3).
La práctica de los matrimonios forzados es muy extendida en países del África subsahariana, Norte de África, Próximo y Lejano Oriente, Asia Meridional, América Latina y también dentro de los colectivos de etnia gitana de diversa procedencia. Sin embargo la influencia de esta forma de violencia contra las mujeres puede ser más amplia puesto que en la actualidad las disposiciones legales sobre dicho tópico son más simbólicas que penales. Esta conducta no se penaliza.
En cuanto a las causas de los matrimonios forzados son múltiples. Dentro de ellas se puede mencionar, por ejemplo, el interés por reforzar los vínculos familiares; asegurar las riquezas y bienes; solucionar conflictos entre etnias o entre familias, cumplir con obligaciones o promesas antiguas; proteger ideales percibidos como culturales o religiosos; controlar la sexualidad de las menores o mujeres cuando entran en la edad reproductiva; como estrategia errónea de protección de la menor o la mujer que pasan a depender de la familia del marido y podrá tener hijos legítimos; explotación sexual o laboral; en situaciones de migración, ayudar a la consecución de permisos de residencia y nacionalidad, etc. (Ibid, 5). Es de resaltar en este último punto que los flujos migratorios han permitido que personas que desarrollan su proyecto de vida en Catalunya y en países europeos, algunas veces lleven a cabo esta práctica en un contexto en el que antes no se conocía.
En la violencia machista, especialmente cuando existe un vínculo emocional, el agresor se aprovecha de la indefensión y vulnerabilidad de su víctima. En el caso de los matrimonios forzados es importante tener en cuenta algunos factores que se relacionan con esta situación de desprotección de la niña o la mujer y que tienen que ver con la falta de redes sociales a parte de la familia; el desconocimiento de sus derechos y de los recursos sociales; la invisibilización social y la falta de conocimiento sobre esta problemática; las posibles barreras lingüísticas, etc.
Este tipo de práctica tiene graves consecuencias para el desarrollo integral de las mujeres no sólo en la esfera física si no también psicológica. Dentro de ellas se pueden mencionar: distintas formas de agresión; privaciones materiales y afectivas; el sexo no consensuado, es decir, la violación; la imposibilidad de continuar la escolaridad; el aislamiento y la reclusión ilegal en el hogar; los embarazos no deseados.

En síntesis, los matrimonios forzados conforman la pérdida de la autonomía en el desarrollo personal, psicológico, sexual y social de la mujer, se constituyen en una violación fragrante de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas. Según Amnistía Internacional, la violencia contra las mujeres viola el derecho de las mujeres a la vida, la integridad física y mental y el nivel más alto posible de salud, así como su derecho a no ser torturadas y a ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. La defensa de los derechos humanos, incluidos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, es fundamental para prevenir la violencia de género y ponerle fin. Los derechos humanos de las mujeres y las niñas también corren peligro cuando no se hace frente a la violencia de género contra ellas y cuando se niega a las supervivientes el acceso a todos los recursos de reparación a los que tienen derecho.

lunes, septiembre 14, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (III): La Mutilación Genital Femenina (MGF)

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. La Ley 5/2008 define en su artículo 5 define la MGF como “cualquier procedimiento que implique o pueda implicar la eliminación total o parcial de los genitales femeninos o que se produzcan lesiones, aunque haya consentimiento expreso o tácito de la mujer”. Se calcula que en el mundo hay entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas que sufren las consecuencias de la MGF. En África, cada año unos tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir MGF. Estas prácticas son más frecuentes en las regiones occidental, oriental y nororiental de África, en algunos países de Asia y del Oriente Medio y entre algunas poblaciones inmigrantes de Norteamérica y Europa (Informe de Organización Mundial de la salud, 2008).
La MGF es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos del niño y de la niña. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte. Este tipo de práctica es llevada a cabo por comadronas tradicionales o parteras profesionales. La ablación genital femenina es un servicio muy valorado dentro de la comunidad en que se produce y muy bien remunerado económicamente, por lo que es fácil inferir que el prestigio y los ingresos de estas personas puedan estar directamente ligados a la práctica efectiva de dicha intervención contra el cuerpo de las mujeres.
En principio este tipo de práctica se asocia a las creencias tradicionales de aquellas comunidades en las cuales este tipo de actuación se desarrolla. Sin embargo, en términos generales se podría hablar de algunos elementos fundamentales que ésta lleva implícita. Así se pueden mencionar, por ejemplo, motivos sexuales cuyo fin es controlar y mitigar la sexualidad femenina. Sociológicos cuando se practica como un rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social. De higiene y estéticos porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos. De salud puesto que se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro. Aunque no hay escritos religiosos que prescriban la práctica, quienes la llevan a cabo suelen creer que tiene un respaldo religioso.
Según la UNICEF la mutilación/excisión genital femenina se practica por distintas razones:
Psicosexuales: para disminuir el deseo sexual en la mujer, mantener la castidad y la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad durante el matrimonio, y aumentar el placer sexual del hombre.
Sociológicas: como forma de identificación con la herencia cultural, la iniciación de las niñas a la edad adulta, la integración social y la preservación de la cohesión social.
Higiénicas y estéticas: en algunas sociedades, se considera que los genitales externos de la mujer son poco limpios y antiestéticos, y por tanto se eliminan para promover la higiene y proporcionar un atractivo estético.
Religiosas: la mutilación/excisión genital femenina se practica en varias comunidades bajo la creencia equivocada de que lo exigen ciertas religiones;
De otro tipo: para mejorar la fecundidad y promover la supervivencia infantil.

La mutilación/excisión genital femenina se realiza sobre todo en niñas y adolescentes de 4 a 14 años de edad. Sin embargo, en algunos países hasta la mitad de los casos de mutilación/excisión genital femenina se realizan en recién nacidas de un año, inclusive un 44% de Eritrea y un 29% en Malí.
Este tipo de práctica de ningún modo beneficia la salud de las mujeres, al contrario, produce daños físicos y psicológicos irreparables en quienes la padecen. Entre las complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Pero también produce otras consecuencias a largo plazo tales como infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad; necesidad de nuevas intervenciones quirúrgicas, por ejemplo cuando el procedimiento de sellado o estrechamiento de la abertura vaginal se corrige quirúrgicamente para permitir las relaciones sexuales y el parto, y a veces se vuelve a cerrar nuevamente; aumento del riesgo de complicaciones del parto y muerte del recién nacido.
La mutilación/excisión genital femenina es una violación fundamental de los derechos de las niñas y las mujeres tal como se describen en numerosas convenciones internacionales, entre ellas la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Es una actividad discriminatoria y viola el derecho a la igualdad de oportunidades en la vida; el derecho al nivel más elevado de salud; el derecho a la libertad contra todas las formas de violencia física y mental, lesiones o abuso; el derecho a la protección contra las todas las formas de prácticas tradicionales perjudiciales para la salud de los niños, las niñas y las mujeres; el derecho a tomar decisiones sobre la reproducción libres de discriminación, coerción y violencia; el derecho a la libertad contra los prejuicios y todas las demás prácticas que estén basadas en la idea de inferioridad o superioridad o bien de los géneros o en funciones estereotipadas de los hombres y las mujeres.

jueves, septiembre 10, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (II): El tráfico y explotación de mujeres y niñas

A nivel general, la trata de seres humanos se enmarca dentro de la pérdida de los Derechos Humanos fundamentales de una persona. Así, cuando se habla de ello, se está hablando de una violación de los derechos humanos, y no de un crimen más. Este tipo de práctica constituye la esclavitud del siglo XXI y es una de las principales fuentes ilegales de ingresos después del tráfico de armas y de drogas. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM; 2005, 417) a nivel mundial, cada año un millón personas son vendidas, coaccionadas o sometidas a condiciones semejantes a la esclavitud bajo distintas formas y en sectores como la construcción, maquila, agricultura, servicio doméstico, prostitución, pornografía, turismo sexual, matrimonios serviles, niñas y niños soldados, tráfico de órganos, venta de niñas y niños, entre otros.

La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es una de las manifestaciones más crueles de desigualdad. Según estimaciones policiales, el 90 por 100 de las mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país son extranjeras y, de ellas, la mayoría están en manos de redes de trata de seres humanos. Las mujeres son captadas en sus países de origen aprovechando su situación de vulnerabilidad, mediante engaños como falsas ofertas de empleo o a través de agencias de viajes, matrimoniales o de modelos.

En el estudio La trata de mujeres: sus conexiones y desconexiones con la migración y los derechos humanos, Naciones Unidas, de Susana Chiarotti (2003), se habla sobre la expansión de esta problemática en áreas que anteriormente no se veían afectadas debido entre otras cosas a “la globalización, que ha facilitado las comunicaciones y el acceso a la información. Pero también a las profundas dificultades económicas que enfrentan muchos países -especialmente las naciones en desarrollo y las economías en transición- y su consiguiente inestabilidad socioeconómica, lo que tiende a producir circunstancias de ‘expulsión’ como el desempleo y/o empleos mal remunerados, falta de oportunidades educativas y desarrollo social, así como las limitadas posibilidades de acceso a los servicios de salud y educación. A ello se suman los cada vez mayores obstáculos a la migración regular y la existencia de conflictos armados sean estos nacionales o regionales. Esta situación aunada a cuestiones como la creciente demanda de mano de obra de bajo costo en los países de destino, vacíos legales en la mayoría de los Estados y falta de una visión integral para combatirla, han hecho de la trata de personas uno de los tres negocios más rentables del crimen organizado después del tráfico de armas y de narcóticos”.

El Parlamento Europeo estima que en los 25 países de la Unión, 100.000 personas al año caen en las redes de los traficantes. El Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) cifra en más de 4.000.000 el número de mujeres y niñas, vendidas cada año en el mercado mundial de la prostitución. En los últimos diez años, España se ha convertido en uno de los principales países de tránsito y destino de mujeres víctimas de trata para ejercer la prostitución y, en muchas ocasiones, estas mafias aprovechan la oportunidad que les brinda la prensa nacional para comerciar con ellas, permitiendo ocultar su identidad y minimizando riesgos y costes. España ocupa un lugar destacado en el primer informe que, titulado Tráfico de Personas. Modelos Mundiales, ha realizado la Oficina sobre Droga y Delito de la ONU. Este dato se confirma con el cálculo de que, en el Estado español todos los días alrededor de 1.500.000 de hombres ejercen como prostituidores. En 2005, la Conselleria de Interior de Cataluña estimaba que en la Comunidad unas 20.000 personas se dedicaban a la prostitución.

Según informes de Naciones Unidas España no actúa como un país de origen, sino que es utilizado en un grado que se califica de bajo como país de tránsito de víctimas de la trata procedentes de Brasil, América del Sur y África. Sin embargo, España, tiene una alta importancia como lugar de destino, recibiendo víctimas procedentes de Colombia, República Dominicana, Nigeria, Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria, Brasil, Croacia, República Checa, Hungría, Marruecos, Polonia y otros países.

Las mujeres, víctimas de estas redes, son captadas en sus países de origen aprovechando su situación personal -generalmente caracterizada por carencia de recursos económicos, desempleo, bajos niveles educativos y dificultades para poder emigrar de forma regular- utilizando para ello diferentes procedimientos engañosos tales como la inserción, en los medios de comunicación locales, de anuncios con ofertas de empleo falsas (normalmente para trabajar en el sector hostelero o doméstico), o a través de agencias de viajes, matrimoniales o de modelos que trabajan para la organización. En otros casos, la captación se realiza directamente por otras mujeres que ya han ejercido la prostitución en España y que perciben comisiones de la organización (Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos, 2008).

Muchas veces la estigmatización social, el aislamiento en el que se suelen encontrar dentro de la sociedad receptora, las dificultades del idioma, el miedo y la imposibilidad de encontrar soluciones para sus vidas contribuyen tanto a mantener la situación de explotación en clandestinidad como a dificultar, después, la integración socio laboral de la víctima.
Esta realidad social se ha convertido en una problemática acusada y ha motivado el desarrollo a nivel gubernamental del Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos con fines de explotación sexual, aprobado en diciembre de 2008 y que entró en vigor el 1 de enero de 2009 y que estará vigente durante tres años (2009-2012). A nivel general, el Plan Integral de Lucha contra el Tráfico de Seres Humanos plantea medidas divididas en tres ejes principales: la asistencia social a las víctimas, la lucha efectiva contra las mafias y traficantes, y la sensibilización, prevención y coordinación. En cuanto a la asistencia social se plantea que se proporcionará protección integral a las víctimas de trata a través de un periodo de reflexión de, al menos, treinta días, para que las víctimas puedan restablecerse, escapar de la influencia de los traficantes y decidir su colaboración con las autoridades administrativas, policiales y judiciales. Durante ese periodo las víctimas tendrán derecho a la asistencia social y jurídica, y al establecimiento de una dotación económica que garantice su subsistencia o su posible retorno al país de origen, si lo solicitan. En este mismo sentido se hace énfasis en el perfeccionamiento de los mecanismos legales existentes para proporcionar a las víctimas un sistema de asistencia jurídica gratuita inmediata y la disponibilidad de intérprete. En ese sentido se menciona que las víctimas tendrán información específica sobre sus derechos y los recursos de los que disponen, y formarán parte de los colectivos beneficiarios de los programas de formación para el empleo. El Plan contempla, igualmente, la creación de unidades móviles para la atención a víctimas y de centros de acogida con programas de atención integral específica.

En cuanto a las medidas destinadas a luchar contra las mafias se menciona que se privará de sus beneficios económicos a las organizaciones que se dedican a la trata. Para ello, se reformará la Ley de Enjuiciamiento Criminal para ampliar las medidas cautelares en relación con esta delincuencia. Además, se creará un Fondo de Bienes decomisados procedentes de la trata, que irá destinado tanto a la asistencia de las víctimas, como al fortalecimiento de la actuación policial contra este delito. Para lograr un mayor control en la entrada al país de las mafias, se incluirá el uso de identificadores biométricos en la expedición y verificación de visados y permisos de residencia, y se implantarán en todo el territorio nacional nuevos sistemas y mecanismos de control para detectar situaciones de trata en puertos, aeropuertos y medios de transporte. Por último, en las medidas de sensibilización y prevención se hace énfasis en la necesidad de profundizar en el conocimiento del fenómeno de la trata y en sus verdaderas dimensiones desde un punto de vista multidisciplinar mediante la realización de estudios sobre las consecuencias de la trata en sus víctimas, los diferentes modelos de intervención para la recuperación y el mapa de recursos existentes. Al mismo tiempo, se plantea el desarrollo de campañas de concienciación sobre la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres que ejercen la prostitución y de las víctimas de la trata, y campañas de información específicas dirigidas al sector de empresas de viaje, instituciones y organizadores de eventos multitudinarios. En el Plan también se prevé la constitución de un Foro contra la Trata integrado por las administraciones públicas competentes, las ONG’s y otras institucionales implicadas en la asistencia a las víctimas y la lucha contra este delito para garantizar la coordinación y la coherencia de actuaciones desde una perspectiva integral.
El tráfico de mujeres y niñas para su explotación sexual tiene consecuencias relacionadas con la salud y/o con amenazas para su propia vida. A menudo, el transporte clandestino exige el uso de medios de traslado deficientes, que ponen a las víctimas en peligro de inanición, ahogamiento, asfixia y exposición a las condiciones climáticas. Numerosos informes sobre accidentes y fallecimientos han hecho que la Organización Internacional para las Migraciones haya definido el tráfico sexual como una de las formas más peligrosas de migración. Otros riesgos para la salud que plantea el tránsito son la exposición a la violencia y a enfermedades contagiosas. Las víctimas del tráfico son blanco de la violencia de tratantes, proxenetas, dueños de burdeles, clientes y hasta policías que las golpean, a veces con armas y con saña suficiente como para que deban acudir a las salas de urgencia y se les viola a modo de introducción al “negocio”.

La violencia psicológica, física y sexual asociada con el tráfico y la explotación sexuales provoca depresión, pensamientos e intentos de suicidio, lesiones físicas tales como hematomas, huesos rotos, heridas en la cabeza, heridas de arma blanca, lesiones en la boca y la dentadura y hasta la muerte.

La participación en la industria del sexo entraña el riesgo de contraer infecciones de VIH/SIDA, que puede atenuarse o agravarse en función del número de clientes y del uso de preservativos. Las víctimas del tráfico que no tienen acceso a éstos o carecen de poder para negociar su uso se encuentran especialmente en peligro. Los relatos de experiencias con el tráfico y los estudios de mujeres inmersas en la industria del sexo sugieren que sobre las víctimas traficadas se ciernen muchas amenazas a su salud sexual y reproductiva. Las infecciones transmitidas por vía sexual (ITS) constituyen una amenaza grave, pues la actividad sexual temprana y la multiplicidad de parejas son factores de riesgo que se aplican a muchas mujeres envueltas en esta industria (Phinney, 2002).

lunes, septiembre 07, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (I): las agresiones sexuales

Publicaré algunos textos sobre violencia en el ámbito sociocomunitario a petición de algunas personas, entre ellas mi entrañable amiga la psicóloga Isabel Gómez. A través de una serie de artículos se desvelarán tópicos como las agresiones sexuales, el tráfico y la explotación de mujeres y niñas, la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, la violencia derivada de los conflictos armados.
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Las agresiones y el acoso sexual
Por: Betty Puerto y Martha Cecilia Cedeño Pérez
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La Ley 5/2008 define este tipo de agresión como “el uso de la violencia física y sexual ejercida contras las mujeres y las menores de edad que está determinada por el uso premeditado del sexo como un arma para demostrar poder y abusar de él”. Son comportamientos sexuales impuestos contra la voluntad de una persona e incluye todos los comportamientos sexuales sin consenso.

Dentro de las formas de violencia sexual se puede mencionar, entre otras, la violación, el acoso sexual, el asalto sexual, el exhibicionismo, las palabras obscenas, los tocamientos, la proliferación y el uso cada vez mas vinculante especialmente de mujeres, niñas y niños a enlaces en Internet, avisos publicitarios que promueven el abuso sexual y fomentan los estereotipos de desigualdad entre hombres y mujeres. En este texto nos referiremos al las agresiones y abusos sexuales de manera integral, específicamente aquellas que ocurren en el ámbito social comunitario.

La violación aparece como el máximo exponente de la agresividad hecha violencia, no sólo por el grado de fuerza física que puede conllevar y que a veces llega hasta el homicidio, sino por el daño psicológico que supone un atentado contra un componente tan íntimo de la personalidad como es la sexualidad, dando origen a secuelas que perdurarán durante el resto de la vida de la mujer (Lorente Acosta, 1999: 126). La violación ha existido en todas las épocas históricas, aunque con diferente consideración. Hasta hace poco sólo era percibida como un agravio a la familia de la víctima en general y no como un crimen contra la mujer. En este tipo de agresión la mujer no es considerada como tal sino como un objeto para satisfacer una serie de sentimientos o fantasías del agresor. Es una actividad sexual desviada que busca el control y la opresión de la mujer y con ello la sensación, para el agresor, de estar en un nivel superior, de tener la fuerza con todo lo que esto implica.
El acoso sexual, constituye otra forma de violencia sexual, que se expresa en la exigencia de favores de tipo sexual, situación en la que el agresor ostenta una posición de superioridad ya sea en el ámbito de la escuela o el trabajo y en el que la víctima esta sometida bajo amenaza o castigos. Opera como un instrumento de control social representado en violencia psicológica, especialmente en los casos en que las mujeres desempeñan trabajos realizados tradicionalmente por hombres (Baker, 1989) y en el hecho de que las mujeres que denuncian este tipo de comportamiento casi siempre sufren como consecuencia el despido o la presión para dejar el trabajo.

Este tipo de agresión supone una importante discriminación para la mujer; se convierte en un obstáculo en su formación y su integración en el mercado de trabajo. Las mujeres jóvenes, separadas o divorciadas, con trabajos precarios o temporales, suelen ser las más vulnerables a la hora de sufrir este tipo de violencia. Las consecuencias de esta agresión repercuten no sólo en la salud de las féminas sino en su rendimiento laboral y en su equilibrio personal. Además, la mujer que sufre estas agresiones puede verse limitada en sus posibilidades de promoción y de permanencia en el puesto. También puede repercutir en su vida afectiva, tanto si su problema llega a ser conocido por su familia y pareja como si no. Las distintas conceptualizaciones teóricas han definido el acoso como un acto de violencia y la han situado dentro de un marco construido socialmente que se caracteriza por la intersección de sexo y poder, más que por alguno de ellos de forma aislada (Lorente Acosta; 1999, 187).

El acoso sexual atenta contra la dignidad de la persona, produce efectos psicológicos que supone el estar sometida a una situación que se repite a la menor oportunidad. Ello deviene en una tensión y ansiedad constante, que puede llegar desembocar en estrés agudo y de perdida de capacidad de afrontamiento, pues al temor a ser violentada sexualmente se añade la amenaza implícita o explícita de perder el trabajo o de ser sometida a castigos y perdidas, como en los casos en que ocurre en el contexto de la escuela.
Las agresiones sexuales, el acoso, o el abuso constituyen acontecimientos altamente traumáticos que dañan la integridad física y psíquica de la víctima; en la mayoría de las personas provoca miedo profundo y reacciones emocionales intensas de ansiedad, confusión, culpabilidad, miedo, desconfianza, rabia, rechazo del entorno, sensación de que esta perdiendo en control de la vida, depresiones, dificultades para conciliar el sueno, trastornos alimentarios y algunos tipos de adicciones. Lo que constituye un cuadro de estrés agudo como respuesta del suceso violento.
Merece la pena mencionar que, históricamente, el sistema legal ha procedido con parcialidad en contra de la víctima de una agresión sexual, de una violación, puesto que resulta más difícil sentenciar a un violador que a otros criminales (Robin, 1977). Entre otras cosas la víctima debe demostrar que se resistió con todas sus fuerzas y en todo el momento en el transcurso de la violación y que corrió el riesgo de ser herida o que sufrió heridas reales por defenderse de un ataque que la amenazaba de muerte o de daño físico grave (Renfrew, 2005). Y a lo anterior debe añadirse la percepción patriarcal de que es la mujer la que ha provocado ese tipo de experiencia, que es ella per se la causante de lo que la ha ocurrido.

lunes, agosto 31, 2009

Un poema de Alfonsina Storni

Triste convoy

¡Esta torpe tortura de vagar sin sosiego!
Tierra seca sin riego,
ojos miopes del Ego,
viento en medio del fuego,
y la muerte: "voy luego..."
... Esta torpe tortura de vagar sin sosiego...

Me cortaron la lengua, me sacaron los ojos,
me podaron las manos, me pusieron abrojos
bajo el pie: no sintiera tanta lúgubre pena,
tanta dura cadena,
tanto diente de hiena,
tanta flor que envenena.

Amo flor: fruto soy.
Amo el agua: soy hielo.
Tierra soy;
amo el cielo.
Ese triste convoy
polvoriento yo soy.

(Alfonsina Storni 1892 -1939).

jueves, agosto 27, 2009

Violencia machista en el ámbito sociocomunitario

A nivel general, las violencias ejercidas contra las mujeres han sido denominadas con distintos términos: sexista, patriarcal, machista, viril o violencia de género, entre otros. En todos los casos la terminología indica que se trata de una realidad social con características diferentes de otras formas de violencia. Este tipo de violencia se ejerce en el marco de las desiguales relaciones de poder entre mujeres y hombres. Es una de las expresiones más graves y devastadoras que destruye vidas e impide el disfrute de los derechos fundamentales, la igualdad de oportunidades y las libertades. (Amorós, 1999; Bunch y Carrillo, 1994; Ferrer y Bosch, 2000; Tinker, 1990).
La violencia machista se concreta en una diversidad de abusos que sufren las mujeres, las niñas y los niños. A partir de aquí se distinguen distintas formas de violencia, física, psicológica, sexual y económica, que tienen lugar en ámbitos concretos, en el marco de unas relaciones afectivas y sexuales, en los ámbitos de la pareja, familiar, laboral y socio-comunitario. Dentro de este último podemos identificar algunos tipos de violencia tales como las agresiones sexuales; tráfico y explotación sexual de mujeres, niñas y niños; la mutilación genital femenina o riesgo de padecerla; los matrimonios forzados y la violencia derivada de los conflictos armados. (Herzberger-Fofana, 2000; Lorente, 1999; Martin E. y Martín M, 2001).
Lo anterior indica reconocer también que la violencia machista se inserta dentro de una sociedad patriarcal en donde prevalecen relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. En dicho contexto, el patriarcado se concibe como “una estructura de relaciones sociales que se apoya en las diferencias físicas, de edad y de sexo y al mismo tiempo las dota de significado social, lo que quedan deificadas y producen subjetividades” (Izquierdo, 1998: 223). Desde ese punto de vista hablar de las distintas violencias contra la mujer que se ejercen en el ámbito socio-comunitario implica volver la mirada a un conjunto de relaciones sociales signadas por profundas desigualdades en las que se reflejan posiciones de poder de los hombres con respecto a las mujeres. Y ello implica también considerar el círculo de la dependencia y por lo tanto de la indefensión de las mujeres a la hora de romper con la espiral de violencia que se ejerce contra ellas.

Por último, vale la pena resaltar que gracias al papel del movimiento de mujeres y de la teoría feminista se ha pasado de percibir la violencia machista en general como un fenómeno aislado y privado, a considerarla como un grave problema que afecta a gran parte de la otra mitad de la población, con todo lo que ello comporta. Y gracias a esas luchas por la igualdad hoy se puede hablar de un compromiso a todo nivel que se inserta dentro de los Derechos Humanos en general y en las diferentes leyes que se han generado para la protección de las mujeres.

A nivel más local, la Ley 5/2008, de 24 de abril, Del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, define los principios orientadores en las intervenciones de los poderes públicos y establece los criterios de actuación y acciones en todas las fases de la atención a las mujeres que sufren violencia machista: desde la detección de situaciones de riesgo, la atención y la protección hasta la cooperación con otros actores del territorio en las fases de prevención y recuperación. Su objeto fundamental es “la erradicación de la violencia machista y la remoción de las estructuras sociales y de los estereotipos culturales que la perpetúan con el fin de que se reconozcan y se garantice plenamente el derecho inalienable de todas las mujeres a desarrollar una vida propia sin ninguna de las formas y de los ámbitos en que esta violencia se puede manifestar” (Ley 5/2008, 27).

domingo, agosto 23, 2009

El olor de Cuba

Publicaré en este blog algunos los textos que escribí para Diario del Huila, un periódico regional que a mediados de los 90 dirigía mi querido amigo Delimiro Moreno. Recuerdo que algunos de esos artículos caían muy mal a según que personajillo. Es inolvidable aquella vez en que uno de los Miembros de la Academia Huilense de Historia (de la que aún formo parte y fui la miembro más joven), me dijo que no volviese a escribir bajo el nombre de esa institución porque mis columnas causaban malestar. “Paren a esa mujer”. Había dicho alguno de esos vividores que se dedican a la política. Les jodía sobremanera que una mujer, joven y bella se despachara a gusto sobre muchos temas vedados para una fémina. Estos hombres eran de los que pensaban que las mujeres éramos, en esencia, cabellos largos e ideas cortas.
Hoy, desde la perspectiva del tiempo me parece que sin proponérmelo (entonces no era feminista ni tenía las lecturas que tengo), estaba rompiendo muchos paradigmas, estaba abriendo caminos en una sociedad conservadora y retrógada, asentada sobre la inercia y la corrupción. En medio de hombres maduros y concupiscentes aparecía mi foto espléndida en la sección de opinión. Allí hablaba de cultura, de arte, de política, de lo que se me diera la gana. En aquellos textos, como es lógico, la palabra está cruzada por una juventud exaltada y pasional; por el asombro, el desconcierto, la indignación, la crítica, la esperanza.

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El olor de Cuba

No es exageración el comentario de que en Cuba existe una magia extraña y avasalladora que envuelve y se apodera literalmente de todo el que tiene la fortuna de pisar su tierra, admirar sus paisajes y hablar con su gente llena de ternura y calor humano. Es como si el espíritu de la isla rondara los espacios vitales de quien vieja allí por primera vez, tanto que desde el avión se siente ese mismo halo explícito en las canciones que hablan de guajiros enamorados y de amores eternizados a orillas del mar.
Luego, cuando por fin se llega, la alegría embarga lo poros mientras el aire de La Habana reconforta los ánimos alborotados por la emoción de llegar a la isla del Caimán Barbudo; entonces sólo se piensa en recorrer las calles solitarias y ajenas a la mugre y la suciedad, en visitar museos y en descubrir palmo a palmo el Malecón con su mar embravecido ante el bloqueo de la razón…
La Habana tiene el olor característico del salitre y de lo viejo, no sólo en la parte antigua en donde los edificios y las casas con rasgos modernistas hablan del esplendor de épocas ya idas, sino en la parte nueva en donde los edificios un tanto derruidos hablan de nostalgias y peregrinajes que saltan a la vista en los trapos de colores colgados en sus ventanas como banderas que ondean su dignidad a pesar del viento del norte.
Esa es la Habana: la de los cubanos sentados en el muro del Malecón observando el horizonte que se pierde tras la línea azul del mar; la de La Bodeguita del Medio en que confluye el mundo con sus idiomas y rostros extraños pero rendidos ante el mismo encanto de los mojitos y de los sones, de las firmas que reposan en las paredes o las fotos que muestran a Gabo, a Benedetti, a Cantinflas o a Hemingway en el mismo plano de encantamiento que siente un visitante cualquiera; también es el del Floridita en donde el autor de Por quién doblan las campanas saboreaba un Daiquirí y se embriagaba con el olor de las calles habaneras.
La Habana también es la de los teatros monumentales, la de los carros viejos rescatados al tiempo, la de los cubanos y cubanas inventando mil formas de rebasar la crisis, la de la Feria G., la del Palacio de la Salsa con sus meneos espectaculares, la de Fidel con sus barbas blancas inaugurando encuentros y provocando como siempre, los gritos vehementes de solidaridad y de apoyo; también es la de las muchachas que se toman los lobbys de los hoteles en busca de turistas con los cuales conseguir unos dólares y quizá un pasaporte para emigrar.
La Habana y Cuba son más que ron y puros, mucho más que balseros engrandecidos por los hilos oscuros de la sinrazón o por el bloqueo inhumano que sólo el tiempo se encargará de juzgar como un atentado contra los derechos humanos. En el olor de la Habana se descubre una Cuba que rebasa las dificultades y se planta decidida en la tierra firme de la dignidad.
Martha Cecilia Cedeño Pérez
Neiva, 23 de Febrero de 1995

miércoles, agosto 19, 2009

Impotencias

Algo irrenunciable
padece el hastío de lo cotidiano
el abrazo solitario
la lluvia gris
el papel sobre la mesa
y las palabras –sombras al acecho-
apagadas en el intersticio
de la vigilia.
Algo irrenunciable agita
el leve trazo de los versos
temerosos de romper la noche
y tu voz cruzada de silencios.

martes, agosto 18, 2009

Miradas agresoras

Hablaba hace algunos días con Manuel Delgado acerca la aún problemática relación mujer-espacio público. Comentábamos sobre la manera como las féminas nos vemos expuestas a todo tipo de atenciones indeseadas, a miradas y piropos que casi siempre tienen connotaciones insospechadas. Entonces recordé las veces que me he sentido realmente agredida a causa de algunas de estas acciones. Aquí va un caso:
La mujer acaba de subir al metro y descubre que sólo hay un asiento libre en medio de tres hombres jóvenes. Después de hacer una mirada panorámica para ver si queda algún lugar disponible decide sentarse, no con cierta indisposición, en ese único puesto. Mientras lo hace siente las miradas inquisitivas de los varones. Una vez allí descubre que en los asientos que están enfrente van otros cuatro hombres, tres jóvenes y uno mayor. La mujer lleva el bolso y el ordenador encima de sus piernas y se sopla con un abanico mientras realiza una exploración visual del lugar siguiendo aquellas normas básicas de la copresencia en espacios cerrados, esto es, no fijar la mirada en ningún rostro en particular ni mucho menos mirar directamente a los ojos, evitar en la medida de lo posible el contacto corporal (se comprime sobre sí para no rozar el brazo desnudo del hombre que va a su derecha y la pierna, demasiado abierta, del que va a su izquierda). Estos simples gestos de convivencia, sin embargo, no los siguen los ocupantes de los asientos cercanos. Así que ella empieza a sentir tres pares de ojos clavados en su escote. Seis ojos que sin miramientos la intimidan y la agreden. Y la mujer siente cada vez más rabia e indignación. Pero falta lo peor: el hombre que está sentado enfrente dice algo, en su idioma, al que va a la derecha de la mujer (parecen que son amigos y del mismo país) y la miran mientras sonríen. "Están hablando de mí, serán cabrones estos tíos". Ella los mira con desprecio y altivez pero no les dice nada porque sería dar importancia a un tipo de varón cuya masculinidad no es sino la suma de sus imaginarios atrofiados en los que priman ideas preconcebidas de que las mujeres, todas las mujeres, somo en esencia accesibles y más allá, de que todas las féminas estamos en posición de sumisión e indefensión respecto de los varones.

viernes, agosto 14, 2009

Primeras impresiones sobre Agua clara en el Alto Amazonas

Las coincidencias son mágicas intersecciones de espacio tiempo acción. Eventos que se presentan sin buscarlos y que en algún momento se cruzan, se convierten en uno. Y eso es exactamente lo que me pasó con Agua clara en el alto Amazonas (finalista en el premio de novela Ciudad de Barbastro 2009), original que muy amablemente me envío el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño. Acabé de leerlo el sábado pasado después de viajar por sus páginas a un espacio que no me es del todo desconocido. Los ríos, los colores, los sonidos y aromas de la selva los llevo dentro de mí porque durante un tiempo, cuando era muy pequeñina, viví en la manigua (mi abuelo y mi padre colonizaron las selvas caqueteñas en la década de los 60 y 70, respectivamente). Pues bien. Decía que acababa de leerlo y aún estaba varada en algunas de esas descripciones cuando hablé con mi hermana que vive en Bogotá y me dijo que acaba de llegar del Amazonas en donde había pasado unos días maravillosos. Entonces me habló de la belleza exuberante, del río como un pequeño mar, de los peces inmensos cuyas colas se ven en la superficie; me habló de Puerto Nariño, un poblado ajardinado en completa armonía con el medio natural circundante, en el que no hay ningún tipo de vehículo motorizado, sólo una pequeña ambulancia. Pero también me habló de procesos fuertes de aculturación: de aborígenes con móviles y vestidos a la usanza “occidental”, de mujeres nativas con enfermedades transmitidas por los turistas. Me habló de animales y de árboles gigantescos y de hojas de loto en las que cabe una persona acostada y yo no sabía si mi hermana me estaba contando parte del libro de Marco Tulio o si en verdad había estado allí. Y me pareció mágico encontrar las dos visiones, mezclarlas, hibridizarlas en la feliz coincidencia de un descubrimiento literario y humano.
Con la lectura de ese libro han vuelto a mi memoria jirones de selva, de atmósferas verdes y densas cubiertas de lianas y de árboles gigantescos. Paraíso enigmático en el que habitan espíritus mágicos que poblaron mi mundo infantil (la madre monte, La pata sola, el hojarasquín del monte, el duende, la mapiripana, el pollo malo); vigías y protectores de la manigua, encargados de espantar a los cazadores, los extraños, los forasteros que se atreven a violentarla. Mi padre habla también de sonidos extraños y enigmáticos que surgen y se dispersan en los troncos inmensos de los árboles, en sus hojas de todos los tamaños y colores. Allí es fácil perderse porque todo es igual: el tamaño desquiciado de los árboles y lianas, los murmullos de la vegetación, los caños y riachuelos en los que beben las bestias, los senderos cubiertos de hojas y casi en permanente semipenumbra (las copas de los árboles a veces no dejan pasar los rayos del sol) y es entonces cuando terminas caminando en círculo sin darte cuenta, como le pasó a Arturo Cova.
Me gustó la atmósfera del libro, la manera cómo el narrador - o más bien sus narradores- se adentra en los vericuetos de la manigua para mostrar por un lado la belleza exuberante y por otro los peligros, no tanto los que puede provocar, sino las menazas que se ciernen sobre ella y sus habitantes. Aunque me parece que este libro no es lo mejor que ha escrito Aguilera Garramuño. Hecho en falta, quizá, una historia más redonda. Pero claro, yo no soy una crítica literaria sólo una mujer que disfruta leyendo y que a veces se queda encallada en algunos textos que la tocan definitiva e irremediablemente.
Agua clara en el Alto Amazonas es una novela corta que se lee de un tirón y que puede ser una magnífica forma de descubrir aquel territorio lejano y enigmático del Amazonas. Una excelente manera de aproximarnos a la manigua de belleza devoradora, a la que tan bien describió José Eustasio Rivera, en la Vorágine.
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Fotos: Miradas del Amazonas, por Melquisedec Torres

domingo, agosto 02, 2009

El metro y la locura

Cuando subí al metro y me puse muy cerca de la puerta (no había sitio así que tuve que estar de pié) pude verla. En principio me llamó la atención su collar. Un collar de piel marrón, con unas medialunas elaboradas en algo parecido a la piel de coco, también color marrón, que le llegaba a la altura del pecho. Era realmente bonito el collar. Me detuve en él con disimulo. Ella parecía una mujer “normal”. Mi perspectiva de arriba-abajo me permitía sobre todo ver su cabeza. Llevaba una coleta sujeta con una goma compuesta por figuras de santos o vírgenes y una pulsera a juego. De repente empezó a murmurar algo. Pensaba que hablaba con su vecino de al lado pero no era así. Su voz era recia y cascada. Entonces me fijé en su cara: allí habían zanjas y depresiones profundas, vestigios de una vida trajinada, al límite, pensé (bueno, siempre suelo imaginarme las circunstancias vitales de/los/las demás cuando veo un rostro, una expresión, un gesto de alguien). “Que me dejéis en paz, que no he estado en la cárcel para esto”, decía la mujer con fruición. “¿No me entiendes?, sólo quiero fumar un cigarro… si, allí está él, hijo de puta, que me dejes en paz, escúchame, escúchame”. El tono de su voz subía peligrosamente y los ojos del pasaje se posaron sobre ella. Yo me alejé en un gesto casi instintivo. No quería estar cerca de su locura. Hablaba con los ojos cerrados y temblaba. Sentí una pena inmensa por ella pero también mucha indignación cuando me fijé en el rostro burlón de algunos/as ocupantes del vagón. Está loca, pensaban convencidos/as. Cuando el metro paró en la estación Universitat bajé presurosa mientras miraba por última vez a la mujer doblada sobre sí. El metro y ella seguín su marcha.

jueves, julio 30, 2009

Convocada la Cuarta Edición del Premio L'H Confidencial Premio Internacional de Novela Negra

Les obras deben ser inéditas y escritas en lengua catalana o Castellana

Los originales se pueden presentar hasta el 30 de septiembre

El Ayuntamiento de L’Hospitalet y Roca Editorial han hecho públicas las bases que regirán el Premio L’H Confidencial 2010, premio internacional de novela negra, que llega a su cuarta edición.
En esta convocatoria se podrán presentar todos los escritores y escritoras que deseen participar, de cualquier nacionalidad, procedencia o lugar de residencia, con novelas de género negro escritas tanto en lengua catalana como en lengua española. Las obras deberán ser originales e inéditas y no pueden tener comprometidos los derechos ni haber recibido anteriormente otro premio.
El plazo de admisión de los originales está abierto desde el día de publicación de estas bases y hasta el 30 de septiembre de 2009. El jurado, presidido por el teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento, lo integran un representante de Roca Editorial, el director de la Biblioteca la Bòbila y dos lectores apasionados por la novela negra, seleccionados por la Biblioteca la Bòbila.
El premio consiste en 12.000 euros en concepto de remuneración por la cesión y explotación de los derechos mundiales de la obra ganadora, y su publicación por Roca Editorial, en la colección especializada Roca Criminal.
La principal novedad respecto a las ediciones anteriores es que el jurado emitirá su veredicto durante la segunda semana de enero de 2010, momento en el que se hará público el ganador o ganadora. La obra publicada se presentará el 20 de marzo de 2010, en un acto público que se celebrará en la Biblioteca la Bòbila, con la presencia del autor o autora.
Las novelas ganadoras del Premio L’H Confidencial han sido Ley garrote, del mexicano Joaquín Guerrero-Casasola, en 2007; Retrato de familia con muerta, de Raúl Argemí, en 2008; y El baile ha terminado, de Julián Ibáñez, este año.
El Ayuntamiento de L’Hospitalet apuesta decididamente por la literatura de género, con la creación de la Biblioteca la Bòbila, pionera en España en la formación y mantenimiento de un fondo especial de género negro y policiaco. Desde su inauguración en marzo de 1999, esta biblioteca se dedica a la difusión y promoción del género negro y publica el fanzine L’H Confidencial, boletín del Club de Lectura de Novela Negra, del que el premio toma su nombre.
BASES EN CASTELLANO:
BASES EN CATALÁN:

OVNI DE MEDIA NOCHE

A finales de la década de los 70 cuando yo aún era una niña, papá nos contó una historia que aún me sigue maravillando y  que de algún modo ...